sábado, 29 de noviembre de 2008

                        CONCEPCIONES SOBRE EL TRABAJO HUMANO.

 

                                                            IIIª parte: Scheler, Marcel, Huxley  y  S. Weil.

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi

 

 

5.- Max Scheler (1874-1928).

 

“Aproximarse a las cosas como es preciso, aferrarlas vigorosamente, pero también ser aferrado vigorosamente por ellas..., a la vez fundirse en ellas y volverse semejantes a ellas”. Sus textos: “Trabajo y Ética” (1899, dentro de su “Liebe und Erkenntnis”, Amor y Conocimiento), “Conocimiento y Trabajo” (ed. Nova, 1969, original en 1926. Su principal maestro fue Rudolf Eucken (1846-1926) con su “La lucha por un contenido espiritual de la vida”, espec. el cap.: “La nueva cultura del trabajo y sus peligros”.  Scheler, por su parte, extiende su influjo en  Pedro Laín Entralgo (médico y escritor, 1908-2001) con su “Ocio y Trabajo” (1960) y en el filósofo alemán Josef Pieper (1904-1997), autor de “El ocio y la vida intelectual” (1962, 2ª ed., 1970).

 

El trabajo es en la concepción scheleriana, un deber y un derecho del ser humano.  Es aproximarse a las cosas, acercarse a la realidad física. El ser aferrado significa el aspecto sombrío del trabajo, lo ominoso de la dimensión laboral. Ello lo refleja R. M. Rilke (1875-1926) en su particular poesía:

 

                        “Mira la máquina:

                        mira cómo ella gira y se venga

                        y nos desfigura y nos debilita”...

 

Es una Mediación, debe estar subordinado al fin o sentido que el espíritu del hombre elabora, evitando la Cosificación y Automatización.

 

La actividad laboral ha de insertarse en un sistema de Fines Espirituales, no perder la visión de Totalidad.

 

Ha de superarse el error del Pragmatismo de quedarse en el Saber Empírico, de hechos o Inductivo y acceder  al saber Esencial y hasta el Saber Salvífico o Metafísico, que permita captar la esencia de nuestra Labor y de nosotros mismos y religarnos con lo Divino, en la Suprema Elevación del Espíritu.

 

Si no, el Espíritu, se empequeñece y sólo abarca el ínfimo mundo circundante.

 

Tenemos que tratar de no debilitar con el trabajo, nuestro Ser más profundo, enriqueciéndolo, perfeccionándolo.

 

Postula  el filósofo germano la auténtica Humanización Laboral. Es decir, el tener acceso a los Valores Trascendentes, las exigencias jerárquicas del Espíritu, abarcando un horizonte libre y despejado, no intoxicado, totalizante, plenificador de la persona.

 

 

Esta filosofía es explicitada, entre otros por Héctor Délfor Mandrioni,  pensador y ensayista argentino, en su “Introducción a la Filosofía” (1964 y diversas reediciones). Desde su  esencial y profunda perspectiva scheleriana, trascendentalista y cristiana, el Dominio del Ser se abre sólo cuando se da el “Persontypus”, el correspondiente  Tipo de Persona.

 

La configuración anímico-espiritual típica del filosofar es el Ocio, la libertad de las necesidades laborales y de las determinaciones del mundo circundante.

Es este ámbito interior, libre de las urgencias de la vida, cultivo de las capacidades contemplativas y creadoras del Ser. Es la Vida Teorética, de la que nos alejan el Fanatismo Laboral y la Ganancia, el Materialismo y la Tecnolatría.

 

Trabajar  implica exteriorización, ir a las cosas, para dominarlas. Ocio, interiorización, es ir a Sí Mismo. Construyen los dos abismos entre los que se mueve el hombre: el Abismo del “Otro” y el Abismo del “Yo”.

 

En un ambiente Sacral y Salvífico,  la Persona se “acuerda” con las cosas, ve la Luz Serena que trasmite la Esencia de los Entes, y él mismo llega así a su esencia: actitud No Laboral ni utilitaria, sino Contemplatio, postura Creadora. Las cosas, desplegando una atmósfera de Serenidad, envuelven  al hombre en su calma y lo Hacen Crecer a él también desde su esencia.

 

El primer momento es el del choque, utilitario, mecánico, para dominar la resistencia de las cosas.

Luego, el Ser Libre debe conferir un Sentido a esa Actividad: ilumina al trabajo iluminándose a sí mismo.

