MAGISTERIO UNIVERSAL de SÓCRATES Y D. F. SARMIENTO.-
Parte I.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
“Debo deciros qué manual de especialización os aconsejo que aprendáis de memoria y que así lo conservéis en vuestra alma para siempre: es la ‘Apología de Sócrates’, por Platón. Asentaréis los pies en la tierra firme, tomaréis contacto con un hombre verdadero, sentiréis que una fuerza inmensa despierta en vosotros, os sostiene y os conduce”.
(Ezequiel Martínez Estrada: “Homilía a los estudiantes” 1958; en su “Para una revisión de las Letras Argentinas”, 1967, p. 173).
1.- Conciencia de su Destino.
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) ejemplifica la célebre fuerza de SÓCRATES en la “Conciencia” de su “Destino”, superior, y en su Voluntad férrea por seguir esos mandatos.
Ambos en el juicio preciso de M. Estrada “no enseñan otra profesión que la de la ciudadanía espiritual, que a mi juicio es la auténtica jurisdicción de la soberanía y de la libertad del hombre” (ob. cit., p. 176).
Observó justamente el filólogo alemán Werner Jaeger (1888-1961), refiriéndose al maestro ateniense, que ya “la seguridad inquebrantable con que sigue su Camino desde el primer momento, es el signo de su Grandeza” ( “La herencia de Sócrates“, en su “Paideia: los ideales de la cultura griega”, Fondo de Cultura Económica, 1980, p. 408; 1ª ed. completa, 1957). Esta figura eminente del pensamiento universal ha sido calificada por el sabio renano como “el fenómeno pedagógico más formidable en la historia del Occidente” (ob. cit., p. 403-404).
Para ellos la Política ha sido una vocación, una misión, un apostolado, un “martirologio”.
Respecto del primero, Jorge L. García Venturini refiere en su “Politeia” (1978, cap. II) “su muerte hará de él para siempre el modelo de un Gran Repúblico”. El escritor uruguayo, idealista, J. E. Rodó (1871-1917) en su “Liberalismo y Jacobinismo”, de 1906, insiste que “Sellando su amor de la verdad con la resolución del sacrificio, daba el ejemplo del testimonio sublime de los mártires, de que el Cristianismo recibiría su prestigio y su fuerza” (“Obras Completas”, 1967, p. 272).
Pertenecen a la estirpe de los “reformadores morales”, es decir, de aquellos que “no se satisfacen con revelar una idea y propaganda sino que tienen como condición esencialísima suscitar un entusiasmo, una pasión, una fe”.
Propagadores de ideas “sanas”, Inquietadores y luchadores entusiastas.
“El haber nacido en cualquier extremo de esta tierra nos impone deberes y misión como herencia, que no nos es dado repudiar” declara el Sísifo cuyano en 1883.
En su discurso en Los Andes (Chile), en abril 8 de 1884, reconocerá que lo que ha ejercido fue “una misión más que personal, siguiendo los impulsos de una vocación” (Obras Completas, ed. Luz del Día, tomo 22).
2.- Los ejemplos de Moral.
Desde su adolescencia el argentino admira, imita, lee y propone el ejemplo de Benjamín Franklin (1706-1790), símbolo del “ejercicio de la inteligencia como instrumento de trabajo”, el “self-made-man” yanqui, “en moral avanza sobre Sócrates y sobre la moral misma de Jesús...”.
Símbolo del Patriotismo “útil” y de “virtudes prácticas” (“Robinson es una Nación”, 1886, en sus “Discursos Populares”, vol. II, ed. cit., p. 316).
“Locos de luz” como apreció en 1911 Leopoldo Lugones en su bella “Historia de Sarmiento”. Integran la sagrada familia espiritual de los ”que se desmesuran hacia arriba” (ver R. O. Abdala: “La condición genial de Sarmiento”, “La Prensa”, 31-12-1988).
Don Faustino festeja su 75º cumpleaños impartiendo a sus amigos y “simpatizadores”, consejos docentes de sentido clásico, auténticamente socráticos. Declara: “Una máxima política comprobada por los siglos, os dejaré como un legado” (“Obras Completas”, tomo 22, “Discursos Populares”, ed. cit., p. 354).
La entereza moral y el imperio del Bien y la Justicia, sostiene, erigido en un verdadero Sócrates sudamericano, son los pilares básicos de la dignidad de los pueblos: éstos “se suicidan, cuando dan en creerse a sí mismos inmorales, degradados y corrompidos”. La virtud brilla en los pueblos libres.
Uno y otro, según Alfredo Orgaz en su “Linaje espiritual de Sarmiento” (en Boletín del Instituto S. de Sociología e Historia, nº 2, 1965, p. 213-226) trasciende la “seguridad interior”, “esa paz inefable, de quienes saben que al hombre de Bien no le sucede nada malo ni en la vida ni después de la muerte, porque los dioses no se desinteresan de su destino”.
“Tratad de moveros a prestar atención a la virtud” aconseja el sabio según la apología de su discípulo principal, procurando “que vuestra alma sea lo mejor posible”. “Ved hoy a vuestros jueces y tened confianza en que la justicia prevalecerá por todas partes”.
La conducta orientada hacia el Bien asegura la realización feliz de la persona humana y el desarrollo seguro de las naciones.
“Lo justo fue para Sócrates una de las armonías de la sociedad humana; y sabéis que sólo la revolución pudo completar la idea del sencillo sabio ateniense, que enseñó a morir sin ostentación por la verdad” declaró en su célebre conferencia “Darwin”, del 30-5-1881, en su “Discursos populares”, 2º vol., Obras, t. XXII, ed. cit., p. 121).
El “sencillo ateniense”, fue llamado por Cicerón “genio diverso y fecundo”, el filósofo de vida común (“Academicae Questiones” libro I). (léanse también “Dichos memorables de Sócrates” por Jenofonte -431-354 a. C.-, o “Fedón” de Platón, sobre la muerte socrática).
Para J. Ferrrater Mora (“Diccionario de Filosofía”, Alianza, 6ª ed., 1979, t. 4, p. 3080) Sócrates fue “un genio con el cual se dieron las más violentas contradicciones”, de acuerdo con Jenofonte (“Memorabilia&rdquo
: hombre práctico según éste, para Platón (427-347 a. C.), un intelectualista.
Los ataques, odios, infundios, siempre han sido abundantes en sus trayectorias: Gálvez, , Furlong, Genta... Aristófanes, Nietzsche... Sócrates lo reconoce: “han nacido muchos odios hacia mí, los más profundos y enconados que cabe imaginar, hasta el punto de brotar de ellos muchas calumnias”. “Pero casi estoy seguro de que con éstas mis palabras me estoy granjeando enemistades, lo cual es precisamente una prueba de que digo verdad, de que está ahì el origen de la calumnia que me han levantado, de que eso es la causa de todo”. “...Ha caído sobre mí una gran animosidad, y (...) son muchos los que la han suscitado..”. “Apología” y la “Autobiografía” y las cartas sarmientinas a sus íntimos, son los textos comparables en este sentido.
3.- Educadores.
La Educación pública, meta de toda la trayectoria sarmientina, ha de proponerse el mejoramiento moral, el logro de una conducta ética superior en el individuo: ése es su ideal pedagógico, socrático. La elevación del sentimiento de la dignidad personal y de la cultura del espíritu, tal como lo propone, por ej., en su “Educación Popular” (1848).
En sus recuerdos de infancia y adolescencia (Tomo III de sus obras), evoca el sanjuanino con brillo y ternura, con gracia y encanto, la vida y obras del Padre José Castro, una especie de Sócrates provinciano y cristiano.
Sanjuanino, moralista y médico: “¡Ay! Y qué lástima que aquel Sócrates, propagador en San Juan de los preceptos más puros de la moral evangélica, no haya dejado nada escrito (...)”.
Paradigma de “las virtudes de un santo ascético, las ideas de un filósofo, y la piedad de un cristiano de los más bellos tiempos”. Predicaba sobre los temas cotidianos de las gentes del lugar, desde una gran fe y preparación teológica, pero con un fin humano e inmediato.
El chileno G. Sanhueza Arraigada afirma que el sanjuanino “es un maestro en el directo sentido, exacto y humano, que los griegos daban a la misión social de un Sócrates o de un Platón” (en su “En torno a Sarmiento y la educ. popular”, incluido en “S. y la educ. pública”, varios autores, 1962, p. 68).
Con palabras del filósofo tucumano Alberto Rougés (1880-1945), a quien se les parece por la actividad de su magisterio y sublimidad de sus pensamientos, ambos poseyeron “una fuerza arrolladora para el Bien, una conciencia profunda de grandes deberes, y un vigor sobrehumano para cumplirlos”.
Estos rasgos socráticos y sarmientinos, fundamentan el alma elevadamente religiosa de tales genios.
Nota Luis Codorniú Almazán que “un resabio de sus estudios clásicos como autodidacto, o sus meditaciones lo han llevado a la misma posición filosófica que al ilustre fundador de la ciencia de la moral” (en su “Comentarios a la ‘Educación Popular’ de Sarmiento”, en “S. ante la posteridad” compil. por Josefa E. Jorba, ed. Cactus, 1961).
Convencido constante de que la Ignorancia es madre de males, origen y causa de la injusticia: “Si se conoce el bien no puede cometerse el mal”.
“Para el sanjuanino, el progreso popular evoluciona parejamente con “el mejoramiento de la naturaleza moral”, “en cada uno de nosotros” y “la impulsión de la justicia”, según medita en su “Recuerdos...”·, 1850, cap. “La historia de mi madre”.
Consecuente con su no suficientemente señalado deseo “teorético” y “especulativo”, declara que desde niño “toméle, desde luego, ojeriza al camino que sólo conduce a la fortuna”, no obstante su descubrimiento del genio frankliniano. También el otro: “despreocupado de aquello que constituye la preocupación de la mayor parte de los hombres, las ganancias” y se define como “un hombre pobre, un bienhechor de la ciudad, que se ha visto obligado a desatender sus intereses personales...” (“Apología” platónica).
“Un maestro debiera ser un sabio en el sentido que los griegos daban a esta palabra, porque él tiene en sus manos la masa amoldable de que va a formarse la sociedad” (cit. en “Sarmiento a la luz de sus confidencias” M. S. Rocca, 1944, p. 62).
Profesa el cuyano un concepto religioso, vocacional y sacrificial de la Enseñanza, el más cimero de sus sentidos. En ambos parangonados, semejante misión sacra del Magisterio. “Pues, sabedlo, - explica el griego – esto me lo ordena dios, yo creo que la ciudad no tiene ningún bien mayor que este servicio que yo presto al dios, éste mi constante andar acá y allá no haciendo otra cosa sino confortaros” (Platón, “Apología&rdquo
; “es un deber que la Divinidad me ha prescripto...”, común conciencia en ambos, de la Trascendencia de su tarea de modelador de almas.
“El sacerdote – según Sarmiento -, al derramar el agua del bautismo sobre la cabeza del párvulo lo hace miembro de una congregación y lo liga a Dios. El maestro de escuela al poner en manos de los niños el silabario, lo constituye es un miembro integrante de los pueblos civilizados del mundo, y lo liga a la tradición escrita de la humanidad. El sacerdote le quita el pecado original con que nació; el maestro, la tacha de salvaje que es el estado originario el hombre” (Obras, tomo IV, artículo “Los maestros de escuela&rdquo
.
4.- Su “demonio” personal.
Se reconocen estimuladores y agitadores de las personas. En ellos sobresale ostensiblemente la generosidad, la simpleza brillante y la centralidad de sus enseñanzas.
Se compara el nuestro con el griego porque, según anota Ricardo Rojas en su “El Profeta de la Pampa”, 1945-: “se cree servido por un genio familiar, al que no llama demonio sino ‘ángel’” (ob. cit., ed. Kraft, 1962). “Varias veces alude a esta especie de gracia divina que, según él, lo asiste” (ìd.). (ver “Encuentro con Sócrates, El Protágoras de Platón: una escuela para docentes” por Emilia Flores de Tejada, en “Homenaje a Aída Barbagelata”, tomo 2, 1994; “Atenas vs. Sócrates” por Jaime Barylko, en su “El aprendizaje de la libertad”, 1994; F. J. Olivieri: “Lo demoníaco en Sócrates”, ‘Anales de Historia Antigua y Medieval’, 1980-1981, Fac. Filos. y Letras, Univ. Nac. Bs. As., p. 242-257; Jorge A. Aja Espil: “Un nuevo proceso a Sócrates”, ‘Anales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas’, t. 13, 1984, p. 85-96).
Justamente en carta a Josefina Pelliza de Sagasta (25-5-1885, recog. en su “Educar al Soberano”, Obras, t. XLVII, ed. cit., p. 128) señala: “Tengo un fatalismo de que he hablado cien veces. Creo en la comunión de las almas simpáticas”. “¿Tendremos Ángel custodio? . Sócrates creía en ello y yo también. Cada vez que necesito algo para mis escritos lo veo delante o lo encuentro sin buscarlo”.
Lo confirma también la alusión de José Ingenieros (1877-1925) en su “El hombre mediocre” (1913): “Pensaba en tal alto estilo que parecía tener, como Sócrates, algún demonio familiar que alucinara su inspiración”. Ese demonio familiar sarmientino consistía en un “espíritu ardiente, abierto, bonachón e irascible”. Córdova Iturburu en su “Vida y doctrina de Sócrates” (1940) lo señala como “naturalmente, un hombre vehemente y apasionado, accesible de extraordinaria manera a los arrebatos y transportes de la pasión”.
En otro discurso popular, en el año de su 70 cumpleaños: “Imitad mi ejemplo, ¡oh jóvenes!... Vivid sobre todo, sin pedirle permiso al Jefe de Policía, como yo lo he hecho en todos tiempos” (1881, Obras, t. 22, ed. cit., p. 94). Mensaje libertario, de independencia personal y obediencia sólo al “demonio” interior, cuyos dictados son inapelables.
Cultor entero del “eros pedagógico”, condición indispensable para la Enseñanza, uno y otro cultivaron amistades juveniles enriquecedoras y virtuosas: Aristóbulo del Valle, Soriano Sarmiento, Saldías... Alcibíades, , Platón , Antístenes, Jenofonte...
M. de Montaigne (1533-1592) en sus ricos “Esssais” pensaba que ese “daimon” era “un cierto impulso de su voluntad”, inclinación “temeraria y severa” (ob. cit., libro I, cap. XI: “De los pronósticos&rdquo
, que nos evoca los impulsos visionarios, “prontos y vehementes” del autor de “Argirópolis”, varón íntegro en la práctica del Bien, batallador incansable que hace la guerra regocijadamente.
5.- Socratismo temperamental.
De su socratismo temperamental más hondo parte su utopismo y su humanismo, que primero es claro contento, completa promesa y finalmente y sobre todo, realización.
La “utopia fecunda americana” que Pedro Henríquez Ureña, el sarmientino dominicano (1884-1946) definiera en 1925 (”La Utopía de América”, Bib. Ayacucho, 1978), de neta orientación institucionalizadora, de organización socio-política fértil, pensamiento sólido de rebelión y construcción de nuestra identidad espiritual. concepción socrática por su plan, por su teleología ética: impulso programado hacia el Bien individual y comunitario (“El espíritu platónico”, 1907, en “Obra crítica” de P. H. U., 1960; “Seis ensayos en busca e nuestra expresión”, BABEL, 1926).
“El conocimiento del antiguo espíritu griego, es para el nuestro, moderna fuente de fortaleza, porque la nutre con el vigor puro de su esencia prístina y aviva en él la luz flamígera de la inquietud intelectual” (P. H. Ureña, en su “La cultura de las humanidades”, 1914).
Define su socratismo en la práctica del periodismo político. En su artículo “En todos los terrenos”(“El Nacional”, 4-4-1879; O. comp., t. XL). Critica al partido nacionalista, afecto al terrorismo en la prensa y expresión de la mente que está siempre agitada “tras de algún sofisma o alucinación del Patriarca, que reconocerá más tarde su error, para levantar otro nuevo sofisma como bandera de reunión”.
Su objetivo en la prensa ha sido sostener ideas claras de orden y distintivas de constitucionalismo, combatiendo acérrimamente los conatos de subversión disolvente, de ilogicidad e impersonalización en el discurso y de retórica patriotera y violenta.
“Nuestra tarea ha sido siempre venir detrás, enderezando estos entuertos, trayendo los ánimos a mejores ideas, con la demostración de la falsedad del principio invocado”. Claras líneas anti-sofistas y asimismo cartesianas.
En su “Las palabras y los hechos” del mismo año (igual tomo), defiende la cohesión meditativa y la ética incorruptible de su pensar ciudadano y su herencia histórica: “Hablamos muy seriamente; en defensa de los principios aceptados por la ciencia y la conciencia y no en sostén de errores...”.
El escritor y jurisconsulto Joaquín V. González (1863-1923) también observa esa misión preponderantemente mística de ambos personajes (en su conferencia “Sarmiento”, en el Teatro Colón, el 15-5-1911).
El Yo sarmientino se desenvuelve a través de una literatura axiológica radical. Ego enérgico, viviente, “suficiente, verdadero y puro”, en infinito diálogo buberiano con el Tú de la Patria. Fuerza yoica Socrática y Goetheana. Expresión plena, sacra y mística, de un estremecido amor a la Nación y sus connacionales (Martín Buber, “Yo y Tú”, 1922, 2da. parte: “El mundo del hombre&rdquo
.
En esta axiología prepondera el Verismo, la llaneza esencial. En este sentido y siguiendo a M. Foucault (1926-1984), entendemos a ambos como “parresiastas”. En la significación griega, el vocablo indica “el que habla francamente”. Siempre en, desde y por la verdad. El que ha adquirido el soberano derecho y deber de comunicarla, sin rodeos sofísticos, desnudamente.
En la “polis” ellos representaron al Hombre Valiente, molesto para los Sofistas, para los retóricos y engañadores de sí mismos y de los demás. Encarnaron esa persona unificada, que sostiene una increíble coherencia entre el decir y el hacer y el ser.
Ejercieron el coraje de la verdad y encararon de frente todo el Riesgo. “Aléthos Bíos”: vida auténtica. Autárquica. Enemigos de los nepotismos y tiranías. Vidas Libérrimas (Foucault, “Coraje y verdad”, en “El último F.” de Tomás Abraham, 2003, p. 263 y ss.).
“Quien usa la parresía, el parresiasta, es alguien que dice todo lo que él tiene en mente: no oculta nada, sino que abre completamente su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso”. (Ver también: “Sócrates” de R. Mondolfo, 1ª ed., 1955; “El pensamiento antiguo” del mismo autor, tomo 1, ed. 1974, p. 149-171; “Antropología socrática” de J. B. Rino , en su “Hombre, soledad y tiempo”, 1966, p. 43-51; Albin Lesky: “La Ilustración y sus adversarios”, de su “Hist. de la liter. Griega”, Gredos, 1968, p. 524-532; Mondolfo: “La comprensión del sujeto humano en la cultura antigua”, 1979, p. 106-110 y 249-299).
El reduccionismo de algunos sarmientistas, sólo mira su noción “industrialista” de la Instrucción Popular. Pero se ignora lamentablemente, lo fundamental: su ética socrática. Puesto que entendió a la Pedagogía como una Filosofía del Alma Infantil, y no desde la parcial índole positivista del llamado “normalismo” en su significación más degradada, técnica y superficial. “Un maestro debiera ser un sabio” sentencia helénica de don Domingo. El magisterio ha de ser basado nodalmente en el “conocimiento de la naturaleza del espíritu humano”.
Educación socrática: Sabiduría, “de las propensiones y pasiones que se desenvuelven primero en el niño”. Su Didáctica parte del conocimiento afectivo, del objetivo de elevar el carácter, del amor al espíritu en formación. Idea de excelencia, nobleza y virtud. . Léase su “Segundo informe del Departamento de Escuelas”, 1858 (en tomo 44 de sus Obras Completas: “Informes sobre Educación”, Sección “Escuelas Normales”, ed. Luz del Día, p. 78). Dirigido el 10-4-1859 a Bartolomé Mitre, entonces Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires. Apela allí a la elevación del “carácter moral de la escuela en la conciencia pública”. “La escuela nos viene degradada desde tiempo inm