martes, 13 de enero de 2009

EL MITO DE FEDRA EN “LA CELESTINA” DE FERNANDO DE ROJAS.-

 

 

                                                      Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

En nuestra lectura de la “Fedra” (1677) de Jean Racine (1639-1699) señalamos la intensidad en la confesión de la protagonista, el auto-análisis despiadado, en el clímax de la tragedia neoclásica.. Ésta aparece claramente en “La Celestina” o “Tragicomedia de Calisto y Melibea” (primera edición conocida en 1499)  obra célebre de Fernando de Rojas (Bachiller en Leyes, toledano, 1470-1541).

 

Consta la célebre obra de un Prólogo (escena I, encuentro de los amantes), Primera parte: interviene Celestina, los Criados, mueren éstos. La primera noche de amor. Segunda parte: la venganza, segunda noche de amor. Muere Calisto, se suicida Melibea. Llanto de Pleberio, el padre de ésta.

 

En el décimo “aucto” Melibea manifiesta a la vieja :

 

“Mi mal es de coraçón, la ysquiera teta es su aposentamiento, tiende sus rayos a todas partes. Lo segundo, es nuevamente nacido en mi cuerpo. Que no pensé jamás que podría  dolor privar el seso, como éste haze. Túrbame la cara, quítame el comer, no puedo dormir, ningún género de risa querría ver”.

 Cito por la edición crítica de Julio Cejador, en los Clásicos Castellanos, Madrid, ed. 1968.

 

Es el “amor dulce” que define más adelante, enumerativamente, Celestina:

 

 “Es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una delectable dolencia, un alegre tormento...”.

(imitación del humanista-poeta del siglo XIV, Francesco Petrarca).

 

En el  acto XXI, Pleberio, lamentándose de la muerte de su hija, reflexiona sobre el mundo y el amor:

 

“¡O amor, amor!. ¡Que no pensé que tenías fuerça ni poder de matar a tus subjectos!...Alegra tu sonido; entristece tu trato...Enemigo de amigos, amigo de enemigos”.

 

Son denuestos contra el amor, pronunciados por conceptos antitéticos de modo acumulativo.

Y nos trae a la memoria los versos de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita (primera mitad del siglo XIV), en”El Libro de Buen Amor”: Amor es “destrüidor”, “mal enemigo”, “So la piel ovejuna trayes dientes de lobo”, engañador y funesto ( c. 405, . 415 y ss.): “adoquier que tú mores / fazes tamblar los omnes, demudar los colores...” (cito por ed. crítica Joan Corominas, 1967).

 

Exclama Fedra de Racine, en acto II, esc. V: “me aborrezco más aún de lo que tú me detestas...Si tú me odiabas más, no te amaba yo menos”. El amor como una llama cruel e irresistible, que provoca estados de ánimo contradictorios.

 

El Amor tradición literaria, es un Dios placentero y una enfermedad al mismo tiempo.  En un poema de Fco. de Quevedo (1580-1645) están intensamente evocados los efectos referidos: “¿por qué bebes mi venas, fiebre ardiente, / y habitas las medulas de mis huesos?. / Ser dios y enfermedad ¿cómo es decente?”.. (Poemas amorosos, nº 310, en su “Poesía Original”, ed. J. M. Blecua, Barcelona, 1963, p. 347). Y en otro soneto: “Velo soñando, y sin dormir, recuerdo: /el mal pesa y el bien igual balanza...”

 

Es ese “gran desasosiego”, que causa tormentos de verdugo (soneto amoroso, nº 367).

Obnubilación de los sentidos, lengua inerte, voz quebrada, temblor y sudor, conforman esa tradición de la sintomatología amorosa. Es “un cuidado  que me devora y me perturba” dice la heroína raciniana.

 

Tortura inexplicable en Catulo de Verona (87-54 a. C.): “Odi et amo. Quare id faciam frotase requiris. / Nescio. Sed fieri sentio et excrucior”.  “Odio y amo. Tal vez preguntes. ‘¿Cómo es posible?’. No lo sé, pero siento que así me sucede y es una tortura” (en “Poesías” de Catulo, trad. Víctor-José Herrero Llorentes, Madrid, 1967, también su “Carmen” nº 76, y en imitación de Safo, según estudia Schadewaldt, en su “Safo”, Eudeba, 1973, p. 74).

Este epigrama en dísticos elegíacos, condensa el desasosiego que casi los ejemplos literarios citados reproducen bellamente. Esta pintura tópica del “pathos” amoroso, R. Lapesa lo data  e interpreta asimismo  en los poetas cancioneriles de la literatura castellana medieval y renacentista, “La trayectoria poética de Gracilazo”, ed. 1968.

 

Petrarca (1304-1374), fue continuador de este  “locus antiquus” del “odi et amo” en su “Canzoniere”, p. ej., en el soneto CXXXIV: “egualmente mi spiace morte e vita...”, en el CXXXII: “le ‘effecto aspro mortale”...

 

Fedra es “ministro de dolor” podríamos afirmar con palabras descriptivas de Rodrigo de Cota. Este toledano de la época de los Reyes Católicos (1469-1504), en su “Diálogo entre el Amor y un Viejo” (en el tono refinadísimo, petrarquesco, define al Amor por  enunciaciones opuestas, en versos octosílabos, y podría haber ejercido influjo en “La Celestina”, cuyo acto I le fue atribuido: “Tú traidor eres, Amor, / de los tuyos enemigo, / y los que viven contigo / son ministros de dolor” (versos 46-49), “Tú nos metes en  bollicio, / tú nos quitas el sosiego;” (vs. 406-407) (cito por “Poesía española medieval”, ed. por Manuel Alvar, Barcelona, 1969; y en Boletín de la Academia Arg. de Letras, IV, 1936, ed. deAugusto Cortina).

 

Melibea posee aires de Fedra, como la Casandra lopesca en su “El castigo sin venganza” (1631) o la “Elegia di madonna Fiammetta” de Giovanni  Boccaccio (1313-1375) no imitación deliberada.

 

En los siglos XII y XIII, en Italia y en Francia, florecen las Comedias “Elegíacas” , como el “Pamphilus”, con notable influjo Ovidiano.

Entre las innovaciones que traen estas obras, figura la presencia del “medianero” al servicio del enamorado, como el “esclavo” de las Comedias Plautinas y Terencianas en la literatura Latina, como la Nodriza Enona.

 

Otra relativa innovación es el desborde de los sentimientos, el enajenamiento que describe Melibea en el pasaje citado o  Racine, tan intensamente en su obra y el carácter de “amor ilícito”.

 

Melibea, entonces, es una antecesora espiritual de la Fedra raciniana y de la unamuniana, continuadoras a su vez de la de Eurípides, del siglo V a. C.

 En Melibea ocupan el centro de su personalidad, el conflicto entre amor y honor.

Escribe Eurípides: “Después que el amor me hirió, traté de conciliarlo con la virtud y comencé entonces a ocultar mi dolencia”. “Determiné resistir con entereza a este amoroso delirio y dominarlo castamente. Por último ,  no pudiendo vencer a Venus, he decidido morir”...

 

Importa señalar también a la Fiammetta boccacciana como un antecedente del Calisto de “la Celestina”, paralelo que encaró brillantemente la filólogoa y medievalista argentina María Rosa Lida  de Malkiel (1910-1962) en su “La originalidad artística de ‘La Celestina’”, monumental estudio de 1962.

 

La “Fiammetta” fue traducida repetidamente en España. El español Juan de Flores escribió una especie de continuación en su “Grimalte y Gradissa”.

 

La crítica en general, Marcelino Menéndez y Pelayo en su “Orígenes de la Novela” (1905-1915, tomo 8), y Florentino Castro Guisáosla (1893-1945, “Observaciones sobre las fuentes literarias de ‘La C.’&rdquoGuiño, entre otros, mencionó  las semejanzas de la heroína italiana con la Melibea ibérica.

 

Así Calisto, como Fiammetta,  semejante a Fedra en sus dolores por amor y en su estado de locura y delirio, tiene como refugio meditativo a su propia cámara, “donde va a ampararse de los choques de la realidad.”.

 

Como Calisto, ella se encuentra triste, como Fedra  está triste, insomne y sin probar alimentos. “Stati  sperando e disperando” expresa la amada de Pánfilo: “en ese lento debatir los más menudos y fugaces movimientos del alma, se plantea a cada instante la alternativa amor y muerte” (ver Lida, ob. cit., p. 386 y ss.).

La fuente probable, conjetura sólidamente Lida, en el caso de nuestro Fernando de Rojas y su obra, base para el nacimiento de la novela y el drama modernos, es el “Hipólito· de Eurípides, que ya circulaba en 1491 en España, edición de Lorenzo de Alopa. (también, R. Taliercio: “Aspectos de Eurípides en la idiosincrasia de ‘La C.’”, rev. Univ. de Letras, Univ. Nac. de Mal del Plata, vol. III, nº 1, abr.-may. 1981).


Publicado por Desconocido @ 17:07
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