domingo, 14 de diciembre de 2008

                                                 LA  BIBLIA  Y  LA  MEDICINA .-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

  • A través del estudio de la Literatura de la Antigüedad se observa que ninguna población dispuso, como la Israelita, de una serie concreta de Leyes Higiénicas prácticas, no sólo en el cerrado ámbito de la casta sacerdotal, sino difundida ejemplarmente en todo el pueblo.

 

Los Profetas trataron la Curación con  la Plegaria y también con medicamentos empíricos.

Job por ejemplo es  paradigma de resignación ante el Mal y el Dolor.

 

Reivindicaron el valor de la Oración, de la Palabra Orientadora, Consoladora, que compadece, acompaña y dulcifica el dolor, y de la fortaleza de la Fe:

 

                        “La Oración de Fe salvará al enfermo”.

 

                        (Santiago, 5:15).

 

Entre los remedios  mencionados, el “áloe”, que Nicodemo llevó para embalsamar a Jesús de Nazareth, y que ya había sido utilizado por los agipcios con tal fin.

 

Otros ejemplos: Isaías, que curó al Rey Ezequías de su úlcera gástrica con una torta de higos.

Asimismo, el uso frecuente del vino como antiséptico y del aceite como calmante u otras resinas astringentes y desinfectantes.

Elías, que repone a un asmático con respiración artificial, etc.

 

 

  • El “Ropheh” es el Médico Bíblico. Un Clínico general, odontólogo, etc., cuya Materia Médica era principalmente Herbaria.

 

La Disección y la Autopsia estaban prohibidas y la única intervención Quirúrgica que se menciona es la Circuncisión.

 

En esos sagrados textos se data la descripción de muchas Enfermedades: la Epilepsia, la Lepra, la Difteria, la Disentería, la Viruela, la Malaria, el Cáncer, la Gonorrea, la Hidropesía, la Apoplejía.

Como también males de la Mente, tales  la Depresión del Rey Salomón y la Terapia Musical de David, la Locura de Nabucodonosor, quien se cree buey y come hierbas...

 

Existía una Medicina para el Cuerpo y una para el Alma, que es la Palabra de los Sabios y los Santos, la Purificación de los Pecados, el cumplimiento de los Mandatos de los Profetas.

 

 

  • En el “Levítico” (del Pentateuco; trata de la conducta y adoración del Pueblo Purificado), capítulo 13, se presenta a la Lepra como castigo por un Pecado. En 14-15 se refiere a la Purificación del Leproso.

 

La descripción de la Patología asombra por el detallismo descriptivo, la Semiología evolutiva claramente expuesta.

 

Allì se enfatizan los consejos de Higiene, Medicina Preventiva, contra los padecimientos cutáneos infecto-contagiosos, instruye minuciosamente sobre Dieta y Aseo Personal, desinfección de habitaciones, exposición de diagnósticos de Leucorrea y Gonorrea, “las impurezas del hombre y la mujer”.

 

 

  • En el “Eclesiástico” (libro apócrifo que sólo figura en las Biblias Católicas y no en las Protestantes; tratado ascético espiritual conforme con la Ley Mosaica, manual verdadero de Moral Práctica), cap. 30: 14, se alaba la Salud y la Fortaleza de cuerpo y ánimo:

 

“Mejor es pobre  sano y fuerte que rico enfermo y débil”.

 

“La salud y el bienestar valen más que el oro”.

 

Es un canto a los Valores de la Vida, de alegría y dicha en el goce de la Salud:

 

                        “No te abandones a la tristeza...

                        Anímate y alegra tu corazón”.

 

Encarece las ventajes de la Sabiduría, inspiradas por la virtud del Respeto, la Discreción, la Modestia y la Misericordia.

 

En cap. 38: 1 y ss., reconoce la virtud de la  Ciencia en la Curación del Cuerpo o alivio del dolor y aconseja al hombre que no desoiga los consejos de la Medicina ni desatienda los de Dios.

 

“El Señor hace brotar de la tierra los remedios y el varón prudente no los desecha”.

 

“Atiende al médico antes que lo necesites, que también él es hijo del Señor”.

 

La Medicina es bendita creación de Dios a través del Hombre:

 

“Y llama al médico, porque el Señor lo creó, y no lo alejes de ti, pues te es necesario”.

 

Dios inspira al que cura:

 

“Porque también él oró al Señor para que le dirigiera en procurar el alivio y la salud para prolongar la vida del enfermo”.

 

Todo Bien, toda Ciencia, viene de Dios, todo Saber obedece a causa Divina.

 

 

  • La Labor Médica debe estar guiada simultáneamente por un gran amor al Saber Científico, que permite ejercer con Conocimiento la Profesión, y por una gran Fe en la Luz de Dios, que Guía y Reconforta.

 

Porque la Fe y la Esperanza salvan, la Plegaria “cura”:

 

                        “Orad unos por otros, para que seáis sanados”.

 

                        (Santiago, 5: 16).

 

Lucas, el Evangelista (sabio autor también de los “Hechos de los Apóstoles&rdquoGuiño  era el “Médico Queridísimo” según su maestro  San Pablo (en su “Epístola a los Colosenses”, 4, 14) , y fue el primero que llamó a Cristo como “El Salvador”, “El Médico de las Almas”.

 

Su profesión se refleja en los términos técnicos con que diagnostica las patologías “curadas” por Jesús.

 

En el cap. 10, versículos 30-37 de su “Evangelio”, Lucas presenta la “Parábola Cristiana del Samaritano”.

 

El Samaritano era habitante de Samaria, ciudad de Israel, y se compadece en este relato bíblico, de los sufrimientos de un dolorido y lo ayuda a recuperarse:

 

“Tomando Jesús la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que lo desnudaron, lo cargaron de azotes y se fueron dejándolo medio muerto.

 

Por casualidad bajó un sacerdote por el mismo camino y, viéndolo, pasó de largo.

 

Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, lo vio también y pasó delante.

 

Pero un samaritano que iba de camino llegó a él, y, viéndolo, se movió  a compasión; acercóse, le vendó las heridas, derramando en ellas aceite y vino;... y cuidó de él...

 

¿Quién de estos tres  te parece haber sido prójimo, de aquel que cayó en poder de ladrones?.

 

 Él contesto: El que hizo con él Misericordia”.

 

Podemos relacionar este texto con los valores que deben promoverse en la Profesión Médica y en todas las correspondientes a la Salud: la Compasión y la Misericordia. La Exigencia de Acción Concreta , Eficiente y Consciente en bien del que sufre, la Caridad, el Amor y el ejercicio de nuestros Deberes Profesionales con Responsabilidad.

 

Deben ser objetivos constantes y prioritarios el Desterrar la Inconciencia, la Indiferencia y la Ignorancia. Cualidades éstas, negativas y disonantes con la Sagrada Misión que Dios inspira a la Labor Salutífera.

 

 

  • En la Acción Reflexiva y Caritativa ante el Paciente, practicaremos las Virtudes que menciona el Apóstol Pedro en su “Segunda Epístola” (1: 5 y ss.), de la Fe en los resultados positivos de la Curación, el Dominio Propio y la Templanza ante las debilidades mundanas, la Tolerancia Fraternal, la Obligación de Servicio (del Actuar y el Hacer responsables y plenos) y de Conocimiento (de estudio, preparación y perfeccionamiento para el bien individual y social)...

 

 

 

Bibliografía:

 

-         “Sagrada Biblia” (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid)-

-         “Manuel de Historia de la Literatura Hebrea” D. Gonzalo Maeso (Madrid).

-         “La vocación del Hombre” H. D. Mandrioni.

-         “Historia de la Medicina” Pedro Laín Entralgo (Salvat, t. 1).

-         “Historia de la Enfermería” M. T. Molina.

-         “Historia General de las Ciencias” René Taton (t. 1).


Publicado por Desconocido @ 23:59
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