 

En el Ocio enriquecedor, el Silencio libera al hombre de la parcialidad fragmentaria de las cosas, del juego de las fuerzas ensordecedoras de la máquina, y deja lugar a las fuerzas Puras del Espíritu: es el ámbito de la Lucidez, del  abandono de la opacidad cósica y la superficialidad mundana. Apartamiento del funcionamiento social y de los negocios temporales. El espíritu busca rescatarse de la diversidad y fugacidad fenoménicas para instalarse en el “Origen” de las cosas, y poder escuchar el Lenguaje de los Seres, de Eternidad y Esencialidad.

 

En esta época del Pensar Calculador,  el Pensar Meditativo reconcilia al Hombre con su Ser Espiritual, brinda Fundamento a su vida y le hace ver la Luz desde la Altura: Dios.

 

Evidentemente, vivimos la época de la eficiencia práctica, de la inseguridad interior, de la avidez consumista, de la crueldad y violencia extremas, del desprecio por el Espíritu, los Valores y la Cultura, en la que un Trabajo Humanizante puede Redimirnos, “Eternizarnos”...

 

 

 

 

 

6.- Gabriel Marcel (1889-1973).

 

El dramaturgo y filósofo francés, volcó sus principales ideas sobre el tema en sus obras “Homo Viator” (1944) y “Les Hommes contre l’humaine” (1951).

 

En la Civilización del Trabajo, éste es exaltado como el modo que tiene el hombre para autorrealizarse y humanizarse. El hombre, según Saint Simon, Proudhon y el Marxismo, para ser genuinamente humano debía ser Trabajador.

Derivó de allí  el imperio de la Tecnocracia, la Dictadura de la Técnica, al que también contribuyó  la concepción yanqui de la vida.

 

Ello ha construido un mundo de chocante tristeza, en que el hombres es una cosa mensurable, cuantificable, en que prevalece el pensamiento calculador, en detrimento del Metafísico, absoluto y trascendente, humanizante, religante con Dios. Ocurrió una Des-Graciada  Mutilación de la Persona, se privó al hombre de su Ipseidad y Autidad, de su Singularidad y Unicidad Irrepetible, convirtiéndolo en “Hombre Máquina”, esclavo gustoso de la Propaganda estupidizante.

 

J. M. Hollenbach, en su “El Hombre del Futuro” (1967): “El hombre está dominado por la tensión del standard de vida, las oportunidades económicas, el dominio del tráfico, etc. La seriedad de la obligación moral parece traducida a una absolutizada seriedad del trabajo. Lo único necesario parece ser la puntualidad, el cumplimiento del trabajo. No se necesita ni sensibilidad, ni conciencia  para tener éxito” (ob. cit., p. 428-429).

 

Marcado nuestro ser despersonalizado, por el Consumismo impiadoso, el solipsismo, el Nihilismo con su corte de males: la Angustia y la Desesperación, la Uniformización, el dictado de los mandatos de la Superorganización, en definitiva el neo Primitivismo, la Barbarie más cruda y deshumanizadora.

 

Marcel entiende que la Tecnología es un Bien, confirmación de la Superioridad del Hombre, expresión del Genio Humano.

(Cons. “Fenomenología existencial” de W. Luypen, cap. “Tecnocracia y filosofía”, Lohle, 1967).

 

 

7.- Aldous Huxley (1894-1963).

 

Huxley sintetiza y parte de una premisa esencial: “El secreto de la Felicidad se cifra en adoptar el Trabajo que más nos satisface”.

 

“Hallar el mejor procedimiento para variar las tareas individuales, a fin de evitar el tedio y de conseguir multiplicar los contactos educativos entre los individuos que trabajan en grupos responsables autónomos”.

 

“Hallar la mejor manera de emplear las condiciones individuales de los obreros, y la mejor manera de emplear a las personas según los diferentes tipos psicológicos a que pertenezcan”.  Estas tres citas pertenecen a su  brillante ensayo “El fin y los medios”, 1937.

 

Independencia, enriquecimiento mutuo, contactos educativos interpersonales, respeto a la Libertad de la Persona en el Trabajo, variación de tareas, procurar que el obrero vea el sentido de la labor que efectúa, que el Trabajo posea significación para el  individuo, que vea el “por qué” y “el para qué” de lo que hace, evitar la rutina labora, el trabajo excesivamente mecánico que embota o anula las condiciones humanas por excelencia: la inteligencia y la sensibilidad, la variación y el sentido evitan el aburrimiento, la desatención, el ausentismo y la infelicidad personal.

