VIDA Y ARTE DE FEDRA EN PAUL VALERY.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
1.- El Poeta Clásico.
Paul Valery (1871-1945), como él mismo aseveró de Baudelaire, ha sido un escritor cuyo éxito y “fecundidad espiritual” ha dependido “no solamente de su valor propio como poeta, sino también de circunstancias excepcionales”. Éstas han consistido en una Inteligencia Crítica asociada a la Virtud de Poesía (en “Variedad”, véase su “Situación de Baudelaire&rdquo
. En ello consiste el genio poético Valeriano, y también el de Racine.
El autor de “Charmes” y el de “Ifigenia”, fueron poetas de preciosa sensibilidad, pero prevaleciendo en ellos la exigencia crítica, el Juicio sobre la Creación.
Charles Baudelaire (1821-1867), Jean Racine (1639-1699) y Valery son, según definición de este último en referencia al autor de “Las flores del mal”, sensuales pero también precisos, “rara alianza” de imaginación ardorosa y “el demonio de la lucidez”, “el genio del análisis” (también E. A. Poe...).
Artistas de las armonías sutiles, del discurso elegante y la musicalidad. Afirma Valery que en Racine había un Boileau: eso le ha adjudicado jerarquía de Clásico:
“Clásico es el escritor que lleva dentro a un crítico, y que lo asocia íntimamente a sus trabajos”.
Su arte consiste en esa conciencia vigilante, reflexión sobre la Creación, y el ajuste formal de la emoción: “el cuidado de la Forma no es otra cosa que la reorganización meditada de los medios de expresión”, “en toda cuestión, y antes de todo examen del fondo, miro el Lenguaje”.
El Arte Clásico significa nitidez, concepción clara y racional del Hombre y de su quehacer Estético.
La obra de Valery: poesías, discursos, ensayos, entrevistas, notas conferencias, diálogos y críticas, está situada en la cima de la Inteligencia Occidental. Amante del Razonamiento, de la Lógica impecable e implacable, de la reflexión abstracta, del estudio de “las relaciones funcionales del Espíritu”.
Estudioso incansable del pensamiento de René Descartes (1596-1650) en “Una visión de Descartes”, “Segunda visión...” (ambos en su “Variedad&rdquo
y en “Descartes” (discurso en la Sorbonne, 1937), “fantástico espectáculo intelectual que se ofrece al Espíritu”.
Mentalidad científica unida a inspiración y Fantasía.
“La jeune Parque” (1917), “El cementerio marino” (1920), “Esbozo de una serpiente”, unen expresión de emociones íntimas a meditaciones metafísicas, sobre el Ser y el Universo, Eternidad e Intimidad, aparente “Hermetismo” (amor por Mallarmé
, continuador de Baudelaire en el dominio de la perfección y pureza. Comunión misteriosa de Sonido y Sentido.
Autor además, del original diálogo “Eupalinos o el Arquitecto”, “El Alma y la Danza”, “Miradas al Mundo Actual”, “Tel quel” (en dos series), “La soirée avec M. Teste” (1898)...
La vida de la Inteligencia constituye para él un Universo Lírico incomparable (cito sus propias palabras en el Discurso del IX Congreso Internacional de Filosofía, sobre el pensador de las “Meditaciones Metafísicas&rdquo
, “un drama completo”.
Le interesa estudiar el funcionamiento del Raciocinio, los pasos del acto del Pensamiento. Ése es el motivo de su “Introducción al método de Leonardo”.
“Ese mundo del Pensamiento, en el que se entreve el pensamiento del pensamiento y que se extiende desde el misterio central de la Conciencia hasta el espacio luminoso en que se excita la locura de la claridad, es tan variado, tan conmovedor, tan sorprendente por los golpes teatrales y la intervención del azar, tan admirable en sí mismo, como el mundo de la vida afectiva dominado por sólo los instintos”.
(en su “Política del espíritu&rdquo
.
La Literatura es un ejercicio espiritual, un ansia de coherencia, de luz y de conocimiento, la “conciencia extremada” del método cartesiano, ese “Gran Capitán del Espíritu”.
En su “Balance de la inteligencia” (1935) manifestó su espanto por la ausencia de Rigor, la inconciencia del Arte Contemporáneo:
“Las condiciones del trabajo del espíritu han sufrido (...) la misma suerte que todo el resto de las cosas humanas; es decir, que participan de la intensidad, del apresuramiento, de la aceleración general de los intercambios, así como todos los efectos de la incoherencia y del fantástico cintilar de los acontecimientos”.
De allí su urgente llamado para retornar al manantial del Arte Raciniano. La Literatura significa para él, una maravillosa combinación de Ascesis y Juego. No es producción espontánea, sino lógica y resistencia a nuestra Creación inmediata y continua. Es Método, Canon y Proporción, Reglas de Armonía (léase su “Fragmentos de las Memorias de un Poema&rdquo
.
Sus versos son densos y fuertemente rítmicos, personales y universales a la vez (“en la Poesía lo único que ordena y sobrevive es la forma&rdquo
:
“¡Ya se han disuelto todos en una ausencia espesa,
sorbió a la blanca especie la roja arcilla aviesa,
ha pasado a las flores el vivo don humano!
¿Dónde están, de los muertos, las frases familiares,
el arte personal, las almas singulares?
Donde asomaba el llanto hila ahora el gusano”.
(Del “Cementerio Marino”, traducción de Ángel J. Battistessa, en su “El poeta en su poema”, Nova, 1965).
Esa singular obra es una meditación parmenídea sobre la Inmutabilidad y la Transitoriedad del Ser. El escenario espiritual es el cementerio de su ciudad natal, Séte.
Valery encarna el Lírico del Entendimiento, que ha rescatado el secreto de los Grandes Clásicos: forzar las palabras abstractas hasta la alusión y el perfume, Poeta del Intelecto, según la brillante valoración de Battistessa.
Fréderic Lefévre en su “Entretiens avec P. V.” (1926) señaló el Preciosismo, el Hermetismo del autor de “Cántico de las Columnas”, como una conjunción del Eufemismo de Racine y la Elipsis de Mallarmé.
“La conducción simultánea de la sintaxis, de la armonía y de las ideas (que es el problema de la más pura poesía) constituyen a mis ojos los objetos supremos de nuestro arte”.
Pasión de Arquitectura y de Elevación, el arte de Valery, exaltación de la altura de la Conciencia y la Superioridad de la Inteligencia, simboliza una vuelta gloriosa a una Época Dorada de las Letras, “la indagación ahondada y conducida hacia la expresión más exacta y más intensa de su objeto” (“Nuestro destino y las Letras”, 1937).
“Vivimos bajo el régimen perpetuo de la perturbación de nuestras inteligencias”,
“necesitamos la Libertad del Espíritu, cima donde surgen las imperecederas obras de Arte del Hombre”.
“Porque donde no hay Libertad del Espíritu, la Cultura se marchita”.
“Por todos lados percibimos sujeciones y amenazas al Espíritu, cuyas libertades, al mismo tiempo que la Cultura, son combatidas por nuestras invenciones, nuestras formas de vida, por la política general y por diversas políticas particulares”.
En los 5 tomos de “Variedades”, en “Regards sur le Monde Actuel et autres essais” y en diversas conferencias y notas, lanzó la voz de alerta, humanista y superiormente Lúcida, al modo de las de Huxley (1894-1963), Herman Hesse (1877-1962) y Bertrand Russel (1872-1970), entre otras, valiosísimas.
2.- Llamado a Racine.
Valery es un custodio de los Altos Ideales del Arte Clásico y del Genio Francés, al que evaluaba como “la más alta y fina cultura”. Lanza un Llamado a Racine y su Poesía: pureza de la Forma, Rigor del Pensamiento.. Ve en el autor de “Fedra” (1677) y en los demás escritores del tiempo de Luis XIV, la fuente de la Poesía Francesa por excelencia, de la Poética Clásica, del siglo XVII. De allí ha surgido, opina precisamente:
“nuestra acentuación particular, nuestra prosodia estricta, nuestro gusto por la simplificación y la claridad inmediatas, nuestro temor a la exageración y al ridículo, una especie de pudor en la expresión”.
Se refirió con interés al estilo Raciniano, reflexivo y ceñido, en su discurso de 1927 en la Academia Francesa:
“una alianza sin ejemplo de análisis y de armonía”.
“tal verso que nos parece vacío costó el sacrificio de veinte versos magníficos para nosotros, pero que hubiesen roto una línea divina y turbado la augusta duración de una fase perfecta del movimiento del alma”.
“En sus períodos puros canta la violencia de la pasión en un lenguaje noble”.
Es un Poeta del Equilibrio:
“Borrad de la existencia a esos poetas de confusión..., a esos heresiarcas, a esos demoníacos, borrad a esos preciosos, a esos licántropos, y a esos grotescos..., y no admitáis, en suma, sino a los perfectos”.
Racine encarna “un compositor admirable”, incomparable, que deleita por su música y que conmueve por la perfección de sus versos. Ésos son los motivos de su atracción fundamentada y fundamental por el autor de “Phédre”.
Está penetrado del espíritu de Racine. Ha escrito un breve y preciso, precioso, ensayo sobre el drama raciniano, incluido en su “Varieté”.
Para el artista de Séte, el Mito constituye el origen de todo, en el comienzo era la Fábula:
“Pensad que mañana es un mito, que el Universo es otro; que el número, el amor, lo real lo mismo que lo Infinito, la Justicia, el Pueblo, la Poesía...; la tierra misma, son mitos”.
Mito es el nombre de todo lo que no existe y no subsiste si no tiene la Palabra por Causa:
“Todo Origen, toda Aurora de las cosas es de la misma sustancia que las canciones y los cuentos que rodean las cosas...”.
Como los entiende desde el concepto de Almas de nuestras acciones y amores, expuso sus concepciones poéticas a través de ellos, así Narciso, “Le Sylphe”, “Aurore”. La vida y el arte tienden hacia ellos, “fantasmas”, sortilegios, “ardientes parajes con rocas de oro, lagos demasiado puros”...
“Sobre Fedra mujer” se titula el ensayo más específico. Para él, lo esencial de dicho drama, lo que se desprende luego de haber presenciado su escenificación, es la Belleza del Discurso y la Idea de cierta Mujer. Presencia literaria y Presencia Humana, femenina.
Advierte la dirección lineal de la acción: “no hubo allí sino un crimen”.. La obra ilustre presenta, en su certero juicio, los más nobles acentos, el remordimiento y la ardorosa concupiscencia en su más alto voltaje: “aquí sólo la carne reina”. El texto admirable se reduce al Monólogo furibundo, lo demás se desvanece:
“La trama, la intriga, los hechos, palidecen rápidamente”.
“Ellos (los otros personajes) no sobreviven. Ella sí”.
Representa el Puro Lirismo que trascendió al Estado Dramático inicial.
En Fedra arde un amor instintivo, sólo inteligente para la venganza y la mentira, es un “amor sin metafísica”, un “amor arcaico” que proviene de Minos y Pasifae, “una pareja de seres duros”.
No es el amor como “íntima unión del único con la única, más allá”.
Es una “Fedra bastante animal”.
Y recuerda atinadamente que en la Biblia, José es asediado por la mujer de su amo: “acuéstate conmigo”.. Pero ante el rechazo, la esposa de Putifar actúa como una Fedra.
En ella hay ansias de amor y de hacer sufrir, un amor de desesperación, embargado por la idea del Crimen: “ cuando desespera, mata. Habiendo matado, se suicida”. Se halla en una especie de segunda pubertad, adolece, sufriente y anhelosa:
“Está en ese período en que la vida se sabe plena y no colmada. En el horizonte la decadencia del cuerpo, los desdenes y la ceniza”.
Sensación de vida incompleta, esa mujer inquieta, esa “vida esplendorosa”, “se ofrece” como un árbol abrumado por el peso de sus ricos frutos.
“C’est Venus tout entiére”,
“una expresiòn tan perfectamente puesta”.
Alude repetidamente a un estudio psiquiátrico de la protagonista, de su tormenta nerviosa, de malvada insatisfacción. La presencia de Hipólito, cambia su perspectiva humana, la trastorna, “el día cambia de color..”, “todas las regularidades del organismo se ven conmovidas”- Su personalidad revela rasgos patológicos, obsesivos, de enajenación mental, rigurosamente descripta y despojadamente representada.
Es una mujer patética, “aplastada por el amor”, de una terrible belleza.
“Al veneno del amor sigue el veneno de laboratorio”,
“un poco de otro veneno la enviará cuanto antes a explicarse a los Infiernos”.
Los logros literarios de la Lengua y la Representación Femenina: las dos columnas del arte raciniano. La calidad superior del Verso y la del Sentimiento, testimonio de una Intensa Humanidad. Realiza la conjunción entre Arte y Vida, Naturaleza (pasión amorosa, animalidad) y Literatura (arte selecto, vigilado).
Fedra mujer y Fedra ente literario y lingüístico se elevan a su perfección, la pasión sublime, descarnadamente carnal y la Belleza expresiva insuperable.
Tragedia del lenguaje: “el arte literario es el discurso de un ser más puro, más poderoso y elegante, en su palabra, que cualquier otra persona concreta”.
Leonidas de Vedia ha escrito ajustadamente, valiosamente, que “Todo lo que nos dejó Valery es útil para la Inteligencia, para el Espíritu, para la Conducta”...
Bibliografía: