CONCEPCIONES SOBRE EL TRABAJO HUMANO.-
IVª parte: Marx – Gyllenhammar.
Por Guillermo R. Gagliardi.
9.- Karl Marx (1818-1883).
Según explica Adolfo P. Carpio en su “Principios de Filosofía” (vs. edic. desde 1974) el Sujeto, en el acto del Conocimiento, encuentra dos soluciones filosóficas: es receptivo en dicho acto, es decir, Contempla la Realidad que se le ofrece (filosofía griega y pre kantiana: la vida contemplativa, de la Razón, es la más feliz, “bíos theoretikós&rdquo
) o, por el contrario no es un espejo, entonces el Conocimiento se convierte en Praxis, en Acción.
Ya en Emmanuel Kant (1724-1804) ocurre un cambio sustancial: el Conocimiento ya no es Teoría, sino una operación transformadora que el sujeto cumple. Sus discípulos, G.F.Hegel (1770-1831) sobre todo, sostienen que Conocer es Crear el Objeto del Conocimiento, la Realidad. (Hegel, “Señorío y Servidumbre”, el problema del trabajo, en su “Fenomenología del Espíritu” 1807, cap. IV, sección A).
Theorein en griego significar “mirar, observar”, según José Ferrater Mora en su “Diccionario de Filosofía”. Era lo que hacía el espectador en los juegos públicos, no intervenía en los mismos. Por otra parte, Praxis era un “quehacer, un negocio”, la acción de llevar algo a cabo.
Para Aristóteles (384-322 a.C.) existen tres tipos de saber: teórico, práctico y poético o creativo. Para el autor de “Crítica de la razón pura” Pragmático es el Conocimiento Útil, los hechos o asuntos humanos. Los Escolásticos distinguían el “essere” el ser, como precedente del “agere”, el “operari”, el Obrar y Actuar.
Para el pragmatismo (Dewey, James, Peirce, Mead) el Pensamiento es Acción. El sujeto humano es entendido como un agente, que actúa en el mundo y entre sus semejantes. Jean Paul Sartre (1905-1980) en “El ser y la nada” (1943) afirma que la realidad humana es acción, que hacer es hacerse, actuar, ser. Para los marxistas, ser es dimensión Inter.-individual, Social. Y la Filosofía es entendida como un sistema de normas para actuar con vistas a la transformación del mundo (Ver Joseph de Finance: “Ensayo sobre el obrar humano”, 1966; y Richard Bernstein: “Praxis y Acción”, 1977).
Marx, filósofo, economista, pensador e historiador, el Hombre existe en cuanto posee relaciones exteriores, con el mundo natural y social. Es el ente que se produce a sí mismo, ese acto autogenerador es el Trabajo.
Se coloca así en radical oposición con la tradición filosófica de la Razón Teórica. Pues para él el Trabajo es una relación real del hombre concreto con las cosas, y con los otros hombres. Es la esencia del hombre. Es el medio para su realización, para el desarrollo completo e sus posibilidades, para su satisfacción y para su felicidad. Es esencialmente Humano, en tanto esté acompañado de Conciencia, con intenciones Sociales.
El Trabajo transforma la Materia Prima, Produce, traduce en realidad objetiva lo que primero es una Idea o Representación. Es una Humanización de la Naturaleza: deja su huella, sus ideas, sale de sí y muestra su ser.
El Trabajo debe ser ejercido por el hombre, liberado de las necesidades orgánicas, Libre y Consciente, no meramente como Medio para un vivir enajenante, sino en Plenitud y no sólo obedeciendo a necesidades económicas.
Ocurre la Alineación cuando el hombre se enajena de sí mismo y vive desconociendo su propia esencial.
En ese trabajo forzado, se siente fuera de sí, se niega, se des-gracia, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu.
Según nos enseña el ensayista y poeta argentino Luis Franco (1898-1988) en sus escritos, entre ellos “Pequeño Diccionario de la Desobediencia” (1959), en nuestra época de televisión, aviación supersónica y desintegración atómica, la explotación extensiva e intensiva del trabajo humano persiste con dos agravantes: el trabajo supermecanizado trueca al obrero en tornillo, pistón o manivela; “la desocupación lo deja más desnudo de seguridades que el salvaje del bosque”. “Todo parece estar listo ya para el paso decisivo: las condiciones objetivas o capacidad de la maquinaria y la técnica para reemplazar todo lo inhumano del trabajo humano en un mundo en que el parasitismo y la destrucciòn no tendrán sentido; las condiciones subjetivas, o sea la claridad de conciencia y la alerta voluntad de lucha de los centenares de millones de hombres cuyas manos amasan la riqueza del mundo”.
Debe experimentarse como la actividad más propia, como la expansión natural de sí mismo, el despliegue de sus más peculiares capacidades.
También el trabajador está alienado respecto del producto de su trabajo, que pertenece al Capitalista, el dueño de los medios de producción.
Y tampoco puede elegir su trabajo, pues está determinado por la clase social a que pertenece, por el lugar que ocupa dentro del proceso social de producción, por la forma de distribución de la riqueza y el poder.
F. Engels (1820-1895), colaborador intelectual y amigo de Marx, estudió “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” e investigó “La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845). Afirmó que primero el Trabajo, luego y con él el Lengua , fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el Cerebro del Mono se fue transformando gradualmente en Cerebro Humano.
Cuando el trabajo, en lugar de constituir un Fin, pasa a ser un Medio, la vida humana se ofrece como una mercancía más, y las relaciones sociales no se operan entre personas, sino entre cosas. En este proceso inhumano, de Reificación o Cosificación, el hombre está al servicio de las Mercancías. Entonces se lo comprende como instrumento para alcanzar un fin, como una máquina o una herramienta de trabajo.
La doctrina Comunista, cuyo manifiesto fue concebido por Max y Engels exige la supresión del Capital Privado, lo que tiende a eliminar la división del trabajo, y a realizar el Hombre completo, la Igualdad auténticamente social. La sociedad comunista es planificada sin clases sociales, sin estado opresor, y ha de constituir, según esa ideología, el triunfo del hombre sobre toda servidumbre.
En su buena prosa Franco sintetiza: “El producto del trabajo no perteneció nunca a los trabajadores del campo y la ciudad: sólo dispusieron de él en la medida indispensable para subsistir, para mantenerse en un nivel de vida casi estrictamente zoológico. Trocado en máquina de productos ajenos, el proletario se siente ajeno a su propia actividad, pierde la alegría de la creación propia: su trabajo y su persona se truecan en un medio para fines ajenos, y esa absurda inversión lo deshumaniza fatalmente”.
Hace falta una total transformación de la base, una nueva ordenación y valoración laboral, desde la relación propiamente humana entre los hombres. Por y en el trabajo el ser humano se transforma en Demiurgo de sí mismo, ha despertado la conciencia de su ser y de su poder....
(Puede consultarse: “”Al encuentro del hombre” del ensayista chileno Arturo Aldunate Phillips, Kraft, 1953; Maurice Colbourne: “La economía nueva”, donde diferencia “ocio” de “holgazanería”: aquél no es debilidad ni embotamiento de la iniciativa y capacidad de goce, es meditación, recuperación de la soberanía interior, y ésta sí es antítesis del trabajo, en cuanto empobrecimiento del espíritu y de los sentimientos...).
10.- Pehr G. Gyllenhammar: “Gente trabajando” (1980).
Pehr Gustav Gyllenhammar es un afamado empresario sueco, nacido en 1935. Se destacó como Presidente de Volvo y otras compañías de renombre internacional.
En su celebrado libro “Gente Trabajando” comienza señalando la importancia de la primera línea de montaje móvil creada por el industrial estadounidense Henry Ford (1863-1941), que trajo muchos beneficios al mundo. Se crea el sistema de producción en masa, lo cual propicia el sistema de Consumo Masivo, inaugurador de la Era Moderna.
Como consecuencia este sistema condujo a un opresivo método servil. Los trabajadores de la línea eran tratados como autómatas, como subhumanos.
Actualmente se reconoce que el Elemento Humano es primordial. Las personas implicadas en el Proceso Industrial son reconocidas como “partícipes” y como seres humanos que merecen el máximo interés.
Considérase vital para el progreso social, si deseamos alcanzar un hermoso mundo nuevo, señala Gyllenhammar, el reconocimiento de la Dignidad y Autorrespeto del Individuo, el Humanismo Laboral.
Según estos postulados, se debe reorganizar el trabajo para que se adecue a la gente y no al revés, considerando que la Máquina es una creación del Ser Humano y no viceversa. Implica colocar al trabajador en una posición más significativa dentro del proceso de “toma de decisiones”, crear “ocupaciones humanizantes y con sentido”, de tal modo que el ser adulto se desarrolle en múltiples direcciones.
La Democracia Laboral, el desenvolvimiento de valores democráticos en el lugar de trabajo, es un paso hacia el establecimiento de una forma de vida verdadera y noblemente democrática. Entiende por ello la acentuación de los conceptos imaginativos y creativos, de elección de opciones, expresión, en la esfera laboral. Considérase básico que cada individuo tiene derecho a un trabajo, al autorrespeto en su labor, a una “buena tarea” y a una “paga decente”.
La persona que trabajo en una Empresa Moderna grande se siente muchas veces perdida dentro del esquema general, un engranaje intercambiable en el sistema industrial, con poco o ningún control sobre su vida, hasta el momento de su jubilación.
Ahora comenzamos a percibir los síntomas de un nuevo tipo de enfermedad industrial. Inventamos máquinas para eliminar el “stress” físico inherente a algunas tareas, y nos encontramos con un “stress psicológico” que genera aún más problemas de salud y conducta. El trabajador, anonimizado en el mundo laboral, ignorado como participante y sin motivaciones, reacciona ante condiciones inhumanas de trabajo, mediante formas muy humanas: cambios de ocupación, ausentismo, actitudes apáticas, antagonismos y hasta maldades deliberadas.
Explica el autor que la gente está educada para considerarse “adultos maduros”, pero luego en las grandes Organizaciones laborales, se los trata “como cifras” o “como niños”.
Se debe encontrar la manera de “interesar personalmente” a cada trabajador, pues el Aburrimiento, la Monotonía, es un problema relevante, como la “falta de incentivos”, de “probabilidades de desarrollarse, de progresar integralmente”.
En un grupo de trabajo verdaderamente humano, los empleados pueden cooperar entre sí, debatir los problemas y tomar decisiones sobre la forma de organizar la labor. Tener en cuenta que la mayor eficiencia se logra cuando cada uno acepta dar lo mejor de sí a la Empresa. Cada obrero debe sentir que la Empresa valoriza su desempeño, que le posibilita su crecimiento personal. No ha de confundir aquél la Participación y Consultas con Permisividad, descuido o Indisciplina.
El Jefe y Supervisor ha de oficiar, no como mantenedor de la disciplina, sino sobre todo como “buen administrador de persona”. Debe cumplir el papel de consultor, enseñante, ayudante y asesor.
Los nuevos métodos de organización laboral permiten un mayor grado de responsabilidad personal en los empleados. Si las personas intercambian los trabajos, aprenden más sobre el de los otros, de modo que el nuevo enfoque les permite un mayor sentimiento de integración dentro del grupo de trabajo. Antiguamente los sistemas laborales impedían esa Comunicación grupal y disminuían el sentimiento de pertenencia del trabajador, así como su orgullo frente a los resultados. Hoy por el contrario señalamos la trascendental importancia de la Gente, de la Comunicación horizontal y vertical, y hacia arriba y hacia abajo.
Un mayor nivel educacional de los empleados, requiere que cada empresa aumente Cursos de Extensión, que ayudan a asumir tareas nuevas de mayor Responsabilidad y también añaden perspectivas al trabajo.
La Libre Empresa ha de colocar mayor énfasis en los intereses de los empleados, considerar la mayor influencia de los mismos y la necesidad de felicidad y o de crear condiciones en las cuales el empleado pueda encontrarla en su empleo.
Exige nuevas demandas de trabajo “significativo”, con contenido individual y social, de seguridad, de ingresos competitivos y poder co-participar.
De tal modo los administradores modernos han de tener más en cuenta el prestar atención a los factores sociales y psicológicos, a la eficiencia y comodidad y satisfacción, asociadas a rapidez, motivación, remuneración justa, posibilidad de progreso, completa asistencia social y ascensos según capacidad.
Más Bibliografía .
Astesano, E. B.: “Los trabajadores urbanos”, “El mercado de trabajo esclavo” y “Compra de la fuerza de trabajo en África” (en su “Nacionalismo histórico o materialismo histórico”, Pleamar, 1972).
Astrada, C.: “Trabajo y alineación en la “Fenomenología. ..” y en los “Manuscritos”” (Edic. Siglo Veinte, 1965).
Baremblit, G.: “Trabajo y salud mental” (en su “Saber, poder, quehacer y deseo”, N. Visión, 1988).
Calvez, J.-Yves: “Una ética para nuestra sociedad en transformación” (cap. sobre el Trabajo y el Empleo, Ciudad Nueva, 1993).
Chapanis, A.: “Ingeniería Hombre-Máquina”, México, 1968).
Di Tella, G.: “El desarrollo argentino y la teoría de la división internacional del trabajo” (Rev. de la Univ. de Bs. As., 5ta. época, a. VII, 1, 1962, p. 45-53).
D’Ors. E.: “Aministración “ (en su “Nuevo Glosario”, t. 3, ).
Faijard, M. I.: “La felicidad y el trabajo” (en su “La clave de la felicidad y la salud mental”, 1950).
Gabriel y Galán, J. M._ “Himno al Trabajo”.
García Pelayo, M.: “Burocracia y Tecnocracia” (Alianza).
Greppi, C.: “La educación social-humanista y el trabajo” (en su “Hacia un mundo mejor”, Lidiun, 1985).
Justo, J. B.: “El salariado” (en su “Teoría y práctica de la Historia” 1908)
Labrousse, R.: “Del mago al burócrata” (Raigal, 1955).
Menninger, K.: “El trabajo como sublimación” (Rev. Arg. de Psicoanálisis, t. I, 2).
Messner, J.: “El funcionario” (Rialp).
Mistral, G.:”Grandeza de los oficios” (Chile, ed. de Roque E. Scarpa, 1979).
Nietzsche, F.: “Trabajo y aburrimiento” y “Los apologistas del trabajo” (en su “El eterno retorno”, libro I, 42, Obras completas, Aguilar, t. III, y en su “Aurora”, aforismo 173, ed. Aguilar, cit.).
Obieta, A. de: “Notas sobre el problema burocrático” (Rev. de admin.. Pública, 11, oct.-ic. 1963, p. 104-125).
Ortega y Gasset, J.: “El funcionario español, el francés, el alemán, el argentino...” (La Nación, 17-3-1935: y en sus Obras , t. 5, p. 192-203; Íd.: “Una vista sobre la situación del Gerente o ‘manager’ en la sociead actual” (1954, Ibíd.., t. 1, p. 727-746).
Pellegrini, C.: “Organización del trabajo” (en Rev. de Derecho, Historia y Letras, a. VIII, t. XXII, 1905).
Prieto, Fray R.: “Trabajo, técnica y Cultura” (Cuadernos de la Universidad Católica de Cuyo, San Juan, 3, 1966, p. 23-31?)
Reyes, A.: “El ocio” (Obras completas”, t. 22).
Roig, A.: “La noción de ocio en el mundo clásico y contemporáneo” (Philosophia-, 20-21, 1955, p. 31-52).
Rosenblat, Á.: “El hispanoamericano y el trabajo” (en su “El español de América”, Bibl. Ayacucho, 2002, p. 237-259; y en su “La primera visión de América”, 1965).
Schmidt, H.: “Importancia de la pequeña y mediana empresa” (en “Política, testimonios y acción”, G. Ancarola y otros, Marymar, 1987).
Terán, Juan B.: “La pedagogía del ocio” (en su “Espiritualizar nuestra Escuela”, 1932, Librería del Colegio, p. 189-194).
Unamuno, M. de: “Teoría de las huelgas. El justo salario” (conferencia 1903, en su Obras Completas, t. 7, p. 598-601).
Vergara, J. M.: “La organización científica del trabajo” (Fontanella).
Voltaire: “Pensamientos sobre administración pública” (1752, en su “Opúsculos satíricos y filosóficos”, Pról.. C. Pujol, trad. y notas C. R. de Dampierre, Alfaguara, 1978).
Zuviría, F.: “Empleomanía” (en su “Discursos morales y filosóficos, Bs. As., 1863).