EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
En noviembre de 1964, en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires (Argentina), murió este gran escritor. No suficientemente valorado aún por las jóvenes generaciones.
¡Leer a Martínez Estrada!. Enseña, es profundo, frecuentemente amargo, hiriente, por sobre todo, un Maestro.
Autodidacta, provino de un hogar santafecino muy humilde, y se formó una sólida cultura, que le permitió estudiar como pocos, la naturaleza del Ser Argentino: “Radiografía de la Pampa”, “La cabeza de Goliat”, “Sarmiento”, “Muerte y transfiguración de Martín Fierro”, “Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina”, “José Martí: el héroe y su acción revolucionaria”, “Heraldos de la Verdad”, sus poemas, cuentos y dramas, y cientos de serios y densos artículos, prólogos y conferencias, fueron el producto riquísimo de su honda preocupación nacional. Y humana en general.
Candidato al Premio Nobel de Literatura, premio Nacional, etc., toda su vida fecunda se sintetiza en el título de uno de sus últimos libros, póstumo, colectáneo, “Leer y escribir”.
No debemos ignorar su ejemplar “Homilía a los estudiantes”, pronunciada con el fervor característico de su palabra y su mente superiores, en 1958 en Bahía Blanca (recogida en su “Para una revisión de las letras argentinas&rdquo
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Allí arengó magistralmente al estudiantado. “Quiero suscitar el descontento en la juventud, jamás el conformismo”.
La Juventud debe buscar sus guías en el Humanista, en los Maestros que rigieron el pensamiento Universal desde Platón, Sócrates, Jesús a Nietzsche o Montaigne.
No adoremos “idolillos” de cuartel y sacristía, nos advierte..
Necesitamos acudir a los Fundadores de la República y la Democracia Argentinas, a “los Maestros de Principios, Ciencia y Filosofía, no demagogia ni política”.
Nos ha enseñado a no obedecer “las voces de mando de los camandantes de muchedumbres”, a tener Ideales y Pasión: la fuerza incontrastable de la Juventud.
Su pluma acerada acusaba que somos un pueblo sin ideales, positivista y pragmático, que “tenemos exceso de obediencia”.
Vosotros necesitáis la Libertad...
Pensador valiente, honrado y patriota. Utilizó “el idioma de la verdad y la honradez humilde”.
Fue un “enfermo de Patria” al igual que Sarmiento, Alberdi, y otros.
Ciertamente creo que el genial sanjuanino fue el que le ha inspirado con sus ideales, el país conductor de su obra sociológica e histórica.
Según Martínez Estrada, “Domingo Faustino Sarmiento es la más auténtica intergiversable institución nacional”. Pues “Fue Sarmiento el primero que en el caos habló del orden; que en la barbarie dijo qué era la Civilización; que en la ignorancia demostró cuáles eran los beneficios de la educación primaria; que en el desierto explicó qué era la sociedad...”.
Su pensamiento es de honda raigambre sarmientina. Su “Radiografía de la Pampa” (1933) es la sucesora del “Facundo” (1945).
La Patria era él mismo, como en Sarmiento: “No sólo es Sarmiento el más argentino de los escritores, sino el más argentino de los pensadores y el más argentino de los argentinos, con todas nuestras virtudes y defectos”.
Ambos se hubieran hecho quemar por sus ideas.
Escribió esperanzado de que “algún día mi obra será leída y juzgada con equidad, ante todo, como la producción de un artista y un pensador..., cuando mi país y el pueblo recuperen el uso del buen sentido del bien y del mal y el hábito de la moral corriente”.
Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) era de los que creía que el Hombre vale por su Saber y que la Cultura es la más honda, genuina, fuente de la Virtud.