Por Guillermo R. Gagliardi.
1.- “Las Ranas”, de Aristófanes.
Aristófanes (450-382 a. C.) fue el Censor y el Satírico de su tiempo. Político y Sociólogo desde la Universalidad y Temporalidad de su Arte.
En “Las nubes” critica la Educación Sofística de su época; la Tiranía y la Demagogia, en su “Los Caballeros”. En “Las Tesmoforantes” presenta un Coro de Mujeres que desean matar a Eurípides por representarlas siempre malignas y viciosas en sus Tragedias.
Sus Comedias destilan una alegría vital, un “entusiasmo dionisíaco” (Jaeger) exuberantes...
En “Las ranas” (405 a. C.), a través de la disputa por el Trono de la Tragedia, su autor oficia de Crítico, coloca en diálogo a Esquilo y a Eurípides. Éste es atacado agudamente, por su elocuencia demasiado sutil y por su escenificación de “Amores ilícitos”:“¿No te avergüenzas de tus monólogos cretenses y de los incestuosos himeneos que han introducido en el arte trágico?”.
Utilizo “Teatro Griego”, trad. F. Baráibar y Zumárraga, Madrid, ed. 1970, p. 1283-1982.
Se refiere ahí su autor, por medio de Esquilo, a “Hipólito” cuyo ámbito trágico reside en la isla de Creta. Sabemos que el arte euripídeo es “moderno” en cuanto a la individualidad psicológica de las criaturas que ofrece en la escena, mientras que el drama de Esquilo transcurre en un plano de Dioses y Semidioses.
Eurípides de Salamina (480-406 a. C.) enseñó “el arte de discurrir, ver, entender, engañar, amar, intrigar, sospechar...”. Trajo la Cotidianeidad al Drama literario: “Puse en escena la vida de familia y las cosas más usuales y comunes”.
Aristófanes enjuicia al trágico por las falencias de su vida privada, esta vez por boca del dios Dionisos: “Cierto, cierto; los delitos que imputaste a las mujeres de otros los viste en la tuya propia”.
Esta crítica aristofanesca se convirtió en una “persecución” (W. Jaeger: “Paideia”, ed. 1980, 5ª reimpr., p. 325-344).
Pregunta al autor de “Hipólito”:“¿He cambiado en lo más mínimo la historia de Fedra?”.“Es verdad, no la has cambiado” respóndele Esquilo. Éste le reprocha el no ocultar el vicio: “pero un buen poeta debe ocultar el vicio y no sacarlo a la luz”. “Nunca puse en escena Fedras ni impúdicas Estenobeas”.
Aristófanes recrimina al autor del “Hipólito” escenificar amores vergonzantes.
El criterio valorativo que el autor de la “Orestíada” (458 a. C.) esgrime, es moral: “Nuestra obligación es enseñar sólo el Bien”.
Continúa: “¿De qué crímenes no es autor?. ¿No ha puesto en escena alcahuetas, mujeres que paren en sagrado, hermanas incestuosas y otras que dicen que la vida no es la vida?”.
Siempre la burla mordaz, que dio origen al género, en las “parábasis” y “komos” (F. Rz. Adrados: “Fiesta, comedia, tragedia&rdquo
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Aristófanes incluye en los Parlamentos de esquilianos, la Parodia de algunas escenas de Eurípides, con abundantes burlas y recriminaciones entre ambos personajes.. Estas últimas con “chanzas de comedias” (según A. Lesky, “Hist. de la lit. griega”; cap. “la Ilustración y sus adversarios. 5. La comedia política. A.”, p. 454-481) y no debemos entenderlas como un odio profundo hacia el autor de “Hécuba”: “A. sabía que aquel a quien provocaba era uno de los grandes del reino del espíritu” (ob. cit., p. 475).
Definitivamente, revivimos esta comedia de tono trágico con el solo objeto de señalar una breve presencia del mito de Fedra en sus críticas al estilo e ideas del drama euripídeo y en última instancia, para deleitarnos e instruirnos con la obra de un gran escritor, de vigencia contemporánea por su mordacidad y la supervivencia de los problemas que analiza (la demagogia, la educación, la deshumanización del arte, los vicios de la civilización).
El escritor-pensador argentino Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) tenía a Aristófanes como uno de sus “númenes tutelares” y aseveraba que “los problemas aristofanescos son problemas eternos de la vida en sociedad, del pensamiento y la acción, del interés y del egoísmo públicos” (“Volviendo a Aristófanes”, en su “En torno a Kafka y otros ensayos”, Barcelona, 1967, p. 45-54).
(Puede leerse también, Alfredo de la Guardia: “A.: crítica teatral en el teatro” , en su “Visión de la crítica dramática”, La Pléyade, 1970. Alberto J. Vaccaro: “A. y la comedia antigua”, en su “Introducción al teatro clásico”, Columba, 1971, p. 45-50; etc.).
2.- La “Oda VII” de Horacio.
“Parece que sin Horacio falta la justa proporción de la cordura y el átomo de sabiduría que aclara la vida” enseñó Arturo Marraso (en su “Rubén Dario”, ed. 1973).
Fray Luis de León, Moratín (padre e hijo), Menéndez y Pelayo, Fernando de Herrera, , G. Carducci, y Juan Cruz Varela y Bartolomé Mitre entre nosotros, han sido destacados traductores y lectores amantísimos del Poeta latino Quinto Horacio Flaco (65-27 a. C.).
Estemos seguros que al leerlo, aprenderemos verdadera Filosofía, expresada concisa y bellamente: “fortuna non mutat genus”, “mors ultima linea rerum est”, “vilius argentum est auro, virtutibus aureum”, “parvum parva decent”, son algunas de sus perdurables enseñanzas (v. A. J. Vaccaro: “Hilos que movieron la lírica de H.”, ‘La Prensa’, 28-8-1977).
Horacio canta la Grandeza de Roma, las riquezas y bienes de los hijos de Rómulo. Ha sabido como pocos escritores de la Humanidad, “germinar miles de ideas en algún cerebro”, “luz y armonías”. “¡Tiempo feliz de Griegos y Latinos!. Alma, serenidad, dulce concierto de cuantas fuerzas en el hombre moran;...” son versos de la conceptuosa poesía “Epístola a Horacio” de Mz. y Pelayo, que no pueden ser desconocidos, al decir del bibliógrafo de Santander, para “recreo del espíritu y por necesidad estética y moral”, por los amantes de las Letras Clásicas.
En nuestras horas de estudio y deleite, Belleza y Enseñanza, con el autor de las “Odas”, nos encontramos con la Séptima composición, del Libro Cuarto. Y, en ella, una mención del hijastro de Fedra.
Serena y tersa reflexión, siempre ágil y de expresión ajustada, sobre la caducidad de los bienes mundanos. Es la Oda “A Manlio Torcuato”: “el año y hasta la hora que arrebata el día presente nos aconsejan no esperar nada duradero” (“Poetas Latinos”, trad. Germán Salinas, ed. Madrid, 1970; también selección de María L. Acuña, Columba).
Sobresale la eterna frase “Diffugere nives”, de sagrada procedencia: en el “Eclesiastés” y en “El Libro de Job” se afirma la vanidad implacable de las cosas humanas. “Pasa una generación y viene otra, pero la tierra permanece para siempre”, Ecl., Pról.. 1.
“El año y presto vuelo / del hora que huyendo roba el día / te enseña, que en el suelo / no esperes bien durable” traduce Fray Luis (“Poesías”, ed. Planeta, 1970, p. 239)- Esta versión luisiana es fragmentaria.
Evoca el autor el eterno retorno de las estaciones, el reflorecimiento periódico de los diversos elementos del Cosmos, con excepción, trágica, de la vida humana: “El curso acelerado de los meses repara los daños de las estaciones; pero nosotros, si caemos en el lugar que habitan el piadoso Eneas, Anco o Tulo Hostilio, quedamos convertidos en polvo y sombra”.
La vanidad de lo terreno y el amor, constituyen los Temas Poéticos por excelencia. “Todo cambia en este mundo e inconstante es la vida humana, y sujeta a muchos errores” reflexiona el Coro en el “Hipólito” de Eurípides...
Horacio nos precave sobre la inutilidad de los títulos y las palabras ante la irreversible muerte: “Así que dejes de ser, Torcuato, y Minos haya pronunciado su última palabra, ni la piedad, ni la elocuencia, ni el ilustre linaje te restituirá a la vida”.
En el fragmento transcripto menciona a Minos, hijo de Zeus y Rey de Creta, que también aparece en la “Comedia” dantesca, como uno de los Jueces del Infierno, guardando la puerta del Segundo Círculo del Averno (los Lujuriosos): “Allí Minos horriblemente ulula;: / examina las culpas en la entrada; / juzga y manda según se enrosca” (trad. A. J. Battistessa, “Infierno”, canto V, v. 4-6).
Este sabio rey fue el abuelo de Minos, el esposo de Pasifae y padre de Fedra y Ariadna.
Y en la estrofa última, Horacio recuerda al “candido” Hipólito, a la diosa Diana la cazadora y al esposo de Fedra, el rey Teseo: “Diana no logra libertar de las tinieblas eternas al pudoroso Hipólito, ni Teseo romper las cadenas que sujetan a su caro Piritoo en el infierno”.
Teseo es héroe nacional de Grecia y fundador de Atenas según Plutarco. Horacio anota que la profunda amistad con Piritoo, con quien luchó contra los Centauros y contra el Jabalí calidonio, no logrará su regreso del Infierno. Y También Artemisa-Diana, diosa de los bosques y la caza, en donde sabemos por Eurípides, que se refugiaba castamente Hipólito.
Sugiere el Poeta, la imposibilidad de que el hijastro de Fedra, castigado injustamente por Poseidón a solicitud de Teseo, vuelva al mundo cotidiano.
Según el Mito, y en la trágica versión euripídea, muere destrozado por un monstruo marino. En la tragedia griega, Artemisa concede a su cultor la eterna veneración de las doncellas, castas y puras como él (“Epílogo&rdquo
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En las “Odas” sobresale la sentencia, le añade un símbolismo moral, como en sus esquelas amistosas, frases confidencias de tono ético y cuando cita a los mitos helenos (Jean Bayet, “Historia de la liter. Latina”, Barcelona, 1972, p. 242-256).
La cita de Hipólito, Diana y Teseo es una evidente imitación griega, su originalidad radica en el equilibrio de significados (“lucidus ordo&rdquo
y estilo, en su personal dosificación de Poesía y Filosofía, de un fino escepticismo y leve ironía...
(v. Amalia S. Nocito: “La continuidad en la actitud poética de H.”, en Boletín Acad. Arg. de Letras, nº 159-160, en.-jun. 1976).
Esta breve referencia, aunada a las meditaciones anotadas, nos han inducido a leer y comentar los versos imperecederos de Horacio. El valor de su Arte es Eterno, por el cuidado de la escritura, la actitud ejemplificadora, serena y moderada... Es un Clásico y por ello: “nos aclara la vida” como ha enseñado el maestro Marasso....
3.- Boileau.
Escribió el gran Crítico, Sainte-Beuve (1804-1869), en sus ricos y célebres “Retratos literarios”: “Desde el fallecimiento de Boileau, se han suscitado con respecto a él incesantes y largas y continuadas querellas. Al mismo tiempo que la posteridad con unánimes aclamaciones aceptaba y pregonaba la gloria de los Corneille, de los Moliére, de los Racine y de los La Fontaine, discutíase y analizábase con rigor inusitado los títulos de Boileau...Sabido es el fundamento de tanta antipatía y hostilidad: que Boileau no era “sensible”...No obstante, a pesar de los desdenes, las sonrisas y los epigramas, su fama literaria resistió y cada día se fue consolidando. ‘El poeta del buen sentido, el legislador de nuestro Parnaso’ conservó su autoridad suprema. La frase de Voltaire: ‘No hablemos mal de Nicolás, que esto es de mal augurio’, hizo fortuna y se convirtió en proverbio. Las ideas positivas del siglo XVIII y la filosofía de Condillac triunfantes, marcaron con un sello más durable la fama del más correcto, del más lógico, del más sensato de los poetas”.
Más adelante define no menos acertadamente: “Boileau, a nuestro juicio, es un talento sensato, fino, mordaz, pero poco fecundo; buen escritor en verso; religioso observador del verdadero gusto y oráculo de la Corte y de las Letras del tiempo en que vivió..., mezcla de sentido recto y de insuficiencia, de miras justas aunque de poco alcance” (“Grandes escritores”, E.M.C.A., versión de D. N. Estevanez, 1944, p. 129-140).
Criado sin cariños ni miramientos (con 15 hermanos), “ a edad muy temprana perdió la madre. Desde ese instante empezó su soledad” (Leonidas de Vedia, “Biografías ejemplares. La singular vida de B.”, ‘La Nación’, 22-11-1936). Estudió y se tituló en Derecho, vivió de la literatura y de las rentas de un Priorato...
Sainte-Beuve estudia brillantemente ese ambiente familiar y destaca su influencia en la conformación del genio, seco, rígido, temido por los artistas del siglo de Luis XIV: “como no tenía un genio soñador, ni estaba rodeado de mimos y ternuras, se acostumbró desde niño a ver las cosas con sentido, con severidad” (loc. cit.).
Legislador incorruptible en el “Arte Poética” (1674), crítico y satírico en sus “Epístolas” (1669-1695) y “Sátiras” (1660-1667) , lector de Juvenal y Horacio.
Su crítica ejemplarizadora de los malos escritores es clasificada como “dogmático-hedonista” por Carmelo Bonet en su “La crítica literaria” (div. ed.): sus exégesis derivan de su gusto, que no se aparta de los criterios del “buen gusto” y la Razón clásica.
Cita Pierre de Lacretelle, en su “Racine” (Austral, 1974, Madrid) “Seis sonetos sobre la querella de las dos ‘Fedras’”, según E. Magne en “Bibliografía general de las obras de Boileau”, 1922...
Racine y Boileau sellan su amistad (relativa) al escribir aquél su segunda tragedia, “Alejandor Magno” (1665). Boileau le aconseja y apoya. Al decir de algunos estudiosos, B. fue una de las pocas amistades que Racine mantendría toda su vida.
En 1677 serán ambos historiógrafos del Rey Sol, activo y luminoso uno, apoltronado y más pusilánime, el crítico. Académico de Francia desde 1684. Fue introducido en la Corte de Versailles por Mme. de Montespan en 1674 (según otros fue el mismo Racine), pero no poseía el “espíritu cortesano” de éste.
Rencoroso Nicolás Boileau-Despreaux (1636-1711), fue celoso y tan o más envidioso que sus colegas, como Racine. De Lacretelle en su “Vida Privada de Racine” (cit.) advierte que el crítico “no es el alma pura, el censor inflexible que juzga en nombre de la moral y del arte”, sino que es “un ser malvado”, irritable, cobarde, hipersensible.
En su “Epístola VII” consoló a Racine del fracaso, en la representación de su “Phédre”, por intrigas cortesanas con la obra homónima de Nicolás (ó Jacques) Pradon (1632-1698)...
(Ver también “El Neoclasicismo”, René Wellek, en su “Hist. de la crítica moderna”, t. 1. “Boileau contra Racine”, en “Revue de Paris”, 1902. “Teorías sobre texto dramático y representación teatral”, Raúl H. Castagnino, Plus Ultra, 1981, cap. IX, p. 66-70).