lunes, 29 de diciembre de 2008

                        EL MITO DE FEDRA EN EL  “HIPÓLITO” DE EURÍPIDES.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

Eurípides (480-406 a. C.) fue un artista culto, hijo de familia acomodaticia, solitario. Representa la gran Revolución de la Escena y la caracterizaciòn más humana de los seres en la Tragedia Griega.

 

Autor de “Alcestes”, “Medea”, “Hipólito”, “Ifigenia en Aulis”, “Ifigenia en Táuride”, entre otras. Sus composiciones trágicas han sido la fuente de otras grandes Obras Literarias de la Humanidad: Racine, Séneca, Goethe.

 

La Tragedia, de “tragos”: macho cabrío (cantos báquicos, ditirambos cantados con disfraces, alternativamente). Cultivó los temas sublimes de la Libertad y la Fatalidad, la ineluctable Fatalidad.

 

En 428 a. C. es representada la tragedia “Hipólito Coronado”. Antes de esta fecha, el autor había escrito y estrenado otra composición, el “Hippólytos Kalyptómenos”, “Hip. cubierto”, no conservada (ca. 434, según A. Lesky, “Hist. liter. Griega”, 1968, Madrid). En ésta, la protagonista es muy sensual, como la senequista. Y testimonian de su contenido, la “Heroida” IV de Ovidio y la nombrada de Séneca. El segundo “Hipólito” se lo denomina “Estefanóforo” (triunfo).

El primero fue rechazado por la crudeza inusual en la presentación del Amor. De acuerdo con Lesky, “la crudeza con que presentaba en el escenario cosas que eran totalmente nuevas, asustó e indignó considerablemente a los atenienses” (ob. cit., p. 399). La obra que se conserva fue estrenada exitosamente. Leámosla y señalemos los principales momentos en su composición:

 

(I). Monólogo épico, lírico-reflexivo de Venus.

Esta Diosa, no amada por Hipólito (hijo de Teseo, Rey de Atenas), anoticia al lector del destierro por un año de Teseo, del casto amor por Artemisa, la Diana cazadora romana.  La acción, en Trecene.

 

Cuenta Venus (Afrodita) su venganza, inspirando a Fedra un violento y desdichado amor por su hijastro (la  madre de éste había sido Antíope, reina de las Amazonas, también conocida como Hipólita o Menálipa). Adelanta lo que ha de suceder: el padre matará a su hijo, por juramento de Poseidón-Neptuno, Fedra se suicidará. Es la venganza de Venus que anuncia  el conflicto de “Las Bacantes”, el castigo de Dionisos a los que desprecian su culto (Baco).

 

Interrumpe sus reflexiones, viene Hipólito, Conclusión funesta: éste, dice  la Diosa,

 

“no sabe que ya se abrieron para él las puertas de la muerte, y que éste será el último día que ha de ver”.

 

(II) El verdadero primer  paso en la Acción dramática. Alabanza de Artemisa por Hipólito y por el séquito, el “Párodos”, del Coro:

 

“Salve, oh bellísima, bellísima Diana!, virgen que moras en el Olimpo: para ti traigo esta corona tejida de flores no libadas, que la adornan, y cogidas por mí en donde el pastor no se atreve a llevar sus rebaños ni ha entrado jamás el hierro: sólo la primavera visita este prado y las abejas  no lo tocan, y el pudor lo nutre con húmedo rocío.

 El que nada adquirió con el estudio y en todo es igualmente casto por naturaleza, puede cortar sus flores, no los malvados”.

 

            (Traducción de F. Baráibar  y Zumárraga, en “Teatro Griego”, Madrid, 1970, p. 785-1273).

 

Artemisa  bendecía a hombres y mujeres con su descendencia, “señora de los bosques y montes, claros y solitarios, y de las rumorosas corrientes”, era la divinidad de la naturaleza y en general de la fertilidad (Frazer, “La rama dorada. Magia y religión”, 1980, 7ª reimpr., México, p. 25 y 170-178).

 

(III) Diálogo de Hipólito y un Servidor.

