FRANCISCO ROMERO. SU “TEORÍA DEL HOMBRE”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
I.- La Conciencia Intencional: el Hombre.
Las Cosas que advierte el Animal se encuadran en situaciones rígidas, de fondo emocional. Su Psiquismo implica una sucesión indivisa de estados.
El Psiquismo Posterior es correspondiente al ser Humano. Haz de intenciones o actos proyectados hacia objetos, en funciones de aprehensión cognoscitiva, de emoción o de voluntad. Conciencia de tipo objetivadora, transmite las nominaciones a otras conciencias. Traslada las experiencias de cada uno a los demás, por Signos: configura un atributo esencial del hombre, el Lenguaje Abarca el Yo y el Mundo, las Creaciones de la Cultura.
La actividad intencional transforma los estados, hechos psíquicos, en Objetos. Es Objeto cuanto aprehende la mirada cognoscitiva del Sujeto.
Existe una Polaridad Sujeto-Objeto. Ser Objeto significa ser dado a un Sujeto. Ser Sujeto, consecuentemente, es aprehender Objetos. Entonces, cuando ocurre la Objetivación nacen simultáneamente Objeto y Sujeto, y transcurre en dos momentos: trascendental (se constituye el objeto) y perceptivo (el objeto constituido es dado al sujeto). Es un paso del Caos (confusa mezcla de elementos) a un Cosmos (estructura rigurosa, diferenciada).
Evalúa Romero a esta transformación del Flujo Psíquico vital (indiviso, continuo) en Conciencia Intencional como uno de los hechos más sorprendentes e importantes en la historia del Cosmos.
En el Psiquismo pre-intencional el individuo vive oscuramente sus estados.
En el Psiquismo Intencional, la Conciencia se organiza como una Estructura Diferenciada en la cual existe un polo subjetivo que capta objetos y se proyecta activamente sobre ellos. El polo subjetivo se constituye en un Yo rodeado de un Mundo, es decir, de un contorno de objetivaciones trabadas entre sí.
El Mundo es el campo objetivo donde el Yo afirma y desenvuelve su existencia, gobernada por intereses prácticos, por móviles individuales, referidos a su ser singular y concreto. Es el Hombre Natural, configurado por motivos concretos y prácticos, no por intenciones ideales.
Es decir, el Sujeto se convierte en Hombre cuando aprehende objetos, se erige en un Yo, y a su vez tiene un Mundo, una organización de sus objetivaciones. Ahí radica la especificidad de Lo Humano, es la base común sobre la que todo lo demás se implanta.
2.- El Juicio.
El Hombre es un ser de Juicio. El Sujeto podemos reconocerlo como el Ente juzgante. Se juzga cuando se percibe, se aprehende, atribuyendo ser y consistencia a lo aprehendido. Objetivar es presencializar, existencializar. La actividad judicativa le otorga ser en cuanto Sujeto.
El Yo es la unificación de las vivencias, de los sucesos reales que forman la Conciencia.
La Objetivación implica el Lenguaje: es decir, el Juicio, síntoma de la Inteligencia Humana.
Los Objetos son percibidos por el hombre como entidades reales, concretas, empíricas, pero también por Abstracción. Las agrupa en un orden ontológico, en especies y géneros. Deduce el filósofo que el formidable avance de esa inteligencia ha producido ese tránsito de las objetivaciones a las ultraindividuales, sintéticas, universales.
Toda operación inteligente supone el Juicio y el Lenguaje. Ese funcionamiento consiste en procesos de Análisis y de Síntesis. Los individuos son realidades singularizadas y centradas en sí. Unidad de Estructura y de Función.
El Hombre, como el animal, tiene vida Social, pero el Hombre Objetiva a su Comunidad (distingue, percibe, conoce, enjuicia), puede rebelarse y conjugar Individualidad y Sociabilidad.
Llega al auto-conocimiento, a la percepción íntima, gana independencia interna. Primero, la conciencia del Nosotros, del Tú, y luego la del Sí-Mismo. En él está la fundamental posibilidad de Transmitir a los demás sus propias experiencias y de recibir la experiencia plural acumulada, la Tradición que se aumenta con el transcurrir del Tiempo.
3.- La Cultura.
Toda la Vida Humana es Vida Cultural. La Comunidad misma es una Escuela.
La Cultura Objetiva es toda creación humana que logra sustantividad y autonomía respecto a su creador y goza de una existencia relativamente separada.
Vida Cultural es la del Hombre entre estos Entes Objetivos creados por él. La vida humana es inconcebible apartada de la Cultura. Ésta es todo producto y todo comportamiento humanos.
Es una actividad que se da en el campo de la Comunidad.
El objeto de Cultura (lengua, cuadro, institución, poema) es tal cuando está plenamente objetivado y exteriorizado. La Cultura objetiva, es la proyección al exterior de la interioridad del hombre.
Ya explicó, en serena prosa y claramente, que el Hombre es un Ser Objetivador y la existencia de la Cultura como variadísima galería de objetivaciones, atestigua esa condición definitoria humana.
El Lenguaje expresa toda la Cultura y es indispensable vínculo y vehículo de toda ella. La realidad cultural objetivante no goza de existencia cabal sino en los intercambios culturales, en su intrincamiento con la vida del grupo.
Cultura es la realidad objetivada y la producción y utilización de esas objetivaciones culturales.
El hombre es tal en cuanto es un Sujeto, es decir, en cuanto tiene objetos, los hace comparecer ante sí (todo lo que cae bajo su mirada). La creación cultural es una objetivación interior y externa, y también percibida por la comunidad.
Le sirve al hombre, pues le permite ser, objetivar, revelarse como hombre y este Saber Acumulado permite una multitud de aplicaciones prácticas sin las cuales no es concebida la Vida Civilizada.
Concluye que el hombre está sometido a un continuo proceso de Culturalización. Crea Cultura, es determinado por ella, lo enriquece formativamente.
4.- El Espíritu.
En el Acto Intencional, lo objetivado tiene referencia práctica al Sujeto, a la individualidad del agente.
El Acto Espiritual se proyecta hacia el objeto y se queda allí.
Lo Natural es particularista. Lo Espiritual, universalista, la Libertad.
El Yo al producir Actos Espirituales niega su particularidad. Se levanta sobre su estricta situación concreta, se proyecta sobre sus objetos desinteresadamente. Es un Yo en intención de Totalidad (conjunto de lo existente, lo dado, lo pensable, lo imaginable, los valores).
La realidad es el conjunto continuo y trabado de los objetos reales (espacio-temporales: cuerpos físicos y seres vivientes, lo psíquico intencional y lo espiritual).
Naturaleza es el conjunto de Entes que expresan su particularidad.
Espíritus son los Sujetos y los Actos proyectados totalmente hacia objetividades (intención universalizante). El Sujeto Espiritual es el que se ha liberado de su encierro en el reducto de su propia individualidad y sale al espacio sin límites.
El Hombre es un ser dual, confluencia de mera Intencionalidad y Espiritualidad.
Notas del Espíritu son la objetividad absoluta, la Universalidad, la Unidad, Historicidad, Responsabilidad y Absoluta Trascendencia.
El acto intencional es subjetivo. En el acto espiritual hay “desinterés”. Se objetiva el objeto “entero”, no mediatizado por la particularidad del Sujeto.
No hay particularismo existencial, así en la Mística el sujeto se vuelca a la realidad asimilándose a ella, aspira a conocer todo, a la libertad. Autonomía de los intereses propios del viviente humano como singularidad concreta.. El sujeto espiritual se siente portador de un Principio Universal y Supremo.
La Realidad se dispone en cuatro planos u órdenes: el físico, el de la vida, el del psiquismo intencional y el del espíritu. Cada uno es soporte del siguiente, que en él surge, de él se alimenta y lo supera.
En esta sucesión de planos se manifiesta un notorio crecimiento del Trascender. La Trascendencia espiritual señala el ápice, es más absoluta y total.
5.- Los Valores.
Reconoce Romero los valores Espirituales (absolutos, no consienten otros más altos) y los no espirituales o relativos.
Los absolutos son realizados y captados por el sujeto espiritual en actos espirituales.
Valor teórico o cognoscitivo corresponde a todo acto que tiende al conocimiento, a la aprehensión objetiva.
Cada hombre encarna cierta fracción de espíritu, incorporada en una situación concreta humana. El absolutismo teórico espiritual reclama la exploración de la Totalidad, , en extensión y profundidad hasta lo último.
La Ciencia es parcializadora, pero la Filosofía proporciona un saber “Fundamental”, completo, que requiere el saber parcial y el saber de sí mismo.
Mediante el saber, el espíritu cumple su intrínseca exigencia de Universalidad. Saber teórico puro, completo; se atiende al Conocimiento en sí mismo, por lo que es, en términos de conocimiento.
El Hombre es un Ente Dúplice, que tiene un Destino, que se realiza históricamente, que se determina según motivaciones individuales y de grupo.
Hay Hombre cuando se organiza normalmente la función intencional, que trae consigo la aparición del sujeto, la constitución de un Mundo objetivo para él y la elaboración de la Cultura.
Es indispensable el Espíritu para hablar propiamente de lo humano en el Hombre: Vida más Espíritu.
Lo originario en él es ser un sujeto de actos parcialmente trascendentes en cuanto sujeto intencional, y absolutamente trascendentes, en cuanto sujeto espiritual.
El autosaberse, la auto-comprensión es la proyección cognoscitiva de uno hacia sí mismo.
Para el hombre se perfila una doble exigencia: deber de Conducta y deber de Conciencia. Ser esencialmente un sujeto, obrar en cada caso desde el fondo de la propia subjetividad (evitando falsificaciones, resentimientos, enmascaramientos), que se exprese por entero en cada acto, capaz de poseerse reflexivamente.
6.- Sociabilidad.
El animal está cerrado al mundo. La realidad le llega como estímulos, influjos físicos, riesgos. Su psiquismo se halla al servicio de su corporalidad, sin constituir un Yo con entidad propia, un centro.
El Hombre se abre al Mundo, percibe objetivamente. Implica reparar en el Mundo, e incorporarlo a sí mismo, enriqueciéndose con su sustancia. Lo propio del hombre es ser en el mundo. No es un orbe cerrado al mundo. Va hacia el mundo y trae el mundo a sí.
Yo y Mundo se compenetran, se realizan recibiéndose mutuamente el uno al otro. En parte considerable el Yo se realiza en su relación con el otro.
El hombre nace cuando surge como Sujeto, cuando confiere objetividad al Mundo mediante el Juicio.
Para la Cultura de Occidente, la realidad suprema es el Espíritu en marcha, en su forma personal, colonizando la naturaleza, realizándose en manera cada vez más amplia y perfecta
La Cultura Índica es intemporalista, desvaloriza y niega el Tiempo.
La Cultura China es eternista, detiene el Tiempo, lo paraliza, supedita los hombres vivientes a los antepasados.
Estas tres Culturas, ostentadoras de un aire de Dignidad y Universalidad que no poseen las otras, han sabido encontrar la fórmula para que el hombre tenga un Destino y sienta su Vida dotada de Sentido.