CERVANTES Y EL MITO DE FEDRA EN SU OBRA.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) ha sido un ingenio universal, Un escritor de raíz intensamente humana, por las intenciones de sus obras y la belleza de un estilo sabrosísimo.
Está “a muy razonable altura sobre todos los novelistas del mundo” (M. Menéndez y Pelayo).
Amante sin claudicaciones de la Lectura y la Libertad, llevó una vida atormentada, trabajosa. Legó a la Humanidad obras literarias de jerarquía Clásica: “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, “Novelas ejemplares”, “La Galatea”, “El Persiles”, poesía, teatro, etc.
Sus lecturas de la Antigüedad fueron importantes y su influjo es notable en sus poemas y narraciones. Platón Aristófanes, Ovidio, Horacio, Virgilio, Quintiliano... Arturo Marasso (1890-1970) entre nosotros, y algunos más (Rohde, Battistessa...) ha estudiado con amor y dedicación estas influencias prestigiosas, y nos ha guiado en el tema del mito de Fedra a través de Cervantes.
“Obra fría, sin vida y sin habilidad en el artificio” (Ángel Valbuena Prat: ed. y Prólogo a “Obras Completas” de C., Madrid, 1970, 16ª ed.)
En el Libro IV, el “desamorado” pastor Lenio expresa “los vituperios de amor”, dialogando en “junta” o “disputa”, con el discreto Tirsi, “sentándose (...) en un tronco de un desmochado olmo”.
Analiza Lenio los efectos nocivos del amor, y los ejemplifica en Medea, Hércules, Egisto...e Hipólito. El dios Cupido “pintábanle niño desnudo, alado, vendado los ojos, con arco y saetas en las manos, por darnos a entender, entre otras cosas, que en siendo uno enamorado se vuelve de la condición de un niño simple y antojadizo, que es ciego en las pretensiones, ligero en los pensamientos, cruel en las obras, desnudo y pobre de las riquezas del entendimiento”.
Continúa: “este pérfido amor de quien trato”, “arrastró a Hipólito, infamó a Pasifae, destruyó a Troya...”.
Abunda, pues, en recurrir a ejemplos del pasado mitológico, para sustentar sus ideas, sobre el amor, nefasto y desgraciado..
. Donde desarrolla el tópico de la Edad Dorada del mundo.
Este mismo tema desenvuelve Séneca en su “Fedra”, en el parlamento de Hipólito, diálogo de lo Nodriza (acto II, escena 2), y Góngora, entre otros, en su “Soledad” I...
“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados....Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia”. Los cabreros ante tan bella (e inútil) arenga, estaban “embobados y suspensos”. Alabanza de la vida agreste y paradisíaca de una Edad Primitiva (v. Marasso: “Cervantes. La invención del ‘Quijote’”, 1954).
Aquél es un pastor estudiante, ella “una endiablada moza”, bella y desdeñosa. Él, gentil y alegre, noble, inteligente, “fénix en la amistad”, único en el ingenio, se enamoro con igualable ardor de la joven, fría y cruel.
En el cap. XIV inserta el autor la “Canción” del desesperado pastor. Ella tiene “la fuerza de un áspero rigor” como Hipólito, fuerte y bello en Eurípides y Séneca:
para contalla pide nuevos modos”.
Como Fedra, el pastorcillo muere por el desdén de su enamorada, vive “celoso, ausente, desdeñado y cierto”, “y en el olvido en quien mi fuego avivo”.
Es el tono de desesperación e inevitable muerte del famoso monólogo de la heroína griega:
“y entre tantos tormentos nunca alcanza
mi vista a ver en sombra a la esperanza,
ni yo, desesperado, la procuro...”.
Ansía la muerte, aborrece la vida:
“Venga, que es tiempo ya, del hondo abismo
Tántalo con su sed...”.
Ella, que aparece como una diosa brillante desde una peña, cuando sepultan a Grisóstomo, es dulcemente selvática, como el Hipólito de la tradición mítica.
“Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos” (recuerda a Séneca, acto I, esc. II).
Según el mito, Grisóstomo es bueno en sus intenciones, mientras que Fedra es mala sin límites.. Al pastor lo mató su propia porfía. Ella dice amar la soledad, “tengo libre condición y no gusto de sujetarme”.
Marcela desaparece entre “lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba”, y será recordada por su desdén del mundo, y por su hermosura, que pareciera entregada al culto de Diana, reivindicada por sus propias palabras y las conclusiones de Don Quijote.
Parece la defensa que hace de sí Hipólito en Eurípides. “Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido..”.
Marasso ha hermanado al pastor cervantino con Dido de Virgilio que murió por la crueldad de Eneas, y también señaló semejanzas con Camila de la “Eneida”.
La confesión final de Marcela se asemeja a la de Dido, libro IV (“Eneida&rdquo
, cuando descubre a su hermana Ana, la pasión que la abrasa.
“En tanto la reina, presa hacía tiempo de grave cuidado, abriga en sus venas herida de amor y se consume en oculto fuego..” (Virgilio, trad. en prosa de Eugenio de Ochoa, “Poetas latinos”, Madrid, 1970).
Es la angustia de Fedra, como la del final del Libro IV, como la de Séneca, arrebatada y fuera de sí, “revolviendo los sangrientos ojos y jaspeadas las temblorosas mejillas, cubierta ya de mortal palidez”.
Igualmente tormentosa en la “Canción” cervantesca. Grisóstomo se suicida con una “torcida soga” como la heroína auripídea.
“Celos, ponedme un hierro en estas manos.
Dame, desdén, una torcida soga”.
Séneca en su “Fedra”, acto I, esc. II, es el antecedente reconocido de este pasaje : “¿Pondré fin a mi vida, colgada de una soga? ¿Más bien atravesaré mi vientre con una espada?” (trad. J. Azagra, “Teatro latino”, ed. 1968).
Fedra, como el pastor, quiere hundirse en el abismo, en el Infierno de su Mente. Y se suicida: “hacedme puesto, culpables sombras... que los ríos de Tántalo se agotan; sin llegar a tocar mis labios trémulos” (“Fedra”, también en “Medea” y en “Hércules furioso” de Séneca, trad. A. Lasso de la Vega).
Implora Hércules en acto V, a Teseo, “Devuélveme tú a los infiernos, restituido a las sombras”. Delira Grisóstomo como Hércules, entre alusiones infernales y negación del mundo.
La creación de Cervantes constituye una inversión del mito en Séneca. Ingeniosa, bella y fresca.
José Luis Lanuza (periodista y escritor argentino, 1903-1976) en su encantador libro “Las brujas de Cervantes” (1973) encontramos la mejor explicación sobre las enseñanzas que nos depara recorrer el ámbito de la mitología clásica.
Ésta “es como un suntuoso tapiz tejido con los sueños de la humanidad, al través de unos tres mil años. En él se representan las andanzas, los amores de los dioses, las hazañas de los héroes, historias de belleza trágica o de gracia picante. Es como una humanidad imaginada que nos ha sido dada de regalo, que se lamenta o se alegra, y con la cual podemos confrontar y aquilatar nuestros propios dolores y alegrías””. Contemporaneidad y hermosura de los Mitos.
También Pedro Henríquez Ureña (el completo intelectual dominicano, residente en Argentina, 1884-1946) nos había enseñado para siempre que “las Humanidades han de ejercer sutil influjo espiritual en la reconstrucción que nos espera. Porque ellas son más, mucho más, que el esqueleto de las formas intelectuales del Mundo Antiguo; son la musa portadora de dones y de ventura interior”, como la que hallamos con estas lecturas clásicas....
Contacto que nos mejora definitivamente, “una de las posibilidades de Felicidad que tenemos los hombres”...
Bibliografía:
-Alborg, Juan Luis: “Historia de la literatura española”, tomo II, Madrid, 1970).
-Cossió, J. M. de: “Fábulas mitológicas en España”, Madrid, 1952.
-Menéndez y Pelayo, Marcelino:”M. de C.”, en su “Antología General”, ed. B.A.C., t. II, Madrid, 1956),
-Sáenz Hayes, R.: “Ensayos y semblanzas”, 1970, p. 87-111).
-Sabor de Cortazar: “Para una relectura de los clásicos españoles” (1987).-
Vaccaro, A. J.: “La sabiduría de Cervantes” (1947).
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