 

Trabajo concordante con aptitudes, capacidades, necesidades y posibilidades.

 

No matar la frescura de la mente ni la espontaneidad del corazón en labores sin incentivos, excesivamente mecanizadas y calculadoras.

 

Procurar el despliegue personal en la labor, el desarrollo individual y social, sin excluyentes  finalidades económicas.

 

He ahí lo principal del pensamiento huxleyano sobre el tema.

 

 

8.- Simone Weil (1909-1943).

 

Leemos su “La condición obrera” (1951). Un diario de fábrica, con cartas, conferencias y análisis sociológicos, experiencia de la autora como fresadora de las fábricas Renault.

 

Ataca y denuncia la filósofa valiente el antihumanismo del trabajo en la era moderna, la anonimia, la fragmentariedad, la impersonalidad y las injusticias sindicales. Ante el trabajo taylorizado, calculado, indica valientemente  la dictadura del patrón y el paternalismo burgués.

Pero el trabajo posee su faz  platónica, reside en  la Redención a través de él, por la Contemplación y  la percepción del sentido estético.

 

Radiografió como pocos las contradicciones de la Revolución Industrial, los sufrimientos sociales, los problemas de la Técnica, lss causas y consecuencias de la Opresión social, la crueldad hacia la Persona, los sentimientos, el espíritu de igualdad y de fraternidad humanos.

 

También consideramos su “La gravedad y la Gracia” de 1948, con su honda espiritualidad y cristianismo al rojo vivo,  donde aparecen diversos fragmentos sobre el trabajo Obrero: “Trabajo manual. El tiempo que cala el cuerpo. Mediante el trabajo el hombre se hace materia como Cristo en la Eucaristía. El trabajo es como una muerte...”. Fue ella  de una intensa humanidad, pacifista radical y luego sindicalista revolucionaria y sobre todo, Cristiana Fundamental.

 

Asimismo, “La primera raíz” (1942-1943). Brega noblemente, conmoviendo con sus conceptos y estilo, por la Humanización laboral, el perfeccionamiento de las máquinas. La necesidad de conferir una significación metafísica y religiosa al trabajo manual.  Postula la radicación del Trabajo en la Cultura Tradicional, en las fuerzas de la Naturaleza, la idea de patria, la participación de la Comunidad.

 

Benedetto Croce (1866-1952), en su  “Ética y Política” (trad. E. Pezzoni):

 

“No hay otra manera de vencer la pena del trabajo que la de convertirlo de externo en interno, de impuesto en espontáneo, de forzoso en voluntario, aceptándolo y pegándose a él como a algo en lo que se encuentra la honda satisfacción del propio ser mejor.

 

El problema del trabajo, que tanto preocupa la mente, es esencialmente problema de educación moral, ninguna sociedad laboriosa  o sea ninguna sociedad humana, puede vivir sin disciplina interior, sin entusiasmo moral que sostenga y dé fuerza a la disciplina sin saber resignarse y sacrificarse”.

 

(ob. cit., cap. XVI: “Trabajo y Pena&rdquoGuiño.

 

El trabajo es en el pensamiento croceano, básicamente Alegría, alegría de vivir, más aún, la vida y la alegría de vivir no son, según él, un gran Laborioso, más que el Trabajo, Y Trabajo penoso es el que no logramos hacer nuestro, el que no se funde con nuestras disposiciones y tendencias.

 

Rabindranath Tagore (1861-1941, pensador y poeta  indio, “Entrevisiones de Bengala” (1923) sobre la naturaleza jánica de la actividad laboral en la vida del hombre:

 

“Un aspecto interesante del Trabajo es que el individuo tiene que vivirlo en sus alegrías y tristezas personales.

...Observando el panorama del trabajo, veamos a unos en su oficio, a otros cavando, a otros acarreando vagones, pero, en el interior, muerte, tristezas y desolación, fluyen en una corriente oculta.

Si saliesen a la superficie, el trabajo se pararía de repente. Sobre los pesares individuales de la vida interior existe  una dura losa, que permite mostrar los deberes con su humana carga, los deberes que nunca se detienen salvo en las paradas señaladas.

Esta verdadera crueldad del trabajo demuestra, quizá, la austera consolación del hombre”.

 

 

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Publicado por Desconocido @ 10:58
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