EL MITO DE FEDRA EN LA “COMEDIA” DEL DANTE.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Dante Alighieri (1265-1321). El lector de la “Divina Comedia” ve sustancialmente en ella, “referencias a luchas de ciudades, contiendas de bandos, a querellas de barrio y a los íntimos problemas de un poeta” (A. J. Battistessa).
Poeta del Cielo y de la Tierra. Su obra refleja un deseo apasionado de Trascendencia (influjo preponderantemente católico) y una acendrada pasión por el mundo terreno (los políticos y religiosos de la terrible época en que vivió, la memoria de los amados personajes antiguos y coetáneos).
Enseñó el prof. Battistessa: “Pero como Sakespeare, o como Goethe, Dante no es únicamente un gran poeta: es asimismo un poeta completo, un Poeta Total: ecuménico, como decimos ahora, o católico, esto es, universal, como se prefería decir en su tiempo”.
En el Canto XXV de su “Paradiso” califica a su obra como “el poema sacro en el que han puesto mano cielo y tierra”.
Utilizó la edición : trad., Pról.. y notas de A. J. Battistessa, Fondo Nacional de las Artes, 1972, 2 ts.. También “Homenaje a Dante” Battistessa-Pólito-Frattoni y otros, Univ. Nac. de La Plata, Facultad Humanidades y Ciencias de la Educ., 1966.
El famoso viaje dantesco por las esferas celestes, tiene como mentor al dulce Virgilio (70-19 a. C.), “aquella fuente que expande de elocuencia tan gran río”. El Poeta Romano guía y maestro de la Literatura Medieval. “Nacqui sub Iulio, ancor che foie tardi, / e vissi a Roma sotto ‘l buono Augusto / al tempo de li dei falsi brigiardi” (Canto I del ‘Infierno’, v. 70 y ss.).
El toscano reconoce en el mantuano, al sabio y mentor: “Tu se’ lo mio maestro e ‘lmio autore;”, “eres el solo de quien he tomado / el bello estilo que me ha dado gloria” (canto I, v. 85-87).
Como observa Gilbert Highet (“La tradición clásica”, México, 1978, 1ª reimpr., t. I, p. 118-133) el objeto de la vida del Dante “fue crear, ser, mejor dicho, la más estrecha conexión posible entre el mundo grecorromano y el suyo (...), afirmaba que el mundo moderno no podía realizarse a sí mismo sin el mundo de la Antigüedad Clásica...”.
En el Primer Círculo, el Limbo, p. ej., ve, con unción, y asombradísimo, a célebres pensadores antiguos: Aristóteles, Séneca, Heráclito, Tales. Todos ellos “carecen del bautismo / que es puerta de la fe en que tú crees” le explica Virgilio.
En ese ámbito de tinieblas ve también a Homero, “poeta soberano”, “el satírico Horacio”, Ovidio y Lucano.
Y a través de los 3 Cantos alude a personajes mitológicos como la Medusa, las Erinias, las Arpías, Júpiter, Hércules, Mirra, Helena, Circe, el rey Minos de Creta, Teseo...y Fedra.
Utiliza el mundo Clásico con fin ejemplarizador, con intención espiritual, teológica, v. gr., en los cantos XXIV y XXV del “Infierno”, los ladrones se transforman en serpientes, en descripción impresionante del poeta. Esta tremenda metamorfosis de hondo sentido y no sólo ornamental, como el arte de Ovidio (ver O. Frattoni, “Homenaje...”, cit.).
En el canto XIII del “Inf.”, lloran los suicidas, violentos contra sí mismos, apresadas sus “almas laceradas” en las ramas de un árbol. E. R. Curtius señala que el “latinismo” dantesco es Medieval, Retórica Teológica, raíz Cristiana y Paganizante, y no Humanística, y menciona a la “Metamorfosis” ovidiana como la única obra antigua a la cual se equipara en riqueza y cantidad de figuras ejemplares; y destaca la novedad dantesca, al presentar personajes de la historia contemporánea. (Curtius: “Dante”, en su “Literatura Europea y Edad Media Latina”, México, ed. 1975, t. II, p. 499-543).
El Mundo Clásico está, pues, activamente presente en la inmortal obra. Por otra parte el autor señala gustosamente su ascendencia romana y, además, había escrito en latín su “De vulgari eloquentia”, “De Monarchia” y “Quaestio de aqua et terra”, y las “Eglogae”.
En “De Monarchia” sostiene que Roma es la elegida por Dios para guiarnos en la instauración de una “Monarquía Universal”, con el imperio de la Ley.
En el “Purgatorio”, canto XXXIII, anuncia la venida de un año en que Roma tendrá el Imperio del Planeta. Y en “De vulgari eloquentia” sostiene que la imitación de los Clásicos y la adopción y perfeccionamiento de la “lengua vulgar”, son la base y la clave para alcanzar la altura expresiva y el pensamiento de la literatura Latina: “cuanto más de cerca los imitemos, tanto más correctamente escribiremos..., cuando nos aprestamos a escribir una obra de arte, nos conviene emular las obras poéticas de aquéllos” (trad. de V. Parravicini, en “Homenaje a D.A.”, ed. cit., p. 111 y ss.).
Dante sitúa su “Commedia” entre el arte trágico de Séneca y Terencio. El Infierno es “horrible y fétido” como el final de las obras senequistas y el Paraíso es próspero, “deseable y grato”, como los finales en las comedias terencianas (“Epístola XIII&rdquo
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En el “Paraíso”, luego de que Beatriz alaba cumplidamente la perfección y orden del Universo (“a ese orden que digo se enderezan / todos los seres, de diversos modos, / más ó menos vecinos a su origen”, canto I, v. 109-111), transita por ámbitos inmensamente luminosos: “en el cielo que más luz arrebata, / estuve yo, y vi cosas que decirlas / no puede el que de allá hasta aquí desciende...”.
Asciende desde el Cielo de la Luna, por el de Mercurio, al de Venus, al del Sol, de Marte, de Júpiter, Saturno, al Cielo estrellado u Octavo Cielo, al Cielo cristalino o Noveno Cielo y sube finalmente al más radiante de todos, el Cielo Empíreo, en que su verbo no alcanza a sugerir la Belleza y Esplendor de tal lugar.
, comienza el Quinto Cielo o Cielo de Marte, en el que habitan, luminosamente, los “espíritus heroicos”. Reina aquí una luz más roja, y “corrían luces centelleando fuerte”.
Esa luz que lo impresiona es la que irradian los espíritus de los Mártires de la Fe. Aparece en este canto, su antepasado, su tatarabuelo Cacciaguida degli Elisei (ca. 1091-ca. 1148), militar-cruzado también florentino, y una evocación de Florencia, “en santa paz, púdica y sobria” y sus antiguas y principales familias.
Desea en el canto XVII conocer su futuro y se siente “ben vetrágono ai colpi di ventura”, es decir, firme y fuerte ante los avatares de la experiencia vital. Cacciaguida, al que alude en el v. 28 como una “luz” le responde sobre “el tiempo que se te prepara” (v. 45):
“Qual si partio Hipólito d’Atene
per la spietata e perfida noverca,
tal di Fiorenza partir ti convene”:
“Cual se alejó Hipólito de Atenas
por despiadada y pérfida madrastra,
tal de Florencia partir te conviene”
(v. 46-48, trad. cit.).
Esta “spietata e perfida noverca” es, pues, Fedra, la trágica esposa de Teseo. Y Cacciaguida, con “clara palabra y con preciso latín”, asocia una profecía de intención biográfica, a una clara alusión al mito griego, recreado por Eurípides, el Trágico griego (480-406 a. C.) y Lucio Anneo Séneca (4 a. C.- 65) el filósofo y escritor hispano-romano.
En v. 19 y 23 se refiere a anteriores profecías dichas por Farinata degli Uberti (aristócrata y líder gibelino, muerto en 1264) y Brunetto Latini (ca. 1220-1294, polítito y humanista), entre otros.: “de mi vida futura, se me dijo palabras graves”.
En el canto XV, su maestro, Brunetto, le previene sobre la ingratitud de su pueblo, “quello ingrato popolo maligno / te si fará, per tuo ben far, nemico”. “Mas ese ingrato pueblo pervertido..., por tu bondad, de ti se hará enemigo” (v. 61 y 64).Véase también Corrado Malaspina (el Joven, muerto ca. 1294) en canto VIII del “Purgatorio”, v. 136-138.
En el “Inf.”, canto X le es sugerido ya su sino doloroso de “Peregrino” hasta el día de su muerte: “Cuando te halles frente al dulce rayo de aquella cuyos ojos lo ven todo, de ella sabrás el viaje de tu vida” (v. 130-132).
Será la “proscripción” el “viaje de toda su vida” y su deseo de regresar, una trágica imposibilidad, según el anuncio de Farinata degli Uberti, “ya sabrás cuánto ese arte pesa”, v. 81. Tal peregrinaje, su destierro, durará veinte años, sólo fenecerá con su misma muerte...
Sabemos que Hipólito es desterrado por Teseo quien acepta las razones de Fedra, su agitada esposa. Por estas falsas acusaciones sufre el exilio y halla la muerte. Me acusas sin culpa” manifiesta su hijo a Teseo (en Eurípides) y éste lo impreca:
“¡oh tú, el más malvado de los hombres!”. “¡Cuánta es mi desventura, despedazado injustamente a causa de las imprecaciones de un padre, también injusto” (“Teatro griego”, trad. F. Baráibar, ed. Madrid, 1970, p. 946).
Así como el hijastro es arrojado del reino de Fedra inicuamente, Dante se lamentará de verse separado de la muy bella y famosa hija de Roma: Florencia, “de su muy dulce regazo” declara en su “Convivio”. Él sufrirá el doloroso exilio, el cruel “abismo” por razones político-religiosas, luego de haber intervenido intensamente en la vida pública florentina. Soportará “¡ La pena... del exilio y de la pobreza” (ob. cit., IV, ed. de F. Molina, 2005, Madrid).).
Corre el infausto año 1301 y el Alighieri debe abandonar Fiorenza antes de perecer en la hoguera. La ciudad estaba agitada en el siglo XIII por la cruenta escisión entre “negros” y “blancos”, subdivisión de los “güelfos”, partido del Emperador. Desde aquí llevará una trabajosa vida de exiliado (“tú probarás cómo a salado sabe el pan ajeno...&rdquo
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Escribe en su “Convivio”: “he ido peregrinando, mendigando casi exhibiendo a pesar mío, la llaga de la fortuna...”.
Alto y noble como un Romano de la dorada época del Emperador Augusto, “la crueldad le obligaba a inclinar la cerviz; pero su alta misión de Poeta le hizo levantar la frente y orientarla hacia las armonías siderales” (J. L. Pagano: “Evocaciones”, Academia Arg. de Letras, 1964).
En una de sus muy sentidas “Epístolas”, la VI (1311), se llama con violenta expresión: “florentiniis et et exul inmeritus scelestissimis florentinis intrinsecis” “Obras Completas” de S. A., ed. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos).
Y en el “Paraíso” ansía que su obra, que “tantos años me ha tenido magro” (consumido), le sirva como calmante para volver al “bello ovile ov’io dormi’ agnello”, el hermoso lugar natal, “retornaré Poeta” (canto XXV).
(V. R. Sáenz Hayes: “”D. A.”, en su “Ensayos y semblanzas”, 1970, p. 9-32. L. Gianello: “El ambiente histórico en la época de Dante”, ‘La Nación’, 21-9-1969).
Porque un Desterrado es el más sin ventura de todos los cautivos, pues tiene por cárcel al mundo entero, según escribió el romántico inglés Lord Byron en su “Profecía de Dante” (1821), canto IV. Dante, perseguido y prófugo, por la calumnia y la infamia se transformó en el Cristiano Errante que tan justamente evocó J. L. Pagano en cita anterior.
De esta forma, aunque algo tangencialmente, pero con claro sentido, es evocado por Dante el Mito de Hipólito y su madrastra, en conexión con la referida profecía de su antepasado.
Vio en Hipólito el símbolo de la injusticia de su destierro asociando tal elemento mitológico, a un suceso decisivo de su propia biografía, que lo afectó profundamente, viviendo en una acuciante nostalgia por la ciudad leonardesca y un ascendente amor por la Libertad.