EL MITO DE FEDRA EN LA OBRA DE MARCEL PROUST (II).-
Por Guillermo R. Gagliardi.
“Fedra” representada por la Bernhardt, “la Berma” es una obra maestra del arte dramático, reveladora de “determinados aspectos de la nobleza y del dolor”. El nombre de Fedra, cuyo texto raciniano sabía de memoria, era para él transparente, “no contenía otra cosa que claridad”, eliminada “hasta lo hondo por la sonrisa del Arte”.
Le habían prohibido concurrir al teatro, ansioso mientras tanto, recitaba en todas las entonaciones posibles esos versos: “Os aleja una pronta partida de nosotros”:
“la divina Belleza que habría de revelarme el arte de la Berma reinaba día y noche en un altar constantemente encendido en el fondo de mi alma”.
Al fin, puede asistir a tal representación. Imagina que goza allí con la dicción y porte de Madame Berma, pero al observar las escenas, desespera por no hallar los efectos que buscaba o de los que le habían hablado.
Menciona diversas escenas de la obra y relata sus decepciones.
En el mismo tomo de su novela (ed. cit., p. 767), cita Proust, nuevamente a “Phédre”.
Esta vez, M. de Charlus expresa a Saint-Loup, su sobrino, su estima por la tragedia que nos ocupa:
“-¿De modo que te gustan mucho ‘Andromaque’ y ‘Phédre’ –pregunto Saint-Loup a su tío, con tono levemente desdeñoso.
-Hay mucha más verdad en una tragedia de Racine que en todos los dramas de Victor Hugo – repuso M. de Charlus.
-¡La verdad es que la aristocracia es terrible! –me dijo Saint-Loup al oído.
-¡Preferir Racine a Victor Hugo! ¡Hay que ver, es una cosa enorme!”.
Asiste a una nueva presentación de la actriz, en “El mundo de los Guermantes” (loc. cit., t. 1, p. 991 y ss.).
Ahora no cotejará las actuaciones “con una idea previa, abstracta y falsa del genio dramático”. Reconoce que “la interpretación de la Berma era, en torno a la obra, una segunda obra vivificada también por el genio” (loc. cit., p. 1004):
“Tanto en las frases del dramaturgo moderno como en los versos de Racine, la Berma sabía introducir esas vastas imágenes de dolor, de nobleza, de pasión, que eran obras maestras suyas...”.
(Théophile Gautier (1811-1872) recuerda en su “L’art dramatique en France depuis 25 ans”, 6 vs., de 1859, la exquisita reposición en “Le Théâtre Français” el 23 de enero de 1843, de “Phèdre”, por Mme. Rachel: “Jamais pastiche de l’antiquité ne fut exécuté plus habilment, et c’est a peine si sur la tête d’un hémistique ou d’un trourvieilli, on voit par instant se contourner quelques boucles de la majestueuse perrouque de Louis XIV”. “La Rachel”, Elisabeth Rachel Felix, 1821-1858 ver su “Los maestros del Teatro Francés”, ed. 1929, Payot, Paris).
(La actriz argentina María Rosa Gallo, 1925-2004, interpretó al personaje clásico según el texto en verso traducido por Manuel Mujica Láinez, public. en 1972, prólogo de Roger Caillois, y destacó la significación artística y personal que le reportó tal experiencia, la unión de ritmo musical y encanto, de poética y retórica en el recitado raciniano, según declaró en la entrevista de Hugo Beccacece “M. R. Gallo en ‘Fedra’. El desafío de un clásico”, rev. ‘La Nación’, 4-7-1982).
Albertine desaparece de su casa y muere accidentalmente, ante la tristeza inquietante de quien la ama.
Analiza psicológicamente las motivaciones de este amor, que le recuerda a Fedra, debatiéndose entre su amor por su hijastro, los celos por Aricia y la acusación injusta de aquél ante Teseo.
Según Mauriac, lector asiduo de Proust y autor asimismo, de una “Vida de Racine” (1928), de las novelas “Nudo de víboras” y “Teresa Desqueyroux” entre otras, nuestro Marcel ocupa justamente “la primera plaza entre todos los maestros de los celos”.
En “La prisionera”, según Mauriac, hace Proust un “estudio extraordinario, agudo sobre los celos- Y acota: “A medida que, carcelero de la amada, el amante celoso tiene menos pretextos para sufrir, deja de sentir su amor, ya no ama, es necesario que Albertine le torture o que le aburra” (loc. cit.).
Piensa en la escena de la declaración, repetidamente escenificada por la magna actriz:
“Me parecía que lo que con tanta frecuencia me había recitado a mí mismo y había escuchado en el teatro, era el enunciado de las leyes que debía experimentar en mi vida” (ed. cit., p. 1015).
Su alma lucha entre el deseo de amar a Albertine para siempre, a su lado, y la de apartarla por celos y sospechas:
“¿Acaso el argumento de ‘Fedra’ no reunía ambos casos?. Hipólito va a partir.
Fedra, que hasta entonces ha cuidado de ofrecerse a su enemistad, por escrúpulo, según dice, o, más bien, le hace decir el poeta, porque no ve a lo que llegaría y ya no se siente amada”.
Proust cita versos de Racine pertenecientes a la 5ª escena, acto II. Allí la mujer de Teseo confiesa su furor pasional por el hijo que, pudoroso, la evita.
A Proust le admiró esa bella y vibrante escena, en que, de acuerdo con los postulados jansenistas, el alma de Fedra se desnuda dramáticamente. Estudia su amor, introspectivamente, mirándolo desde dentro.
Consciente de su pecado, de su amor culpable: “Véngate, castígame por tan odioso amor...”. “Me odiabas más y yo no te amaba menos. Tus desgracias te prestaban aún mayores encantos”.
De esta manera el narrador, sufre igual situación con Albertine: la ama y a veces quiere evitarla.
Los celos le quitan toda felicidad (por eso Fedra calumnia a su hijastro, lo envía a una triste muerte, para ella misma, luego, hacer lo mismo).
Él también se embriaga con la idea de poseer a Albertine, amargado por su partida.
Conclusión:
Éstas constituyen las referencias proustianas al valor de la Lectura en la figura de Sara Bernhardt, “la Berma” en la novela, a Racine y su “Fedra”.
Como señaló magistralmente Gustave Lanson, quien “penetre en la selva proustiana hallará su recompensa en las observaciones de los estados y motivaciones del alma humana y en las impresiones y descripciones delicadas que incluye”.
Concluyó Proust concibiendo el Arte como Valor Absoluto, y la Lectura como el “tratar de recrear en sí mismo lo que ha sentido un maestro”...
Bibliografía complementaria:
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