jueves, 15 de enero de 2009

                                    EL MITO DE FEDRA EN  RACINE            .-

 

                                                                        (II).

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

(II).Presentación de Fedra, continuación.

 

Alusión temporal en relación con la Protagonista. Enona dice:

 

“Por tres veces las sombras han oscurecido el cielo desde que el sueño no penetra en vuestros ojos, y por tres veces el día ha arrojado a la oscura noche desde que vuestro cuerpo languidece sin alimento”.

 

Expresada con uso de perífrasis, de rodeo expresivo en boca de la Nodriza, empleo de adjetivo epíteto, “oscura noche”.

Evoca el  Sol, reconocimiento de Fedra a  su ascendencia mitológica:

 

            “Noble et brillant auteur d’une triste famille,

            toi dont ma mere esait se vanter d’ètre fille,

            Soleil…”.

 

Enona le pregunta:

 

“Os veré siempre, renunciando a la vida, entregaros a los funestos preparativos de vuestra muerte?”.

 

La vieja oficia de comentadora para el público, de las expresiones de su ama, glosando ese proceso  psico-patológico..

 

La heroína se debate en Cordura y Locura (“Je ne me soutiens plus, ma force m’abandonne&rdquoGuiño:

 

            “¡Insensata! ¿Dónde estoy?”.

           

            “Perdí la razón; los Dios me la arrebataron”.

 

            Muriendo quería resguardar mi honor, y ocultar a la luz, pasión tan negra”

 

Es la conciencia sufriente del pecado. Y siempre la fatídica presencia de la Divinidad temeraria:

 

            “¡Dioses omnipotentes, que nuestras lágrimas os aplaquen!”.

 

            “Ofendéis a los Dioses, autores de vuestra vida”.

 

                        c) Revelación del amor de Fedra por Hipólito. Estilo interjectivo, como cortado por la emoción: la primera confesión.

 

            “Siento todos los furores del amor”.

 

            “Es Venus toda, íntegramente adherida a su presa”.

 

            “Amo...Ante ese nombre fatal tiemblo, me estremezco”. “Amo...”.

 

Asistimos a la revelación de amor a través del nombre del amado, tema tradicional en las Letras, desde Eurípides (cuando en el “Hipólito” Fedra dice a la Nodriza estar enamorada del hijo de la amazona Pasifae y Teseo) hasta la “Metamorfosis” de Ovidio, y la sabrosa lengua de la “Celestina” (acto IV). La amada se refiere a su hombre evitando el nombrarlo:

 

            “El hijo de  Teseo”,    “el hijo de la Amazona”.

 

Y reacciona nerviosamente cuando lo nombra la anciana. La Nodriza exhhorta a Fedra a amar, alegando  el ejemplo de la Naturaleza y de algunos ilustres personajes de la Antigüedad.

 

Es el segundo momento confidencial (ver I, b-2).

 

Igual que en I, a) , Fedra alude a un tiempo feliz anterior, en que reinaba el reposo y la dicha, y ahora reconoce a Venus y sus llamas temibles, el amor incurable (“Cruel destino¡&rdquoGuiño. Fedra retrocede temporalmente, en ‘su’ tiempo, subjetivo, para hacer un recuento de cómo conoció a  Hipólito y se vio encendida de amor por él.

 

El amor que sufre ella, es incurable, es una enfermedad; ello constituye un tópico literario, el amor como herida que necesita su “remedio”.

 

Mientras, Pánope, mujer de su séquito, le anuncia la muerte de Teseo. Ante el anuncio de esta muerte, Enona aconseja a la Reina que luche para dar el trono a su hijo y no al “hijo de la extranjera”. Reacciona: “ bien...¡Vivamos!....

 

(III). Aricia alaba a Hipólito, su belleza física, el orgullo. Querer doblegarlo, vencer su soberbia, es  más difícil que derrotar a Hércules.

 

“Racine ha reproducido en él –escribe Jean de Lacretelle-, sin remedo, una de las formas del ideal griego: el atleta de corazón recto y  rápida andadura que conocemos en Olimpia” (“Introducción al teatro de Racine”, p. 43).

 

Aricia es inteligente, duda de la muerte de Teseo, desconfía del sereno amor de Hipólito Es una figura rica en matices, femenina, firme, que por sus sufrimientos se considera “triste juguete del implacable destino, corazón siempre alimentado de amarguras y de lágrimas”.

 

(IV). Hipólito declara su amor a la joven. Hipólito quiere devolverle las tierras que le pertenecen por derecho de familia. Aricia, en la mitología griega era una Princesa de la casa de los Palántidas. Palanta fue la mujer de Hércules.

 

Los parlamentos de Aricia están ornados de imágenes y de reflexiones: “en la florida estación perdí a seis hermanos”, “el hierro todo lo cosechó”. Teseo venció  al rey Palante, hermano de Egeo, quien quería arrebatarle el reino de Atenas.

