JOSÉ ISAACSON: “LA REVOLUCIÓN DE LA PERSONA”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Labor ingente de Isaacson en la enseñanza, la literatura, el pensamiento. Destacado Ingeniero, Premiado Poeta, antólogo, ensayista profundo. Humanista.
Estamos leyendo su libro “La Revolución de la Persona” (1980).
La Alienación o extrañamiento del hombre, la despersonalización, la cosificación del individuo, por efecto de la Idolatría del Objeto, el Consumismo.
En estos años de preponderancia de la Energía Atómica y los satélites artificiales, los avances impresionantes de la Astronomía, la Celeridad y la Eficiencia se convierten en lo sustantivo válido por sí mismo. Mientras que el hombre se encuentra perdido en la multitud, amenazado por el Solipsismo, por el aislamiento.
El Hombre-Número, mero objeto, manejable, condicionado, mecanizado, limitado su universo simbólico, ahogada su espontaneidad y su originalidad y capacidad de Creación Independiente.
Hemos de considerar a la Cultura Humana como Unidad, no construyendo compartimientos: la memorización de los verbos griegos y del latín, la computación electrónica, el arte celestial de Fra Angelico, el Teorema de Pitágoras, etc., integran parte de ella.
Hemos de replantear el Proceso Cultural y redefinir el concepto de Hombre Concreto, como Sujeto Activo de la Cultura.
El Hombre-Objeto acepta sin discutir órdenes del sistema, es presa de ideologías.
El Hombre-Dialógico, en oposición ha eliminado del discurso el modo imperativo y los mensajes unidireccionales. Posee la posibilidad de decidir por su propia cuenta.
Sale de la Sociedad de Masas y participa de la Comunidad de Personas.
Señala la distancia sideral entre la Revolución Tecnológica y el Deterioro Ético del Nihilismo irracionalista. No es suficiente el cambio de mano de los Medios de Producción, hace falta una Revolución que pase por las Conciencias. Plantea la esencia humana en su vertiente personal, enfrentando el Sistema y su Estructura Cosificadora, el oportunismo de los burócratas al servicio de la Industria Cultural surgida de la Sociedad de Masas.
En el Primer Renacimiento se expanden las Humanidades Clásicas. Se forja un mundo Antropo y Heliocéntrico.
En el Segundo Renacimiento, deseado, el Centro es el Hombre Total que asume el proyecto de Ser Persona. Se forja un Universo Policéntrico.
Subraya la Unidad de la Cultura, que engloba todas las actividades creadoras del Hombre, sin enfrentar Arte y Ciencia.
La Masificación de la Sociedad conduce al Populismo como su Ideología representativa. Con su consiguiente deterioro del análisis reflexivo, la violencia desbordada y el emocionalismo prepotente. Produce la quiebra de los Valores Espirituales y las Normas Morales. La propuesta Revolución de la Persona constituye la revolución de las Conciencias, que asume la condición de la Precariedad de su tránsito, y que conduce a una Sociedad Humanizada.
La Persona, de la ecuación Yo-Tú. Causa del Encuentro, relación personal-dialógica.
El acontecimiento ontológico fundamental es este Encuentro de la Palabra primordial Yo-Tú, que sólo puede ser dicha con la Totalidad del Ser. Toda vida verdadera es encuentro.
La sociedad de masas pretende, con sus múltiples y horrorosos medios enajenantes, arrasar la singularidad del rostro humano. Advierte que sólo el Amor puede restituir la Individualidad a los Hombres.
Sociedad contradictoria: al lado de construcciones deslumbrantes coexisten explosiones arrasadoras, ambientes naturales degradados para siempre.
Para que exista una sociedad humanizada, es preciso que lo Cualitativo incida sobre lo Cuantitativo, revirtiéndose el proceso de Alienación y permitiéndose la concreción de una Sociedad de Personas.
Todos los medios de difusión Masiva están dirigidos al condicionamiento de los Individuos. El desmesurado crecimiento del Ello, y la correlativa disminución de la capacidad de Relación, reducen la morada cósmica humana, se extiende su Intemperie Cosmológica, Social y Metafísica.
Sólo Somos y Existimos cuando podemos pronunciar el Tú, porque ésta es la única manera de recuperar el Yo, de existir la Persona.
Nuestros actos nos construyen y nos destruyen, explica Isaacson siempre en ajustada prosa y denso pensar.
El encuentro con uno mismo es uno de los acontecimientos más desalienantes de nuestra experiencia y muy difícil de desarrollar.
El enfrentamiento con nuestro Yo es la relación donde el hombre se torna más lúcido con respecto a sí mismo. Por lo que deduce con precisión que el Monólogo, paradójicamente, es también una operación dialógica, dialéctica.
Inclusive una Sociedad podrá ser Personalizada, cuando exista una toma de Conciencia Colectiva. Cada uno de sus integrantes debe asumir un papel Protagonista, el Proyecto de Persona.
El autor brega por la reflexión constructiva y fructífera desde la vida concreta y con aspiración metafísica. Y advierte sobre los intereses de quienes intentan reemplazar ese Análisis Reflexivo que propone como clave de la Persona, por una Exposición Ideológica, que utiliza sólo esquemas, dogmas, axiomas, “verdades” (¿
absolutamente ajenas al pensamiento crítico, definidor de Lo Humano.
Las Ideologías exigen cumplimiento, eficiencia y utilidades, acatamiento, sin discusión. La Filosofía, por el contrario, definitoriamente humana, pide disenso, duda, enriquecimiento interior y social, total humanización. Libertad y Diálogo, la posibilidad de nuevos encuentros y nuevos caminos.
El cosmos dialéctico humano es también el del Lenguaje.
Se deshumaniza cuando cae en el Autismo y en el Solipsismo. En la soledad existencial, en el abroquelamiento impersonalizador. Interviene entonces el Doma político.social que condiciona y despersonaliza. Enmudece la expresión, el cuestionamiento, el planteo de soluciones, la multidireccionalidad de los asuntos humanos. Ocurre una creciente reducción de los Grados de la libertad, un avance del Ello, una irrecuperable pérdida de la belleza y color y saber del Idioma propio. Un empobrecimiento, estético y sobre todo ético.
La cadena de Producción en serie, la Automatización implacable y la Cibernética imperialista nos conducen a la sociedad masificada. Con su tragedia consecuente de pérdida de profundidad, rayana en la estupidez incapaz, en la apreciación de la Realidad.
La transformación Técnica no debe afectar las Dimensiones de lo Metafísico. Si bien se han ensanchado los límites de nuestra residencia en el Universo, estamos progresivamente limitados en el aspecto primordial de la Lucidez, por la prevalencia de la Robotización.
Pues Religión es preocupación Última. Apunta a la Vida Espiritual Humana, lo infinito, lo último e incondicional. Su sustancia, su fundamento.
Volver a dar importancia a la Vocación, su elección, la voluntad de decisión, implica asunción de la Persona.
Conceder relevancia al Trabajo como significación personal, su realización individual y contribución social. Ha de estar inspirado desde el Monismo, desde una concepción integral del hombre, armonizando la libertad interior espiritual con la exterior, la del mundo concreto en que vivimos.
Lo Fáctico y lo Espiritual han de ser mundos coexistentes. El exceso de una vida de Trabajo, implica los mecanismos alienantes que lo dominan. Y el exceso de Ocio puede ser asimismo un factor enajenante y despersonalidor.
La Acción humana ha de modificar la Realidad Exterior, también, acercarnos a los hombres, enriquecer nuestro universo de Valores.
Distinguimos Hacer de Obrar. El primero está regido por el valor de la eficacia, la técnica industrial representa ese saber de dominio de la materia. El Obrar está regido por la Autenticidad, la formación de nuestras virtudes, nuestra Unidad Personal. Es la Acción Moral.
Eximio estudioso de Kafka, el autor confiere una dimensión kafkiana a esa deshumanización laboral tan corriente en nuestra época. “El mundo de Kafka, nuestro mundo, en el que nadie puede salirse de la cadena de producción en serie sin correr el riesgo de transformarse en un repugnante insecto marginado de la sociedad”.
Libérese el Hombre de las tareas repetitivas, de las reglas tiránicas de la División del Trabajo, y de las cosmovisiones fragmentarias que de ellas emergen.
Concluyentemente presenta una motivación, una invitación a la Sabiduría, por ser totalizadora y globalizadora. No el Conocimiento parcial, sino la visión de la Unidad de la Cultura del Sentimiento y de la Razón.