martes, 20 de enero de 2009

                                    PELLEGRINI, EL HIJO ESPIRITUAL DE SARMIENTO.-

 

 

                                                Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

  • Advertimos en CARLOS PELLEGRINI (1846-1906) la palabra soberana y el brazo hercúleo de DOMINGO F. SARMIENTO (1811-1888). Intentamos esbozar tan insigne paralelo.

 

El genio rudo, recio, el verbo sin eufemismos, la expresión y decisión sin ambages. Su franqueza y  visión realista los aproxima más allá del tiempo. Por supuesto, también su pluma creadora, la agudeza de sus observaciones. La contundencia de una Personalidad mayúscula.

 

  • Debemos señalar el influjo decisivo del Padre José de Oro y otros parientes maternos, como Domingo de Oro, en la modelación del carácter sarmientino, la palabra efusiva, la cultura universal religiosa, y criolla.

En Pellegrini, la influencia de su tía materna, Ana Bevans, en su colegio primario: cultura y lengua inglesa, precisión del gesto y la palabra.

 

·         Con los significativos conceptos de Belisario Roldán en su Discurso en honor de Pellegrini, podemos  memorarlo  “con aquella elocuencia suya, desordenada y relampagueante como la de Sarmiento, con aquella gran palabra calurosa...”. “Son hombres a la vez cerebro y brazo”, “idea y fuerza”, “pensamiento y acción”, “bandera y asta”, “jefe y legión”, “índice y hacha”, “penacho y espada”.

 

  • El maestro sanjuanino definía su propia Sabiduría con la imagen del “ciervo dorado”. Su utopía: la ruta del Bien, de conocer en qué consiste y cómo hacerlo. El otro, con respecto a sí, la definía como “el camino de la montaña”. La ruta de la alegría hacedora, de la sana conciencia de la energía expansiva del ideal (vid. su Discurso en la Facultad de Derecho de la UBA, fechado el 24 de mayo de 1892). En ambos la ética kantiana primordial; “procuraos una idea exacta de vuestro deber, y cumplidlo sin vacilar ante ninguna otra consideración”. Pues solía repetir que “El secreto de la energía y el nervio de todas nuestras acciones consiste”  en una inclaudicable  “fijeza de objetivos”.

 

  • El primer escrito pellegriniano de acento personal fue una “Disertación sobre Instrucción Pública” de 1863, bajo el influjo rector de su padre, Carlos Enrique (1800-1875) y de su tía Ana, educadores ejemplares.  Nunca suficientemente ponderado y fresco testimonio de la vital estela sarmientina. “Felizmente la instrucción pública entre nosotros ha alcanzado positivos adelantos y puede decirse que ese problema, eternamente planteado y siempre discutido en las demás naciones, tiene aquí una base inconmovible de organización”. Considera sagrado, fichteanamente,  el Deber del Estado, de educar al pueblo. La educación entendida como una necesidad y una obligación social y política.

 

  • Siempre y muy tempranamente aparece en ellos, la conciencia de su importancia, el esfuerzo por destacar su lúcida inteligencia. “El Gringo”-escribe Luis A. Murray- “era osado, acometedor, fogoso...Un cabal hombre de lucha” (en su “Historia, es decir, política” D.H. edit., 1981, p. 80). Subsecretario de Hacienda (1867-1872). Luego Diputado, encarnó el neto prototipo preconizado por el autor de “Facundo”, el Ciudadano Argentino en todas partes. Don Carlos lo recuerda: “Sarmiento proclamaba enérgico la necesidad de una patria común...” (Obras Completas, ed. Jockey Club, 1941, tomo 1). También en 1901 como Senador destacará el nivel de educación política “que tanto había adelantado bajo la administración del Gral. Sarmiento”.

Idealistas activos. Con carácter y firmeza excepcionales. Fuerte sentido de nacionalidad, constitucionalidad y legalidad.

 

  • Don Domingo viaja a Estados Unidos de América del Norte en 1847 y luego en 1865. Pellegrini, en 1883 y después en 1904. Productos de ese impacto fueron, entre otras obras, los “Viajes” de uno y las “Cartas norteamericanas” del otro. Ambos, coincidentemente, visitan usinas, talleres y fábricas, con clara visión argentina y enfoque modernizador. Coinciden en su visión del país yanqui como paradigma imitable para lograr el progreso vernáculo. Fue prédica permanente del “cerebro más poderoso que haya producido la América” según evaluó preciosamente.. “Nuestro ideal nacional es ser mañana lo que este pueblo es hoy, y ocupar algún día, en el planeta, la situación que él ha conquistado ya” desea Pellegrini de la nación de Jefferson, Franklin y Lincoln.

 

  • La creación del Jardín Zoológico a iniciativa de Sarmiento, por la Ley 658 de 1874, tuvo una Comisión organizadora cuyo Presidente fue Sarmiento y Pellegrini el Secretario. Este hecho auspicioso tiene su antecedente histórico decisivo en el proyecto de  éste de 1883 (Carta a Torcuato de Alvear), de instalación de una Sección Zoológica Municipal en Buenos Aires, que se pareciera a la de Londres o Hamburgo, que admira el viajero progresista. Visión sarmientina es la que luce Pellegrini en su epístola mencionada: “Esa gran parte de nuestra población que trabaja toda la semana, necesita tener y debe tener dónde pasar su día de descanso alegremente” (transcripta por E. G. Herz en su “C.P. Ayer y hoy”, Centro de Estudios Nueva Mayoría, 1996, p. 178 y ss.).

 

  • Entusiasta, visionario, aconseja e instruye sobre los más diversos progresos ciudadanos y  las perspectivas económicas para su realización. H. S. Ferns en su “Gran Bretaña y Argentina en el siglo 19” (1966) justamente anota ese paralelo, refiriéndose al “Gringo”: “Sus escritos y discursos contienen muchas sagaces y sensatas observaciones sobre los problemas políticos y sociales de América del Sur, Europa y los Estados Unidos, que hacen recordar a las grandes figuras intelectuales de la vida política argentina, como Moreno y Sarmiento”.

 

  • El significativo perfil sarmientino del “Piloto de Tormenta” ha sido destacado merecidamente por Paul Groussac (1848-1929) en su clásica evocación de “Los que pasaban” (1919) y por Horacio J. Guido (“Secuelas del Unicato”, 1977): corajudo, sincero hasta la temeridad, incontenible empuje, carácter imperativo...

 

  • Francisco Romero (1891-1962) nominó al autor de “Argirópolis” como el “Caudillo del Bien”  republicano (en su “Sarmiento y la instrucción popular extraescolar”, contenido en  “S. y la educación pública” de G. Sanhueza y otros, Losada, 1962).  Miguel  Ángel Cárcano  (1889-1978) en su “La presidencia de C. Pellegrini” (Eudeba, 1968) y el ya citado Belisario Roldán, simbolizaron en el estadista, al “Caudillo del Orden”.

 

A través de Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) aproximamos a  ambos prohombres. Si aquél, cartesiano en su tozudez utópica,  fue el primero que en el caos pretendió instalar el orden, creando una nueva y positiva realidad civilizatoria  (“Radiografía de la Pampa” 1933, último capítulo): “Sarmiento fue el primero de los que alzaron puentes sobre la realidad; Pellegrini el último”. Uno puja por subvertir la Colonia, ahuyentar la hidra del Desierto. Cuando decae después de medio siglo su titánico  trabajo, surge el contundente brazo del otro para asegurar la vida republicana, participando de ese mismo fuego ético y de esa sacra vocación, en que consistió su magisterio político.

 

Groussac (op. cit.) acentuó esos rasgos parangonables: abundancia sarmientina en el Bien y la Creación, “una actividad infatigable y múltiple, que se prodigaba sin agotarse”, “en el fomento de cuantas innovaciones importaban un adelanto civilizador”. Ejercieron su apostolado con fervor pasional, “con defectos proporcionados a sus cualidades”.  Varones de perfil homérico, en obra y voluntad. Sus proyectos , sus escritos y discursos trasmiten a su tiempo y a los tiempos, “la semilla fecunda del bien”. Evocan la figura cumbre y sobrehumana  de Moisés, el Legislador, el Director de Pueblos.. La Palabra recta e inspirada, la moral catoniana: “le tiemblo a la improvisación,  al desorden y al despilfarro” (Pellegrini). 

 

Don Domingo y su “hijo en el espíritu” han sido auténticos “Hombres de Gobierno”, comprendidos en el alto concepto pellegriniano: “Gobierno quiere decir pensamiento, voluntad, energía: no se puede gobernar, si no se tiene el ideal y el pensamiento, (el recorrido de su “camino de la montaña&rdquoGuiño la ilusión del Gobierno, si no se tiene la voluntad y energía del poder”. Hombres públicos, modélicos, por el respeto que infunden y por la “acción fecunda y vigorosa” (1901, discurso sobre el estado de sitio, en el Senado; vid. también “Discursos y escritos” de C.P., estudio preliminar de J. M. Bustillo, Ed. Estrada).

