sábado, 03 de enero de 2009

                        EL MITO DE FEDRA EN GUIDO Y SPANO Y EN GROUSSAC.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- Carlos Guido y Spano.

 

Nuestro poeta, nacido en 1827 y muerto en 1918, fue un Clásico y un Romántico.

 

Lector fervoroso de la “Antología Griega” en traducción francesa, se constituyó, por la altura y perfección de su arte, en el prócer de la Belleza en Sudamérica, así considerado en su época (p. ej., por Ricardo Rojas).  “Es la personificación de la Poesía” (J. V. González)

 

Su estro poético, “la Musa de C. G. y Spano”  había nacido, hermosa y ágil, “en las comarcas más sonrientes de la antigua Grecia” (Calixto Oyuela, “Estuios literarios”, ed. Academia Argentina de Letras, 1943, t. I, p. 91-94).).

 

“La Grecia, la fecunda Grecia de los mármoles luminosos y del Amor soberano de los hombres, fue por Guido trasplantada a nuestra naciente poesía lírica... La musa helénica nos ha visitado, conducida con mano finísima y suave por nuestro poeta, que ha aprendido a manejar con serenidad y pulcritud de escultor ateniense el cincel con que se  labra el Paros o el Pentélico. Su estilo, ya burile versos, ya vierta su límpida prosa, es siempre un hijo preclaro de la augusta y serena región que inmortalizaron Homero, Píndaro y Safo”.

 

(Joaquín V. González, en su “Ideales y caracteres”, 1903 y reproducido  fragmentariamente en las “Poesías Completas” de Guido, Maucci, 1911, p. V-XIII).

 

Su obra acusa ecos románticos y ansias de Clasicismo.

 

Confesaba  el poeta haber deseado nacer en el siglo de Pericles –el de Aspasia (V a. C.) o en el de Petrarca –con Laura (XIV).

 

Amante del Mundo Antiguo, en “Roma intangible” (1887), de su “Ecos Lejanos”:

 

                        “Roma antigua o moderna

                        es siempre Roma eterna.

                 Cúmplanse en las edades sus destinos,

                 y resplandezca con perpetua gloria

                 en las excelsas cumbres de la historia

                 el lábaro inmortal de los latinos!”.

 

                        (en su “Poesías Completas”, ed. cit., p. 333).

 

José E. Rodó (1871-1917), el pensador y ensayista uruguayo,  en su “El Mirador de Próspero” (1913, incluido en sus “Obras Completas”, Madrid, 1967, 2ª ed.), observa que la Belleza Ática a que aspiró el escritor en su obra  y en su vida, se hermana con las “alas blancas y sedosas” de “los alejandrinos de Racine”.

 

La melancolía clásica de “Nenia” o “Marmórea” sugiere –continúa el autor de “Ariel”- “las sombras de las heroínas de Eurípides, el eco de las quejas de Dido”, el “mármol antiguo” de Chénier.

En “La Revista Nacional” alabó  el oriental, “la continencia horaciana” del cincelado estilo de  Guido y Spano. (ver “Obras completas”, ed. cit., p. 815).

 

El Teatro, la Crítica teatral, ocupó sus horas de madurez en 1867. Así abrió el camino que seguirían Calixto Oyuela, Santiago Estrada y Paul Groussac entre otros.

 

Escribió sobre la Rístori, o las representaciones de “María Estuardo”, “Los hugonotes”, “Judith”, y entre otras, no menos ágiles y de buen  dibujada prosa, sobre “Fedra”.

 

El artículo sobre este último tema está recogido en su caudalosa “Ráfagas”, miscelánea de historia, polémicas políticas, administración y Letras, publicado por Librería del Colegio, de Igón Hnos., en Buenos Aires, 1879, en dos volúmenes.

 

“La prosa de Guido es en general, una de las más elegantes y limpias de la literatura argentina”, es el autorizado juicio de R. Rojas en su “Historia de la literatura argentina”, ed. Kraft, 1960, vol. VIII, p. 264-276).

 

 

2.- Paul Groussac.-

 

Aseveró sustancialmente el crítico Roberto Giusti  que Groussac (1848-1929) se mantuvo toda su vida huraño y descontentadizo, agrio y desdeñoso,  pero “enseñó con su insistente rezongo a desconfiar de la improvisación, la ignorancia, la superchería, la audacia presuntuosa, y a precaverse contra el mal gusto, la pereza y la incuria” (“Proyecciones del siglo XX. P. G.”, en “Hist. de la Liter. Arg.”, R. A. Arrieta, dir., Peuser, tomo IV).

 

Francés de nacimiento, se constituyó en un censor implacable de los defectos típicamente argentinos: el descuido de la gramática, la ausencia de lógica y coherencia en la expresión y de perseverancia y método en el pensamiento.

 

Ante tanta incultura y cerrazón mental de estas tierras, se encrespaba en actitud irritada e irritable.

 

Aníbal Ponce advirtió la indolencia e improvisación de los intelectuales nuestros, que tanto criticaba Groussac. A pesar de la honestidad crítica y el llamado constante al rigor del estudio del escritor galo-argentino, a la labor tenaz y a la adquisición de un juicio sólido y firme, “en torno suyo continuó prosperando, aún en los mejores (...), la improvisación que rehúsa a los rigores del estudio, la indolencia que acepta soluciones fáciles”. “Frente al rimbombo del criollo y al colorín del mulato”, “sin conceder nada a la pereza, Groussac se propuso enseñar la dignidad del trabajo sometido al método” (“Los autores y los libros”, edic. El viento en el mundo, ed. 1970).

 

“Fue un verdadero maestro de América” ha expresado Jorge Luis Borges. Su obra capital ha sido las enseñanzas que están en su estilo.... (Borges: “Recordando a P. G.” Entrevista de M. E. Vázquez, en ‘La Nación’, 1-7-1979).

 

Quizás “se desvanezca con el tiempo el recuerdo vivo de su figura señorial, de su palabra acerada, de su mirada penetrante, pero es seguro que con el tiempo cobrarán sazón los frutos de su inteligencia, legado inestimable que ha enriquecido más allá de lo que solemos suponer, nuestro haber intelectual” (J. L. Romero: “La experiencia argentina”, Belgrano, 1980).

 

Con su obra crítica, ejemplar en varios sentidos, el autor de “La divisa punzó”, “Los que pasaban”, “Del Plata al Niágara”, etc., ha enriquecido el haber de nuestra Cultura: “no gozará quizá –si es que eso es gozar- de popularidad multitudinaria. Pensó y escribió siempre para satisfacer a los espíritus más austeros y rigurosos, no para complacer a los más indulgentes...” (Romero, loc. cit.).

 

Hirió con firmeza nuestro “culto del floripondio” y otras vaciedades; nos insta aún  a la severidad en el juicio y a la justeza en la elocución.

 

Asemeja a nuestra gran Sarmiento en su agresividad, su mordacidad, instinto crítico y universalidad. Fustigador áspero de los vicios americanos. Espíritu independiente, civilizador incansable como el sanjuanino genial, a quien admiró con algunas reticencias.

 

Poseía el don del estilo, del orden y claridad de su inteligencia, de la escritura ajustada, precisa, lógicamente trabada, del decoro y la limpieza al modo de los Grandes Clásicos, de los Neoclásicos franceses, de Racine y Boileau, sus amados coterráneos.

 

Profesor en Tucumán, Director de la Biblioteca Nacional, fecundo escritor, ensayista y crítico, amó a ésta, su segunda Patria, donde maduró su talento literario y donde ejerció  su Magisterio noble y a veces intemperante: “Ensayo sobre el Tucumán, “De Mendoza a Garay”, “Liniers”, “Estudios de Historia Argentina”, “Las Islas Malvinas”, etc.

 

Fue además, crítico de Teatro y de Música. Y entre sus recensiones famosas, y exigentes ( a veces demasiado), encontramos una dedicada a la representación de “Fedra” de Jean Racine , por la  célebre Sarah Bernhardt, en Buenos Aires (incluido en su “El Viaje intelectual”, 2ª serie, 1920, reed. 2005)..

 

Como los escritores de la corte del Luis XIV, Groussac identificaba estilo con buen gusto, y  sazón en el decir y el escribir. El contorno nítido del estilo francés por sobre la incorrección y hojarasca hispánicas (Amado Alonso, “P. G. estilista”, en su “Materia y forma en poesía”, Madrid, 1955).

 

Admirador del genio dramático y de la escritura de Jean Racine (1639-1699), había recibido una sólida educación literaria en Francia, que le brindó un amplio saber, un fuerte raciocinio y un estricto  criterio artístico.

 

El sentido del ritmo de la prosa y el verso y la disciplinada arquitectura de los conceptos, le vienen, por supuesto, de la Cultura de su tierra natal...


Publicado por Desconocido @ 21:13
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