ALICIA-EDMUNDO-YORICK en “Un drama nuevo” de Manuel Tamayo y Baus.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Tamayo y Baus (1829-1898). Dramaturgo madrileño. Su teatro “conserva su extraordinaria fuerza a nuestro juicio de espectadores de hoy” (G. Díaz-Plaja).
Desde muy joven, Miembro-Secretario de la Real Academia Española de la Lengua, Director de la Biblioteca Nacional de Madrid..
Sus obras más aplaudidas: “La locura de amor”, “Viriginia” y “Un drama nuevo”.
En la última obra mencionada, de 1867, Yorick vive en matrimonio con Alicia y un huérfano que ha criado con cariño, Edmundo.
La mujer es casi tan joven como el hijastro. Yorick, actor bufo, pide a Shakespeare un papel dramático.
Recitando ella sus textos del nuevo drama, descubre Yorick, receloso, el escondido amor de su esposa con el mozo. (V. Alfredo de la Guardia: “Tamayo y Baus. Schakespeare, personaje escénico”, en Boletín Acad. Arg. de letras, nº 119, p. 11-21).
La línea argumental tiene evidente semejanza con el asunto central del mito de Fedra, amante loca de su hijastro Hipólito. Edmundo es Hipólito; Yorick, Teseo; Alicia, decididamente, Fedra.
Yorick manifiesta “irrefrenable desasosiego” asi como Teseo en Eurípides, muestra cólera y deseo de castigar a su hijo en su plegaria ante Neptuno: “Me parece que estáis preocupado...inquieto...” le dice el hijo.
En una acotación, el autor nos lo describe:
“(Hablando maquinalmente, abstraído en su meditación. Sigue andando en varias direcciones con paso, ora lento, ora muy precipitado; a veces se para; siéntase en la silla que se ve muy cerca de sí, demostrando en sus acciones la agitación que le domina)”.
Como Fedra, dudará en confesar ante Enona su amor, la lengua de Yorick, vacila en admitir ante Edmundo la deslealtad de su esposa Alicia:
“Porque sábelos Edmundo; Alicia...¡Oh, cuál se niegan mis labios a pronunciar estas palabras!. Y si a lo menos pudiese decirlas sin que llegaran a mis oídos. ¡Alicia no me ama!”.
Edmundo: Pero sin duda os engañáis. ¿Cómo sabéis que vuestra esposa...? ¿Quién os ha inducido a creerlo? (Con ira en esta última frase).
Yorick: Al oír que le llamaba esposa infiel con palabras de esa maldita comedia, que le sonaron a verdad, sobrecogióse de modo que llegó a perder el sentido”.
Esa parte del diálogo entre el padre y su hijo adoptivo, “el hijo de mi alma”, es reveladora, decisiva, pues marca la conciencia paterna dolorida sobre el engaño de su esposa. Recuerda la desesperación de Teseo ante la muerte de Fedra, en Racine, p. ej.
Repara Yorick ahora, en su vejez y fealdad, contrastante con la atrayente juventud de Alicia:
“Pero en mi pecho quedó leve espina: espina que fue muy pronto clavo encendido. Yo antes nada veía, en nada reparaba. Como la luz del sol deslumbra la luz de la felicidad. Nublado el cielo de mi dicha, todo lo vi claro y distinto... Parecióme ella más joven y hechicera que nunca: hallé en mí con asombro, fealdad y vejez..”.
Alicia, como Fedra, se agita y conmueve, siente punzar su corazón ante las miradas acusadoras y de sospecha de su esposo, nunca habla sin que su labio refleje el temblor de su conciencia. “Esconde secreto abominable en su pecho”.
Yorick analiza, en detalle, el comportamiento de la ilícitamente enamorada. “Su risa es más triste que su llanto”.
Describe pormenorizadamente la expresión de esa angustia, de una pasión que desea ocultar. Yorick interroga a Alicia, quien desfallece, nos sugiere la escena en que Enona, la anciana Nodriza, pregunta a Fedra sobre el sujeto de su amor.
Representando el nuevo drama, de igual asunto que la obra de Tamayo, Yorick en el papel del Conde Octavio, Alicia como Beatriz y Edmundo como Manfredo, la amada infiel y el esposo engañado, les alcanza la luz del drama, la zozobra, el amor-pasión y la muerte.
El autor aúna el Romanticismo que ya decae y el Clasicismo más genuino. Su teatro luce el influjo de Friedrich Schiller (1759-1805) en dramas de intriga y amor, desde el Romanticismo y el Idealismo, y de los Neoclásicos franceses.
Restauró la Tragedia Clásica con su “Virginia” (1853), “el más bello ejemplar del clasicismo dramático español, la aplicación de la esbelta forma dramática antigua, severa y armónica como un templo griego, a un asunto gentílico sí, pero en el cual se infundió el espíritu y tendencia del drama histórico romántico” (Oyuela, loc. cit., p. 103). “Para realizar esta feliz conjunción de Clasicismo y Romanticismo”, “despojó a la forma clásica del énfasis oratorio y de la monótona solemnidad con que en los tiempos modernos se la había falseado, dándole más acción y movimiento, y en la expresión, más familiaridad y variedad de matices”.
Como en Racine (siglo XVII), Tamayo es un Clásico y un Romántico, por la borrasca de los conflictos anímicos que representan.
“Cuando amada vivo,
¿cómo no amar la vida?. Claudio, Claudio,
¿por qué te privas del mayor deleite
que ennobleció jamás un pecho humano?
¡Llanto ajeno secar!. La propia dicha
con la ajena se labra”,
expresa la protagonista de “Virginia”..
En 1855 estrenó “La locura de Amor”, drama histórico, afamado y admirable. Desmenuza allí, hermosamente, la pasión amorosa de Juana la Loca. Pinta los celos en síntesis minuciosa de arte, en su “Bola de nieve”, base de “El Gran Galeoto” de Echegaray (1832-1916): el “vivir insufrible”, el “padecer eterno”, el “recelar continuo”.
Destaca en “Un drama nuevo”, la pintura de caracteres, el estudio de las conductas: la de Yorick-Teseo y la de Alicia-Fedra, la de Edmundo-Hipólito.
La ubicación, en tiempos de Shakespeare. Drama escrito en prosa, sin escenas secundarias que nos distraigan de la esencial representación de las pasiones, en una acción simple y sin convencionalismos ni fáciles declamaciones.
Describe el ardor, la violencia y turbación de las almas, de los labios y los pechos ante el Amor, que es el Agonista principal.
El Amor trágico, no enteramente dichoso.
Desgraciado, al modo de las ricas Tragedias Clásicas.
Edmundo no es inocente como Hipólito. Es tan culpable como Alicia, pero su amor a Yorick, padre en uno, y esposo protector en la otra, les arriman nobleza.
Walton y Shakespeare representan aquí dos personajes distintos. Éste, elevado y sereno, aquél, traidor, malvado y celoso por el papel del Conde Octavio que Yorick le ha arrebatado.
Como verdadero drama, solemne y terrible, la Muerte invade la doble escena final, los actores escenifican otros papeles, con su tristeza y su majestad clásicas.
En la tradición mítica, Teseo sólo al final conoce la verdad. En Tamayo, ya en la 3ª escena del IIº acto, en conmovedor diálogo, Alicia se confiesa ante Yorick, quien siempre, y a pesar del dolor y despecho que siente, se comporta como esposo indulgente y dulce.
Lenguaje realista y lírico, expresando nobles pensamientos y describiendo la psicología amorosa.
“La gran poética que han de estudiar los autores dramáticos escrita se halla en el corazón del hombre por mano de Dios. Es un dramaturgo clásico en sus aspiraciones de armonía y proporción, pero clásico-romántico en la expresión de ‘viva llama de los afectos’, para desentrañar y esculpir, en forma soberana, lo fundamental y eterno de la vida” (Oyuela, loc. cit., p. 195)...
Texto: “Obras Completas” de M. T. y B. (Prólogo A. Pidal y Mon, edit. Fax, Madrid, 1947).
Bibliografía complementaria:
· “Clarín”: “Tamayo” (en “Solos de Clarín”,, ed. 1971).