FRA ANGELICO Y SU “VIRGEN DE LA HUMILDAD”.
Por Guillermo R. Gagliardi.
1.- Motivos artísticos: significado primario o natural, actual y expresivo. Análisis pre iconográfico:
Se observa una mujer joven, con un vestido color rojo claro, mangas con puño y el cuello como bordado de tono naranja. Sobre éste, un manto celeste también con bordes dorados y el revés era según se ve en algunos pliegues de igual color.
La cabeza cubierta con una tela celeste muy clara. yace en posición sentada, con las manos cruzadas en el pecho, mirando a un niño rubio desnudo que mantiene en su regazo.
Éste alza con suavidad los brazos hacia ella. en el fondo de la escena, dos niños, con alas doradas, cubierto su cuerpo con un vestido celeste de bordes también dorados, sostienen un tapiz con adornos simétricos de fondo floral, que se extiende hasta el piso.
En el mismo, una tela gruesa o alfombra con dibujos geométricos. se ven los extremos de un almohadón o gran cojín en el que está sentada la mujer.
La expresión de la joven es de atención silenciosa y tierna hacia el niño, con la cabeza levemente inclinada.
La tez de los cuatro personajes aparece igualmente tersa y de color rosado muy claro.
Salvo el tapiz de fondo más profusamente dibujado, todo el cuadro trasmite sobriedad y serena meditación de contenida dulzura y delicada armonía.
Los colores mencionados, celeste, rojo y dorado, aparecen luminosos y simples, de tonos suaves.
Composición centrada, simétrica. Ordena todos los elementos alrededor de un centro en forma de triángulo isósceles.
La mujer, en el desvío de su cabeza a partir del eje central de la pirámide que es su cuerpo, transmite un sentimiento de pura devoción, humildad y de una mirada protectora hacia el niño.
2.- Significado secundario o convencional. Análisis iconográfico:
“Porque también la Pintura como la Poesía es canto y es cuento. Nos dice, nos habla, con voz queda; o, alzando, levantando esa voz...”.
(José Bergamín, “La corteza de la letra”, 1957).
Representa a la Virgen María adorando a su hijo Jesús y dos ángeles que enmarcan la escena.
Es un ejemplo pleno de suave belleza y gracia, de la muy rica Iconografía Mariana: Mater Omnium, Madonna della Misericordia, Madonna della Consolazione, etc.
Identificamos el motivo descripto en el punto 1, como la Virgen protectora del Niño Jesús.
“-48: su sentimiento de Humildad y reconocimiento ante la grandeza de la gracia concedida por el Salvador. –46-Dijo María: Mi alma engrandece al Señor (47) y exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador, (48) porque ha mirado la humildad de su sierva...”.
(traducción de N. Colunga, Biblioteca de Autores Cristiano-BAC).
Este tema ejemplar de la esencial humildad mariana fue cultivado en el siglo siguiente por Lope de Vega (1562-1637) en sus “Rimas Sacras” )1614), soneto 82:
“Bendito el fruto de tu vientre santo, dice Isabel a su querida prima, y ella responde: ‘mi humildad sublime, Dios que por ella me engrandece tanto’” (“Poesías”, ed. J. M. Blecua, Planeta, 1969, p. 360).
Y anteriormente, Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita ( muerto ca. 1351) en su “Libro de Buen Amor” (1343), en los octosílabos de los “Gozos de Santa María”, estrofa 24:
“Desque el mandadö oíste,
omilmente l’recibiste;...”.
(ed. crítica Joan Corominas, 1967, p. 85).
También, Petrarca (1304-1374) en el soneto 366 de su “Canzoniere”:
“Vergine santa, d’ogni grazia piena,
che per vera et altísima umiltate salisti al ciel...”
(ed. A. Pentimalli, Ediciones 29, 1977, t. 2, p. 264).
Ese ornato dorado con geometrizaciones, imita telas tejidas, terciopelos y damascos, lujo mundano que se utilizaba también y frecuentemente como realce de un ámbito sagrado.
Tiene valor estructural en la composición y simbólico, organizador y significante de la Protección justa y eterna de la Iglesia.
“Antiguamente, al parecer, la vida era más verdadera,
más ordenado el mundo, más claros los espíritus...
