EL MITO DE FEDRA EN LA OBRA DE ANDRÉ GIDE.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
En ocasión de pronunciar una conferencia sobre “La influencia en Literatura” André Gide observaba que
“al hombre no le es posible sustraerse a las influencias”,
“aquellos que temen las influencias y se hurtan a ellas, confiesan tácitamente la pobreza de su alma”.
Este temor es “completamente moderno”, pues los artistas de las grandes épocas no rehuían las influencias fecundas.
Y...recuerda precisamente, a Jean Racine y su “Phédre” (1677):
“Un Racine, ¿se preocupaba de no parecerse a nadie más?. ¿Quedaba disminuida su ‘Phédre’ porque naciera, según se dice, de una influencia jansenista?”.
Alude al influjo espiritual de los señores de Port Royal en la obra (y en la vida) del clásico de la corte de Luis XIV.
Y la época de nuestro poeta, el siglo XVII, está sellada por el pensamiento de René Descartes (1596-1650):
“¿Es menos grande el siglo XVII francés por hallarse bajo el dominio de Descartes?”;
pero
“las grandes épocas de creación artística, las épocas fecundas han sido las épocas que han sufrido más profundas influencias”.
(Véase sus “Pretextos”, en “Obras” A. G., Barcelona, 1968, p. 619 y ss.).
.
Y agrega:
“Señoras y señores, el teatro es algo extraordinario. Personas como vosotros y como yo se reúnen por la noche en una sala para ver fingir por otros las pasiones que ellos no tienen derecho a tener, porque las leyes y las costumbres se oponen a ello”.
(loc. cit., p. 805).
El público espectador debe ser, sostiene, culto y pequeño en número, como los griegos de Pericles o las “gentes honradas” de Luis XIV.
En un artículo de la misma obra, sobre “Nacionalismo y Literatura”, cita a “Phédre” a propósito de un análisis de las características de Nación y Cultura:
“Racine no merecería tantos honores de no haber comprendido, tan bien como Baudelaire, el inefable recurso que ofrecen al artista las regiones bajas, selváticas, febriles y sin limpiar de un Orestes o de una Hermione, de una Fedra ....”.
Éste es el ilustre tratamiento que hace Racine (1639-1699), según Gide, de su “Fedra”: analizar lo sub-consciente, las zonas más ocultas de su psicología.
Diferente es el enfoque de los autores antiguos, observa, que siempre valorizan los “pensamientos altos, sentimientos altos, pasiones nobles”, son títeres sin personalidad.
André Pul Guillaume Gide (1869-1951), Premio Nobel de Literatura 1947, fue autor, él mismo, de obras dramáticas. “Philoctéte”, “Saúl”, “Prometeo mal encadenado”, “Edipo”.
Se interesó por los Mitos antiguos, su naturaleza e historia (p. ej., “Consideraciones sobre la mitología griega&rdquo
, pero colocando su fuerza en los elementos conceptuales: antítesis Catolicismo – Protestantismo, dimensión de la Libertad Humana, Ateísmo y en mostrar argumentos que ejemplifiquen su elección sexual, como su admirado Oscar Wilde (1854-1900).
En su “Edipo” (1930), el protagonista defiende el Libre Albedrío por sobre la tiranía religiosa y política.
Ahonda el análisis psicológico en sus novelas y ensayos y primeramente en su “Diario”, luego en “Si le grain ne meurt”, en “Paludes”, “La sinfonía Pastoral”, etc.
Y, lector selecto, de finísimo criterio, también fue crítico en “Pretextes”, “Nouveaux Pretextes”, “Dostoyevsky” y “Henri Michaux”. Le interesan aquí las reglas del Arte y la Cuestión Moral.
“Sin duda es paradójico decir que Racine hubiera cambiado el carácter de Fedra si la belleza de un verso así lo hubiera exigido.
Pero lo que podemos decir sin falsearlo, es que la exigencia del verso ha inspirado, casi dictado a Racine algunos de sus matices más sutiles”.
Y cita un verso:
“Tremblante pour un fils que je n’osais trahir”
y agrega, con evidente espíritu sutil:
“El ‘que no me atrevía atraicionar’ es un escorzo admirable en el que Fedra, como a pesar suyo, sugiere que su amor por Hipólito ha cedido ante los sentimientos maternales al extremo de sacrificárselos, y ese hallazgo manifiestamente le fue inspirado a Racine por una determinada exigencia rítmica y por la necesidad del verso”.
(cita de M. Beigbeder, “A. G.”, La Mandrágora, 1956, p. 179).
Señala entonces el valor esencial que el autor de “Athalía”concede a las razones artísticas, al ritmo poético antes que a las ideas, a la expresión y estilo antes que al “carácter” o la “situación”.
Los motivos estéticos determinan los “matices psicológicos” y las reacciones de la Fedra raciniana; la perfección del verso (“esa forma que realiza la síntesis del arte y de lo natural”, escribe Paul Valery en “Sobre Fedra mujer”, “Variedad”, ed. Losada, t. I).
Su “calidad superior” se une a la elegancia en la representación de las acciones, siempre en el estilo “noble y elevado” de la tragedia griega, de acuerdo con los cánones literarios expuestos, entre otros, por el crítico y romanista Erich Auerbach en su hermoso “Mimesis” (Berna, 1946).
· Gide compone en 1946 el drama “Teseo”, donde evoca modernamente la figura valerosa y solar del esposo de Fedra. Es un héroe, un triunfador vital y fervoroso, así lo muestra su autor.
“J’ai goûte des biens de la terre” declara el Rey, “pour le bien de l’humanité future, j’ai fait mon oeuvre. J’ai vecu”.
“Teseo resume para Gide toda la aventura humana” explica Luis Díez del Corral en su “La función del mito clásico en la literatura contemporánea”, Madrid, 1974,2ª ed.,, p. 251-257).
Ya Plutarco de Queronea (ca. 50 –o 46 – ca. 120) había dejado un compendioso informe sobre las hazañas del hijo de Egeo. Pero ahora es un autor del siglo XX el que se ocupa del mito como un ansioso de aventura vital y de victorias laboriosas.
Desviando el mito griego significativamente, Gide presenta a un Teseo inmoral, que sustituye su deseo de Fedra por el de un hermano más joven (ver G. Highet, “La tradición clásica”, t. II, ed. 1978, p. 354).
“Es un héroe individualista que continuamente se sobrepasa a sí mismo” evalúa Díez del Corral, ob. cit.
La lectura de las páginas de Gide anteriormente citadas, nos deparó breves, pero importantes enfoques sobre el tema del mito de Fedra.
Por un lado la mención de la teoría del “distanciamiento” del personaje trágico, y la preeminencia de los motivos artísticos en la obra raciniana, y por otro, la recreación original del mito de Teseo.
En todo momento y al margen de las referencias que nos ocupan, Gide nos interesa por sus introspecciones (“suprimir el diálogo en uno mismo es detener el desarrollo de la vida&rdquo
y sus incitaciones a realizarlas en nuestra vida.
A concretar la Libertad, a “asumir lo más posible la Humanidad” y al “más grande, el más hermoso y el más libre empleo y desenvolvimiento de nuestras fuerzas”...
Gide en mi biblioteca:
- Boisdeffre, Pierre de: “G. se aleja” (en su “Metamorfosis de la literatura”, Madrid, 1969, tomo 1, p. 113-196).
- Canto, Patricio: “’Thésée’ – A. G.” (en rev. Sur, nº 150, abril 1947, p. 77-82).
- Durant, Will y Ariel: “A. G.” (en su “Interpretación de la vida”, 1973, p. 204-221).
- Freedmann, Ralph: “La novela lírica. H. Hesse, A. G. y V. Wolf” (Barcelona, 1972).
- Grenzmann, Wilhelm: “A. G.” (en su “Problemas y figuras de la literatura contemporánea”, Madrid, 1963, p. 140-178).
- Guardia, Alfredo de la: “Gide. La seducción del teatro” (en “La Nación”, 16-11-1969), y en su “Temas dramáticos y otros ensayos”, Academia Argentina de Letras, 1978, p. 217-220.
- Hesse, Hermann: “Recuerdos de A. G.” (en su “Pequeñas alegrías”, 1981, 4ª ed.).
- Ireland, G. W.: “Gide y Valery, precursores de la nueva crítica” (en G. Poulet y otros, “Los caminos actuales de la crítica”, Barcelona, 1969, p. 43-56).
- Lanson, G./ P. Tuffrau: “El conocimiento del hombre. 2) G.” (en su “Hist. de la liter. Francesa”, 1956, p. 712-716).
- Mann, Thomas: “G. y su infinita búsqueda de la armonía” ( en “Literatura contemporánea”, rev. Sur, 1957, p. 112-119).
- Ocampo , Victoria: “Al margen de Gide” (en su “Domingos en Hyde Park”, Bs. As., 1936). V. Ocampo, J. Green y otros: “Homenaje a A. G.”, Sur, nº 200, junio 1951, p. 21-58.
- Papini, Giovanni: “A. G.” (en su “Obras”, Aguilar, t. 2, p. 1018-1023).
- Peltzer, Federico: “A. G.: agonía y responsabilidad” (en su “El hombre y sus temas”, Academia Argentina de Letras, 2004, p. 145-154). Antes “A. G.”, en Boletín de la Academia, nº 261-262 jul.-dic. 2001, p. 363-370.-
- Piovene, Guido: “G. en sombras” (en su “Ídolos e ideas”, 1976).
- Revol, Enrique Luis: “A. G.” (en su “La tradición imaginaria”, Teuco, 1971).
- Reyes, Alfonso: “La librería de Gide” (en su “Las burlas veras”, México, Tezontle, 1959, p. 36-38; y en sus “Obras Completas”, t. XXII, p. 643-644).
- Sáenz Hayes, Ricardo: “Cada día con su afán”, Kraft, 1952, p. 219-116.
- Sureda, Enrique: “Los alimentos de la literatura” (“La Prensa”, 22-2-1981).
- Torre, Guillermo de: “Reverso y anverso de A. G.” (en su “La metamorfosis de Proteo”, 1956, p. 155-176).
También “Obras Escogidas” de A. G., Prólogo A. Caballero, Aguilar, 1967, 2ª ed.
“Teseo”, trad. de Patricio Canto (en “Sur”, nº 147-149, enero-marzo 1947, p. 9-58).
“El arte, el Clasicismo y la moral” (en rev. Sur, , nº 213-214, jul.-agosto 1952, p. 76-82).