domingo, 18 de enero de 2009

                                    ALGUNAS VIRUTAS DE  FEDRA.-

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

En el ámbito inmenso de la “thématologie”, “historia de los temas”, se encuentran semejanzas o similitudes  en la situación dramática, en circunstancias y motivos literarios. Algunas otras “Fedras”:

 

  • En la literatura española: Al ascender los Borbones crece la difusión del Teatro francés en España, y se enciende la polémica entre los críticos, favorables a tal influencia, y los defensores del castizo drama del Siglo de Oro.

 

Según observó Alfredo de la Guardia en su “Visión de la crítica dramática” (p. 100 y ss.), Ignacio de Luzán (1702-1754)  intenta un equilibrio entre lo hispánico y lo foráneo y de acuerdo con lo dicho por Menéndez y Pelayo, Juan de Iriarte es uno de los grandes defensores de la corriente “tradicionalista”: el teatro popular del Siglo áureo.

 

Y Pedro  M. Estala Ribera (1757-1815), helenista, filólogo y religioso español, entre otros, destacó en esa época la contribución del Clasicismo Francés al Teatro Hispánico. Cito a Estala por que nos ofrece una apropiada mención  de Fedra.

 

Alaba a Racine por la “humanidad” de su teatro, frente a la prevalencia de la “divinidad” en el drama griego, y adopta como punto de referencia al mito de Fedra. Explica: “El amor de Fedra en Eurípides y en Séneca es un castigo de los dioses, una pasión total a la que no ha podido resistir. El hado fatal es el que decide, trágicamente, las acciones de la protagonista”.

Continúa: “En Racine es una pasión humana, que Fedra ha concebido por causas naturales”. Es evidente entonces, la radical modernidad del arte raciniano, distinguida por Estala, un crítico del siglo XVIII español. El Padre Estala era ‘afrancesado’, como  José M. Gómez Hermosilla (1771-1837)  y otros  integrantes del grupo Moratiniano. No se estudia su obra en la mayoría de los manuales al  uso y se lo menciona en contadas historias de la Literatura Española.

 

Las noticias más detalladas sobre él se encuentran en la “Bibliografía Hispano-Latino Clásica” (1902) , valiosísima e impar colección de notas y ensayos críticos de Marcelino Menéndez y Pelayo (tomo X).

Estala escribió dos ensayos sobre el drama, antiguo y moderno, tradujo a Sófocles y a Aristófanes. Allí afirma que el arte griego es inimitable, sólo se remedan sus argumentos, no su esencia religiosa y musical, ni su finalidad moral, la “sophrosyne”.

Todo esto que hoy es del dominio general de la crítica, pero que entonces no veía ni entendía casi nadie, las vio y comprendió el catedrático madrileño, con maravillosa lucidez (“Antología General” de M. M. y Pelayo, t. II, ed. B.A.C.., 1956, p. 127-128).

Realiza una sagaz y precursora comparación entre la “Phédre” de Racine y el “Hipólito” de Eurípides. El carácter primero del teatro griego es político y moral, de raíz sacra y de índole pública, y donde el Coro desempeña un trascendente papel. Los inimitables griegos crearon  un mundo de ideas muy distinto a las del francés del siglo XVII.

No se ensaña con Racine, como hace Schlegel, y profundiza en esas diferencias, de circunstancias históricas, de ambiente social, de concepto del arte y de noción del destino.

El mundo “cortesano” y el carácter “intimista” de la Poesía Francesa, su sentimentalismo y galanterías afectadas, contrasta, pues, con las notas de la literatura griega ya señaladas.

Es un clasicista, pero no un “seudoclasicista”, con quienes divergía en su amor por el Arte genuino y creador, no por las burdas “máscaras” de los imitadores.

 

Hay que mencionar también a Vicente García de la Huerta (1734-1787) el autor de “Raquel”, el creador de “la única tragedia del siglo pasado que tiene vida, nervio y noble inspiración” sostiene Menéndez y Pelayo.

De forma enteramente clásica y de fondo español. Alcanzó éxito popular (J. L. Alborg, “Hist. de la liter. Española”, t. III, p. 620-628).

Es un “tradicionalista”, publica una Antología en 17 volúmenes: “Teatro  Español”. Arrima Clasicismo (severidad y pulimento del estilo) con Nacionalismo (argumento y ambiente español).

Para él, el carácter del teatro depende de la psicología del dramaturgo y del clima del país. Racine carecía según el escrito, de “masculinidad” y de fuerza creadora, dedicado sólo a un escrupuloso respeto de las reglas...

 

Otros antecedentes literarios españoles sobre el mito.

Gabriel Henao y Monjaraz (1612-1704) con su romance mítico “El Hipólito”.

 

En la Literatura Medieval del siglo XII registraos otras dos referencias. El “Hipólito” de Barnardo Silvestre y el de Alain de Lille.

El primero, poeta y filósofo platónico de Tours, compuso entre 1145 y 1153 “De universitate Mundi sive Magacosmus et Microcosmus”, donde describe la formación del Cosmos y creación del Hombre. Nous (Espíritu) pasada revista la historia del mundo, las figuras sobresalientes y mitos de la Antigüedad. Desfilan en sus referencias, a modo de catálogo versificado, el caso Hipólito, Ulises, Cicerón, Tales. Estos desfiles de personajes célebres, muchas veces como alarde cultista, fue lugar común en la Antigüedad y el Renacimiento, Mena, Petrarca, entre muchos.

 

Alanus de Insulis, poeta y teólogo (1128-1202), en su enciclopédico “Anticlaudianus” (escrito entre 1182-1183), presenta a la Diosa Natura proponiendo la creación del hombre perfecto y reuniendo en un Palacio a divinidades celestiales: la Honestidad, la Concordia, etc. Allí se observan 12 cuadros, representando a personajes reales y míticos dotados de ejemplaridad para los humanos. Entre Séneca, Tolomeo y Aristóteles, está aquí también el hijo de Teseo, reconociéndose  por sus dotes  de vida ejemplar (Curtius, “Literatura Europea y Edad Media Latina”, t. 1, p. 162 y ss, 174 y ss.  José Ferrater Mora: “Diccionario de Filosofía”, 1979).

 

Otra pasajera presencia en el poeta portugués Duarte de Brito, del “Cancioneiro geral” del siglo XV.  Entrevisión de jardines y espacios celestiales, el laico visita el Infierno, donde ve personajes famosos en la tradición de Eros, Orfeo, Fiammetta, Paris y Elena, Hipólito, Fedra.., entre otros que enumera. (cit. por M. R. Lida, “Estudios de literatura española del siglo XV”, p. 118-119):

 

                        “Fuy levado per lugares

                        onde vi em vivas chamas

                        estar ardendo

                        muytas Gentes com pesares

                        de namorados con damas

                        padeçendo”.

 

Fedra es una víctima del amor, que padece, desesperada, sus efectos.

 

Llorenç Villalonga (1897-1980), escritor mallorquín en lengua catalana, médico psiquiatra. Escribe “Fedra”, dos versiones en castellano, 1932, 1954, y una catalana, 1960.

 

Emilia Pardo Bazán (1851-1921)  concibe una novela breve “Un drama”, sobre “Fedra” de Racine” (incluida, p. ej., en sus “Obras Completas”, ed. Aguilar, 1964, t. 2, p. 1096-1132),

Puede verse “Recreaciones novelescas del mito de Fedra y relatos afines” de Vicente Cristóbal López (rev. “Cuad. de Filología Clásica”, Univ. Complutense de Madrid).

 

Una  repristinación y recuerdo del mito, en la “Fedra” (1955) del catalán Salvador Espriu (1913-1985): “Una altre Fedra, si us plau”. Puede leerse “Ronda de Muerte en Sinera”, espectáculo de Ricard Salvat sobre textos narrativos, poéticos y dramáticos del autor.

Mirada irónica y contemporánea, estrenada en 1979. Aparecen personajes tiernos, casi estúpidos, Espriu les confiere esa nueva dimensión, ya no violentamente trágica. (Observaciones de la actriz Nuria Espert”, según “Crónica”, 19-1-79). Por ejemplo, un Teseo más comprensivo y contemplativo. Un lenguaje totalmente simple...

 

  • En la literatura argentina, debemos resaltar la literatura  de inspiración clásica de José Bianco (1908-1986). En su destacada novela “Las ratas” (1943), entre la escritura de la ambigüedad y la reescritura del mito de Fedra. Periodista y  selecto traductor de Henry James, Valery, Genet, Sartre, Benda, etc. (ver. “Hist. de la liter. Arg.”, R. A. Arrieta, dir., t. 4, p. 242-244).

 

De la generación del 80 fue Lucio V. López (1884-1894) , de prestigiosa familia de políticos e intelectuales de nuestra historia. Escritor y político. Escribió un interesante comentario sobre la representación de la “Fedra” de Racine por Sarah Bernhardt.

 

También otro eximio escritor, Marco Denevi (1922-1998) compone una “Vindicación de Fedra”, recogida en su “Antología Precoz”, Chile, 1973.

 

María Angélica Bosco (1909-2006) escribe “Cartas de Mujeres” (1975): son las “Heroidas” de  nuestra Literatura. Epístolas de mujeres míticas o históricas a sus amantes: de Eva a Adán, de Hera a Zeus, de Yocasta a Edipo, de Andrómaca a Perseo, de la Reina Catalina a Potemkin, Fedra.... También, entre Nora de Ibsen y Ana Karenina de Tolstoi, de Mme. de Stael a Brigitte Bardot, de Mme. Bovary a Flaubert.  La leyenda, la experiencia histórica, la fantasía de una culta  escritora, novelista y traductora, alerta a las caracterizaciones psicológicas de personajes reales y ficticios, Fedra entre otros, y a los ambientes e ideas de la historia pretérita y la civilización contemporánea.

Expone con sencillez y claridad, ideas sobre la dignificación de la condición femenina, que representan, entre otras, las almas independientes de Ana de Tolstoi y Nora, de Visen. Algunas “Cartas”, cuando lo necesita, llevan una introducción de la autora, donde anoticia al lector menos enterado, de la existencia de tal figura literaria o persona de la vida actual. Isabel la Católica, Mm. de Beaumont, Juliette Drouet. Alternan citas de Freud, datos históricos precisos. El uso del voseo y de algún vocablo grueso vulgariza su estilo, por lo demás, íimpido y correcto. Finaliza con una aguda carta a Ester Vilar, la escritora de “El varón domado”.

 

En 1943 se estrena “El carnaval del Diablo”,  tragicomedia de Juan Oscar Ponferrada (catamarqueño, 1907-1990). Se la ha comparado a “La malquerida” de J. Benavente. El mito de Fedra  en ambiente original del carnaval calchaquí, el diablo maligno y omnipotente es el  protagonista. Tragedia cristiana, nacionalista, religiosa, folklórica, de altos y perennes valores culturales y específicamente literarios.

Alba Omil de Piérola: “El tema de Fedra a través del folklore” (en Actas VIII Simposio de Lenguas Clásicas, Tucumán, 1984).

 

Boris del Río compone una atractiva versión de un clásico “Fedra...La Minotauro” (ver comentario de V. F. Luna, en ‘La Prensa’, 10-9-1982).  Contemporiza la puesta en escena clásica, el rey Minos aparece ataviado como un moderno Jefe de Estado, u un tal Pérez, común y ordinario, que reclama  el pago de una cuenta de carnicería..., acompañado con música electrónica. Escenificación vitalista y ágil.

 

Mario Vargas Llosa (1936), “Elogio de la madrastra” (1988): ver M. E. Asís y N. F. de Fernández, “Fedra y Narciso en ‘Elogio...’” (en “Homenaje a Aída Barbagelata”, tomo 2, p. 69 y ss.).

 

Otro escritor peruano, César Miró (1907-1999), “Fedra entre los vascos” (1962).

Augusto Roa Bastos, en “Yo, el Supremo” (1974), p. ej., alusiones a Fedra en ed. Siglo XXI, p. 235.

En los albores del siglo XIX, Pedro Zegarra (muerto en 1839) traduce al idioma  quechua la “Fedra” de Racine, según nos anoticia Pedro Henríquez Ureña en su estudio “El teatro en la América colonial”, incl. en su “Obra crítica”, México, 1960, p. 709).

 

  • En la literatura francesa:  Henri Bataille (1872-1922), dramaturgo y poeta,  compone el poema “Phèdre”, incluido en su “Le quadrature de l’amour”, de 1920.

 

Alexandre Weill: “La nouvelle Phèdre” en 1889.

Henri Deberly: “Le supplice de Phèdre”, Premio Goncourt de Novela, 1926.

 

  • En la literatura inglesa y norteamericana:

 

Walter Pater (1839-1894): “Hippolytus Veiled”, en sus “Greek Studies” edit. En 1895 (Ver Mario Praz, “La carne, la muerte…”, y su “Literatura inglesa. Del Romanticismo al siglo XX&rdquoGuiño.

Robert Lowell (1917-1977): “Fedra” (ver G. Steiner, “Lenguaje y Silencio”, 1967, ed. Castell. 1994).

 

Hilda Doolittle (1886-1961). Norteamericana, “imaginista”. Traductora de poetas griegos y latinos. “Una curiosa tentativa de drama imaginista”: “Hypolitus Temporizes”, 1927 (ver Guillermo de Torre: “Historia de las literaturas de vanguardia”, t. 2, 1974, 3ª ed., p. 156-157).

 

John Robinson Jeffers (1887-1962). Poeta y novelista estadounidense.  Lector y traductor de los clásicos griegos.. Pesimismo y visión trágica del mundo.  “La cretense”, 1951. “Es un poeta vergonzosamente olvidado: ninguna de sus creaciones carece de una notable grandeza” (G. Highel, “La tradición clásica”,  tomo II, p. 341).

Principal tema de sus obras ha sido la fuerza demoníaca del impulso social, vinculado con la necesidad de matar. (Ver E. L. Revol, “Poetas norteamericanos contemporáneos”, 1976, p. 187-190; A. Casey, “Dos siglos de  poesía  norteamericana”, 1969, p. 198-201; también rev. “Sur”, nº 109, p. 33-34).

 

  • En literatura alemana:

 

Friedrich Schiller (1759-1805)  traduce “Fedra” de Racine;  influye  la concepción clasicista en el teatro, el “decoro” neoclásico.

El príncipe Jorge de Prusia en 1868 “Fedra”.

Oswald  Marbach: “Hipólito” (1846). Igual, por Sigfried Lipiner (1913).

Malvida von Meysenburg (1816-1903), escritora alemana, “Phädra”.

 

  • En otras literaturas: Herman Bang (1857-1912): una novela, “Fedra”. La protagonista es de la familia de “Hedda Gabbler” de Henrik Visen. Danés, actor de teatro y periodista. Insuperable pintor de costumbres. Minucioso en el tratamiento psicológico de sus personajes. Dotado de un sentido de la Piedad que lo acerca a Tolstoi.

 

Aristomenes Provelenginos (1850-1936), con su drama en verso “Fedra” (1916).

 

  • En la literatura italiana:

 

Angelo Poliziano (1454-1494) con sus “Estancias de una justa” (1475-1478): Julo, como Hipólito, es un adolescente arisco y desdeñoso, “Stanze per la Giostra” (ver. F. Pastonchi, en “Diccionario literario” Bompiani, tomo IV, p. 839-840).

Goissué Carducci (1835-1907). Sobre el escultor italiano que forjó en mármol la historia de Hipólito y Fedra que adornaba la tumba de la Condesa Matilde, en el domo de Pisa. Cristianiza el mito pagano, aduna la leyenda helénica a la tradición católica. Aparece la Virgen María, Dionisos e Hipólito. Italianiza finalmente el mito clásico. Versos escritos en Bolonia en 1893, en cuatro grupos de sonetos, publicados en su “Rimas y ritmos”.

 

C. Terron, dramaturgo, “Hipólito e la vendetta” (1958).

 

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 9:33
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