PELLEGRINI, EL HIJO ESPIRITUAL DE SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
El genio rudo, recio, el verbo sin eufemismos, la expresión y decisión sin ambages. Su franqueza y visión realista los aproxima más allá del tiempo. Por supuesto, también su pluma creadora, la agudeza de sus observaciones. La contundencia de una Personalidad mayúscula.
En Pellegrini, la influencia de su tía materna, Ana Bevans, en su colegio primario: cultura y lengua inglesa, precisión del gesto y la palabra.
Idealistas activos. Con carácter y firmeza excepcionales. Fuerte sentido de nacionalidad, constitucionalidad y legalidad.
A través de Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) aproximamos a ambos prohombres. Si aquél, cartesiano en su tozudez utópica, fue el primero que en el caos pretendió instalar el orden, creando una nueva y positiva realidad civilizatoria (“Radiografía de la Pampa” 1933, último capítulo): “Sarmiento fue el primero de los que alzaron puentes sobre la realidad; Pellegrini el último”. Uno puja por subvertir la Colonia, ahuyentar la hidra del Desierto. Cuando decae después de medio siglo su titánico trabajo, surge el contundente brazo del otro para asegurar la vida republicana, participando de ese mismo fuego ético y de esa sacra vocación, en que consistió su magisterio político.
Groussac (op. cit.) acentuó esos rasgos parangonables: abundancia sarmientina en el Bien y la Creación, “una actividad infatigable y múltiple, que se prodigaba sin agotarse”, “en el fomento de cuantas innovaciones importaban un adelanto civilizador”. Ejercieron su apostolado con fervor pasional, “con defectos proporcionados a sus cualidades”. Varones de perfil homérico, en obra y voluntad. Sus proyectos , sus escritos y discursos trasmiten a su tiempo y a los tiempos, “la semilla fecunda del bien”. Evocan la figura cumbre y sobrehumana de Moisés, el Legislador, el Director de Pueblos.. La Palabra recta e inspirada, la moral catoniana: “le tiemblo a la improvisación, al desorden y al despilfarro” (Pellegrini).
Don Domingo y su “hijo en el espíritu” han sido auténticos “Hombres de Gobierno”, comprendidos en el alto concepto pellegriniano: “Gobierno quiere decir pensamiento, voluntad, energía: no se puede gobernar, si no se tiene el ideal y el pensamiento, (el recorrido de su “camino de la montaña&rdquo
la ilusión del Gobierno, si no se tiene la voluntad y energía del poder”. Hombres públicos, modélicos, por el respeto que infunden y por la “acción fecunda y vigorosa” (1901, discurso sobre el estado de sitio, en el Senado; vid. también “Discursos y escritos” de C.P., estudio preliminar de J. M. Bustillo, Ed. Estrada).
Luchadores políticos, en algún momento de sus vidas tan fértiles, reconocerán sus errores y sus apasionamientos. En 1905 en un agasajo , Pellegrini reconocerá, como el Sísifo cuyano en repetidas ocasiones, haber abrazado el bien y amado al País excluyentemente. “...la voz del porvenir me anuncia que mis errores me serán perdonados en gracia a las sanas intenciones que siempre me guiaron y que me alientan a perseverar en una tarea capaz de abatir los ánimos más resueltos”. Se confiesa Sarmiento en “El Nacional” (17-05-1858, en su Obras, tomo 52): “Como hombre cometo mil faltas, como escritor muchos errores e inexactitudes; pero la intención fue pura siempre, el fin loable y extraño a todo motivo personal, y la reparación del daño si lo hubo, pronto y cordial”. “Yo sólo puedo traeros la expresión condensada de mi experiencia, señalaros los males que detienen nuestros progresos, e indicaros el rumbo y el objetivo de vuestros esfuerzos”.
Genio bizarro y denodado. Unido a una sensibilidad humana sorprendente, Han podido desarrollar una oratoria demoledora, temible, pujante, reflejo de un temperamento resolutivo y libérrimo. “,,,Es necesario (al gobernante) tener el coraje de romper las ligaduras que lo atan y volver a la libertad y a la acción del individuo” (palabras de Pellegrini que cita Emilio J. Hardoy en su “Debates memorables”, La Prensa, nov. 1983).
Brilla preferentemente en el “Gringo” la estética griega de su prosa tersa. Equilibrio y armonía sintáctica en sus parlamentos y cartas. Superior seriedad intelectual. Solidez de ideas y fines, claridad y ética, trasuntan sus proyectos legislativos y sus escritos. Al inhumarse los restos mortales de Don Domingo (1888), pronuncia frases de intensa sensibilidad, conceptos de homenaje sublime al gran Maestro. Trasciende esa solvencia cerebral y pluma acerada también en su discurso ante los restos del Dr. Ignacio Pirovano o Lucio V. López (de 1895 y 1894 resp.). En su pieza “Estanco del alcohol” (1897) O su “Discurso en el Senado sosteniendo el pago íntegro de la deuda nacional” (1896). En su conferencia de 1905 “Los británicos en la Argentina”... Son ejemplos y modelos de su literatura cívica y testimonios de su señera actuación pública. Allí bulle la fibra sarmientesca más original. El púgil de las Ideas, vigoroso en el pensar y el actuar.
Concluimos con el hermoso recuerdo de Pellegrini y Sarmiento que traza brevemente Agustín Rivero Astengo en apostilla al tomo 3 de su edición anotada monumental de las Obras del primero (ed. cit., p. 141): “Por el empuje en la arremetida y capacidad para la lucha, Pellegrini fue, en algún respecto, hijo espiritual del sanjuanino”. Justo y muy necesario es recordarlos, imitarlos y sobre todo continuarlos mejorándolos según las actuales coordenadas de nuestro tiempo.
Pellegrini en mi biblioteca:
- Amadeo, Oc. R.: “Vidas argentinas” (p.5-11).
- Ayarragaray, L.: “Tributo a C. P.. Esbozo de una psicología” (“La Nación”, 18-7-1906).
- Bustillo, J. M.: Selecc. y Estudio Preliminar (en “Disc. Y Escritos” de C. P., Estrada, vs. edic.).
- Caminos, Julio A.: “Según pasan los años” (2ª parte, Colmegna, Sta. Fe, 1985).
- Cuccorese, H. J.: “¡Ha caído el más fuerte!” (Revista Nacional de Cultura, a. I., nº 2, 1979, p. 43-59).
- Groussac, P.: “C.P.” (en su “Los que pasaban”, p. 281-362).
- Ocampo, V.: “Carta a mi madrina” (en su “Autobiografía”, t. II, p. 193-200).
- Rodríguez Bustamante, N.: “C.P.” (en rev. “Sur”, nº 198, 1951, p. 38-44).
- Sánchez Sorondo, M. G.: “C. P.”, en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 60, p. 345-377.
- Zeballos, E.: “C. P.” (rev. Derecho, Historia y Letras, a. II, T. IV, 1899).