 

Luchadores políticos, en algún momento de sus vidas tan   fértiles,   reconocerán sus errores y sus apasionamientos. En 1905 en un agasajo , Pellegrini reconocerá, como el Sísifo cuyano en repetidas ocasiones, haber abrazado el bien y  amado al País excluyentemente.  “...la voz del porvenir me anuncia que mis errores me serán perdonados en gracia a las sanas intenciones que siempre me guiaron y que me alientan a perseverar en una tarea capaz de abatir los ánimos más resueltos”. Se confiesa Sarmiento en “El Nacional” (17-05-1858, en su Obras, tomo 52): “Como hombre cometo mil faltas, como escritor muchos errores e inexactitudes; pero la intención fue pura siempre, el fin loable y extraño a todo motivo personal, y la reparación del daño si lo hubo, pronto y             cordial”. “Yo  sólo puedo traeros la expresión condensada de mi             experiencia, señalaros los males que detienen nuestros progresos, e indicaros el rumbo y el objetivo de vuestros esfuerzos”.

 

Genio bizarro y denodado. Unido a una sensibilidad humana              sorprendente, Han podido desarrollar una oratoria demoledora, temible, pujante, reflejo de un temperamento resolutivo y libérrimo. “,,,Es necesario  (al gobernante) tener el coraje de romper las ligaduras que lo atan y volver a la libertad y a la acción del individuo” (palabras de Pellegrini que cita Emilio J. Hardoy en su “Debates memorables”, La Prensa, nov. 1983).

 

Brilla preferentemente en el “Gringo” la estética griega de su prosa tersa. Equilibrio y armonía sintáctica en sus parlamentos y cartas. Superior seriedad intelectual. Solidez de ideas y fines, claridad y ética, trasuntan sus proyectos legislativos y sus escritos.  Al inhumarse los restos mortales de Don Domingo (1888), pronuncia frases de intensa sensibilidad, conceptos de homenaje sublime al gran Maestro. Trasciende esa solvencia  cerebral y pluma acerada también en su discurso ante los restos del Dr. Ignacio  Pirovano o Lucio V. López (de 1895 y 1894 resp.). En su pieza “Estanco del alcohol” (1897) O su “Discurso en el Senado sosteniendo el pago íntegro de la deuda nacional” (1896). En su conferencia de 1905 “Los británicos en la Argentina”... Son ejemplos y modelos de su literatura cívica y testimonios de su señera actuación pública. Allí bulle la fibra sarmientesca más original. El púgil  de las Ideas, vigoroso en el pensar y el actuar.

 

Concluimos con el hermoso recuerdo de Pellegrini y Sarmiento que traza brevemente Agustín Rivero Astengo en  apostilla  al tomo 3 de su edición anotada monumental de las Obras del primero (ed. cit., p. 141): “Por el empuje en la arremetida y capacidad para la lucha, Pellegrini fue, en algún respecto, hijo espiritual del sanjuanino”. Justo y muy necesario es recordarlos, imitarlos y sobre todo continuarlos mejorándolos según las actuales coordenadas de nuestro tiempo.

 

 

Pellegrini en mi biblioteca:

 

-         Amadeo, Oc. R.: “Vidas argentinas” (p.5-11).

-         Ayarragaray, L.: “Tributo a C. P.. Esbozo de una psicología” (“La Nación”, 18-7-1906).

-         Bustillo, J. M.: Selecc. y Estudio Preliminar (en “Disc. Y Escritos” de C. P., Estrada, vs. edic.).

-         Caminos, Julio A.: “Según pasan los años” (2ª parte, Colmegna, Sta. Fe, 1985).

-         Cuccorese, H. J.: “¡Ha caído el más fuerte!” (Revista Nacional de Cultura, a. I., nº 2, 1979, p. 43-59).

-         Groussac, P.: “C.P.” (en su “Los que pasaban”, p. 281-362).

-         Ocampo, V.: “Carta a mi madrina” (en su “Autobiografía”, t. II, p. 193-200).

-         Rodríguez Bustamante, N.: “C.P.” (en rev. “Sur”, nº 198, 1951, p. 38-44).

-         Sánchez Sorondo, M. G.: “C. P.”, en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 60, p. 345-377.

-         Zeballos, E.: “C. P.” (rev. Derecho, Historia y Letras, a. II, T. IV, 1899).

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 14:24
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