¡Ah!, cada vez que entramos en el templo admirable...
creemos percibir el lejano saludo que nos viene del mundo de la
verdad madura, dulce y clara; allí todo parece luminoso: por Dios y para Dios creóse el hombre, dueño y señor de la Naturaleza solo hay
uno: el Espíritu, y hay ley y orden en fórmulas perfectas,
todo es terso y rotundo, sin sombra de fisura”.
(“Obras completas”. H. Hesse, Aguilar, t. 4, trad. M. y A. S. Luque, p. 1368-1369, y como Apéndice a su ·”El juego de abalorios&rdquo
.
3.- Síntesis iconológica:
Fray Giovanni Angelico de Fiesole, Guido o Guidolino di Pietro da Magello (ca. 1395-1455) nace en Vicchio de Mughello, aldea toscana. Fraile de la orden de los Hermanos Predicadores.
Pintor de la célebre “Anunciación”, la “Sagrada conversación”, la “Coronación de la Virgen”, el “Juicio Final”.
Miniaturista, en el convento de San Marcos, en San Domenico y en Santa María del Fiore, se conservan Libros de Coro miniados por el artista.
Iluminador de Misales y Libros de Horas (Hippolyte Taine, filósofo e historiador francés, en su “Filosofía del Arte”, 1865, 1882: “su arte es primitivo como su vida. Ha empezado con misales y continuado en los murales&rdquo
.
En la Cartuja de Florencia se conserva (datos mencionados por Giorgio Vasari en su “Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos”, 1545-1550, ampliada en una 2ª ed., 1568: Parte II: artistas del siglo XV) una Tabla que representa a la Virgen con Jesús en brazos y a sus pies un grupo de Ángeles que cantan y ejecutan instrumentos musicales.
Beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1982 y proclamado Patrono del Arte y los Artistas.
Fiel cumplidor del precepto “Ora et Labora”, su vida transcurrió sin grandes vicisitudes, ascética y místicamente. Predicador dominico sin la virulencia de los anatemas típica de esta orden entre la Oración, el Trabajo y la Contemplación.
Pinta al fresco, en techos y paredes sin lienzo. Se considera sobre todo un artesano, un trabajador al servicio piadoso de Dios y de su Orden.
En el Arte Cristiano la Imagen es instrumento de la Teología. Como lo explica Germain Bazin, “el arte se convirtió en lenguaje para traducir en formas la verdad del Dogma: ‘parlar visibile’ , dirá Dante” (“Historia del Arte”,ed. Omega, 1995).
Por su espiritualidad profundamente sentida le alcanza la inspiración de Sto. Domingo de Guzmán (1170-1221), su guía en el Espíritu, devotamente mariano: “¡Oh María, gracia plena, toda pura, toda buena!”. Y de San Francisco de Asís (1182-1226), “il poverello”, por la Poesía, la Belleza y Gracia de su estilo, honda inocencia y santo esplendor de su Arte:
“¡Oh! Dios altísimo y glorioso,
ilumina mi corazón.
Concédeme fe verdadera,
Esperanza cierta,
Caridad perfecta, humildad profunda”.
Las figuras humanas de Fra Angelico trascienden esa edénica inocencia, esa Beatitud, “la verdadera Beatitud, la verdadera Virtud”, la serenidad y la firme Fe en la Salvación del Alma, sin expresión de dudas ni odios, sin violencia ni gestos forzados o actitudes exageradas.
La devoción Mariana colma la necesidad de firmeza y logro trascendente del Hombre en el final del Medioevo. Vuelve a los Valores Metafísicos de la Madre y Santa Protectora (N. Guglielmi, ob. cit., p. 41 y ss.). La historiadora citada nos informa que el hombre de esta época, replanteó su posición ante el Mundo y el Trasmundo. Hombre de hazañas, heroico y ansioso de Honor y Fama, empieza a desconfiar de los valores propios y recurre a la Tradición Cristiana, específicamente a la adoración por María, en busca de firmeza y trascendencia.
El clima de la obra es edificante, exaltador de la Virgen y su Hijo amado, “terrestres anuncios del Paraíso prometido a los limpios del corazón” según afirma Noemí V. de Bietti (“Un místico, último realista del Medioevo”, en su “Aguafuertes italianas”, Plus Ultra, 1979, p. 165-169).
El fraile toscano, místico y artista entre medieval y renacentista, cree firmemente en la existencia Ultraterrena, ilimitada, absoluta e inmortal y lo refleja en sus creaciones. “En el Medioevo el pasado miraba a la Eternidad y suscitaba lo Eterno”, N. Berdiaeff.
