sábado, 17 de enero de 2009

   ESPRONCEDA Y D.F. SARMIENTO: LITERATURA Y POLÍTICA. 2ª parte.-

 

 

                                    por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

2.- "Una gran cosa, un noble trabajo".

 

 

 

Preconizan y practican Sarmiento y Espronceda, una Literatura "de altura de fantasía y de inteligencia" conforme con "la tendencia que exige el siglo" - según opina el argentino- "en una perfecta armonía con la marcha que las ideas y que las cosas sociales llevan entre nosotros". Intención dominante de "pintar el caràcter moral de los tipos poéticos que elige, a tomar por las entrañas, dirémoslo así, del hombre y de la sociedad", "es una gran cosa, un noble trabajo" (Obras, tomo 2).

 

Nuestros escritores acá parangonados representan la doble misión del intelectual según el Iluminismo. En primer  momento la tarea de "destruir un orden político vicioso y caduco". Luego, invertir todo su activismo creador "para construir un orden nuevo". He ahì la 'ratio' de su literatura. 

 

Croceanamente, Sarmiento entiende que la historia humana consiste en la historia de la Libertad, que tiene perfiles universales, "es una misma cosa en todas partes": "...lo que ha sucedido en Europa en diversas épocas, es un mismo hecho, cuyo resultado es fatal y necesario; y que este hecho con todos sus incidentes se ha de reproducir entre nosotros" ("La Revista Católica", 1843, ob. cit.).

 

Ejemplifican el Romanticismo social y político que uno postulaba en sus polémicas chilenas de 1841-1842 y el español en su periódico "El Siglo" y en sus poesías militantes. La ansiedad generosa por hallar y desenvolver nuevas dimensiones en el arte y en la vida patria. La abominación de Jeremías y la apología de Ezequiel y Saulo de Tarso, profecía y acción. La construcción de una sociedad humanista, concepción agustiniana de la "Ciudad Celeste" en la tierra hispánica. Una literatura que desarrolle la conciencia nacional y que se libere de antiguas preceptivas, que haga "rabiar a Garcilaso" y que levante "el entusiasmo santo" de los pueblos para quebrantar "las cadenas de la tierra" , escritura "Iluminada por su talento, en los sombríos senderos del porvenir" (Espronceda). "Escribir para combatir y realizar el pensamiento" (Sarmiento). Plumas contagiosas de espíritu cívico y ardiente entusiasmo prometeico.

 

Periodista, Espronceda que se consagra a asuntos de interés nacional, de moralidad y denuncia política. Son célebres "El Ministerio Mendizábal", "Liberta-Igualdad-Fraternidad, "El Gobierno y la Bolsa". Funda "El Siglo" en 1834, que alcanza catorce números, "El Pensamiento" (1841). Ocupa la función pública: secretario diplomático en La Haya, Diputado por Almería. Halla doble vertiente a su impetuoso caudal de ideas renovadoras, a su sanguínea personalidad: el periodismo, la oratoria militante, la función pública, "siempre dispuesto a defender las ideas más generosas", huracán librepensador, inconformista, byroniano ibérico.

 

Exhorta: "Sea la igualdad el pensamiento fuerte que impela en su marcha a la humanidad. ¡Pueblos! todos son hermanos. ¡Sólo los opresores son extranjeros!" (artículos recogidos por R. Marrast en su "J. de Espronceda et son temps", 1974). "El ciudadano se debe a la patria primero que a su provincia, que a su familia" (1842, "Debate sobre ley de aranceles para la industria textil de Cataluña"). Como en su "Canto a Teresa", "La libertad con su inmortal aliento, / Santa diosa, mi espíritu encendía". 

De su novela histórica "Sancho Saldaña o el Castellano de Cuéllar" se hizo una edición ilustrada en dos tomos en Buenos Aires, durante la Presidencia de Sarmiento, en 1870. Ese mismo año, Paul Groussac (1848-1928) le dedicó un trabajo crítico en la porteña "Revista Argentina". En la generación del '37 y del '53 y en la del '80, posterior, goza de fama legendaria y vigencia su poesía "deísta" y sus metros amatorios.

 

El poeta, según el autor de "Argirópolis" debe ser profeta y fiscal sobre todo: "¡Sed el Isaías y el Ezequiel de ese pueblo escogido, que haya renegado de la civilización, y adorado el becerro de oro!" ordena a José Mármol. En su epístola viajera a su amigo chileno Jose V. Lastarria, en 1846, denuncia:"millares de versos y de versificadores que produce la España..., ni nombre alguno que salga de la península, si no es el de Espronceda" ("Viajes", Obras, tomo 5). Considera a éste, genio literario a la par de Lord Byron y de Victor Hugo, en imaginación y vida desbordante, "torrente de pensamiento e imágenes". Ya en 1842 lo evalúa como símbolo del romanticismo estético e ideológico, "una grande revolución en literatura, un grande sacudimiento de la inteligencia" (en "El Mercurio", Chile, Obras, tomo 1).

 

En su correspondencia desde Río de Janeiro (Brasil) a Miguel Piñero enhebra su apología de los "Cantos del Peregrino" de Mármol, al que califica exaltado como "el raudal  de poesía más brillante de pedrería que hasta hoy ha producido la América. Byron, Hugo, Béranger, Espronceda, cada uno, no temo afirmarlo, querría llamar suyo algún fragmento que se adapta al genio de aquellos poetas".

Otra mencion  importante en la obra sarmientina: en sus polémicas de "El Progreso" sobre Ortografía (Obras, tomo 4). En su "Contestación a un Profesor de Gramática" advierte la tendencia americana en interesarse como hijos, por los hechos y adelantos de la Madre Patria. "...uno de los fenómenos que presenta el espíritu de una colonia aun muchos años después de su emancipación política. Acata sin saberlo, por instinto filial, a la metrópoli". "¿Quién es aquél que no se alegra en el fondo de su corazón de la aparición de un Espronceda, de un Zorrila, de un Larra...".

En su posterior serie de artículos, de diciembre de 1843, sobre el misma  tema,  "Nueva contestación al 'Mercurio",  destaca el valor de una civilización por el rescate de "los nombres de Martínez de la Rosa, Espronceda y Larra", sacados "de entre la mediocridad literaria de la España". La admiración confesada de estos "talentos e instrucción de tres individuos" no lo exime de advertir la ausencia de progreso de la cultura hispánica, su insolidez intelectual y su anti-modernismo. Esos reconocidos literatos enriquecen evidentemenete la lengua española de su época, pero, opina, "llorando y traduciendo".

 

 Según el maestro cuyano, esta literatura carece de "los buenos libros elementales", educativos para el pueblo y forjadores de una sólida instrucción pública, "porque el 'Moro Expósito' ni el 'Diablo Mundo' nos han de civilizar, si no lo consiguen los buenos silabarios". El pedagogo del Zonda prefiere la literatura didascálica, de fines sociales y políticos, "regeneradora", y subestima el arte lírico y dramático  de exclusiva factura estética.

 

Juan María Gutiérrez (1809-1878) en su "Fisonomía del saber español" leída en el Salón Literario de 1837, subrayó sabiamente a los jóvenes ilustrados, la necesidad del cultivo de la poesía de inspiración nacional como contribución a la formación de una inteligencia argentina, de una civilización genuina y personal;  "...la poesía es una necesidad de los pueblos adelantados", "es una planta que nace espontáneamente en el seno de las sociedades que empiezan a formarse". Contribuye a la fecundación de una cultura, la enriquece en sentimiento y observación. Ha de ser semilla de ilustración y de independencia. Es "un genio que nunca desampara a los pueblos, la impele siempre hacia adelante, y señalándole a lo lejos bellas utopías, repúblicas imaginarias, dichas y felicidades venideras, infúndele en el pecho el valor necesario para encaminarse a ellas, y la esperanza de alcanzarlas" ("El Salón Literario"·, ed. de Félix Weinberg, ed. Hachette,  1958).

Las obras de Jovellanos, Larra, Quintana y Espronceda, alumbran las reuniones de los jóvenes heterodoxos en la librería apetecible de Marcos Sastre. Conmociona a estos intelectuales incipientes, las lecturas de los liberales dieciochescos y de los nuevos, los románticos franceses, alemanes y algunos españoles ("no se olviden de la contribución española de un Espronceda..." observa Weinberg en la ed. cit.). También véase “Espronceda en el Plata” de R. A. Arrieta, ‘La Prensa’, 21-12-1941.-

 

 Primero Esteban Echeverría (1805-1851) introduce este desborde lírico y cívico, esta sensiblidad y esta fe progresista. Pero ya en 1832 en Montevideo, aparece "El Iniciador" de Cané y Lamas; y en su primer número se transcribe "La Canción del Pirata", confirmando así esta hermandad esproncediana con nuestros primeros liberales, anti-sosistas y arrebatados utopistas. Gutiérrez en carta a J. B. Alberdi, en 1839, p. ej., elogia los poemas primerizos de Bartolomé Mitre y exalta la inspiración esproncediana de sus versos, y adjetiva a Espronceda como uno de los "españoles modernos"·, "porque representa muy bien el gusto y la necesidad actual".

 

En los "Escritos póstumos" de Alberdi se halla una carta  de Sarmiento a éste donde habla de su "libertinaje literario", su anti-clasicismo, su romanticismo insurrecto (ob. cit., tomo 15). Otro periódico, "El Corsario", con la introducción de Mitre, recoge también, en 1840, el mensaje del  revolucionario. También Florencio Varela (1807-1848) en el famoso Certamen de 1841, al entregar los premios de poesía, pronuncia un panegírico de Espronceda y  obsequia un ejemplar de su obra. Gutiérrez compone y traduce en su "Canción del Grumete" y "El Capitán Pirata", en 1843 y 1845 resp., el pensamiento avanzado y el verso rítmico del cantor de "Pelayo".  Mármol (1817-1871), verbo inflamado y libertario de semejante filiación, incorpora en su "Cantos del Peregrino" (IV, 1847) fragmentos del "Diablo Mundo", "con sus desdenes a la preceptiva y su desprecio a la crítica y su capricho personal": "Amo a mi patria. La justicia adoro; / amo la Libertad hasta el delirio; / tengo en el porvenir mis sueños de oro".

 

En esa decisiva y terrible década de '40 se publica en el Buenos Aires rosista la "Lira Española" en varios volúmenes, con abundantes transcripciones de los poemas del cantor de Teresa, junto con los de Arolas y Zorrilla.


Publicado por Desconocido @ 8:07
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios