sábado, 13 de diciembre de 2008

                                    JEAN RACINE  Y  “ATALÌA”.-  

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

l.- El arte de Racine.

 

El ilustre dramaturgo  francés del Siglo de Luis XIV,  JEAN RACINE  (1639-1699), adquirió en la Doctrina Jansenista, la Concepción de las Pasiones,  su especial, elegante, luminoso, Sentido  de lo Griego y su fina captación del Humanismo Clásico.

 

El Bello Arte Raciniano –según el seguro juicio de Gustave Lanson-  funde en una forma Perfecta, la penetración psicológica y la Fuerza Poética. Es la expresión más pura del Genio Clásico. Sensible, ingenioso, ardoroso (autor cit., “Manual de Historia de la Literatura Francesa”, trad. castellana 1956).

 

Escribió una comedia, “Los litigantes”, y once tragedias: “Ifigenia”, “Andrómaca”, “Británico”, “Fedra”,  “Mitrídates”, “Esther”, “Atalía”, etc.-

 

Las Fuentes de sus obras  están en Eurípides, Homero, Virgilio, Aristófanes, Tácito, Plutarco, Séneca....

 

Pinta las pasiones en estado de crisis aguda. El amor aparece escenificado de manera cruel e irresistible. Pinta el Hombre Interior, desde la Mitología y las geometrías pasionales, y, sobre todo, el alma femenina en su intensidad.

 

El ponderable el influjo de las Letras Griegas en su  literatura: los diálogos platónicos sobre el amor, los comentarios de Aristóteles sobre las pasiones trágicas, los caracteres femeninos finamente interpretados por la Nausicaa y Helena de Homero (con sus ocultas intenciones, sus recónditos sentimientos), el retrato de Cariclea por Heliodoro, etc...

 

Explora las almas, transmite un profundo sentimiento de la Antigüedad  Griega y de los tópicos de la educación Jansenista, en los que él mismo, de niño y joven, fue educado (el Pecado Original y luego el dominio de la concupiscencia,  la Gracia de Dios que permite al hombre realizar Obras Buenas...).

 

Desde un Orden Formal, construye en su teatro una acción Lineal, sin digresiones y como fondo la masa ardiente de la Pasión.

Con una suprema intensidad expresiva, aparece la Belleza de los Sentimientos, la elegancia de los significantes, la violencia  y también la conciencia trágica del fracaso.

 

Esencial modernidad de la literatura raciniana, según Enrique  François lo señala: “Racine es más naturalista que su propio siglo, y la vida emotiva de sus personales llega a presentar caracteres psico-fisiológicos que en nada ceden, por su fondo, a los que gustan de presentar muchas manifestaciones de la literatura moderna” (E.F.-A.J. Battistessa, “Homenaje a R.”, Univ. Bs. As. , 1940, p. 30).

 

 

2.- Su drama “Athalía”.-

 

Temática Hebrea.  Datada en 1691. Estrenada en 1716.

 

Ier. Acto: escenario en el templo de Jerusalén. Comprende 4 escenas.

Desde el principio es presentada indirectamente la protagonista, Athalía, personaje bíblico, como mala por Abner, un oficial. En sus parlamentos, éste contrapone dos modos religiosos: el de Joad y el de Mathán (culto a Baal) y habla de Athalía como una impía.

Desde el inicio aparece la pasión y la fuerza temática y expresiva.

 

En la 2da. escena, Joad y Josabet, el sacerdote y su esposa, se refieren a un nuevo Rey. Josabet continúa haciendo la caracterización de Athalía a través de la evocación de escenas violentas en que ella intervino: “la implacable Athalía animaba a sus bárbaros soldados para que se ensañasen con sus víctimas”.

 

El curso de la acción dramática (hasta ahora consistió en largos parlamentos introductores del ambiente) se interrumpe. El Coro, alabanza de Dios.

 

IIº Acto: el mismo escenario, 9 escenas. Palacio de la protagonista.. Patetismo expresivo en la referencia a ella, por Zacarías, el hijo de Joad, en el orificio religioso:

 

“De pronto, un confuso clamor se eleva y se vuelven las miradas y la atención del pueblo sorprendido. Una mujer...¿Se la puede nombrar sin que ello constituya una blasfemia?. Una mujer...Era Athalía; ella misma”.

 

“Esta orgullosa mujer, con la frente alzada”, busca la paz, el sosiego que le huye.

Se refiere a un sueño, la protagonista y el niño. Indaga a Joás, influido por Mathán, el sacerdote sacrílego.

El Coro alaba a Dios y al niño, Eleacín.

 

IIIer. Acto:  8 escenas.

Mathán confirma el cambio en la personalidad de Athalìa:

 

“Ya no es esa reina esclarecida, intrépida, llevada por encima de la debilidad de su sexo.

 

                        El temor de un vano remordimiento turba a esta gran alma”.

 

Auto-definición de Mathán: puso odio y amor.  Jura en el alma de Athalía, no cree en Baal, consejero y halagador funestos de los Reyes.

 

 

 

 

IVº Acto:  6 escenas. En el Templo.

Coronan  Rey a Joás. El propósito es restablecer la Ley, vengar las injusticias cometidas.

Joás, el unido, es un anuncio de la llegada de Cristo, el Mesías. Preparativos de lucha.

 

Vº Acto: 8 escenas.

Athalía por boca de Abner pide el tesoro de David y el niño Eleacín, a cambio de salvarles la vida y no destruir el templo.

Por boca de Ismael, un guardia, se sabe la sumisión del pueblo y el alejamiento del enemigo.

 

Derrota y muerte de la protagonista. Consagración de Joás, el pueblo feliz. Dios triunfa.

Furor profético de Joad.

 

Esta obra que terminamos de admirar en su lectura, por la energía de los caracteres en acción y la excelencia  de su estilo, fue reconocida por Voltaire (1694-1778) como  “la obra maestra del ingenio humano”.

 

Respeta  la composición dramática de las tres unidades. Contrariamente a Corneille, no utiliza exclamaciones enfáticas, ni asuntos extraordinarios, ni tramas complejas. Compone una tragedia verosímil, que prevé los sangrientos efectos de las pasiones humanas.

 

Nos dona una bella visión poética procurando siempre captar la originalidad honda de cada civilización y de cada personalidad, en estilo sencillo y acentuando el valor musical, eufónico de las palabras.

 

El Gran Crítico, Sainte Beuve (1804-1869) justamente afirma que la originalidad raciniana consiste “en esta reducción de los personajes heroicos a proporciones más humanas y más naturales y en el delicado análisis de los más secretos matices del sentimiento...”.

 

Battistessa, en el estudio breve citado al principio nos señala el incomparable “decoro expresivo”, la “acompasada suntuosidad barroca”, “el rodeo de la perífrasis” como tesoros de Racine.

 

Pues, en definitiva y como señaló Paul Valéry, sus principales personajes son la Belleza y la Armonía de sus versos memorables.


Publicado por Desconocido @ 16:13
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