Maestro de la Fe, la enciende, la enseña y propaga a través de sus obras. Lírico y realista, crea con relativa independencia y libertad de inspiración con respecto a los movimientos y teorías pictóricas coetáneos.
Este soberano artista, “el último ingenuo” (K. J. Riegner, “La Prensa”, 17-2-1985), “entrega a los hombres de este tiempo gárrulo y desconcertado, la sensación piadosa de la Paz sencilla y humilde del Cristianismo Primitivo” (Raúl Botelho Gosálvez: “El tiempo de Fra A.”, en “Cuadernos Americanos”, nº 1, en.-febr. 1967, México, p. 196-208).
Arte de extremo valor en lo Estético y en lo Didáctico, al servicio de la Liturgia y de la Doctrina, con figuras resplandecientes en sus rostros, vestidos y auras sagradas. (Leandro Pita Romero: “El pintor en los altares”, “La Prensa”, 17-7-1983).
Concreta el Ideal Tomista de la Belleza:
“Tres cosas se requieren para la belleza. Primero: la integridad o perfección; las cosas que están incompletas son por eso mismo, feas. Después la justa proporción o armonía. Y por último, la claridad”.
Su sentido estético es aristotélico y tomista, de acuerdo con lo que J. L. Guerrero estudia en su “Qué es la Belleza” (Columba, ed. 1956). La facultad de la visión está relacionada con la “Ratio” o “Logos” de la Representación. Esa Euritmia, ese equilibrio o concordancia nos transmite alegría espiritual, una reacción de placer y de devoción religiosa.
Es el concepto del romano de Vitruvio (Marco Vitruvio Polión, arquitecto e ingeniero romano, siglo I a. C., “De Architectura&rdquo
, de la distribución ordenada, de la belleza “para nuestra vista”, del esplendor de las formas, colores y actitudes, como resultado de la correlación interna entre sensibilidad humana y objetos bellos.
Con la angelical pureza de colores y rostros, intenta nuestro fraile en su “Virgen de la Humildad”, restituir el estado de Gracia, la perennidad y seguridad del Mito del Paraíso. De restaurar el Estado Edénico, de Beatitud original, antes de la Caída del Hombre. (Carlos Cañal: “Fra Angelico”, poema, en rev. “Estudios”, Chile, agosto 1941; N. Lwoff: “Fra Angelico y el sueño del Paraíso” , en rev. “Sur”, nº 236, sept.-oct. 1955, p. 108-113).
Los símbolos de esa vuelta al paraíso Primero, de íntima unión con lo Divino son Cristo en la Cruz por ejemplo, y la Virgen María, como Personificación de la Madre Iglesia. Es la intercesora de la Creación ante Dios. Anuncia el Gran Jardín Celestial de los Elegidos que tan hermosamente pintó en el “Juicio Final”.
Según Vasari, “fue humanísimo y sobrio, y viviendo castamente se desligó de los vínculos mundanos, diciendo con frecuencia que quien se dedicaba al arte de la pintura necesitaba vivir en la quietud y sin preocupaciones y que quien trata el tema de Cristo, con Cristo debe estar siempre” (“Vidas de pintores...”, trad. y est. prel. Julio E. Payró, Ediciones Selectas, 1964, p. 89-97).
Reza su epitafio en el sepulcro de mármol de la Minerva en Roma:
“No se me alabe por haber sido cual otro Apeles,
sino porque a los tuyos, ¡Oh Cristo!, todas mis ganancias refería:
pues algunas de mis obras conservan en la Tierra, y otros en el cielo
la ciudad, flor de la Etruria, me arrebató, a mí que me llamo Juan”.
Con la intención de perpetuar y de trasmitir definitivamente un capital de significaciones consagradas por una tradición cultural, su arte es producto de un legado canónico y ortodoxo (P. Bourdieu: “Campo intelectual y proyecto creador”, en su “Problemas del Estructuralismo” de J. Puillon y otros, edit. Siglo XXI, 1967). Su proyecto creador es eminentemente de carácter docente, de prédica y enseñanza profundamente religante (Pío XII: “Discurso en la inauguración de la Exposición de Fra Angelico en el Vaticano”, 20 de abril 1955- Vº Centenario de su muerte. 1455/1955).