domingo, 18 de enero de 2009

            ESPRONCEDA Y SARMIENTO. Literatura y Política (IV).-

 

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

Don Domingo, Idealista Esproncediano.

 

Ramón Pérez de Ayala en su “Centenario de Espronceda”, 1942, destaca precisamente el Ideal Libertario en lo individual y social, definidor del lugar de Sarmiento y de Espronceda en la historia y la literatura  de ideas hispánica, desde muy jóvenes: “”manda y domina / un joven de alma enérgica y valiente, / clara razón y fuerza diamantina”...

 

José Sienra Carranza en el discurso ante los restos mortales sarmientinos, 1888 (ed. Impr. Biedma, 1889, p.110)  recordó la aventura intelectual histórica, libertadora, de Sarmiento y otros prohombres americanos, del desprendimiento de su aldea, muy jóvenes, pobres materialmente, ricos en ideas y sentimientos de belleza y de justicia, para emprender una lucha impar por la constitución de una América soberana y desarrollada, habiendo abrevado en la literatura romántica de Espronceda y de Musset...

 

“¿de dónde había surgido, -o con qué misteriosos Sacerdotes del Ganges  había comunicado aquel apóstol, a quien los vecinos de su hogar paterno vieran poco antes ausentarse, vacío de provisiones, el saco de viaje, sin otra cosecha que la de las enfermizas decepciones de Musset y de Espronceda?”. Siembra de Ideas, que implicará un futuro de cosechas benéficas, útiles para la Ciudadanía...

 

Ideal  fogoso de la vida arriesgada y libérrima, de la autonomía espiritual como meta y como fundamento de oro  de la acción y la escritura.

Tal como, figuradamente,  el  cuyano lo expusiera a su nieto Augusto , aconsejándole “vivir sin pedir permiso a la policía”. (R. P. de Ayala, en sus “Obras Completas”, ed. Aguilar, t. II).

 

Las  páginas juveniles del argentino, revelan su intenso romanticismo, su inspiración de exiliado, su canto del exilio, del expatriado, del proscripto, a quien también el español había dedicado brillantes expresiones en su obra. E influyentes en su generación, en toda América hispánica.

P. ej., de Sarmiento “El emigrado”, 1841, que aparece recogida en el tomo I de sus Obras, “Artículos críticos y literarios”.

La angustia del desarraigo, (“desde el hogar; extraño que me presta asilo&rdquoGuiño, y el dolor moral, dinamizan con significativa entonación: “¡El destierro!. ¡Ah!, ¿Quién de vosotros conoce lo que tiene de despiadada esta desapacible palabra? ¿Habéis, por desgracia, andado vagando prófugos y sin amigos en tierra extraña?”.

 

La ausencia de “todo lo que hace palpitar el corazón”, los genuinos afectos, aguzado el sentimiento exasperante de la desgracia y de la lacerante injusticia, y el extrañamiento (“el apego a la tierra&rdquoGuiño, definen su circunstancia  esproncediana. También en la preferencia literaria por los contrastes, las interrogaciones, las exclamaciones  un poco retumbantes, recuerdan la preferencia por los marginados y el tono desolado, melancólico y de enajenación individualista y de refugio utópico de los versos del español, en sus canciones al Verdugo, al pirata, a “Jirafa en una orgía”, etc.

 

Antonio Pagés Larraya calificó a don Domingo de Idealista mayúsculo, hombre extraño y extravagante. Con ello ha captado al Sarmiento fundamental, al del “pathos” vibrante, del sentimiento hondo, del Grito y el llanto que “estremece sus textos”. Asombrosamente contradictorio en su Idealismo y su Romanticismo al modo esproncediano, en sus locuras y vanidades, y en sus renunciamientos y conciencia moral. 

“Su voz se dilata con fuerza provocativa”, su mensaje perdura, nos exige, “desafía a tomarse en serio al país”. (autor citado, “El adiós  de Sarmiento”, Boletín Acad. Arg. de Letras, nº 221-222, 1991).

 

Despliega don Faustino su látigo crítico con potencia, cuando sorprende con increíble prontitud la vulnerabilidad de las personas con las que polemiza o la debilidad lógica o la insolidez moral.

 

 

 

Poesía religiosa y poesía pagana.

 

 

Hasta en sus últimos escritos el sanjuanino continúa distinguiendo una oposición insalvable entre la Poesía Religiosa y  la Pagana. Los festejos populares y homenajes patrios, y la poesía especulativa de la industria y el progreso (“whitmaniana&rdquoGuiño, el arte Sacro y el Profano, en los países americanos.

 

Por ejemplo en 1887 (20 de agosto), en carta desde Asunción del Paraguay, a su sobrina Victorina Leonoir de Navarro: “Más alegre que los milagros y las fiestas y toda la poesía pagana que ha mantenido en la  Barbarie a los pueblos, es la que llena de ilusión a Navarro, soñando en contar por miles y cientos de miles, el fondo de sus especulaciones” (“S. a través de un epistolario”, Julia Ottolenghi, 1939, p. 166).

 

Junto con el arte del trabajo y el adelanto civilizatorios, profesa otro concepto poético: el del ocio y contemplación en medio de la Naturaleza, el contacto vivo con el paisaje rudo y la armonía vital. Poesía romántica, de acento chateaubrianesco, como el Delta, los cerros americanos, etc.

 

En carta a su amigo chileno  Victorino Lastarria (1817-1888) del 10-1-1876: “Vivo y siento la vida”. Son su “creación fantástica” paradisíaca  y  “la poesía de mis viejos días”: los “buenos y deliciosos días que paso en mi isla Prócida del Paraná”. Esas jornadas alciónicas en el adánico escenario delteño son “mi incompleta felicidad, mi mesurado bienestar”...

 

 

 

 

 

Sarmiento “sanchesco”:  la Prosa.

 

En el concepto retórico sarmientino, tradicional, el género de la Prosa corresponde a los temas de la vida corriente y el de la Poesía, al estilo elevado. Simbolizan respectivamente lo Terrestre y lo Celestial.

 

Con ironía burlona satiriza  las ambiciones del Senador Nicasio Oroño (1825-1904)  a la Gobernación de Santa Fe. En su escrito “Cuestión Capital. ¡Dale Bola!” (1873) (en tomo 52 de sus Obras Completas). Imita allí la descripción barroca en la literatura mística: “Quiere, pues, volver en Gloria y Majestad...inaugurando la  Jerusalén mística con palacios de alabastro y lapislázuli...”.

 

Y a continuación reflexiona aristofanescamente paradójico, desde su humorística teoría literaria, en perspectiva cervantina; “Después de un esfuerzo supremo para mantenernos en las regiones de los sublime, caemos en la prosa pedestre, de Sancho, las longanizas de la tierra. ¡Decididamente no hemos nacido para poetas!”.

El escudero Panza encarna el espíritu realista de la Prosa; el Caballero, la utopía  apolínea de la Poesía....

 

 

Espronceda según Aleixandre.

 

“Espronceda cantó y murió”.  “..corrió, corrió en caballo, / hasta más allá del confín, traspasó el límite”.

 

Vicente Aleixandre (1898-1984, Nobel 1977) en su  poema “Historia de la literatura”, incluido en su obra “En un vasto dominio” (1962)  evoca al Poeta de “El Diablo Mundo” como un ser “humano, demasiado humano”, de naturaleza nietzscheana, es decir, como nuestro maestro sanjuanino,  traspasando los límites en su accionar libertario, en el ejercicio de su arte prometeico, de auténtico fuego republicano.

 

Corresponde esta preciosa composición aleixandrina a su Poesía antropocéntrica, de corte social, junto con un libro anterior, “Historia del corazón”, 1954.

 

“él, que quemara / su voluntad a diario para hirviente levantarse a diario / con grito y con antorcha”.

