viernes, 28 de noviembre de 2008

                        CONCEPCIONES SOBRE EL TRABAJO HUMANO.-

 

Iª parte: R. Mondolfo, J. Pablo II.

                                                                       

 

Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- Rodolfo Mondolfo: “La valoración del Trabajo en la Cultura Clásica”.

 

“Maestro insigne de filosofía y humanidad” (1877-1976, italiano). De su obra “La comprensión del sujeto humano en la Cultura Antigua”, Eudeba, 1979, 2ª ed., p. 357 y ss.)-

 

Partimos del sentido etimológico del vocablo. “Pónos” en griego. “Labor” en latín. Sentido primordial de Fatiga y de Pena.

 

El Mito de la Edad de Oro, instaló una época saturnia de felicidad y abundancia, según la pintan Hesíodo, Ovidio y Cervantes entre otros.

Luego durante la época Histórica, se instaura la exigencia del Trabajo, como castigo del Pecado Original. Por el Pecado de Adán, la humanidad es condenada al Trabajo y a la Muerte. Es la Caída del Paraíso Terrenal, el mito del Edén, según el Génesis bíblico.

 

En la Cultura Cristiana se reconoce el valor del Trabajo como camino para la elevación material y espiritual de la Humanidad, para el Hombre constituye un Deber Moral, el Fundamento de su Dignidad y Derecho a la Vida.

Véase “Éxodo”, 25-40: Yahvé y Moisés= valor religioso, inspiración divina (habilidad técnico manual para construir y ornamentar el Tabernáculo). “Salmo” 128: “Bienaventurados los que comen el producto del trabajo de sus propias manos”. “Epístola a los Thessalonicenses”, II, 3ª de San Pablo= quien no quiere trabajar, tampoco coma. Se instaura la Ley que impone a los Rabinos el precepto de vivir de un oficio manual.

 

Se atribuye a la Antigüedad Clásica una concepción subestimadora del trabajo Manual:

Trabajo Manual: oficios, artes, servil, abyecto, vinculado con la materia, necesidades, fatiga, sudor, actividad sórdida y grosera, vil, digna de menosprecio. Humilla al Hombre, lo priva de su Libertad. Lo convierte en un animal o un instrumento mecánico. “Negotium” es la ocupación, por intereses económicos.

 

Opuesto a Trabajo Intelectual: luz espiritual de la Inteligencia.  Corresponde a los Hombres Libres, respetables. Armas, Política. El “Otium” o “scholé”, contemplación pura.


Estos conceptos vitales configuran  dos clases sociales.

Pero en Grecia existió la cooperación armónica y la interacción de todas las formas de Trabajo. Por ello el eximio filólogo y filósofo alemán Werner Jaeger (1888-1961) en su proteica “Paideia” afirma que 

 

“ha sido Grecia la cuna de la Humanidad que sitúa en lo más alto la estimación del trabajo”.

 

“El heroísmo no se manifiesta sólo en las luchas a campo abierto de los caballeros nobles con sus adversarios.

También tiene su heroísmo la lucha tenaz y silenciosa de los trabajadores con la dura tierra y con los elementos, y disciplina  cualidades de valor eterno para la formación del hombre.

No en vano ha sido Grecia la cuna de la Humanidad que sitúa en lo más alto la estimación del trabajo.

El trabajo es una dura necesidad para el hombre....Y quien provee mediante él a su modesta subsistencia, recibe mayores bendiciones que quien codicia injustamente los bienes ajenos”.

 

 

F. Battaglia en su “Filosofia del Lavoro” (Bolonia, 1951) destaca la oposición anterior, ejemplifica dos ámbitos sociales:

 

   - la aristocracia guerrera dórica, dominante, religión olímpica, desprecia

      el   trabajo.

   - Las masas aborígenes vencidas. Sometidas al trabajo rural y a oficios           manuales agobiantes.

 

En Grecia existieron dos tipos de Estados:

 

-         la Oligarquía militarista (Esparta-Tebas): desprecia el trabajo.

-         La Democracia industrial (Corinto. Atenas), valoran el trabajo.

 

(R. Mondolfo: “Trabajo manual y t. intelectual”, en rev. de Hist. de las Ideas, Tucumán, 1950-  B. Farrington: “El Cerebro y la Mano en la antigua Grecia”, 1949).

 

Hesíodo (siglo VIII a. C.) en su “Los trabajos y los días” afirma que sólo por el trabajo pueden los hombres conquistar su bienestar:

 

“Delante del mérito los dioses inmortales pusieron el sudor, largo y empinado es el camino que lleva a tal meta, y áspero al comienzo”.

 

“El trabajo no es vergüenza, la ociosidad es vergüenza”-

 

“Se indignan hombres y dioses contra quien vive ocioso, semejante por su índole a los zánganos que ocultan su aguijón y comen impunemente de la fatiga de las abejas”.

 

Poeta épico y didáctico, para Hesíodo  y la modesta clase social a que pertenecía, sólo la Virtud y el Trabajo pueden redimirle y hacerlo dichoso. Había nacido en beocia, comarca pobre, campesina, vigorosa.

Los pilares básicos de la Justicia humana son para H.: la virtud, el trabajo, la religión, la economía y la familia:

 

                        “Es el hambre habitual compañera del varón inactivo”.

           

“Si tú trabajas, pronto te envidiará el ocioso en tu riqueza; a la riqueza acompaña siempre excelsitud y gloria”.

 

Idea central del Derecho como  esencial en la vida humana (Fuente: Homero). El orden moral: exigencia de justicia y honradez. Orden natural: la ética del trabajo y la profesión surge de las leyes de la existencia, del curso inmutable de la naturaleza. Hesíodo  funda  esta idea del Derecho desde el mundo primitivo del Trabajo. Le confiere elevado designio y alta significación a su propio trabajo, a la dureza de sus actividades habituales.

 

Los sabios de la época inicial del florecimiento civil griego no separaban la Teoría de la Práctica, ni la Investigación Científica del Trabajo Manual. En los  presocráticos se da la misma humanidad de Theroein y Práttein, como en el Renacimiento, Leonardo, artista y técnico. Conocer es hacer y hacer es conocer. Hipias era filósofo, sofista, zapatero, herrero...

 

Anaxágoras (siglo V a. C.), maestro y amigo de Pericles. Postuló la inseparabilidad de los seres y los contrarios, la unión originaria de las cosas. Homo Sapiens y Homo Faber se vinculan. Superioridad del hombre con respecto a los animales, en relación con la posesión de la mano. Actividad acompañada de Conciencia de las operaciones que se cumple y fines a los que se tienden.

 

Los poetas trágicos, también se refieren en su arte sublime al tema:

 

Esquilo: “el dios gusta ayudar con fervor a quien se   fatiga”.

 

Sófocles: “nunca llegará uno a la cumbre sin trabajo”, “el ocio inconsiderado no

                   engendra nada valioso”.

 

Estobeo, con sus “Églogas” sobre el amor al trabajo y la fatiga. El trabajo es “padre del buen renombre”, “a quien trabaja Dios lo asiste”.

 

Agatón: “mucho tiene que fatigarse quien quiere llegar gloriosamente al público

elogio; en cambio la pereza, que logra un placer momentáneo, suele con el tiempo traer dolores”.

 

Filemón: “del amor al trabajo vino el ser dueño de cualquier cosa”.

 

Menandro:  “con la diligencia y el trabajo se vuelven alcanzables todas las cosas”.

 

Para el maestro Sócrates (470-399 a.C.), por su parte, el Trabajo es toda actividad con fines sociales. Tiene un concepto universalista del trabajo. Es el único camino de la Virtud, de la “Areté”. Afirma vigorosamente que todos los hombres deben trabajar para ser Sabios y Justos. Influyó en Jenofonte y en los filósofos Cínicos:

 

“hay un doble ejercicio, el del cuerpo y el del alma, y uno queda incompleto sin el otro”.

Platón (427-347 a.C.) opone teoría-práctica, acción-contemplación. Corresponde con las ideas Aristocráticas, la hostilidad idealista contra lo Material. Considera espíritus serviles e inferiores a los que se dedican a actividades prácticas utilitarias.. La luz de la intelectualidad y la libertad espiritual se consideran dominio exclusivo de la actividad Teorética.

 

Reconoce la vinculación recíproca de las dos formas de labor en el proceso histórico unitario en que se desarrolla la Cultura: “no debe trabajarse menos  en el estudio que en la gimnasia”.

En “La República” sostiene que quienes quieran dedicarse a la Filosofía, deben tener un amor al trabajo, “filoponía” integral, del cuerpo y del espíritu.. Definitvamente la mano y el cerebro coadyuvan al progreso humano.

 

Aristóteles (384-322 a.C.) piensa que la razón teórica guía e ilumina las aplicaciones prácticas. Destaca la antítesis de Vida Activa y Contemplativa. El trabajador es un siervo de un mecanismo. Justifica la esclavitud como institución basada en condiciones naturales y no en la violencia. Menosprecia la servidumbre humana en trabajos que anulan su capacidad racional, su libertad de pensar y actuar a la luz de su propio pensamiento.

 

La Sabiduría radica en el   conocimiento de las causas, por lo tanto, considera superior al trabajador que sabe el porqué de lo que se hace, e inferior, al ejecutor manual que desconoce lo que hace, que es un  medio mecánico ciego...

 

La Mente ha de guiar a la Mano. El ocio contemplativo no es inercia, es actividad operativa.

Este Ocio está condicionado por el Trabajo, que debe crear una situación de independencia respecto de las necesidades de la vida.

Establece una recíproca dependencia de teoría y práctica, de ciencia y técnica.

Universaliza el concepto de Trabajo. Exige  la dirección de la Inteligencia, que humaniza todo trabajo, y evita hacerlo ciego y mecánico.

 

 

2.- Juan Pablo II y su Encíclica “Laborem Exercens (1981).

 

El Trabajo, comienza el documento papal, constituye una dimensión basal de la existencia humana sobre la tierra.

Es una actividad transitiva. Empieza en el sujeto y está dirigida hacia el objeto externo.

 

El mandamiento bíblico, “sometedla” incita al dominio Terrenal.

Como Persona, el Hombre es Sujeto del Trabajo. Sus acciones laborales deben servir a la realización de su Humanidad, al perfeccionamiento de su vocación de Persona. Ha de obrar de manera programada y racional, capaz de decidir acerca de sí y realizarse a sí mismo.

 

La Técnica no ha de limitar ni privar al Hombre de sus cualidades de Creatividad y de Responsabilidad.

 

“Evangelio del Trabajo”: el valor lo da el Hombre que lo ejecuta. Por ello se estima la dimensión subjetiva y ética del trabajo. Y ha de ser el centro de toda política social y económica. Se mide por la dignidad del sujeto que lo realiza.

 

En el concepto materialista y economicista, es una “mercancía” que el trabajador vende al empresario, poseedor del capital, de los instrumentos de trabajo y de los medios que hacen posible su producción. Valoriza unilateralmente la dimensión objetiva del trabajo, despersonalizándolo y deshumanizándolo. No lo considera al hombre como verdadero fin de todo proceso productivo. (ver “J. P. II: la nueva ética empresarial” M. Novak (Anales, Academia Ciencias Morales y Políticas, t. 21, 1992).

 

En el caso de las tareas monótonas, despersonalizadoras, de los grandes complejos industriales, asistimos a una lamentable degradación humana, la explotación gananciosa e inhumana.

Ha de fomentarse una toma de conciencia progresiva sobre los Derechos del trabajador y la solidaridad ascendente de los mismos.

 

No obstante la Fatiga  que conlleva todo trabajo, es un Bien Humano, útil, digno, que expresa y aumenta la Dignidad. (N. E. Yunes Zajar: “Trabajo y ocio”, Rev. Iberoamericana e Seguridad Social, Madrid, a. 21, nº 6, nov.dic. 1972).

 

El Mundo del Capital está representado por un grupo influyente, empresarios, propietarios, poseedores de los medios de producción).

El Mundo del Trabajo es la multitud de gente, que sólo participa en el proceso productivo mediante el trabajo.

 

En el  Materialismo Dialéctico el hombre no es sujeto del trabajo y causa eficiente del proceso de producción, sino que es entendido como dependiendo de lo material, como una especie de resultante de las relaciones económicas y de producción.

 

Reconoce el derecho a la propiedad privada, pero subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los Bienes.

La Doctrina de la Iglesia no se identifica con la colectivista ni con la liberal-capitalista. (léase Bernard Shaw: “Sobre los trabajadores”, en su “Guía del Socialismo y del Capitalismo para la mujer inteligente”, 1928).

 

El hombre necesita una debida remuneración por su trabajo y la conciencia de que está trabajando en algo propio.. Ha de sentirse un sujeto con poder de iniciativa propia.

 

Para la Paz del mundo es condición sine qua non, el respeto del vasto conjunto de los Derechos Humanos.

Ha de trabajar el hombre por respeto al prójimo, a la propia familia, a la nación y a la Humanidad.

El problema de la justa remuneración es la clave de la Ética Social. El salario justo es la verificación concreta de la justicia de todo sistema social y económico. Por la remuneración, se accede al primer principio de todo ordenamiento ético social.

Hay que organizar y adaptar todo el proceso laboral de manera que sean respetadas las exigencias de la persona y sus formas de vida (ver G. Luchesi: “Ética y Trabajo”, en “Ética y cultura contemporánea”, EDIUNC, Mendoza, 1993, p. 111-120).

 

También deben promoverse otras prestaciones sociales que tienen por finalidad la de asegurar la vida y la salud de los trabajadores y de su familia, la condición de la mujer, la asistencia sanitaria, el derecho al descanso, los seguros de vejez y accidentes, el derecho a la Huelga, la maternidad, el ambiente de trabajo que no comporte perjuicio a la salud física, psíquica y moral. Y el derecho a asociarse en Sindicatos o uniones que defiendan los intereses vitales del trabajador.

 

El trabajo no debe ser portavoz de violencias o egoísmos de grupos o clases, pues antes que nada une a los hombres: ésa es su fuerza social, la de construir una Comunidad.

Los Sindicatos deben tener como cometido específico el asegurar los justos derechos del hombre de trabajo en el marco del Bien Común de la Sociedad entera. No deben convertirse en Partidos Políticos que luchen por el Poder. Deben empeñarse en la instrucción de los trabajadores, la promoción de la autoeducación; que pueda  no sólo “tener” más, sino ante todo “ser” más: es decir, pueda realizar más plenamente su humanidad.

 

Promueve Juan Pablo con su documento, que hay que formar una Espiritualidad del Trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a Dios, Creador  y Redentor...

 

Desde el Génesis está expuesto el primer Evangelio del Trabajo: imitar a Dios en la Creación= Trabajo y Reposo. Uno exige al otro, no puede ser un mero ejercicio de acción exterior, debe dejar un espacio interior, debe preparar para el Descanso.

“En el trabajo humano el Cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de Redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros”.

 

El Cristiano, entonces, ha de unir el Trabajo a la Oración y debe saber qué puesto ocupa su labor en el progreso terreno (crecimiento temporal que contribuye a ordenar mejor la sociedad humana) y en el desarrollo del Reino de Dios.

 

 

Más Bibliografía sobre el Trabajo.

 

Carnese, F.. R. Guichón y L. Pinotti: “El papel del trabajo y el lenguaje en el proceso e hominzación” (en “Antropología” M. Lischetti compil. Eudeba, 1987).

Fourastié, J.: “¿Por qué trabajamos?” (Eudeba).

Ghirardi, O.: “El hacer humano” (en “IIº Congreso Nac. e Filosofía” Actas, t. 1, 1973, p. 423-435).

González, Joaquín V.: “El trabajo como fundamento y fin” (en su “Ideales y caracteres”, La Plata, 1903, p. 71-74).

Myers, R. A.  y J. P. Jordaan: “Las diferencias individuales y el mundo del trabajo” (en “Educ., vocación y ocupación”, K. J. Bohn y otros, Piados, 1975).

Nehru, J.: “Cómo comenzaron la Religión y la división del trabajo” (en su “Cartas de un padre a su hija”, Sur, 1975, 2ª ed.).

Reyes Baena, J. F.: “El antiguo tema del trabajo” (“Literatura y humanismo”, Venezuela, 1974).

Ruggiero, Guido de: “El concepto del trabajo en su génesis histórica” (La Plèyade, 1973).

Strubbia, M.: “El trabajo” (“Doctrina social de la Iglesia”, Paulinas, 1983).

Uslar Pietri, A.: “Ocio y negocio” (en su “Vista desde un punto”, Venezuela, 1971).

 

 

 

                                   

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 20:12
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