 

Contrapuesta a Fedra, Aricia es un rayo de luz, el Amor en Sociedad, representa el Decoro social (los anillos, la paz y seguridad en el matrimonio). Permanece  incontaminada entre los venenos de la tragedia.

Hipólito admite con dolor, su orgullo y su moderación exagerada:

 

Yo, rebelado con violento orgullo contra el amor.. con qué turbación me veo ahora sometido..., arrastrado fuera de mí mismo”.

 

Es la enajenación por el Amor, “dardo que me desgarra”, “sólo mis gemidos hacen resonar las selvas”.

 

Aricia se aparece en los otros ejemplos de la tradición, en el tema de Fedra. Fue tomado por Racine, de Virgilio, en “La Eneida”-

Observó María Rosa Lida la “rara incomprensión” raciniana en asignar al misógino hijo, una amada, y lo atribuye a una  concesión del autor  de “Parthénice” a las convenciones del teatro francés. Esta convención tiene base mitológica, en la continuación del mito, como he comentado, no utilizada por Eurípides. (Lida.”Introducción a sófocles”, p. 20 y 21).

 

John Dryden (1631-1700) en su “Preface to ‘All for Love’” (1678) notó que Racine había enviado el “Hyppólytos” de Eurípides “de Atenas a París para enseñarle a hacer el amor y transformarle en... Monsieur Hippolyte”; en los prólogos de sus obras se muestra la gran atracción que el teatro francés ejerció en el dramaturgo inglés.

En 1733 con el título de “Hyppolyte et Aricie”, Pellegrin, libretista de Rameau, adaptó “Fedra”, afrancesando al Hipólito griego, con la existencia de Aricie, como relevante ingrediente operístico.. También Quinault, libretista de Lulli, adaptó la  tragedia raciniana a la composición musical. ( ver  Frederick W. Sternfeld: “Evolución cultural en la Europa Occidental. II) La música entre 1661 y 1752”, en “Historia del Mundo Moderno”,Cambridge Univ. Press, t. VI, Barcelona, 1980, p. 75).-

 

Por su lado, el estado psíquico de Hipólito es contradictorio: “presente, os huyo; ausente, os encuentro”, “pensad que os hablo en un lenguaje que me es extraño”.

 

(V). Confesión amorosa de Fedra.

 

            “Me extravío, señor, mi loco ardor a mi pesar se revela”.

 

Confiesa su pasión desenfrenada, su loco amor, su “enfermedad”, mirándola desde su propio mundo interior, introspectivamente. Digamos que es una “super-mujer”. El drama francés presentaba en crisis a seres excepcionales, capaces de altas meditaciones. El héroe de este teatro se debatía (Jimena, en “Le Cid” de Corneille) en las superiores esferas de lo humano, la pugna entre Amor y Honor.

 

En Hipólito hay una confusión inicial: cree que ama a Teseo,  no a él, porque ella dice:

 

“Tenía vuestro porte, vuestro lenguaje, vuestros ojos, el mismo noble pudor coloreaba su frente”.

 

Fedra, posición típica en el Teatro Clásico, es su propia fiscal y defensora: no importa el decorado, sólo el alma y sus repliegues.

 

Karl Vossler advirtió que “el teatro clásico francés se agota en esta reflexiva intimidad, es un hombre que busca y necesita estar en claro sobre su ser,  se estudia ante el tribunal de su conciencia” (“Formas poéticas de los pueblos románticos”, p. 304).

Los personajes racinianos son bifrontes: tienden a la Acción y a la Reflexión (acción interior). Están como replegados sobre sí mismos. Por una parte, se expresan en su majestuosidad, un hálito de religiosidad antigua, son seres superiores de altas aptitudes críticas, y por otra, martirizados, se debaten internamente ante una voluntad interrumpida..

 

En la Roxana de su “Bayaceto” (1672) retrató a una perversa, una mujer fatal, aún más astuta que Fedra.

“Fedra” data de 1677, al escribir “Ifigenia”, de 1674,  presentó un antecedente de

aquélla, en la apasionada Eriphile, atormentada por el temor a la Divinidad y por un perverso amor por su enemigo Aquiles; se suicida (es un papel secundario en la trama de la obra), pero ya ahí está la angustia vital que luego bulle en Fedra. 

En “La Tebaida o los hermanos enemigos” (representada en 1664) ya en Yocasta datamos un bosquejo de Fedra, “esposa maldita y madre extraviada”, en su desesperación ante la fuerza del Destino.

 

“Los Dioses son mis testigos, esos Dioses que han  encendido la sangre en mi seno con fatídica llama; esos Dioses que se han cubierto de cruel gloria extraviando el corazón de una débil mortal”.

 

Presencia de la Divinidad en la vida y el pensamiento de los hombres. Alude a su ascendencia mitológica, al toro de Minos, su derrota por Teseo, Ariadna y su hilo. Violenta reacción de Hipólito:

 

“confieso sonrojándome....Mi vergüenza no puede ya sostener vuestra mirada”.

 

Expresa Fedra:

 

            “¡Y bien! Conoce, pues, a Fedra, y sus furores. Amo”.

 

            “el veneno de este loco amor que perturba mi ánimo”,

 

            “me aborrezco más aún de lo que tú me detestas”.

 

            “si tú me odiabas más, no te amaba yo menos”.

 

            “Languidecí, me desequé en mis ardores y en mis llantos”.

 

Es un auto-análisis despiadado, un examen de conciencia, según las prédicas jansenistas. Tiene ecos también de la “Historia etiópica” de Heliodoro de Emesa (escritor griego del siglo III traducido al francés en  1547 por Amyot . Novela de los amores de Teágenes y Cariclea; allí en el capítulo I, que Racine sabía de memoria, Cnemón sufre como Hipólito o José  ante la mujer amorosa Putifar (Ver G. Highet,, t. II, p. 15; A. Lesky, “Hist. de la liter. Griega”, p. 899).

También Denis de Rougemont: “El Amor y Occidente”, ed. Sur, 1959. N. P. Lenoir: “Historia del Amor en Occidente”, Peuser, 1959. G. Gargam: “El Amor y la Muerte”, Fax, Madrid, 1964. E. Rodríguez Monegal: “De R. a J.-L. Barrault”, en rev. “Escritura”, Uruguay, nº 3, marzo 1948. J.-L. Barrault: “Mise en scéne de Phédre”, 1946. A. Vacquerie: “Profils et grimaces”, 1844, señala la incongruencia psicológica en la obra de Racine)..

 

Este amor de Fedra, en Eurípides, es declaradamente provocado por la Diosa Venus, que aparece en escena explicando su venganza. Mientras que en el poeta francés sólo una metáfora nos hace presente esta influencia mitológica en los hechos humanos: “Venus enteramente a su presa prendida” y nada más.

Por su parte, la Fedra ovidiana (Heroida IV) evoca al dios Amor, como el que le ha ordenado escribir tan encendida carta:

 

            “Es rey amor no sólo en los humanos,

            pero su ley también fue poderosa

            sobre todos los dioses soberanos”.

 

En Ovidio, se alaba frenéticamente la omnipotencia del Amor. Citemos a Sófocles:

 

            “Amor, invencible en el combate,

            Amor, que caes sobre las riquezas,

            que velas en las blandas mejillas de una joven

            y vas y vienes por el mar y por agrestes guaridas:

            ninguno de los inmortales puede huir de ti,

            ninguno de los hombres, que duran un día,

            y el que te tiene enloquece.

            Tú arrastras, por el escarnio

            la mente injusta de los justos”.

 

Es versión de Maria R. Lida (ob. cit., p. 73). Bajo la influencia de la filosofía naturalista de Empédocles, Afrodita (“porque es deidad que juega invencible Afrodita&rdquoGuiño, Venus, Eros, es una potencia que domina todos los seres. Amor, omnibus idem, para Virgilio. En el “Hip.” de Eurípides, las doncellas cantan a Eros, asistiendo a los amores de su ama por el hijastro:

 

            “Amor, Amor que lanzas deseo a los ojos

            o introduces dulce gracia

            en las almas contra las que mueves guerra...”.

 

La tragedia personal de Fedra, es pagana, por el conocimiento del poder de Venus y Neptuno: una la destruye anìmicamente, el otro, físicamente al hijo amado en forma ilícita.  “La mitología sobrenaturaliza a la naturaleza” (h. Gouhier).

Fedra ofrece a Hipólito su corazón para que la mate con su espada, ante el estupor de éste, desconcertado y pálido:

 

“Huyamos, Terámenes Grandísima es mi sorpresa. No puede mirarme sin horror a mí mismo.

Fedra...pero no, ¡Dioses!, que en profundo olvido permanezca amortajado tan terrible secreto!”.       

 

La acción dramática transcurre en dos planos:

a)      principal: es el amoroso, íntimo, con dos fases:

      a-1) Hipólito/Fedra.

      a-2)Hipólito/Aricia.

 

b)      secundario: el político, con la supuesta muerte de Teseo y los tres sucesores: Aricia, Hipólito y Fedra. Es el problema de la sucesión en el Trono.

 

Fedra confiesa a Enona:

 

       “mi débil razón no reina ya sobre mí...

       he abandonado el dominio de mis sentidos. Me muero!”.

 

 


Publicado por Desconocido @ 10:57
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