“FEDRA – PARISINA“ en LORD BYRON.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
George Gordon, Lord Byron (1788-1824), el bardo inglés, es el Poeta Prometeano por excelencia, amante impetuoso de la Libertad y la Revolución.
Poeta ardoroso, luchador heroico por la Independencia de Grecia, causa por la que muere valiente y ejemplarmente.
El autor de “Oda a Napoleón” y “Manfredo”, dantesco y shakespeareano, exuberante en la llama de sus apóstrofes, suave y lírico en las descripciones y evocación de grandes amantes de la Antigüedad, grave y grandilocuente en sus meditaciones liberales sobre la Historia y la naturaleza del Hombre.
El influjo de su “Childe Harold’s Pilgrimage” llega hasta nuestras tierras, con el fogoso José Mármol de “Cantos del Peregrino” (1847), inspira uno de los libros señeros de nuestra crítica literaria, “El verdadero Byron” (1959) de Alfredo de la Guardia y excelentes traducciones y notas de Ángel J. Battistessa, entre otros.
Mario Pensa y A. de la Guardia subrayan la influencia directa de Edward Gibbon (1737-1794), quien en sus “Obras Misceláneas” (“Antiquities of the House of Brunswick&rdquo
recoge la tragedia doméstica del noble de Ferrara.
Ugo es el elegante y ardiente hijo de Azzo e hijastro de Parisina. Ambos mueren ejecutados en su castillo.
En la obra de Byron, la muerte de Parisina queda envuelta en el misterio, Ugo es decapitado. La Parisina byroniana tiene los rasgos de la Fedra de Jean Racine, de 1677: pálido el rostro, “palpita violentamente su corazón”, “se oprime más y más”. La conciencia del “amor culpable” la atormenta:
“todos los astros parécenle testigos acusadores”,
concretan su anhelada cita:
“sus corazones palpitan, víctimas de la opresión por el dolor producida: experimentan ambos ese helado estremecimiento que sigue a toda acción culpable”.
“Aquel nombre, que en voz baja murmura Parisina turbada por su sueño, testifica su crimen y la deshonra de Azo”.
El Azo byroniano es el Teseo de la Mitología griega, hercúleo en su fuerza e iracundia, juzga sin piedad ante la Corte la culpabilidad de su bella esposa e hijo.
Parisina es Fedra en el dolor y en la locura:
“Todos sus sentidos habían sido desgarrados por la fuerte contracción, del dolor, y las fibras de su cerebro, no producían ya más que pensamientos vagos y sin ilación”.
El Hipólito pagano es casto y huye del contacto carnal.
Ugo, entre lamentos románticos es cristiano por su arrepentimiento:
“XVI. Era un bella tarde de verano, a la hora en que se pone el sol, cuya luz iluminaba un día tan trágico. Sus últimos rayos cayeron sobre la cabeza de Hugo, en el momento en que terminaba su triste confesión, y en que deplorando su destino, con acento de arrepentimiento verdadero, bajábase para escuchar de la boca del ministro de Dios, las palabras sagradas que tienen el poder de borrar las manchas del crimen...
XVII. Terminaron las oraciones de aquel hijo pérfido, de aquel amante audaz. Sus dedos han dado vuelta al rosario, y ha declarado todas sus faltas”.
Axzo finaliza torturado por sus remordimientos:
“XX. El alma de Azo no podía desterrar sus negras reflexiones: la naturaleza les había creado profundísimas raíces...
Axo sorprendía a menudo en su corazón movimientos de ternura involuntaria, por aquellos a quienes había condenado. No le era posible llenar el vacío que lo desolaba”.
El amor imposible con reminiscencias de Fedra e Hipólito, fue cultivado también por el sueco Hjalmar Bergman, 1883-1931, en su drama homónimo, en 3 actos, donde evoca a Dante y la escena en la que Paolo y Francesa leen la historia de Lancelot.
D’Annnunzio en 1912, en su tremenda tragedia en 4 actos “Parisina” recreará las incestuosas relaciones de Malatesta y Hugo del Este, culpables de su amor ilícito.
Es el tema del adulterio también evocado en su “Francesca de Rimini”, poema de sangre y de lujuria. Paolo y Francesca cálida e inmortalmente evocados asimismo por Dante en el Canto V del “Infierno” (compuesto entre 1304 y 1307-08).-
Cito por “Parisina”, en “Obras Completas” de Byron, edic. A. Zamora, 1973, tomo 1, p. 361-370. Con estudios de L. A. Ruiz y A. Bazán.
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