Jugábase a todo siempre, en cada aventura vital, apostaron, Sarmiento y Espronceda antorchas vivientes de la nacionalidad más virtuosa y a su vez comprometida,  al riesgo, a la amenaza constante, a la pedrada enemiga de la Libertad y a la muerte. Siempre desde su  propio antropocentrismo hispánico, raigal, progresista.

 

“Y otros pensaron: Verbo, bah, palabras...Y aún arde. Aunque también se apague. / Mas no importa: que otras lumbres le heredan”.

El verbo flamígero, autónomo, de educación popular, de gobierno y prensa  libres de civilización, lo encarnaron, con el brazo y con la lengua. En la prensa, en el libro, en la palabra más ardorosa... El nuestro, en gran sentido, “hereda al otro”...

 

 

Poesía del Combate y del Buen Gobierno.

 

Destaco el tono Alceico de los cantos Esproncedianos y los Escritos Sarmientinos, contra déspotas y tiranos, “cacopátridas” al  modo terrible y abominable de Mirsilo y Pitaco. En el estilo del griego  Alceo de Mitilene, siglo VI a. C.

 

Los que lloran con grandeza la miseria del destierro, como Alceo en Pirra, que lucha furiosamente como soldado por la Libertad de su Patria.

El himno épico expresa más naturalmente su temperamento, en el que identificamos a nuestros parangonados.

No desprecia el cultivo del tema erótico y el brillante discurso político que trasuntan sus intensos “Poemas revolucionarios”...

 

Ímpetu Tirteico de la escrita del español y del argentino. Es decir, semejante acento combativo y agresivo, cualidad de conductor de la sociedad.

Apóstrofe  y anáfora en la elegía  política de Tirteo (siglo VII a. C.), que contagian el impulso patriótico, el espíritu bélico, la ambición, beligerante,  de batalla y de gloria.

 

Tirteo, de Esparta,  a cuyo arte,  se aproximan Sarmiento y Espronceda,  exalta la Constitución de Licurgo, el Legislador de Esparta,  en “El Buen Gobierno” (“Politeia”, “Constitución&rdquoGuiño. Vigorosa arenga y exhortación, en que labra la Apología del Patriota, el Hombre Valeroso que sacrifica todo, todo, en aras de su nación.

 

Moral “tirteica” o “tirtaica”  denominó Goethe (1749-1832) a esta santificación de la virtud Patriótica (“¿por qué has de ser más feliz  que tu patria?” le pregunta, estoico, Sarmiento a su hija, siempre  “en la incesante pugna” por la felicidad y constitución sólida “más que mía, de mi Patria”...).

 

 

Bibliografía  esproncediana.

 

-J. L. Alborg: “Hist. de la liter. Española”, t. IV, p. 282-365, Madrid

-E. A. Imbert: “Biografías sobre E.” (en su “La flecha en el aire”, Gure, 1972).

-Azorín: “Sobre E.” (en su Obras compl.,  Madrid, t. 7, p. 748-754).-

-E. Carilla: “El romanticismo en la América Hispánica”, 3ª ed., 1975, Madrid, t. 1, cap. IV, p. 125-132.

- P. Groussac: “J. de E.” (en “Revista Argentina”, 1871, t. X, p. 123-167; y en su “Crítica literaria”, 1924, 1ª ed.).

-A. de la Guardia: “Espronceda, protagonista del Romanticismo español” (en su “Poesía dramática del Romanticismo”, 1973).

-A. Reyes: “Sobre E.-“ (en su “Obras completas”, México, t. 7, p. 424-428).-

-P. Salinas: “La rebelión contra la realidad. J. de E.” (en su “Ensayos completos”, t. 1, p. 270-277).

G. de Torre: “E. y el Romanticismo” (en su “Del 98 al barroco”, 1969, Madrid).

-M. de Unamuno: “Restauración y  renovación” 1935 (en su “Obras Completas”, Aguado, T. 5, P. 256-259).


Publicado por Desconocido @ 22:00
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios