viernes, 02 de enero de 2009

                                    FEDRA   EN LA  POESÍA   DE   OVIDIO.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

El Emperador Augusto fue un gran administrador del Imperio Romano y un magnífico Fomentador de las Artes y las Letras. Excepcional Promotor de Cultura.

En esta época fructifica  el espléndido verso de Virgilio en las “Bucólicas” y las “Geórgicas”, y el “prodigio” de Horacio, con sus “Odas” y el cuidado formal de las “Epístolas”.

 

El Clasicismo Latino, con Virgilio y Horacio, nos demuestra que el Artista, creando equilibradamente, con un estilo y un pensamiento exigentes, logra frutos de difusión y validez universales, por sobre eras y naciones.

El más “perfecto”, el más elegante ha sido Quinto Horacio Flaco (65-84), el que recurrimos frecuentemente en  su “Epístola ad Pisones sive De Arte Poetica liber”. El autor de los “Épodos” es imprescindible como todo Clásico, por su salud moral...

 

Virgilio es el otro ejemplo (71-19 a.C.) de sobriedad y de plenitud, de armonía formal, como en la prosa se expresa Tito Livio. Es el más reservado y melancólico.

 

 

Ovidio vivió entre los años 43 a.C. al 18 d. C. y pertenece a esa inmortal tríada del Clasicismo Latino..

Fogoso y fecundo, es el representante del período en que Augusto se proclama Pontífice, en el que escriben Tibulo y Propercio: la Literatura Augustea.

El Poeta de las “Metamorfosis” fue feliz y mundano como pocos, de gracia natural. El poeta “del Amor”: “Ars Amandi”, “Remedia Amoris”, etc.  Albin Lesky (“Hist. de la liter. Griega&rdquoGuiño  cita a nuestro poeta, a su “Heroida” IV, como uno de los ejemplos artísticos que testimonian la existencia del primer “Hippólytos” de Eurípides.

 

El literato español José Cadalso (1741-1782), gran admirador y lector de Ovidio en el siglo XVIII hispano, lo evocó en su “Los eruditos a la violeta” (1772) como  “un caballerito enamorado de profesión, poeta por naturaleza y desdichado por estrella” (lo que más parece un autorretrato del particular escritor dieciochesco)...

 

  • Las “Heroidas” o “Heroicas Epístolas”, son cartas escritas por  Heroínas  de la Antigüedad a sus amantes. 

 

“Heroidas” deriva de la Diosa  Iuno Lucina, Hera en Grecia, “Pronubia”, Diosa del Matrimonio y de los Partos en el Olimpo, y esposa de su hermano Júpiter-Zeus.. El hijo de ésta, llamado Hero, fue tenido por famoso y arrojado, de donde el adjetivo “heroico” y “heroidas” para hombres y mujeres ilustres.

Fueron escritas antes de su destierro ordenado por Augusto César.

Son 21 epístolas: Penélope a Ulises, Dido a Eneas,  Medea  a Jasón,  Ero a Leandro... Las quince primeras se publicaron  entre los años 20 y 15 y las seis últimas en el año 8 d. C. Había escrito también una tragedia, “Medea”.

La lectura de las “Heroidas” nos depara placer y enseñanza. Todas las intensidades y situaciones del Amor: el sano de Penélope, el indigno de Safo, y en Elena (epístola 10) analiza el vaivén del genio femenino en las circunstancias variadas del amor, la gravedad, la perseverancia, el atrevimiento, la delicadeza.

Nadie más apto, pues, para retomar el mito de Fedra, en la “Epístola IV: Fedra a Hipólito”.

Utilizo la traducción en verso castellano y Prólogo de Diego de Mexía (Colecc. Austral, 2ª ed., 1951). Versión en tercetos, castizamente expresada. “En las cartas se escribe lo secreto / del pecho, y por la tierra y mar caminan, / llevando a los ausentes su conceto”.

La influencia de esta composición llega a la Literatura de la Edad Media, pues Ovidio (junto con su “Ars Amatoria&rdquoGuiño ha fijado el carácter de la enamorada en las distintas fases del Amor-Pasión, y ello ha repercutido ricamente, perfilando las actitudes literarias de la Poesía Cortesana y de la Novela Sentimental en todo el mundo..

 

Aparece aquí una Fedra “romántica”, angustiada y desenfrenada por su deseo ilícito, como la senequista principalmente: “Mi lengua se me anuda, / asida al paladar calla conmigo”, “tú me has hecho balbuciente y muda”.

Es Fedra quien escribe una carta a su esposo Teseo, ausente de Atenas, enamorada de su hijastro (“el fuego ardiente de amor me abrasa&rdquoGuiño, conciente de su pecado inconfesable, prefiere declararle sus motivos por escritos, sus “secretos del pecho”:

 

“Mas lo que la vergüenza no consiente / que diga de palabra, el dios Cupido / manda que te lo escriba de presente”.

 

Hipólito , como en la tradición mitológica helena, es el joven “que vive allá en los montes”, impenetrable, que aparenta ser de acero, gallardo, de rostro grave y honesto, que encierra en sí la suma de belleza ante la que ella se siente arrebatada.

 

Bellamente nos pinta el autor, el fuego de Fedra: “Abrásome acá dentro, y la violencia / del fuego es tal, que el pecho está llagado, / y cancerada el alma por tu ausencia”.

“Le salta el fuego por los ojos” exclama la Nodriza en la obra de Séneca (acto II). Su impulso llega hasta las confesiones más encendidas. Entre Júpiter  o Hipólito, prefiere a éste, “porque eres mis trofeos / y no quiero otro cielo que tu cara”.

Ovidio evoca a una Fedra tan sensual como la de Séneca, ansiosa de correr por los bosques junto con su amado.

Versifica el mito de Teseo tal como la mitología lo recordaba: el hijo de Egeo, vencedor del Minotauro en el Laberinto gracias a la ayuda de Ariadna, hermana de Fedra.  Esta última recuerda su linaje “miserable”, su “madre Pasifae torpemente, / sujeta a un toro en seto bruto y feo, / parió aquel monstruo horroroso, inclemente”.

 

“Esto es fatal y viéneme de herencia”. Alaba el Poeta por boca de la madrastra, la vida del placer. Menciona la protagonista también a otros amantes mitológicos: Venus y Adonis, Aurora y Céfalo, e insiste frenéticamente al joven, “Amémonos.. y habrá en el bosque eterna primavera”. Como Madame Bovary, busca el amor y el romanticismo, destruyéndose. El personaje flaubertiano (novela homónima, publicada en 1857)  representará el ocaso de la heroína romántica, según G. Highet, “La tradición clásica”, t. 1, p. 101).

 

En sus evocaciones mitológicas, en sus comparaciones, enumeración y preguntas con que confiesa su amor e incita a Hipólito para ser satisfecha, el autor debe haber leído al para nosotros desconocido primer “Hippólytos”, de Eurípides (480-406 a. C.).

Ese tono desbocado, ese Loco Amor, retórico, verboso, es el que Séneca  (4 a. C.- 65) explota para recitar expresivamente en los salones romanos del Impero decadente (Nerón). Es una Fedra casi extraña al espíritu digno, contenido en el furor pasional, del Arte de Jean Racine (siglo XVII) y a la versión seca, pero caliente, de don Miguel de Unamuno (1918).

 

Hay una referencia espacial, a la ciudad de Trecene, que para la heroína  le es, declara, “más ubérrima y amena” que su natal Creta, la de los crueles tributos atenienses. Execra a su esposo, feroz ante el asesinato y en la lucha.

Este amor epistolar, es declaradamente deshonesto. “Venció el amor honesto al deshonesto”. “La vergüenza ha perdido y la firmeza”.

No hay arrepentimiento en esta “Mujer Dionisíaca”. Racine recordará en su obra (1677), a un Teseo distinto,  orgulloso Rey, feroz, llevando tras de sí los corazones (acto III, escena 5).

 

Fedra, en el dramaturgo de la corte de Luis XIV,  es noble, soberbia de pertenecer a tan bella estirpe, se lamenta en el acto III, esc. 3, de haber cometido el crimen de alimentar un amor deshonroso; su estirpe (escena 6) es la gloria de “ese sagrado sol de quien desciendo”, “el cielo, todo el universo, llenos están de mis ascendientes”..En el Poeta Latino,  la escribiente dice desenfadadamente que la Majestad, la Nobleza, pompa y honor, son insignificantes “ante el amor a quien adoro”.

Todo le desea   otorgar esta amante a su querido hijastro, a cambio de su preciado amor, un amor absoluto, entrega ilimitada: “La isla, el alma, el corazón, la vida, / sirva a mi bello Hipólito, el mundo, / la obediencia le dé que le es debida”.

Es una mujer poéticamente desorbitada, en el arte seductor y la gracia ovidiana...

 

  • Ovidio imita la agitada tragedia de Eurípides, en su “Metamorfosis”. En la Fábula IX: “Mirra convertida en árbol”, pertenece al Libro X, la heroína aparece arrebatada por la pasión amorosa que concibe hacia su padre, Ciniras. “Maldad abominable sería el que hubieses aborrecido a tu padre, pero es más abominable el que te enamorases de él”.

 

Utilizo  “Obras” de Ovidio, traducción de F. Crivell, en “Poetas Latinos”, Madrid, 1970, p.  1329).

 

Consciente, dolorosamente de su abominable  inclinación afectiva. Este amor de Mirra está evocado por Ovidio a semejanza del de la Fedra euripídea.

Ambas se avergüenzan del amor que las inquieta. Se contentan  con “tocarle, hablarle y besarle” y sufren grandemente. Intentan suicidarse, “y no encuentra medio ni reposo sino en la muerte”.

Su fiel aya acude en su auxilio e interrógale, sollozando, por el motivo de tal desesperación. Al oír Mirra nombrar a su padre (“viven y están sanos tu madre y tu padre&rdquoGuiño, suspira profundamente: es el motivo literario del Nombre del Amado, que luego Fernando de Rojas, bebiendo en estas fuentes clásicas, imitará en “la Celestina” (1ª edición conocida, 1499).

 

Mirra consuma sus deseos con su padre, quien  al descubrirle el rostro, pretende matarla. Ella, huye, porque , finalmente, con un hijo en su vientre, siéndole odiosa la vida,  pide a los dioses que le muden de forma negándole así la vida y la muerte. De este ilícito amor, nacerá Adonis.  Se convierte en árbol, conservando de su dolorosa existencia humana, sólo el llanto, “pues del tronco se destilan unas cálidas gotas que, corriendo por él a manera de lágrimas, se congelan y forman una preciosa goma...”.

 

En “El Laberinto” (1444) del español Juan de Mena, poeta cordobés del siglo XV, durante el reinado de Juan II, éste evoca tal personaje, en la Tercera Orden de los Planetas, la de Venus. Es el lugar de los adúlteros, incestuosos y pecadores: Clitemnestra y Mirrha. Copla 102 de la obra mencionada, versos 5-8 (edición J. M. Blecua, Clásicos Castellanos, ed. 1968):             “e vimos a Mirra con los derribados, / ermana ya fecha de quien era madre, / e madre  del fijo de su mismo padre, / en contra de leyes umanas e grados”.

 

Otras referencias a Mira en Cristóbal de  Villalón (siglo XVI), con su “La tragedia de Myrrha”,  inspirada en Ovidio; y en Luis de Camoens (1524-1579), “Os Lusíadas” (1572), celebrada epopeya renacenntista. Allí el poeta portugués describe rápidamente las costas árabes del Yemen, donde abunda ese árbol: “”rodean luego las odoríferas costas Sabeas, tan honradas por la madre del hermoso Adonis...” (Canto IV, versión de M. Aranda Sanjuán, edit. Iberia).

El poema épico lusitano es ejemplo de cultura mitológica, de conciencia histórica y humanista, expresada en una entonación “de canora y belicosa trompa”, en un “acento que se extienda y resuene en todo el mundo” (véase: M. A. Bosco, “L. de C.  en el IVº Centenario de su muerte”, ‘La Prensa’, 27-7-1980; H. M. Jofré Barroso, “402 años después de ‘Os Lusíadas’”, íd., 18-8-1974).

 

“Mirra”, la tragedia del amor, escrita por el italiano Vittorio Alfieri en 1787. ansía la muerte como redención y desespera por la  vida que arrastra, detrás de su amor “horrendo e inocente”. Considerada la primera tragedia pre-romántica de la literatura itálica.

Alfieri utiliza la tradición trágica helena en su “Merope”, “Agamenón”, “Oreste”, “Alcestes”. “Antígona”. Lector de Sófocles y Eurípides, de Plutarco y de Terencio, aprendió en ellos la filosofía y en los poetas de la corte del Rey Sol, el equilibrio Neoclásico, que representa en su “Saúl” y en su “Mirra”.

En su “Vita” declaró que  sus tragedias preferidas eran “Fedra” y “Mahoma”, obras  “insuperables en cuanto al asunto , a la trama, a la sublimidad de pensamientos, y a la fuerza emotiva”. Cito por la trad. de A. Leopoldo Bruzzi y S. Infante de Palacios, de “Mirra”, y de Josefina Mz. Gastey, para su “Vida”; con introd., estudios y notas de A. Prieto (en  “Maestros Italianos”, t. I, Barcelona, 1970, p. 1397-1539).

 

Confiesa haber copiado páginas de Racine y de Esquilo. Su “Mirra”, “las horribles tempestades de su corazón apasionado”  le fue sugerida por  la lectura de Ovidio. Pero también Alfieri fue el artista rudo, empecinado de la Libertad y luchador contra toda forma de Tiranía. Como advierte, siempre exacto y sabio, G. Highet “la principal importancia” de su obra “está en que trasmite un mensaje revolucionario en una forma clásica” (“La trad. clásica”, t. II). “V. A. Poeta de la virtud heroica” G. Marone (en su “Viaje al espíritu italiano”, 1973)

 

  • Y en la Fábula ovidiana nº VII: “Biblis transformada en fuente” , del Libro IX.

 

Ciane tiene dos hijos: Caunoy Biblis, “mellizos y de singular hermosura”. He aquí otra pasión inicua, la de Biblis hacia su hermano. Difiere de la tradición de Fedra y Mirra, en que al principio de su vehemente inclinación, cree no pecar, “engañada mucho tiempo con la falaz sombra de piedad”. Progresivamente cae en una grave disyuntiva: el alejamiento o la muerte: “El partido que debo tomar es o expeler de mi corazón este ilícito amor o, si esto no puedo conseguir, desear la  muerte”.

 

Es una amante trémula y abrasada de un deseo que supera los límites del cariño fraternal. Extensamente Ovidio nos muestra las dudas e incendios anímicos de la introspección amorosa.

Biblis escribe un billete donde confiesa su pasión a Cauno, pero, una y otra vez es rechazada por el hermano. Ella abandona su patria.

Afligida con su partida,  Biblis hace pública su locura. Como en el drama de Séneca, Biblis, al igual que Fedra en el arte del filósofo cordobés, queda fuera de sí, se rasga las vestiduras y golpéase furiosamente.

 

Huye, persiguiendo, ya enajenada, a Cauno. Es transformada en fuente, manando agua de lágrimas de sus dolientes ojos, tal la plástica imagen sugerida hermosamente por el autor latino.

 

Ovidio fue vastamente traducido e imitado en España (el poeta latino más traducido al español según afirma M. R. Lida de Malkiel, en su “La tradición clásica en España”, Barcelona, 1975). V. gr., en  la “General  Estoria” de Alfonso X el Sabio, en Juan de Mena, etc. En el siglo XV las “Heroidas” son traducidas con el título  de “El Bursario” por Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara, poeta cancioneril, escritor  de intenciones didácticas, lírico trovadoresco, singular personalidad de la literatura hispánica rescatado por la  brillante filóloga argentina (1910-1962) mencionada, en  sus estudios de 1952 y 1954, reproducidos en sus “Estudios sobre la Literatura Española del siglo XV”, Madrid, 1977, p. 21-114.

 

Escribió “Cadira de honor”, un tratado sobre la Nobleza y la Heráldica; una novela sentimental “Siervo libre de amor”, con la paralela “Estoria de los dos amadores”, “Triunfo de las donas”, etc.. La novela sentimental más leída y de mayor influencia fue la de Diego de San Pedro, “Cárcel de Amor” (impr. en 1492), uno de sus antecedentes fue “La Fiammetta” de Boccaccio, que presenta  la pasión amorosa analizada psicológicamente y en detalle, novela erótica y caballeresca, alegórica y retórica; la minuciosa descripción de las emociones predomina por sobre la acción exterior, por ello Ovidio, elegante “poeta del amor”, fue su preferido.

Rodríguez del Padrón canta también al Amor. Su influjo ovidiano se hace notar, p. ej., en la “Epístola de Madreselva a Mausol”, cautiva de amor, es una “heroida” que escribe, de noche a su amado, en la cárcel.  E imita la “Fedra” de Séneca en la glosa de la “Sátira de felice e infelice vida” del Condestable de Portugal., Don Pedro (1429-1466). La fiel Creta de la “Epístola...” citada, se parece a la confidente nodriza senequista.

Son constantes las alusiones mitológicas y acude a Ovidio como fuente principal de su doctrina. El nombre de la fiel nodriza de Madreselva habría sido sugerido  al autor, por los primeros versos de Séneca en la IIª escena del acto I, cuando Fedra exclama: “¡Oh Creta grandiosa, que dominas la inmensidad del mar”..

 

 

Bibliografía complementaria:

 

Jean Bayet: “La literatura latina” (1972) – “El siglo de Augusto” Pierre Grimal (1977) – “Las Heroidas de O. y su huella en las Letras Españolas” A. Alatorre, prólogo a la obra de O., México, 1950 -  “Orígenes de la novela” M. Mz. y Pelayo (Madrid, 1905-1915).


Publicado por Desconocido @ 22:18
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