SAINTE-BEUVE O LA RELIGIÓN DE LAS LETRAS.-
IIIª parte, última.
Por Guillermo R. Gagliardi.
4.- Su método de Crítica. “La histoire naturelle des esprits”.
Antes que S.-Beuve, es Boileau el Crítico de renombre. El fundador de la Crítica Literaria en sus “Sátiras”. Sus consejos, escuchados y aplicados por los literatos de la época, se constituyeron en un código: su “Arte Poética” (1674). Su pensamiento no es original. La base la encontramos en las Ideas Clásicas, en Aristóteles, en Horacio. El Principio organizador: la Razón. El Poeta debe estar inspirado, debe “saber elegir” el género poético que le conviene. La mirada fija en los “excelentes modelos”.
Ya a partir de Anne-Louise Germaine Nécker, Madame de Staël (1766-1817) se renueva la crítica. Se habla de la necesidad de “un conocimiento más profundo del corazón humano”. No se juzga ahora en función de un Ideal Absoluto, sino que el crítico intentará comprender el carácter propio, lo que Benedetto Croce (1866-1852) denominó “la individualidad de la obra literaria”.
La autora de “Carta sobre el carácter y las obras de J.-J. Rousseau” (1788) y “De la Alemania” (1813), se planteará el problema d lo que es un autor Clásico. Ella distinguirá lo Clásico y lo Romántico: la literatura del Norte es Romántica, la del Mediodía es Clásica.
No califica a una como superior a la otra, sino que la Poesía Clásica es más pura como Arte, y la Romántica “hace llorar más”. La Imitación de los Antiguos, por más perfecta que sea, se traduce en un “Arte frío” sin raíces nacionales y, por lo tanto, no popular. He ahí, pues, el carácter Nacionalista de su Crítica.
François-René, vizconde de Chateaubriand (1768-1848, escritor, diplomático y político) también rechazó todo lo que fuera mecanismo y convención y se refirió al Medio Histórico (en su “Genio del Cristianismo” 1802, segunda parte).
Friedrich Schlegel aplica en Alemania en esa época, sus ideas críticas. En “Neue Philosophische Schriften” expresa que lo primero en la interpretación de una obra literaria es el “saber leerla”. Esa lectura debe ser a la vez un análisis y una síntesis: observación de los pormenores en la estructura de la obra (la “Esthetische Architektonik&rdquo
y a la vez la “Impresión Total”, la “Intuición del todo”, la atención al conjunto .
Coincide con S.-Beuve en que el Crítico debe llegar a descubrir los secretos ideales del escritor, que subyacen debajo del aspecto puramente formal de la obra., con la finalidad de proyectar un reflejo profundo, “Comprensivo” de la obra literaria.
Y enumera algunas condiciones para el ejercicio de una buena crítica: “una especie de geografía del mundo artístico”, una arquitectura espiritual y estética de la obra, de su tono y naturaleza.
August Wilhelm von Schlegel (1767-1845) disiente del método de S.-Beuve pues según él, la biografía nada aporta a la crítica literaria. La obra está tan desligada de la persona de su autor “como la fruta que alguien come está desligada del árbol” (“Sämtliche Werke”, t. VII), ha de entendérsela en su singularidad específica.
Antes de S.-Beuve la Crítica tenía caracteres de tareas de tipo periodístico, informativo, convencional, de periodismo político o de discurso académico y no análisis intrínseco de “l’oeuvre littéraire”.
S.-Beuve piensa que el Crítico es un hombre que sabe leer y que enseña a leer a los demás. El término “Crítico”, juez de la literatura, aparece en el siglo IV a. C., luego se lo encuentra en la época de Cicerón, en la Italia Renacentista, etc.
Define a la Crítica como una Invención y una Creación perpetuas (“Portraites littéraires”, t. III). Su propósito es el de introducir algo de “encanto”, de “poesía”,
de “humanidad” en dicha tarea.
Paul Claudel (1868-1955) afirma que el objeto de la Literatura, justamente, es el de enseñarnos a leer: lectura atenta, sagaz, comprensiva, que examina y penetra las intenciones del autor, y que intenta captar el sentido cabal de los vocablos y lo original de los mismos.
Émile Faguet (1847-1916) explica que S.-Beuve era lector empedernido, lector nato, que leía “de la buena manera”, que consiste en detenerse de vez en cuando para reflexionar sobre lo leído, como lo prueban las notas que aparecen en casi todos sus libros.
“Saber leer es un arte y hay un arte de leer... Para leer como crítico habrá que leer lentamente, tomar notas e incluso anotar en papeletas... El crítico es un hombre que no sabe leer sino como crítico y que no enseña a leer sino como crítico, que no enseña más que la lectura crítica” (en su “El arte de leer”, 1912, eds. castellanas 1916, 1928, 1947).
Más adelante, se pregunta: “Quién ha gozada más vivamente, más apasionadamente, de las bellas cosas que S.-Beuve? ¿y por qué?, porque había afinado su gusto crítico por una inmensa lectura meditada”.
La Crítica no es otra cosa que un ejercicio continuo del espíritu, por medio del cual lo hacemos más apto para comprender dónde está lo falso, lo débil, lo mediocre.
Sugerido por los escritos de Edmond Schérer (1815-1889) , subtitulo a este estudio monográfico como “la Religión de las Letras”, pues ése fue el culto exclusivo e intensivo de S.-Beuve, su pasión.
Escribe Schérer que sólo quien lo haya conocido podrá admitir la extrema importancia que otorgaba, por ejemplo, a la ortografía exacta de un nombre propio o de una información cualquiera, una simple fecha, etc.
Toda una vida totalmente subordinada a su Culto de las Letras, su celo y su consuelo ya en la madurez solitaria. A pesar de las miserias que lo aquejaban, ya sexagenario, leía, traducía y comentaba a Homero y a Sófocles, ayudado por su profesor de idioma griego Pantasidés (V. Guiraud: “La vie secrete de S.-B.&rdquo
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“Hacer crítica” no consiste en alabar o en vituperar, sino en “explicar”, “catar” los libros; “sorprende”, “gusta” en los libros el objeto, el estilo y el método, para luego evocar el “genio literario de una época”.
Es un viaje perpetuo, impulsado por la curiosidad, a través de toda clase de países, y en compañía de las gentes más diversas. .
Se considera él mismo un Clásico, en el sentido que, basta cierto grado de sinrazón, de ridiculez o mal gusto para “echarle a perder” cualquier obra y para “hacérsela caer de las manos”, “aunque se contengan en ella trozos notables por el ingenio o el talento”.
Como primer requisito para la Crítica establece que es menester haber realizado sólidos estudios de Retórica. Llama “Retratos” a sus Semblanzas de “seres mudables”.
Desde 1851 hasta su muerte publica sus “Conversaciones de los Lunes”. “Causeries”: charlas amenas e íntimas”. En Francia este género fue popularizado por Eugéne Grandet hacia 1848, luego por Octave Feuillet conde de Pont-Martin y últimamente por Anatole France.
Sus “Causeries du Lundis” comprenden dos series: “Premiers Lundis” (15 volúmenes, 1851-1862) y sus “Nouveaux Lundis” (13 vs., 1953-1969). Independientes unos de otros, yuxtapuestos sin intento de clasificación, constituyen una formidable colección de “muestras curiosas”, un “herbario”, como lo calificó Hyppolite Taine, uno de sus discípulos...
Pretende hacer una obra científica, en consonancia con las aspiraciones de su época: transición entre Romanticismo-Positivismo. Su propósito: llegar a encontrar las leyes generales y hacer “la historia natural de los espíritus”.
Creía que existen familias espirituales, del mismo modo que en Historia Natural existen razas y especies de animales y plantas.
S.-Beuve se aproxima a un Conocimiento Científico de la Literatura, teniendo en cuenta algunos procedimientos comunes que aplica: inducción-deducción (de las distintas lecturas que practica un lector, inferir luego de su examen, los gustos literarios del mismo), análisis-síntesis, comparaciones. Luego del examen del texto literario formula hipótesis psicológicas sobre el autor (Herbert Dingle, “Sciencie and Literary Criticism”, 1949).
No se dedica sólo a biografiar escritores, sino que, basta con que un ser humano haya escrito algunas líneas, para que se fije en él. En su exposición tanto discurre sobre Literatura, como Religión, Historia, Política, Ciencias, Artes, Leyes, el Amor y las Mujeres, etc.
Por ello sus escritos constituyen un verdadero Legado de Humanismo.
Poseía las calificadas virtudes de: vastedad de saber, intuición, gusto refinado, claridad, inteligencia aguda y sutil y el necesario veneno y malicia para hundir el escalpelo en las intenciones, frustraciones y debilidades del creador.
“La Literatura, la producción literaria, no son para mí distintas o separables del hombre; puede agradarme una obra pero me es difícil juzgarla independientemente del conocimiento de la persona misma”.
J. G. von Herder (1744-1803), pensador y crítico alemán, a quien se le debe la inspiración para el surgimiento del Prerromanticismo europeo, el “Sturm und Drang”, entiende que el crítico debe ser un servidor del autor, su amigo, su juez imparcial, que procure llegar a conocerlo, estudiarlo a fondo. Vivir en el espíritu del autor, apropiarse de su modo de hablar (“Fragmento sobre la nueva literatura alemana”, 1767).
S.-Beuve declara pertenecer en cuerpo y en alma a su modelo cuando “hace crítica”. Distingue la Biografía externa de la “interna o espiritual”, la profunda.
Expone su método en el libro “Chateaubriand juzgado por un amigo íntimo” (1862). Es preciso seguir a los escritores en su “intimidad, en sus costumbres domésticas, en sus hábitos cotidianos, en su existencia real”.
Al principio ejerce una tarea de exégesis vanguardista, haciéndose vocero de la escuela Romántica. Su propósito definitivo ha de ser caracterizar a la obra literaria, reseñando al hombre “desde la punta de los cabellos hasta el extremo de las uñas”.
Confiesa que se encierra varias semanas con las obras de un literato y las estudia con reposo y atención. Llega así a una familiaridad notable con sus pensamientos y sus sentimientos, públicos y privados.
Trata poco a poco, sigilosamente, fríamente, a través de sucesivas lecturas, de captar algún pliegue “íntimo del alma del autor”. “El gesto familiar, la sonrisa reveladora, la grieta indefinible, la arruga íntima y dolorosa que se oculta”.
Hallado esto, “ha dado con el hombre que buscaba”. “¿Qué aspecto de esas almas delicadas o grandes no he logrado captar y comprender, al intentar pintarlas? ¿En qué he fallado al estudiar a Teófilo, a Mme. De La Fayette o al Cardenal de Richelieu?” (“Retratos literarios”, t. III).
Es muy exigente, quiere introducir en la crítica elementos que estimamos valiosísimos para nuestro enriquecimiento espiritual, sólida base humanista para orientarse, mucha curiosidad, compenetración con los temas estudiados, juicios de buen gusto, los elementos sociales concurrentes a la producción de la obra, “recóndita poesía de las cosas y los seres”, perspicacia de observación, juicios de moralista, “insinuación de la propia personalidad”.
Multiplica los medios para informarse del autor por reseñar, en pocos días. Hojear numerosos volúmenes, escoger las partes características, estudiar, releyendo cuidadosamente todo antes de darlo a publicidad, recoger datos, comprobarlos.
En no muchos días de enclaustramiento concentrado, rápidamente y con regularidad logra la “armoniosa fusión” de tantos materiales... (según J. Levallois, cit., y J. Troubat en sus “Souvenirs du dernier secrétaire de S.-B.&rdquo
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Emplea a menudo el “nosotros”, con lo que parece acercarse más al lector, y querer lograr un cierto tono de intimidad. Acostumbra a emitir algún juicio breve previo sobre el autor que va a tratar. Usa un lenguaje metafórico, p. ej.: “ha cavado, labrado, sembrado y fertilizado el idioma”- Emplea verbos en un uso no habitual, dando así a las palabras un matiz creador, original, distinto.
Se formula una serie de interrogaciones: cuál ha sido el país natal del autor, cuál es su sangre, sus parientes, estudios primarios, educación de la adolescencia y juventud, el primer grupo de amigos con quien simpatizó, cómo sentía la naturaleza, qué opinión tenía de las mujeres, si era rico o pobre, cuál era su vicio, ese “punto débil” que tanto le agrada descubrir, la edad al concebir una obra literaria... De qué salud gozaba, si era sexualmente normal, quiénes y cómo fueron sus discípulos, su vida social y doméstica.
Nunca adopta un tono apologético, sino predominantemente exegético, quiere analizar desapasionadamente, señalar vicios y virtudes, abrir las llagas, publicarlas... La fisonomía del escritor, en consonancia con su estilo, sus gustos literarios, la influencia de las vivencias personales.
La relación obra-espacio, los ecos que promovió la obra que está analizando, la presencia e los manjares y el hambre o la gula en la obra literaria. También se aproxima a una crítica social e ideológica, cuando fustiga indirectamente la época en que vivió un autor, los ideales y refinamientos o mediocridades, a través de las incidencias biográficas.
Le interesa “definir” la personalidad del autor a través de sus rasgos literarios. Lograr el “Retrato”, psicológico, moral y literario. No busca sólo la emoción estética que le pueda causar la lectura sino que intenta, desea, buscar la “significación moral” de la obra, dentro de la vida y época del autor.
Acostumbra a intercalar reflexiones éticas, máximas, persigue también un fin docente. No recarga su crítica con erudición petulante, sino que al usar imágenes, interjecciones, citas textuales curiosas, comparaciones, brinda más movimiento e interés a su exposición, y anota sus propias reacciones subjetivas ante la lectura.
S.-Beuve sintetiza en sí mismo casi todas las formas de crítica posteriores a él . Se manifiesta el Poeta que realmente existía en él, el Retratista severo y hasta indiscreto, el moralista doctrinario y el historiador sagaz y objetivo.
Se expresa por entero en su crítica, lo que convierte a ésta en un género literario de total y superior entidad. En verdad se expresa a través del pensamiento y del talento de los otros. Como entiende Oscar Wilde, la crítica más elevada es un documento de la propia alma del que critica (en su “El crítico como artista”, 1891).
Es decir, que la crítica trata la obra de Arte como punto de partida para una nueva Creación, La obra de arte, consecuentemente, “es simplemente una sugestión para una nueva obra propia”.
Todas sus ideas, la exposición de su meto biográfico se encuentran pues, dispersos en sus “Causeries”, en los 28 tomos de sus “Retratos”. “Una creación dentro de otra creación”, y no un oficio de impotentes o creadores fracasados, o una subliteratura, sino una soberana Literatura en primer grado...
Leyendo sus versos o su novela observamos también que matiza sus textos con digresiones críticas. Se expresa absolutamente en sus críticas, como un auténtico Creador. . Porque confiesa, no le bastan las búsquedas documentales exhaustivas que practica, ni las facultades hermenéuticas, sino que para lograr “la unidad sintética del retrato” hace falta la Intuición de Poeta, el don de simpatía.
Subyace en su crítica una tendencia que llegará a su plenitud con Charles Baudelaire (1821-1867), la crítica como “colaboración artística”. Ese plegarse a la obra “viviendo una vida propia junto con ella”. Juzgar como “simpatizar u odiar” (Baudelaire, “Arte romántico”, ed. Schapire, 1969).
Se anticipa a la Crítica Filosófica. Por su esfuerzo para captar al Hombre en su integralidad y situarlo en su particular condición. Corriente interpretativa desenvuelta posteriormente por Charlos Du Bos, Sartre, Maurice Blanchot, George Poulet, etc., que elabora una “Teoría de la Literatura” previa a toda crítica.
Buscó S.-Beuve, efectivamente, sorprender el “misterio de la existencia humana” y la literatura como su fundamento.
De las dos áreas en que podemos estructurar su método: Exégesis y Juicio, la más trascendente y que marca progresos en la historia del género crítico, es la primera.
Mientras que los juicios en él nunca están exentos de subjetividad, de dogmatismo, de veladas o marcadas simpatías o antipatías, y como señala Ferdinand Brunetiere, de “malsana curiosidad”, de intimidades con las cuales “la humana malignidad se deleita” (“La evoluci9ón de la crítica”, 1890).
S.-Beuve posee “sabiduría psicológica”, estudia entes individuales. Su intento es “descubrir las diferentes modalidades del psiquismo humano”, la “Caracterología”, los accidentes de la biografía de un escritor y sus proyecciones espirituales.
Su método está interesado primordialmente en la Literatura, pero se sirve de la Biografía para aquilatar mejor las obras del escritor.
Su crítica no es farragosa ni superficial nunca. Es sistemática, razonada, rigurosa..
“No renuncio a Quintiliano” reconoce. Es decir, su juicio es dogmático, en el sentido de que juzga teniendo en consideración los gustos clásicos, la Antigua Retórica, según enseñó el pedagogo romano del siglo I d.C.: la propiedad de la expresión, la claridad y naturalidad, la mesura y las virtudes que cultivaron en su pluma Julio César, Cicerón, Tito Livio...
Responde individualmente a la obra que lee, que le gusta y vive. Se destaca entonces en lo que algunos teóricos denominan la función Reproductora.
En la fase Interpretativa, el crítico “levanta su andamiaje”, construye su “Aula” y la expone al lector. En la clase Valorativa, oficia de “juez”. Como señala Remy de Gourmont (1858-1915), S.-Beuve toma una obra y ve “si es agradable” a su inteligencia, si “le hace reflexionar,”, si “Agita” su sensibilidad, si suscita “deseos y sueños”, si halaga su “ideal de Belleza”.
Estética y cronológicamente nuestro Crítico ha sido clasificado como “Clásico”, como “Romántico” y también como “Realista”. Participa de las tres orientaciones. Clásico en cuento al respeto por el influjo de la Tradición y la Razón, el Buen Sentido, el objetivo moralista del Arte: “un verdadero clásico es un autor que ha descubierto una verdad moral inequívoca, que ha expresado su pensamiento en una forma sana y bella”. La Literatura como modeladora de Almas..
Crítico Romántico, en cuanto reconoce el personalismo estructurante de la Crítica y que “en los tipos favoritos de que se ocupa, cada crítico no hace otra cosa que su propia apoteosis”.
Crítico Realista, ya que ha querido introducir la Fisiología en su quehacer exegético. Afirma en sus últimos años que le ha quedado sólo un placer: el de Analizar, y el de “Herborizar”. Pues, “soy un naturalista de los espíritus...”.
Toma a un autor como “pretexto para una cantidad de observaciones, reflexiones sobre las más diversas materias”, o para descargar su perfidia natural, atacar, destruir al hombre al que estudia, y siempre con profundo encanto y estilo ameno.
Críticos curiosos, imprevistos, infatigables, prestos a todo tema, seamos a nuestra manera como aquel tirano que tenía treinta cámaras en su palacio; jamás se sabía en cuál se acostaba”.
El pensador germano F. Nietzsche (1844-1900) reconoció que “Santa Baba” (según Balzac) “en el fondo es un femenino con venganzas y sensualidades de mujer. Nadie ha sabido como él mezclar el veneno con el elogio” (en su “El crepúsculo de los ídolos”, 1888, cap. “Incursiones de un inactual. 3. S.- Beuve”, ed. Obras Completas, Aguilar, t. 4).
Voluble intelectual, cuyo tema predilecto es el contraste entre apariencia y realidad, entre el hombre y la máscara.
Bibliografía complementaria.
Anderson Imbert, E.: “Métodos de crítica literaria”, 1969).
Battistessa, Á. J.: “El crítico frente al autor y la obra” (La Nación, 8-12-1968).
Carloni-Filloux: “La crítica liter. Francesa”, Eudeba, 1961).
Castagnino, R. H.: “Dos avances románticos en el desarrollo de los métodos de la crítica (Mme. De Staël y S.-Beuve)” (La Prensa, 24-2-1980).