EVOCACIÓN DEL MITO DE FEDRA EN CADALSO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Introducción.
Quien lee prejuiciosamente los Clásicos, puede llevarse más de una significativa sorpresa.
Uno de ellos es, sin duda, don José Cadalso (1741-1782), con cuya frecuentación puede obtenerse algunos cuantos “beneficios”.
El autor de “Cartas Marruecas”, de “Noches Lúgubres” y de “Los eruditos a la violeta”, ha sido un escritor de los más allegados a nosotros....
Crítico, como M. J. de Larra, de la sociedad española del siglo XVIII, de los vicios sociales más deplorables: el afán de vanidosa erudición, la falsedad de algunas reputaciones “honorables”, la superficialidad en la cultura...
El siglo XVIII en España corresponde al cultivo del Neoclasicismo en el Arte, el de la Poesía descriptiva y didáctica, el período hiper-crítico, el del lenguaje amanerado y convencional (que es, por lo demás, el de todo mal escritor en cualquier siglo), el del uso de alusiones mitológicas acumuladas en un texto literario y el de las perífrasis en las composiciones patrióticas altisonantes: Tomas de Iriarte (1750-1791), traductor del “Arte Poética” de Horacio en 1777 y que dedicó a Cadalso y también autor de Fábulas y de la sátira “Los literatos en Cuaresma” (1773), Ignacio de Luzán (1702-1754) y su “Poética” (1737, 1789) , el Fabulista- Moralista Félix María de Samaniego (1745-1801), etc.
Pero no sólo el siglo dieciocho en la literatura española, es mera artificiosidad y estilo gerundiano. Hay también escritores medulares. El Padre B. J. Feijoo (1676-1764, el polígrafo de “Teatro crítico universal” y “Cartas eruditas y curiosas&rdquo
, un volteriano luchador contra la Superstición; G- M. de Jovellanos ( 1744-1811) político y escritor reformista del Despotismo Ilustrado; los Moratín, el padre, Nicolás (1737-1780), de “La petimetra”, el hijo Leandro (1760-1828)J el de “El sí las niñas”.J. P. Forner (1756-1797), humanista que quiere restaurar el casticismo lingüístico e ideológico y autor de “Oración apologética por la España y su mérito literario” , el poeta eglógico J. Meléndez Valdés (1754-1817), y otros.
De los citados, Luzán es un ejemplo español del “honnéte home”, prototipo humano que prosperó en la Francia de Racine: un “caseur”, conocedor de los más diversos asuntos, autor de un Tratado sobre las “Conversaciones”, moralista y discreto poeta.
Por su parte, Cadalso es el hombre sensible y razonable, característico del 1700 en el período de la Ilustración Española.
“El primer romántico europeo de España” lo ha llamado R. P. Sebold (1976)
Refiriéndose a los últimos escritores mencionados, A. J. Battistessa emite este claro juicio: “Esos mismos espíritus tampoco tardaron en percatarse de que a su patria, entre la porfía épica y la pujanza heroica, se le había olvidado el ascético y saludable ejercicio de diversas disciplinas de sesgo doctrinal y crítico” (en su “El prosista en su prosa”, caps. “Doble visión de un siglo” y “Una época y su trayectoria estilística”, Nova, 1969, p. 27-38 y 39-58).
Nuestro autor poseía firmes conocimientos de Humanidades, habiendo estudiado en escuelas de Jesuitas, primeramente en Cádiz y luego en el Liceo Louis le Grand de Paris, y en el Seminario de Nobles en Madrid.
Hombre inteligente, de abundantes y pensadas lecturas clásicas y modernas, de ordenada educación.
“Los eruditos a la violeta”.
La lectura de “Los eruditos a la violeta” me ha hecho recordar a Fedra, por lo cual cito a Cadalso sólo como representante de una evocación parcial del Mito griego. Fedra, enjuiciada en forma breve pero interesante ...
Es una obra de ensayo y crítica literaria, de intención escrutadora y pesimista.
Su título completo: “Los eruditos a la violeta –o Curso completo de todas las Ciencias – dividido en siete Lecciones para los siete días de la semana.- Publícase en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco.- 1771”.
Crítica de la Pedantería y Alabanza de los Sabios auténticos. Balance de la Sociedad que eternamente glorifica a a aquélla en desmedro de éstos. Burla de la Cultura enciclopédica-epidérmica...
El “Violeto” es el alumno imprudente que desea brillar sin esfuerzos, incapaz de concentración o de verdadero interés. .
“Petimetres, pedantes y damiselas sin serios estudios ni ganas de emprenderlos, se aplicaron a fingirlos –aprendiendo superficialmente de quinta mano- y a exhibirlos en las conversaciones de salón a la par de su nuevo traje o el último peinado” (J. L. Alborg, “Hist. de la Liter. Española”, Madrid, 1972).
La obra consta de Siete Lecciones que imparte un profesor: Poética, Retórica, Filosofía, Derecho, Teología y otras Ciencias.
“Las Ciencias no han de servir más que para lucir en los estrados, paseos, lunetas de la comedia... y para ensoberbecernos, llenarnos de orgullo...”.
Por boca del adusto pedagogo, el autor analiza el temperamento artístico de Homero, Horacio, Virgilio y Ovidio. También Racine y Corneille, Lope de Vega y Quevedo.
“Decid que Boileau sembró la buena semilla de la Verdadera Poesía, cultivada por Racine y Corneille”, “pero disimulando que el tal Cid es de nuestro Guillén de Castro, con que tan bien vestido y peinado a la francesa, que nadie dirá que fue español” (“Segunda Lección”, “Día Martes&rdquo
.
Fedra.-
“También la ‘Fedra’ de Racine, cuenta con una relación campanuda, hinchada y pomposa de la misma naturaleza que las que critican tanto en nuestros pobres autores del siglo pasado”.
Alude precisamente al famoso Relato de Terámenes, en el último acto de la tragedia francesa.
El Barroco Racine (1639-1699) le recuerda, por este fragmento, al barroco Calderón (1600-1681) . Cita el episodio, en el idioma original, lo traduce en prosa. El jurista y político de origen peruano, pero español en su acción reformista de la cultura y la economía, y como escritor Pablo de Olavide (1725-1803) la traslada completa al español.
Luego habla de una composición “en verso de romancillo”, sobre el mismo asunto mitológico e imitando las expresiones plásticas del horror, y
“figuráos que en vez de pronunciarse esta relación por un actor de bella presencia, propiamente vestido y medido en sus gestos teatrales, en vez, digo, de todo esto, figuráos que sale Nicolás de la Calle”
El profesor les enseña a sus discípulos, los tópicos, gestos y nombres que hay que repetir en sociedad, para triunfar en ella.
Con su gracioso remedo del “Relato de Terámenes”, quiere indicar el amaneramiento expresivo del actor francés, y su grotesca representación en un ambiente español, plenamente ridículo:
“Este Nicolás de la Calle, empezará a hablar, manotear, y sobre todo cabecear a manera de azogado”.
Ante ello, el público, infiere, aplaudirá neciamente una escena extravagante, en una especie de “terremoto universal de palmadas”.
Es rasgo de selecta urbanidad, sonríe el maestro a sus educandos (sonríe Cadalso), alabar la excelencia de este ‘floripondio’ raciniano.
Concluye ingeniosamente la lección de Poética, aconsejando, con sarcasmo:
“No obstante, citado a Eurípides, Sófocles, Séneca, Terencio y Plauto y una pieza de cada uno.
Con esto y con repetir a menudo las palabras del conjuro, unidad, prólogo, catástrofe, episodio, escena, acto..., os tendrán por pozos de ciencias poético-trágico-cómico-greco-latino-ánglico-itálico-hispánico-antiguo-moderno (¡fuego, y qué tirada!)...”.
“Tosamos, escupamos, sonémonos las narices, tomemos un polvo, y, hechas todas estas diligencias, pasemos a la Retórica”.
La Segunda lección, de Poética y Retórica, es el núcleo de la obra y se desarrolla en dos planos: el de los juicios serios y fundamentados, y el de la chanza irónica, ambos acertados.
Su juicio del Clasicismo Francés tiene intenciones patrióticas, aunque, también, no carece de valor literario.
Agregó a la obra, un Apéndice con las Traducciones de Poemas Latinos, Franceses e Ingleses citados en la Lección II.
Allí, refiriéndose a su frecuentado Publio Ovidio Nasón (43 a. C- 17 d. C.), lo llama, en tres rasgos que se perfilan como autorretrato espiritual: “enamorado de profesión, poeta por naturaleza y desdichado por estrella”.
Cuando cita al creador de “Ars Amatoria” lo hace siempre aludiendo a alguna circunstancia personal, autobiográfica: amores fáciles, el lamentado destierro, los avatares artísticos.
“Mientras seas feliz, tendrás numerosos amigos, si los tiempos se nublaren, estarás solo”. Estos escritos sentenciosos los traduce en una seguidilla, recordando la pérdida de la fortuna heredada y los varios fracasos en su vida literaria, sentimental, política y militar:
“Tendrás muchos amigos
con la fortuna;
pero quedarás solo
si ella se muda”.
También se ocupa, con evidente sorna, de escritores de su siglo, que tendían, por convención, a un lenguaje “abogadesco”, de párrafos oratorios y huecos de ideas. Con profusión altisonante de galicismos y citas latinas, ajenas a la verdadera sintaxis y pensamiento de los escritores españoles de la Edad de Oro.
Escribió “Los eruditos...”, tan interesante por su hilaridad cuanto por su encantadora sabiduría, agriado por el fracaso de su tragedia “Sancho García”, prohibida por la censura de la época.
Al poco tiempo, otra amargura, que asiduo aún más su estilo y sus intenciones críticas: muere su amada María Ignacia Ibáñez.
Luego, el infeliz destierro, y los anhelados y denegados ascensos en la milicia.
Una vida apasionante por los logros y caídas...Que nos ha llevado a la lectura de su ensayo, donde, brevemente, aparece juzgado un aspecto del mito heleno de Fedra, la “narración poética” de Terámenes en la tragedia de Jean Racine, de 1677.-
Bibliografía.
- “Los eruditos a la violeta” de José Cadalso, edición prólogo y notas José Luis Aguirre, Madrid, ed. 1967.
- “Azorín: “Cadalso”, en su “Lecturas españolas” (1912). Y en sus “Obras Completas”, tomo 2, p. 572-576; t. 7, p. 721-724; t. 9, p. 606-610 y 1206-1210)
- Niguel Glendinning, “Vida y obra de Cadalso” (Madrid, 1962). Íd.: “”El siglo XVIII”, en “Hist. de la liter. Española”, R. O. Jones, dir., tomo 4, Barcelona.
- Bernardo González Arrili: “Discurso de recepción” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, tomo XXXVII, nº 145-146, jul.-dic. 1972, espec. p. 277-195).
- Julián Marías: “La respuesta de Cadalso”, (en su “Obras”, Madrid, t. VII, ed. 1966, p. 306-315).