sábado, 10 de enero de 2009

        FEDRA-HIPÓLITO,  “LA TRAGEDIA DEL DESAMOR” DE  C. J.  CELA.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

Camilo José Cela, gallego, 1916-2002. Premio Nobel de Literatura 1989.

 

Viajero sin cansancio, original escritor, de los más destacados creadores de la Literatura Española del siglo XX.

 

Maestro de la  Lengua, Académico y novelista impar.

“La familia de Pascual Duarte” y “La colmena” le dieron famade cultor del estilo, anti-convencional y “tremendista” en la reproducción de lo cruel o desagradable de la vida humana.

 

Español medular, popular en sus fuentes vitales, humorístico, picaresco y estilista sabroso.

 

 

  • En 1962 publicó una joya literaria, “Gavilla de Fábulas sin Amor”. Un epígrafe del Arcipreste de Hita, Juan Ruiz (castellano, de la primera mitad del siglo XIV), encabeza la obra:

 

“El amor faz’sotil al ome que es rrudo,

            Ffázele fabrar fermoso al que antes es mudo”.

 

Se divide en dos “trancos”. “Tranco Primero. Razón de Amor”, “Tranco Segundo. La historia troyana”.  Mitología clásica, motivos populares universales y  del folklore español, son los que utiliza Cela en los encantadores capítulos: “Eva y Adán”, “La pitonisa”, “El palomito viudo”, “Por la ciudad, no por Helena”, etc.

 

En el “Tranco segundo”, un capítulo: “El guerrero loco- Sinopsis para la tragedia del desamor”, presenta a Fedra e Hipólito, desarrollando este mito clásico en varios títulos.

 

Primeramente una Introducción,

 

No fue de ira la soga de que Fedra se ahorcó”, “No fue de celos el calabrote de que Fedra se ahorcó: tampoco fue de envidia ni de vergüenza”, “La maroma de que Fedra se ahorcó (¡qué sobrecogedora imagen, la de Fedra ahorcada!) fue de soberbia y despecho...”.

 

Cuenta allí  una hazaña de Teseo, la de Procusto,  el “estirador”, por la terrible cama de hierro que ofrecía a sus invitados en su casa.

Es característico de nuestro autor,  estampar expresiones  repetitivas, y complacerse en pinturas de aspecto truculento, y también humorísticas:

 

“¡qué sobrecogedora imagen, la de Fedra ahorcada1”, “-¡Acuéstate con tu madrastra, tío lila, y no compliques la historia de Grecia más de lo que ya está ¡”.

 

Utilizo  “Gavilla de fábulas sin amor”, ed. Bruguera, Barcelona, 1979: “El guerrero loco”, p. 159-165.

 

En Hipólito, prima el sentido del honor y el odio al sexo:

 

“¡No y mil veces no! ¡Fedra es la esposa de mi padre, el valeroso Teseo!...jamás osaría traicionar su honor!”.

 

“A Hipólito le repugnan las mujeres no por mujeres sino por vasos (posibles) de amor.. A Hipólito, lo que le asquea es el sexo: la idea del combate entre el dadivoso y el ansioso”.

 

Introduce otro personaje, un tal Menipo:

 

“Menipo es un escéptico que se conforma con cumplir lo que entiende como el abecé del hombre”.

 

¿Hará referencia el autor, probablemente, al crítico y racionalista, el cínico  Menipo de Gádara (siglo IV-III a. C.), filósofo de Tebas, que predicaba contra las necedades humanas, autor de “Arcesilao” y “Nacimiento de Epicuro”?.

 

En “El asalto de Fedra”, otra parte de este retablo mitológico, Cela presenta a la heroína declarando  sus urgencias amorosas al casto joven, soberbio y desdeñoso.

 

“Fedra (los senos al sol del día, la tersa piel latiendo al viento) lo persigue”.

 

Como Venus y Adonis, derribado en tierra, Hipólito, con lágrimas en los ojos, clama por su solitaria libertad,

 

“Fedra le escupe a la cara”.

 

En “La calumnia”, Fedra acusa torcidamente a su hijastro ante su esposo. Desea morir:

 

“¡Caiga sobre mi cabeza la espada de fuego de los furiosos dioses!...¡Permitidme  que me quite la vida por mi propia mano!. ¡Soy indigna de  respirar en vuestra presencia!”.

 

En “Muerte de Fedra”, reitera frases del comienzo del capítulo, sobre el motivo de la muerte de la heroína: “de soberbio despecho”.

 

 La narrativa del mito, trascurre en 9 episodios, cortos y esenciales, dinámicos y descriptivos a la vez..

 

Muestra lo espantoso, muy a gusto del autor: el cadáver de la ilícita amante,

 

 “los cuervos del aire vaciaron los ojos, aún calientes, de Fedra”.

 

“La serpiente del canchal mamó los senos, aún tibios, de la sucia Fedra. El venenoso tábano verde y azul, detuvo su vuelo zumbador sobre el sexo, ya frío, de Fedra”.

 

Frases de paralela construcción y gradual  intensidad.

 

Teseo maldice a su hijo y lo destierra. Poseidón concretará los deseos del padre:

 

“Poseidón, en su galopada a orillas de la mar, desboca los cuatro caballos que lo arrastran y el carro de Hipólito se estrella contra roca en figura de mujer con los brazos abiertos”.

 

Golpeado, herido, Hipólito pierde la razón,, entre lo deforme, engarza el autor una imagen popular:

 

“Su deformada cabeza (a los guerreros locos siempre se les deforma la cabeza) parece un pan de pueblo, un pan de dorado trigo saludable”.

 

Allí aparece, pues, la razón del título del capítulo: “El guerrero loco”, Hipólito sin razón, en desgracia injustamente.

 

En “Revelación de Artémide”,  se desata el nudo del drama, la Diosa, revela a Teseo la verdad de lo acaecido.

 

Éste, para perdonarlo, inútilmente, acude ante su hijo, quien da su último aliento “con la cabeza aplastada”:

 

“Teseo, en  muestra de perdón, le besa en la boca y en la frente. Hipólito, en su confundido entendimiento, se imagina ante el espíritu de  Fedra

–Pus quere’s que muera agora,

 -si me preguntan, señora,

 -que por quién,

 -diré yo luego a desora

–q’ vos sois la matadora,

 -enemiga robadora

– de mi bien”.

 

Estos versos son del poeta cancioneril del siglo XV español, Juan Álvarez Gato, y encabezan también toda la narración. Ilustran otras piezas del Romancero Hispánico, Rodríguez del Padrón, Astorga y otros.

 

Este cantar es la base con que intenta Cela caracterizar espiritualmente al hijo de Teseo, en su menosprecio del mundo:

 

quita allá que no quiero,

                        mundo enemigo;

                        quita allá, que no quiero

                        pendencias contigo”.

 

(Véase la canción citada, en Guillermo Díaz-Plaja: “Antología Mayor de la Literatura Española”, 2ª ed., 1969, t. I, p. 1786-187).

 

Estos versos de Álvarez Gato, poeta de “dignidad moral” según Menéndez y Pelayo, están con sustanciados con  el ánimo del joven casto:

 

                        “El cantar que dicen; ‘Quita allá, que no

                        quiero, falso enemigo, quita allá, que no

                        quiero que huelgues conmigo” Endereçado

                        a lo espiritual, y al daño que del mundo

                        viene”.

 

Es el tópico “De contemptus mundi”, de larga fortuna. A. Gato poetizaba temas eróticos arribando dignamente a cuestiones morales, “cosas de razón”.

 

La actitud del hijastro ante la frustrada esposa del rey de Creta, está esbozada claramente en estos versos cancioneriles:

 

“qu’estonçes se gana

la gloria doblada,

quanto más te huyo

y menos te sigo”.

 

El trajín mundano, así como el acecho de su madrastra, lo alejan de “su bien”, que es su paz y su recogimiento.

 

Es natural del autor, cierto gracejo  en sus  locuciones y una aproximación audaz al lenguaje quevedesco y pícaro.

 

Todos los cuadros que nos presenta Cela en esta obrita son vivaces y coloridos, fluctuando, con sabio equilibrio, entre el humor y la ironía, entre la burla graciosa y la truculencia.

 

Lo castizo en el decir y la recreación gozosa en  cortas y  placenteras narraciones de mitos de la Antigüedad (Narciso, Helena, Eurídice, etc.)  o personajes históricos de la tradición popular.

 

En “Este es mi corazón”, otra fábula tan animada y sabrosa como las demás, encontramos en el final, una supuesta antítesis del mito Fedra-Hipólito, es Ascanio/ Lavinia. “Tragedia en cien actos. Acto I, escena IV. El Discurso de Ascanio, hijo de Eneas (Fragmento)”.

 

Un mozo (hijo de Eneas y Creusa, fundador mítico de Albalonga), de

 

“corazón que arde, sin ser quemado, en bivas llamas d’amor y de esperanza”.

 

Que enloce de amor por Lavinia, esposa de Eneas.

Su fuente es aquí ni Eurípides ni Séneca, es “la Eneida” del célebre Virgilio,  la guerra de Troya y los sucesos que la originaron (siglo I a. C.) .

 

Ascano se lamenta del estado de guerra en que vive sus días y llora ante sus huestres.

 

“Ascanio, para que sus guerreros no lo vean llorar, se cubre los ambos ojos con el disecado escroto de Hipólito, el doncel que oyó de Fedra, porque no supo vencer la carne”.

 

 

Bibliografía:

 

-         Guillermo de Torre: “Vagabundeos críticos por el mundo de Cela” (en su “La difícil universalidad española”, Madrid, 1965, p. 283-309).

-         A. R.: “C. J. Cela, entre la seriedad y el humor” (‘La Prensa’, 1-4-1978).

-         Eduardo González Lanuza: “Un estilo personal” (‘La Nación’, 6-7-1980).

-         Paul Ilie: “La novelística de C. J. Cela”.-


Publicado por Desconocido @ 17:59
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