martes, 02 de diciembre de 2008

                        SAINTE-BEUVE O LA RELIGIÓN DE LAS LETRAS.-

 

                                                                        Parte II.

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

3.- Su concepto de “Clásico” y “Clasicismo”.

 

 

“Genios felices   que habéis recogido como en una primera cosecha toda flor humana, toda gracia sencilla y toda grandeza natural. Espíritus inmortales de Roma y sobre todo de Grecia... Vosotros en quienes recupera juventud y fuerza, salud y frescura nuestra vida complicada así como los tesoros sin adulteraciones de madurez viril y de heroica adolescencia.  Grandes  Hombres semejantes a Dioses para nosotros y a los cuales tan pocos se acercan y contemplan, no desdeñéis este gabinete en que os recibo en mis horas de fiesta; pueden otros sin duda, interpretaros mejor y poseeros más dignamente, podéis ser en otros lugares más profundamente conocidos que aquí, pero en ninguno sois más amados”.

 

(Sainte-Beuve, “Portraits Comtemporains”, t. V).

 

Este tema, como él mismo lo considera, es “cuestión delicada”. Su interpretación depende de las épocas y los gustos.

 

Habremos de contar con un gusto amplio, auténtica y sólida sabiduría literaria, amplias lecturas, comprenderlo todo según  el Crítico.

 

Más que imitarlos, hay que admirarlos, tratando de ser nosotros mismos,, procuraremos cristalizar nuestra personalidad, con altos fines y con  noble dirección...

 

Hemos de mantener un cierto estado anímico para abordar el asunto de los Clásicos. “Conviene hablar con calma, estar seguro de la propia atención y de la de los otros”.

 

El pensador español José Ortega y Gasset  (1883-1955) confiere el sentido de la “Perennidad” al Arte Clásico, no sólo por el embrión de la Cultura, sino por el sentido universal y eterno de la misma.  Es lo que se denomina una concepción “sinfronista”, así cuando, p. ejemplo, reflexiona que el arte de Azorín consiste en “revivir la sensibilidad básica del hombre a través de los tiempos” (Ortega: “Sobre los estudios clásicos”, en sus Obras Completas, Alianza-Revista de Occidente, t. II, p. 157).

 

Thomas Stearns Eliot (1888-1965), Novel 1948, poeta, dramaturgo y ensayista  anglo-estadounidense, procura demostrar  que  el Clásico Ideal es aquél capaz de Universalidad y Amplitud, es decir, de  proyectarse por sobre el Tiempo y el Espacio, según expone con precisión en su “Qué es un Clásico”, incluido en sus “Selects Essays”, 1947).

 

José Martínez Ruiz (“Azorín”, 1873-1967) se aproxima más a Sainte-Beuve. Establece como premisa que los  Clásicos evolucionan, según cambia  la sensibilidad de las Generaciones. “El clásico siempre se está formando”. Discutiblemente,  es un reflejo de nuestra sensibilidad moderna. (en su “Nuevo Prefacio” a “Lecturas españolas” , 1912)-

 

El gran crítico Nicolas Boileau (1636-1711) había establecido como características esenciales, el gusto por la  Razón y por la Naturaleza. El autor Clásico sería el que evita la vulgaridad, el que escribe con “buen sentido, el que evita los excesos”.

El que se manifiesta “sublime sin soberbia”, “simple con arte”, “agradable sin afectación”... según lo cualifica en su “Arte Poética” (1674, Canto 10).

 

François de  Malherbe (1555-1628), que evolucionó en su poesía de la exuberancia barroca a la contención clásica,  se refiere por su parte, a los caracteres de los escritos de un autor que se precie de Clásico: la “pureza”, la “claridad”, la “precisión”, “simplicidad”, prosodia severa, la rima franca y rica, la cesura bien marcada  y la “perfecta cadencia”.

 

Sainte-Beuve señala ya en Aulo Gelio (el escritor romano de las “Noches Áticas”,  vivió entre 121 ó 130 hasta 180) el sentido de la palabra “Classicus”.

 

 Otros sólo mencionan  a éstos asignándoles la facultad de ser adecuados para formas a la juventud. Algunos como  el inglés, poeta y crítico, Matthew Arnold  (1822-1888) establecen que un escritor es Clásico cuando en sus escritos se observa “elevada seriedad, belleza y normas  morales”.

 

Algunos definen contraponiendo al de Romántico el calificativo de Clásico: “arte nuevo, excesivo, violento, oscuro y enfermizo” frente  al “arte mesurado, lúcido y sano”.

 

Sainte-Beuve emplea el término “Clásico”  por lo menos en tres oportunidades, en un artículo de 1860, en “Du Bellay” y en “LesCahiers...”: léase su “Qué es un Clásico”, en su “Causeries du Lundis”, t. III, “Nouveaux Lundis”, vol. XIIII y en su “Les Cahiers de S.-Beuve”, Lemerre, 1876.

 

Parte  de una definición tradicional: “un clásico  es un autor antiguo, ya consagrado por la admiración y que es autoridad en su género”.

Y de allí, comienza a discutir la etimología del vocablo, los antecedentes de su uso en los literatos. Recorre la Edad Antigua, la Edad Media (que “no tenía ni gusto ni mesura, confundió los rangos y las órdenes&rdquoGuiño, el Renacimiento, el Nacimiento de las Literaturas Modernas.

 

En medio de ese discurrir sintético por las Literaturas del Mundo, reflexiona con agudeza: “algunos escritores de talento, dotados de excepcional originalidad y brío, algunos esfuerzos, brillantes, aislados, pero sin continuación, no bastan para dotar a una nación de un fondo sólido e imponente de riqueza literaria” (“Portraits littéraires&rdquoGuiño.

 

Sostiene la opinión de que la idea de Clásico implica en sí algo que tenga “continuidad” y “consistencia”, que constituya un conjunto y una tradición. Concepto que en parte retomarán Azorín y Brunetiére, entre otros.

 

Pero, con esos términos no nos aclara la comprensión del tema, sino que, por el contrario, generaliza demasiado. Líneas después, toma conciencia de su error, y escribe que el ejemplo es la mejor definición. Y ejemplifica con el  Siglo de Luis XIV y la evolución de las precisiones que fue dictando el Diccionario de la Academia Francesa.

 

Llega a deducir que las expresiones de “modelos”, de “reglas” establecidas para la composición y el estilo, de  normas estrictas del  Arte a las cuales hay que conformarse, se repiten continuamente.

 

Más tarde emite su juicio crítico. Observemos que gradualmente va aclarando el problema al Lector, a través de las  distinciones precisas, de diversas premisas, llega a la conclusión valorativa.

 

Inmediatamente pontifica: un verdadero Clásico es un autor que

 

“Ha enriquecido el espíritu humano, que ha aumentado realmente su tesoro, que le ha hecho dar un paso más, que ha descubierto alguna verdad moral no equívoca, o retomado alguna pasión eterna; que ha expresado su pensamiento, su observación o su invención, en una forma, amplia y grande, fina y sensata, sana y bella en sí; que ha hablado a todos en un estilo ‘propio’ y que resulta ser también el de todo el mundo, en un estilo ‘nuevo’ sin neologismos, ‘nuevo y antiguo’, fácilmente ‘contemporáneo de todas las edades’”.

 

Y brinda ejemplos ilustres:, , Horacio, Moliere, Corneille.

 

Georges-Louis Leclerc, Conde de Buffon (1707-1788), naturalista y académico,  en su “Discurso sobre el Estilo” (1753), incluido en su monumental “Histoire Naturelle, Genérale et Particuliére” (en 36 tomos, el t. 10  reproduce el “Discours” mencionado) sostiene claramente que “escribir bien es, a la vez, pensar bien, sentir bien y expresarse bien”.

 

El prestigioso científico francés insiste sobre esta Unidad de Propósitos, Ordenamiento y Armonía en la Ejecución. Cita  oportunamente a W. von Goethe (1749-1832), “rey de la Crítica” y sus conceptos de que “las obras antiguas no son clásicas porque son viejas, sino porque son enérgicas, frescas y bien dispuestas”.

 

Las épocas genuinamente Clásicas según S.-Beuve son las de Luis XIV y las de la Reina Ana, las únicas que ofrecen al “talento perfeccionado” un clima propicio.

El Rey Sol ejerció su mandato desde 1643 hasta 1715 y se rodeó de los más grandes literatos de Francia. En Francia no han tenido, piensa  el Crítico, ningún Clásico antes de  la era de Luis XIV.

 

Como  el francés aconseja en su definición de Clásico, ser nosotros mismos,  que tengamos la sinceridad de nuestros propios pensamientos y la dirección puesta en un fin elevado, también nuestro D. F. Sarmiento (1811-1888) aconseja en sus polémicas con el lingüista y literato venezolano Andrés Bello, desde Chile del 1840, : “nutrid vuestro  espíritu con las manifestaciones el pensamiento de los grandes luminares de la época” y “escribid con amor, con corazón... no se parecerá a lo de nadie, pero bueno o malo, será vuestro” (en sus  “Obras Completas”, tomo I, “Artículos críticos y literarios&rdquoGuiño.

 

El filólogo y crítico Friedrich Schlegel (1722-1829) en la Alemania de la época, interpreta la oposición Clásico-Romántico como la que existe entre géneros puros y géneros mezclados.

Lo Clásico refleja un mundo bellamente ordenado en el que se traslucen los Arquetipos de las cosas: las Ideas (lo trascendente a las cosas, lo que está más allá, como en Platón). Lo Romántico está más cerca del Espíritu...

 

Frierich Schiller (1759-1805), el  pensador, poeta y dramaturgo excepcional, concibe en 1796  una división entre Poesía Ingenua (espontánea:  es la  Clásica según él interpreta) y Poesía Romántica o Sentimental, que surge de una posición más complicada ante la Naturaleza..

 

Sainte-Beuve afirma que el Autor Clásico es el que nos devuelve con plena riqueza y madurez nuestros propios pensamientos.

Con lo que en cierta forma hasta podríamos sostener que se adelanta a lo que los críticos llaman hoy la Interrelación autor-lector.

Es decir, que la obra está completa cuando suscita en su Receptor  la misma emoción creadora, rica y plenificante, que en el momento de la Inspiración en el Autor. 

 

Así también lo han establecido, entre otros,  Charles Du Bos (con su “Qué es la literatura?”, 1940)  y Louis Lavelle (1883-1951), filósofo de la Espiritualidad y la Ontología de los Valores (en su “El habla y la escritura”, 1947 establece que la Lectura nos da como una familiaridad y hasta una Fraternidad con pensamientos que difieren del nuestro).

 

Cuando el Crítico postula que el estilo de un Clásico es “nuevo y antiguo”, “fácilmente contemporáneo de todas las edades”, se identifica anticipadamente con lo que  actualmente  llamamos “Sinfronismo” en Literatura: la coincidencia espiritual y estilística entre el hombre de una época y el de todas las épocas.

 

Coincide con el “sentido de Perennidad” que le asigna Ortega entre otros (ver Raúl H. Castagnino, “Qué  es la Literatura”, Nova, 1968).

 

Un Clásico no es un Revolucionario necesariamente, sino el que siempre restablece el Equilibrio en provecho del Orden y de lo Bello.

 

Concluye diciéndonos que llega una etapa de nuestras vidas en que nos dedicamos “a ver y ver de nuevo las personas que se aman, nos entregamos a nuestros amigos”.

“Vino viejo, viejos libros, viejos amigos”.

 

 Entonces es cuando adquiere todo su sentido verdadero  el vocablo Clásico, desde la Subjetividad, cuando tenemos con esos “buenos y antiguos Espíritus” un trato de todos los momentos, “una amistad que no engañe” y esa impresión habitual de serenidad y de amenidad que nos reconcilia, bastante a menudo lo necesitamos, con los Hombres y con nosotros mismos”...

 

Bibliografía:

 

Amado Alonso: “Clásicos y Románticos”, “El ideal clásico” (en su “Materia y forma en poesía”, Madrid, 1965).

 

Nicolas Boileau: “Arte Poética” ( edit. Clásica, 1953; y Editora Nacional, Madrid).

 

Carmelo M. Bonet: “En torno a la estética literaria” (Nova, 1959). Íd..: “Escuelas literarias” (Columba, 1965).

 

Raúl H. Castagnino: “El análisis literario” (vs. Edic.).

 

Juan Luis Guerrero: “Qué es la Belleza” (1965).

 

Henri Pierre: “Qué  es el Clasicismo” (Breviarios, México).

 

Levin Schüking: “El gusto literario” (ìd.).

 

 


Publicado por Desconocido @ 18:07
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