lunes, 01 de diciembre de 2008

                                 CONCEPCIONES SOBRE EL TRABAJO.-

 

 

                                                                        Vª parte y última: Whenes – Echeverría.               

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

11.- Frank-Josef Wehnes: “La escuela  y el mundo del trabajo”.

 

Estudioso destacado de la Pedagogía en sus relaciones con la Psicología y la Sociología. Se ocupó de la mente infantil, Pestalozzi, la escuela y la técnica, la participación y la propiedad en la escuela, los hombres y la actividad laboral, etc.-

 

Esta obra fue publicada en 1964  y traducida al castellano, publicada en nuestro país en 1969 por la editorial Nova.

 

En nuestra época la Escuela debe ser considerada como ámbito de formación humana, porque está subordinada al ser humano como un Todo. No ha de entenderse como un adiestramiento unilateral (Hacer, ideal de eficacia)  tendiente a sobrellevar exigencias especiales. Lo que ha de procurarse es capacitar al alumno para que cumpla humanamente con los requisitos de su tiempo: poder vivir responsable e independientemente su vida ante Dios y ante su Prójimo, tanto en su carácter de Cristiano, de Trabajador, de Ciudadano, como en el de integrante del núcleo familiar y de la Sociedad.

Es decir, Obrar, desde su autenticidad, desde el centro  de su Persona.

 

El alumno debe ser introducido en las técnicas y características del Moderno Mundo Laboral, para que en el futuro no se sienta desamparado ante las exigencias que le planteará la realidad de la vida. Se insistirá  en la orientación hacia un pensar práctico y exacto, objetivo y técnico, como así complementariamente, se generará una activación paralela en las fuerzas del arte, de la imaginación, de la vida afectiva y contemplativa y en el ocio humanizador.

 

Es evidente que en el actual Mundo Laboral disminuye gradualmente la trascendencia de la ejecución manual y aumentan las exigencias de inteligencia, concentración, abstracción, especialización, unida a condiciones humanas  ya mencionadas.  Facultades de atención, precisión, reacción rápida, poder de síntesis y de juicio propios, capacidad para trabajar en equipo y comunicarse, son hoy las más necesarias.

 

Schelerianamente el autor afirma que  actualmente se exige un saber de dominio, una faz productiva (conocimientos, habilidades) y otra faz creativa y libre, introversión y extroversión, subjetividad y objetividad, autoafirmación, conciencia, cuidado, adaptación y dotes sociales, sentido de la jerarquía y autoridad, tolerancia frente al pensar ajeno.

 

Para asegurar el pleno desenvolvimiento del educando hoy más que nunca debemos aunar Humanismo y Laborismo, Cultura y Civilización, ya no es posible separar Vida de Trabajo, Escuel, de Profesión.

 

La actividad laboral y la profesional no pueden ya ser enfocados como una esclavitud o un avasallamiento de la Libertad y la esencia de la Persona, , sino como un ámbito en el que se fomenta  el desarrollo integral, global del ser humano, como ser pensante, sintiente y actuante...

 

El pensador existencialista francés Jean Paul Sartre (1905-1980) entiende a la Persona como una dialéctica entre Interioridad y Exterioridad. La libertad siempre es condicionada, nunca total, abstracta, sino siempre “en situación”. En la actividad laboral deben coexistir ambos planos. Ha de realizarse la persona en cuanto el Trabajo adquiera una dimensión significativa para la especificidad humana.

 

Al dividirse el Trabajo, escinde y fragmenta la personalidad, se rompe el equilibrio dinámico básico de la Persona (José Isaacson, “La revolución de la persona”, 1980). El Hombre-Objeto es una Cosa, la negación del Hombre, cuando ejecuta Acciones que no comprende, funciones repetitivas, mecánicas, que destruyen su capacidad de asombro, su poder indagador, cuestionador. Se mantiene pobre de espíritu, sólo. Agonía del Hombre como Totalidad, en medio de la intemperie social, cosmológica y metafísica. La sociedad masificada tiene como resultado ese hombre manipulado, condicionado, carente de lucidez, impersonal, nihilista...

 

Se anula esa maravilla dialógica que es la Persona, a través de la “fajina fabril”, de la “burocracia hipócrita” (Elémire Zolla: “Vulgaridad y dolor”, 1962;  fragm. con igual título en rev. “Sur”, nº 276, may.-jun. 1962).  “Lentitud, dilación, incapacidad par advertir los problemas que se tratan, reducción de toda cosa a un ritual maniático, a una jerga grotesca” (aut. cit., loc. cit., p. 34-36).

 

Alberto Caturelli en su “Metafísica del Trabajo” (1982, 2ª ed., 2006)  nos advierte sobre los perjuicios de la automatización humano-laboral, que puede conducir al hombre a la Catástrofe, inclusive a la posibilidad de la desocupación y al surgimiento e una Tiranía Tecnocrática.   La trasformación radical de la vida implica la posibilidad de conducir a un nuevo y mejor Orden Laboral, a la apertura de nuevos horizontes.

 

La Formación Profesional y la Cultura General se entrelazan, se sostienen y se determinan recíprocamente. Toda profesión u Ocupación, Oficio, etc. es un rico camino, pleno de posibilidades y realizaciones. Cada especialización laboral está relacionada con el  “Totum”  de la Existencia Humana.  La vìa que lleva a una sòlida Cultura general, pasa por la especialización profesional. La profesión proporciona así una base firme y un punto de partida para lograr la ampliación de horizontes e intereses personales:  “necesitamos personas centradas, buena educación, amplios horizontes, que sean inteligentes, rápidas, decididas, seguras frente a situaciones imprevistas y que sepan desenvolverse con criterio propio”. Cada vea más se exige, se necesitan, personas educadas ampliamente, poseedoras de solidez moral, de espíritu emprendedor, responsabilidad y comprensión social y política..

 

Necesitamos un tipo de Trabajador que esté en condiciones de desarrollar a través de su Profesión la totalidad de sus cualidades humanas.

 

La educación escolar básica ha de desarrollar  al ser humano, introduciéndolo a la conducta del Trabajo: la voluntad y conciencia, la sensibilidad, el actuar preciso  concordante con lo que se piensa y con la materia en que se ocupa, amar, obedecer, respetar, discutir, reconocer  a los otros, expresar lo personal, la puntualidad, la constancia de la ejecución, el autodominio.

 

Una Moderna Educación Laboral ha de preparar para lo técnico y lo práctico, advirtiendo sobre el peligro de la unidireccionalidad del ideal del Homo Faber, los peligros de la Civilización técnica. Y así también ha de preparar para apreciar los valores de la naturaleza libre, para admirar, gozar desinteresadamente del mundo circundante, enriquecerse afectivamente en el trato social...

 

 En definitiva la Escuela y el Trabajo han de coordinar saber práctico y planificado, la obligación utilitaria, y el uso del tiempo libre enriquecedor, no sólo una diversión que llene un vacío existencial. Actuación pragmática y Contemplación, asombro y fiesta, el juego libre, la ausencia de prejuicios y fanatismos deshumanizadores....

 

 

 

12.- Esteban Echeverría, 1805-1851).

 

Oreste Popescu (1913, economista y profesor rumano) en el “El pensamiento social y económico de Echeverría” (Americana, 1959) investiga precisamente la Doctrina Laboral que sostuvo nuestro escritor y pensador, poeta y narrador de la generación del 37. También en “E. E,, un  précursor argentin des doctrines solidaristes”, 1957, “El pensamiento social de E. E.”, 1954  y en sus “Estudios  sobre Historia del Pensamiento  Económico de Latinoamérica” (cap. 12, ed. castellana 1986  e inglesa, 1997).

 

Y advierte el estudioso rumano la sorprendente similitud  de sus ideas con las de Sto. Tomás de Aquino (1225-1274): “El trabajo es la condición primera para la conservación y el bienestar de la vida individual y social. Debéis por cierto considerar el Trabajo no solamente como una necesidad, sino como una Virtud...sólo trabajando sin cesar lograréis perfeccionaros moral e intelectualmente, ser ciudadanos útiles y conquistar un rango distinguido en la jerarquía social”.

 

El sentido último del Trabajo se identifica, pues, con el Sentido mismo de la Vida.

 

José Ingenieros (1877-1925), el  afamado médico y escritor ítalo-argentino, estudió la Sociología echeverriana en su “Sociología Argentina” (1918, 1920) y en su “Evolución de las Ideas Argentinas” (1913), Y justamente en  sus “Las fuerzas Morales”(1918-1923)  dedica un capítulo compendioso y denso, lección para las juventudes americanas especialmente, al Trabajo. Allí concordante con el ideario  del exiliado anti rosista afirma que el Derecho a la Vida está condicionado por el deber del Trabajo. Y fundamentalmente es un Deber Social, por el cual el Hombre se perfecciona, intensifica y expande su vida y templa su carácter. Este hermoso libro constituye una Deontología de la Moralidad, en el que propugna una ética social, anti-dogmática, de la obligación  y justicia y solidaridad social.  Cada hombre ha de hacer lo que mejor conviene a su temperamento y sus aptitudes, siempre que converjan a fines útiles y bellos.. “No debe ser odiado como ejercicio de servidumbre, envilecimiento torpe. Será bello y amado cuando represente una aplicación natural de las Vocaciones y de las Aptitudes”. 

 

Es emancipador de la personalidad y la mejor disciplina moral, creando el hábito del esfuerzo inteligente, en un todo de acuerdo con lo sostenido por Echeverría en su “Manual...”. Ahí está el Capital de la Humanidad, en el Trabajo acumulado, mental y manual.

 

Igual paralelismo con la concepción Católica del Trabajo: nos emancipa de la ociosidad y la pereza y de la Irracionalidad. Nos asegura los medios de subsistencia e independencia personal y familiar, nos permite cumplir con el Deber Social y Contribuir con el Esfuerzo individual al progreso de la Comunidad.

 

“...estad ciertos que un pueblo indolente y perezoso, sin industria ni ingenio para la producción, será pobre; y un pueblo pobre jamás llegará a ser ilustrado, poderoso y grande. ¿Cuáles son los pueblos más poderosos de la tierra?. Los más inteligentes, y ricos; porque sólo sobre la base de inteligencia y de la riqueza se fundan sólidamente las grandes nacionalidades”.

 

Antes que un Derecho, es un Deber, para sí mismo, frente al Prójimo y a la Sociedad.

 

El “Doctor Angélico”, León XIII con su “De Rerum Novarum” (1891)  y Aristóteles (siglo IV a.C.) confieren mayor dignidad  y jerarquía filosófica al Trabajo Intelectual. Para el autor del “Dogma Socialista” las dos formas de Trabajo: Intelectual y Manual, son igualmente dignas y valiosas

 

En 1846 el  original y romántico poeta de “la Cautiva” y “Los Consuelos” publicó su “Manual de Enseñanza Moral” para las escuelas, en cuyo capítulo IV trata seriamente este tema de la actividad Laboral (“Obras Completas” de Echeverría, ed. 1870-1874 de Juan M. Gutiérrez; ed. A. Zamora, 1972). También, V. D. Sierra: “Las doctrinas sociales de E.”, en Rev. de Filosofía, sept. 1915;  para un enfoque social-político esencial, el “E.E.” de Héctor P. Agosti (1951).  Recientemente, William Katra: “La generación de 1837” (1996, ed. castell. 2000).

 

“El trabajo material del hombre se aplica a la industria , al comercio, a las artes mecánicas, y en general a transformar la materia bruta y aplicarla a los usos de la vida. EL trabajo intelectual se consagra a la cultura de las Ciencias y las Letras, y a las cosas de la vida en las que es indispensable la acción de la inteligencia y  de la razón. Uno y otro trabajo son igualmente legítimos y necesarios, porque ambos tienden al bienestar y conservación del individuo y la sociedad”.

 

 

 

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Publicado por Desconocido @ 10:30
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