Caracterización de Hip. como puro y casto, pero arrogante, desecha el poder sagrado del Amor, con lo cual el autor cuestiona una acendrada creencia griega:  el poder de Eros. Educado por el Centauro Quirón, Hip.  cazaba solo, bajo la protección de su Diosa, en los bosques sagrados.

 

(IV) El Coro, caracteriza el drama Interior de nuestra anti-heroína, Fedra, hija de Minos y Pasifae:

 

            “triste nube se mece en torno de sus cejas”.

 

El lenguaje Coral es ampuloso, como el  de Esquilo, y el de los demás Personajes siempre será cotidiano y sencillo.

 

(V). Es el segundo paso de la Acción Trágica.

La Nodriza trae a Fedra, doliente, en su lecho y en  un Monólogo de neta reflexión, pinta la angustia de su amor, mostrando las dotes retóricas del autor, “la nueva aptitud en la aguda argumentación lógica” (según señala W. Jaeger, en su “Paideia”, 1980, 5ª reimpr.):

 

“pronto varías de parecer, y nada te divierte; no te agrada lo que posees, y anhelas lo que no tienes”.

 

“Llena de tormentos está la vida humana, y no hay descanso en nuestras penalidades”.

 

“Perdidamente nos enamoramos de esta luz, que brilla alguna vez en la tierra, sin saber lo que pasa en la otra vida, ni conocer nada de lo que sucede debajo de nosotros”.

 

Es la Incertidumbre de la existencia, vida y muerte. Son las “situaciones límites”, el terror ante la Nada, ya expresados en el Siglo de Pericles por Eurípides, y que en nuestra era han expuesto Karl Jaspers y Martín Heidegger, entre otros.

“Ley de los mortales es luchar con los dolores”. Estas circunstancias humanas de muerte y dolor aparecen llameantes en las incomparables meditaciones de la Nodriza. Con anterioridad, el Coro reflexionó sobre la condición femenina: frivolidad del sexo más melancolía, “innata demencia”...

 

Fedra revela su estado psíquico a través de un estilo interjectivo, emocionado. Profiere palabras insensatas, delira. Ante esto, la Nodriza, sabia y buena con ella, muestra sentimientos de piedad, de compadecimiento. En Fedra observamos

 

l.- locura: su estado emocional y enajenamiento mental es paralelo con el         estilo literario de expresión.

 

2.- Cordura: conscientemente, reflexiona:

 

“¡Infeliz de mí! ¿Qué he hecho?..He perdido la razón?”

 

“...Me avergüenzo de lo que he dicho hace poco”.

 

“Porque he recobrado el seso, y el dolor me atormenta, y si la locura es un mal, más vale morir sin sentirla”.

 

Es típico del arte euripídeo el presentar las escenas en diferentes grados de intensidad dramática: a la meditación serena contrapone la expresión pasional.

“Euripídes es el primer psicólogo...Es el creador de la patología del alma...Por primera vez, con despreocupado naturalismo, se introduce en la escena la Locura con todos sus síntomas”, “nadie ha penetrado con mayor profundidad que este Poeta de la Crítica Racional en lo Irracional del alma humana” (en su “Paideia”, p. 320, 322). El Coro:  “¡Qué enferma está, y cuán flaca!”. La Nodriza amplía los síntomas de la perturbación:

 

            “Pero ella lo calla todo”.

 

            “Se abstiene del alimento por dejar la vida”,

 

            “oculta y niega su dolencia”.

 

En el diálogo se alude a Hipólito. Fedra no desea que le hablen de él. Dice que su corazón no está puro y es preciso purificarlo. Esta búsqueda del Amor Puro (“A males que me avergüenzan, busco salida honesta”). “religioso”, coincidentemente, será el elemento primordial que encontrará en el siglo XVII. El  Jansenista  Racine (1639-1699) en el teatro griego: la dialéctica atormentadora entre el Cuerpo y el Espíritu. Y es también a lo que se ha referido Kar Vossler cuando señaló la Doble Perspectiva luminosa de la protagonista: lo Demoníaco (Instinto) y lo Celestial (Pasión Interiorizada) (aut. cit., “Racine”, Austral).

 

3.- Diálogo entre la Nodriza y su Ama: de frases breves, oraciones exclamativas e interrogativas, interjecciones abundantes. Escena decisiva dramáticamente. La Nodriza busca el origen del mal de Fedra, quien confiesa su amor por Hipólito:

 

  N.: “¿Amas, ¡oh hija!, a alguno?”

 

 F.:   “Cualquiera que sea, el hijo de la amazona...”.

 

(VI). Tercer momento de la acción dramática. Reconozco  estas partes estructurales:

 

a-      monólogo reflexivo-lírico de Fedra. A la escena de pasión sigue la reflexión serena. Es la sofística interior de la pasión opuesta  a la conciencia moral, según observó F. Nietzsche (“Obras Completas”, trad. Ovejero y Maurí y Vicen, 1967, 6ª ed., tomo V, p. 198-233 y 342-375: “La filosofía en la época trágica de los griegos” y “Hisoria de la liter. Griega&rdquoGuiño.

 

a-1. el hombre persigue el placer, es perezoso para el bien o el juicio recto.

a-2. el poder de la lengua: bueno o malo. Polémica con Sócrates: virtud por la Sabiduría. Vitupera el adulterio. Se perfila el conflicto amor / virtud en su alma.  Parece expresar las razones del corazón, pascalianas.

Lengua de la Pasión. Afán explicativo de la figura mítica, aburguesamiento del personaje en temas y lenguaje, menos elevado y más cotidiano.

Expresa la heroína  su Virtud, no quiere deshonrar a su marido e hijos. Y asimismo trasunta  el “pathos” del más ardiente apasionamiento junto con consideraciones racionalistas. Modelo inigualable para Racine.

 

b-      Reflexiones de la Nodriza.  Alaba el Amor  con verbosidad inescrupulosa. Alude a los filtros amorosos, justifica el adulterio, como Helena en las “Troyanas”. Muestra virtudes abogadiles, de acuerdo con la orientación Sofística de la Filosofía de la época.

 

El autor nos presenta con brillo más que individualidades en sentido moderno, “formas de reacción” de la Humanidad ante el amor: la Locura y la Virtud en la protagonista, la comprensión en su nodriza, personaje argumentador, retórico, finamente retratado, la castidad en el hijo, la ira en el padre.

 

(VII). La Nodriza habla con Hipólito. Fedra y el Coro oyen el rumor de los gritos de aquél: factor excitante. Hipólito monologa, discurso misógino: la mujer es un “azote”, una “peste destructora”. Abundan en Eurípides más las preguntas que las respuestas seguras.

 

La N.: “¡Oh hijo!, no quebrantes tus juramentos.”

H.: “La lengua juró; el alma no ha jurado”.

 

Este célebre verso será citado por Platón (428-347 a. C.) en dos de sus Diálogos Filosóficos, en “El Banquete o del amor” y en “Teeteto o de la Ciencia” (ver W. Kaufmann: “Platón el rival como crítico”, en su “Tragedia y Filosofía”, Barcelona, 1968). En el primer Diálogo, 199 b, Sócrates replica a Erixímaco en relación con un prometido encomio sobre el amor. Agatón pronuncia un discurso bello y variado, pero el maestro le declara ser incapaz de hacerlo, recordando el verso 612 del “Hipólito”: “Pues bien: yo no conocía ese tipo de alabanza, y por no conocerlo os prometí hacer yo también en mi turno un encomio. Fue sin duda,  ‘la lengua la que prometió, no la mente’. Adiós, pues, el encomio” (trad. Luis Gil, en “Obras Completas” de Platón, Aguilar, 1979, 2ª ed., , 4ª reimpr., p. 581).

 

En el “Teeteto”, 154, Sócrates dialoga con Teeteto sobre la afirmación de  que “nada puede ser mayor ni menor, ya en volumen, ya en número si permanece igual a sí mismo”. “Con tu respuesta afirmativa –expresa Sócrates- realzas debidamente las palabras de Eurípides: nuestra lengua podrá ser irrefutable, pero no así nuestro pensamiento” (trad. José A. Migues, ed. Cit., p. 900), Por su parte en la “República” (Libro VIII, 568), acusa Platón a Eurípides de defensor de la Tiranía: “Tanto Eurípides como los demás poetas  encomian a la tiranía y la hacen semejante a los dioses” (ed. cit., p. 811).

 

Señala Kaufmann que el trágico griego está a medio camino entre Esquilo y Platón. Con sus diálogos teatrales inicia ya el género cultivado por el autor de “Las Leyes”. Amante de la Poesía, concibió imágenes y metáforas famosas, eternas. Para él era censurable la poesía que incitaba a la risa excesiva como la que representa lo deshonesto y vil.. Advirtió la función corruptora de ciertas tragedias, cuyos actores desempeñaban papeles vergonzosos.

 

Los biógrafos del autor de “Alcestes” aseveran que el mismo no fue afortunado en su matrimonio, y a ello atribuyen la “línea dura” con que retrata a las mujeres.

 

(VIII). La intensidad aumenta, es el nudo de la tensión dramática. Fedra, muy inquieta interiormente, se pregunta cómo evitará “esas calamidades”:

 

            “¡Soy la más infeliz de las mujeres!”.

 

            “Sólo anhelo morir; el cómo yo lo pensaré”.

 

Tan apasionada, es conciente de su pecado, y el monólogo es ofrecido como un formidable escenario de fuerzas antagónicas. Se asemeja al sentimiento ético-trágico de su símil raciniano. Por otra parte, la Nodriza, ha estado primero consternada por arrancarle el secreto y luego se ofrece a colaborar como “tercera”.

 

(IX). Suicidio de Fedra.

No ocurre en la escena, sino que el Coro lo refiere, y una esclava, se ahorca, suspendida del techo de su habitación, habiéndose debatido conflictivamente entre el amor y la virtud. En la obra homónima (1918)  de Unamuno, Pedro, su esposo, al morir ella, exclama que ha sido una santa, una mártir (acto III, escena XIV).

En Racine se acentúa, ante su desesperación, la nobleza de Fedra (acto V, escena 7): “Hay que devolver la inocencia a vuestro hijo, él no era culpable”.

Se ve en Eurípides, en este momento de su obra, y con intensidad, el poder del alma humana para realizar actos demoníacos.

 

(X). Llega Teseo. Eurípides había escrito un perdido drama, “Teseo”, al que alude Aristófanes en “Las ranas”.

Cunde su ira y su desdicha. Ante él, un espectáculo horrible: el cadáver de su esposa. En sus manos, unas tablillas, es el despecho de una mujer rechazada por un hombre orgulloso. El Coro, da relieve al poder del Destino, de lo Fatal en la vida humana. “Inevitable es el Destino”: esencia de lo Trágico. Fedra se vengó de Hipólito atribuyéndole pasión por ella.

Y ahora, la promesa de Neptuno: Teseo, le pide, con cólera, la muerte de su hijo.

 

(XI). Aparece Hipólito.

Reflexión de Teseo, siempre en Eurípides, sorprende el afán  de dudar, explicar y moralizar:

 

“Hombres que tanto y tan vanamente estudiáis: ¿a qué aprendéis innumerables artes, y sobre todo investigáis y pensáis, y lo único que no sabéis ni podéis enseñar es la de hacer bueno al que no lo es?”.

 

Ira y zozobra en el alma del padre, lenguaje enfático. Impreca al hijo, lo llama “el más malvado de los hombres”. Éste se jacta nuevamente de su castidad. Pero es desterrado, apenado por una acusación injusta.

 

El Coro oficia de factor retardante de la acción, generalmente reflexiona, ahonda en pensamientos sobre las pasiones representadas en la escena:

 

“Todo cambia en este mundo, e inconstante es la vida humana, y sujeta a muchos errores”.

 

 El Coro llora desconsoladamente la idea del hijo casto y orgulloso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 8:11
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios