MAGISTERIO UNIVERSAL DE SÓCRATES y D. F. SARMIENTO.-
Parte II.-
Por Guillermo R. Gagliardi
Educación socrática: Sabiduría, “de las propensiones y pasiones que se desenvuelven primero en el niño”. Su Didáctica parte del conocimiento afectivo, del objetivo de elevar el carácter, del amor al espíritu en formación. Idea de excelencia, nobleza y virtud. . Léase su “Segundo informe del Departamento de Escuelas”, 1858 (en tomo 44 de sus Obras Completas: “Informes sobre Educación”, Sección “Escuelas Normales”, ed. Luz del Día, p. 78). Dirigido el 10-4-1859 a Bartolomé Mitre, entonces Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires. Apela allí a la elevación del “carácter moral de la escuela en la conciencia pública”. “La escuela nos viene degradada desde tiempo inmemorial. La idea que ella trae al espíritu es mezquina, y las imágenes que despierta, humildes”. “Era, pues, preciso reaccionar contra este sentimiento que empequeñece lo que es únicamente grande. Era preciso levantar de repente a toda su altura la Escuela”.
6.-Sus mensajes a la Juventud.
En su “Alocución aceptando la visita de los jóvenes estudiantes de la Universidad y Colegios- Julio 21 de 1883” (Obras, t. XXII): “Quiero daros un derrotero que guiará vuestros pasos en los tortuosos senderos que encontraréis, para abrir a vuestro país el más libre acceso a los hombres y a las ideas”.
Anticipa el concepto primordial y la realización moderna de lo que los estudiosos actuales denominan la “Cultura Planetaria”. “Como debe desaparecer todo istmo que separe dos mares, debe evitarse que ninguna creencia que divida a los hombres embarace la unión íntima de pueblos; toda distancia entre los hombres y las ideas debe suprimirse”. Misión Universalista y enteramente meta-física.
Vivo recuerdo socrático le sugiere a Sarmiento en sus “Recuerdos...” y en sus “Memorias” (t. XLIX), sus conversaciones luminosas, “largos coloquios” con su tío el Presbítero José de Oro en 1824 en San Luis.
En esta última obra escribe: “Salido del colegio, oyendo pláticas a lo Sócrates, dos años, -de omni re scibili...-“. Instrucción dialéctica provechosa, decisiva de su razón y voluntad, netamente moral en su finalidad, fue así ese período puntano, en el que aprende, además, a “apasionarme por lo bueno, hablar y escribir duro y recio”, y “yo sentía de día en día que el horizonte se me agrandaba visiblemente”.. “La manera de trasmitirme las ideas -aclara- habría hecho honor a los grandes maestros”. “Tanto nos amábamos maestro y discípulos... Salí de sus manos con la razón formada a los quince años...”.
El naturalista alemán, Germán Burmeister (1807-1892), que estuvo en Argentina en 1857 y volvió en 1862 y finalmente, durante la Presidencia de Sarmiento, autor de la monumental “Descripción Física de la República Argentina”, en 4 ts., 1876-1879, dedicada al maestro sanjuanino, compara al argentino con el ateniense.
Sarmiento, acusado de fatuo y vanidoso, fue por el contrario, un ser bondadoso y ampliamente generoso, “more socrático”.
Protector de los jóvenes brillantes de su época, desde N. Avellaneda, el Ministro de Instrucción Pública durante su Presidencia, a José M. Ramos Mejía, el historiador y psiquiatra, Lucio V. López, Adolfo Saldías, Wilde, Ameghino, etc.
Siempre exterioriza un certero instinto para descubrir a los seres valiosos, exterioriza un amor sin igual por las criaturas, humanos, animales, plantas...
”Un implacable renovador de viejas creencias” lo llama Aníbal Ponce (1898-1938). De esto derivarán los múltiples ataques, calumnias, injurias torcidas, impiedad, contra su genio, “siempre agresor, siempre agredido” según aprecia el autor de “La vejez de Sarmiento” (1927), “despertaba en los jóvenes la inquietud de las alas”, los alentaba y guiaba con entusiasmo impar (Obras completas de A. Ponce, Matera editor, 1958, 3ª ed., p. 141). “Sabíase amado por los jóvenes - ahonda Ponce esta etopeya socrática sarmientina- y quería merecer, hora por hora, su confianza ilimitada”..
(Léanse “Los grandes filósofos. I. Los hombres decisivos”, Karl Jaspers, Sur, 1966; “Sócrates” de M. F.- Sciacca, en “Diccionario Literario” González Porto-Bompiani, t. XI, p. 876-878; “La sonrisa socrática” de A. Marasso, en su “La creación poética y otros ensayos”, 1927).
“Murió en Asunción (Paraguay) con la serenidad de una importante labor cumplida y muchísima más la presentida o iniciada”, “mezcla de resignación y de heroísmo, -según anota Nerio Rojas, político, escritor y psiquiatra, 1890-1971 - que tuvieron los viejos maestros de la filosofía griega”. “Es Gorgias, es Epicuro, es Sócrates. Es la despedida de los grandes, cuya alma se esclarece con un presentimiento de inmortalidad” (en su “Psicología de Sarmiento”, ed. 1961).
“Esa serenidad griega ante la muerte (‘espero una buena muerte corporal&rsquo
es la prenda más bella de su espíritu. Ella resume la noble lección pagana que el miedo al infierno nos había hecho olvidar, y que constituyó la dignidad del mundo antiguo: saber morir satisfecho” (Lugones, ob. cit., ed. 1945, Bajel, p. 63). También: N. Márquez, “Lección de Sarmiento y esencia filosófica de sus ideas” (Boletín del Instituto S. de Sociología e Historia, nº 1, 1953): “Nuestro Sarmiento, como Sócrates en el mundo, es el símbolo más auténtico de la cultura argentina”.
En 1874 en su carta al presidente del Círculo Frentano en Larino (Italia), evoca Sarmiento la aportación de la civilización Greco-romana a través del Renacimiento clásico, más decisiva y vigente, en su opinión, que la Medieval: “la Civilización Griega que tantos problemas sociales resolvió en menos de cinco siglos por el cultivo del sentimiento de lo bello, que no pudo en dieciocho resolver el cultivo religioso del sentimiento moral, puesto que aquél produjo a Herodoto, Aristóteles, Sócrates, Plinio, Tácito y Cicerón...”.
“A más de cristianos, éramos griegos, romanos, y cosmopolitas” en la búsqueda de concretar el Ideal Clásico de la “Humanitas”, de la “Ecumene”, es decir, en palabras de él mismo: “por la posesión de todo el globo por los viajes, de todo el cielo por el telescopio, y a más de toda la tradición humana...”.
7.- Filosofía y Modernidad.
“Hasta la llegada de Sócrates la filosofía antigua enseñó la ciencia de los números, los principios del movimiento, los orígenes de la generación y corrupción de todos los seres; investigó atentamente la magnitud, las distancias, los cursos de los astros, todas las cosas celestes. Sócrates fue el primero que hizo descender la filosofía del cielo y la introdujo, no sólo en los seres, sino hasta en las cosas, incitando a todo el mundo a discurrir acerca de cuanto puede servir para regular la vida, formar las costumbres y distinguir el bien del mal” Cicerón.
(Eduardo Schwartz: “Figuras del mundo antiguo”, 1ª serie: Cicerón y San Pablo, Sócrates y Platón; A. Sánchez de Bustamante y Montoro: “Retrato de Sócrates” en “Caras y Caretas”; “W. Dilthey: “La genialidad pedagógica de Sócrates”, en su “Hist. de la Pedagogía”, ed. castellana, Losada, 1968, p. 41-43; Kurt J. Riegner: “Filósofo sin libro”, “La Prensa”, 8-8-1982; “El quinto Sócrates” E. Barbieri, “La Nación”, 13-11-1983; “José Babini: “Los tres Sócrates”, “La Gaceta”-Tucumán, 12-4-1981).-
En 1875, en un discurso parlamentario el mismo Domingo destaca su preferencia por la indagación del concepto de cosas, hechos y palabras: “mi sistema de buscar siempre la definición de las palabras”. Esto es “la filosofía” sarmientina, que él contrapone a “las filosofías”, el perderse en discursos infundados: “no vengamos, pues, con filosofías, como dicen los paisanos”.
La cháchara inconsútil distrae de lo que verdaderamente le importa: la causa y la lógica de los hechos e ideas, su influjo concreto en la vida comunitaria. Abomina, pues, del comercio de las palabras vanas y las ideas puramente especulativas. El juicio por hipótesis o conjeturas le parece “un tejido de errores” (Obras, tomo XIX).
Practica el juicio por la experiencia demostrada, concreto, bien perfilado el objeto, claro y sintético, utilizando lo que llama “el lenguaje de la tierra”, actual, de argumentación racional. (Véase, “Fundamentos políticos de la Argentinidad. 1-Aquí también Sócrates, Platón y Aristóteles” por Matías E. Suárez, en su “Defensa de la Argentinidad”, 1978, p. 83-87; “Nietzsche y Sócrates” Raúl A. Piérola, en rev. “Minerva”, nº 4, 1944, p. 29-35).
El “Problema de la Patria” es fundamentalmente, de organización civil, de espíritu colectivo, de fortaleza espiritual, de valores vitales y morales: en resumen –según precisa Jordán B. Genta (el pensador y escritor nacionalista católico, 1909-1974, autor de “Acerca de la libertad de enseñar...”, “Sarmiento y la Masonería”, 1949, etc.) en su “El filósofo y los sofistas”- ése es el mensaje que nosotros atribuimos a nuestros genios comparados, “la preeminencia de las virtudes políticas”, “la escuela de la verdadera libertad”, el ideal del “zoon politikon”.
Sus vidas ilustres revisten carácter de paradigmas para el ciudadano, e inspiración para la vida republicana. “Su destino –según Romano Guardini en “La muerte de Sócrates”- encierra una fuerza paradigmática, que sólo encuentra semejanza en muchas figuras de la Historia”.
El escritor Federico Muñoz Cabrera (+1989) en su poema “Sarmiento. Siempre Sarmiento” evoca una etapa de la biografía del maestro, bajo la figura augusta del filósofo griego: “Antes de paladear sabroso vino / de tu lagar cuyano, / bebiste la cicuta del oprobio / en un gesto socrático. / Creyendo dominar tu rebeldía / y valor temerario, / en cárcel infamante te engrillaron / e intentaron matarte, / en una malonada de salvajes, / con la saña feroz de los cobardes. Mas, el ruego materno, / tu leonino coraje / y un ....¡quién sabe, divino!... / te salvó del ultraje. / Después, te desterraron: / ...”. En la estrofa primera, el gesto definitorio: el linaje áureo del genio, el estoicismo, la fortaleza excepcional de sus ideas. En la segunda y tercera, el relato de las circunstancias vitales.
En 1828 el Gobernador de San Juan, Cnel. Manuel G. Quiroga Carril, convoca a la guardia cívica, para enfrentar supuestamente las correrías de los llanistas comandados por Juan Facundo Quiroga. En realidad el objetivo era colaborar con el bárbaro riojano como Subteniente. El joven Domingo, del barrio del Carrascal, el ya talentoso hijo de Da. Paula, es convocado como Subteniente.
En “Recuerdos de Provincia” memoró ese suceso desgraciado. Es citado por el Gobernador, se desacata, altivo, orgulloso y es puesto en prisión. Luego, liberado por la intervención de algunos de sus parientes (J. S. Campobassi, “S. y su época”, t. 1, cap. 3º, secc. 7).
Otro avatar que sufrió nuestro Faustino: en Pilar (Mendoza, 1829), combate sangriento J. F. Aldao (el fraile general, 1785-1845, evocado en una biografía romántica por Sarmiento) vence por sorpresa a los unitarios. Facundo ordena fusilarlo junto con los otros prisioneros. El jovencito se salva, las autoridades lo entregan a sus parientes (ob. cit.).
Posteriormente, otra experiencia: en 1831, cuando el Gral. José María Paz (cordobés, unitario y culto, 1791-1854) es detenido y vencidas las fuerzas unitarias, Sarmiento se exilia en Chile, el “Tigre de los Llanos” (1788-1835, biografiado admirativamente por el sanjuanino, su lejano pariente) exige, era su costumbre, fuertes contribuciones a los derrotados; entre ellos, Doña Paula Albarracín, sufre esta exigencia por ser madre del soldado.
Éste escribe una carta privada insultando al Caudillo. La carta es interceptada. Quiroga llama a su presencia a la abnegada madre, la amonesta y previene que su hijo sería fusilado (Campobassi, ob. cit., cap. 3º, secc. 10).
8.- Conducta Cívica.
Hemos de tener muy en cuenta que los altos ideales sarmientinos, la frondosa imaginación civilizadora y los superiores guías de su conducta cívica, lo han salvado, elevado su moral ante las pruebas y fracasos vitales.
Ya mayor, le escribe a su hermana en 1867: “...¡Todas las miserias de mi vida (...) Dios mío!. Esto es demasiado. En fin no me falta esperanza y valor (...). Tranquilícense pues” (en Revista el Museo Histórico Sarmiento, a. 1, nº 1, 1956, p. 117). Tenacidad bestial, seguridad de carácter, han marcado siempre sus decisiones y criterios.
En su memoria sobre el “Estado de las Repúblicas Sudamericanas a mediados de siglo” (en el tomo XVI de sus Obras), propone don Domingo sus ideas de instrucción popular e inmigración, como solución factible para el ascenso, historico, social, político e industrial, de nuestras naciones.
Don Benjamín Poncel lo ataca desde la prensa porteña por su fatalismo y sofismas con respecto a sus ideas raciales. El sanjuanino discute y rebate tales apreciaciones en una carta del 11-10-1853 y en un siguiente artículo “Las Razas·” en “La Crónica” (recogidos en el tomo referido de sus Obras). No acepta la oposición educación popular / inmigración europea que observa Poncel. Invoca al sistema de preguntas según Sócrates propone en su “Mayéutica”, como único ajustado para fijar y establecer unívocamente estas irrebatibles verdades.
El término griego era “maieutiké”, arte de las parteras, como Fenaretes, la madre del filósofo. Método dialéctico entre maestro y discípulo para llegar a la esencia o caracteres universales de las cosas.
Como Platón lo anota en su “Teetetes o de la Ciencia”, este sistema de preguntas, dudas y respuestas, para arribar a definiciones cada vez más generales y precisas con el objeto claro de desembocar en la verdad, “permite saber si lo que engendra la reflexión”, “es una apariencia engañosa o un fruto verdadero”. “Si no mediara entre nosotros todo el ancho de la América, su refutación no habría tenido lugar, por inoficiosa; y a tenerlo, hubiéramos podido fijarlo en términos precisos para interrogaciones recíprocas. El sistema de Sócrates es admirable para descartar todo argumento no motivado, y hacer decir lo que las generalidades envuelven de oscuro y de indeterminado...”.
J. C. Gómez Haedo en su estudio “Sarmiento y el Uruguay” ve al maestro del Zonda como una suerte de “Sócrates alucinado”, por su mística de la Educación, su pasión por la propaganda escolar, su voluntad de “abrir el surco” “entre el fragor de la batalla” y sembrando “a voleo, más ganoso a menudo de dilatar el campo de la siembra...”.
Nobilísima generosidad de sus fines, apostolado de la palabra activadora,, libre y positiva, de su campaña progresista, une el carácter del filósofo griego y del político sanjuanino: he ahí la epopeya de sus trayectorias y mensajes (aut. cit., “S. y Avellaneda. El Congreso de Belgrano”, varios autores, Museo Hist. S., 1939, p. 19).
9.- Política como Iluminación.
Domingo es el único estadista americano que traza un bosquejo de calidad y base socrática respecto de su actividad pública. El gobernante ha de propender a aumentar la fuerza de producción de los ciudadanos en su triple dimensión, intelectual, industrial y moral. Fundamenta una teoría y una práctica mayéuticas del gobierno.
Política entendida al modo del maestro griego, como Iluminación, como parto de las conciencias, “elevando el carácter moral” de las gentes. El poder de una nación depende, cree convencidamente, de la capacidad ética de los individuos que la componen. Pues en todo piensa como en la frase de una carta a Mitre, desde Chile en 1852: “Me persuado que no hay más camino que el recto, que el justo y honrado de llegar a toas las cosas”.
En el “Gorgias” platónico, Sócrates enseña a Calicles que la bondad de toda cosa o hecho se manifiesta en virtud de un orden, que le es exclusivo. Consecuentemente la razón de los planes y actos de un gobierno, es el pensamiento más caro a su entendimiento, son buenos y promueven el bien, dado ese carácter. Orden y sensatez ejecutiva y legislativa, “cósmica” o universal como primero la denominó Pitágoras en el sentido etimológico de conjunto, equilibrio para el Bien. “La igualdad geométrica desempeña un papel importante , tanto entre los dioses como entre los hombres”.
Desorden es caos, implica anarquía y desigualdades inquietantes para el Estado (analogía con la antinomia Salud / Enfermedad en Medicina y en el Gobierno de los Estados – Justicia / Injusticia, expuesta en la “República&rdquo
. “Y también será necesariamente valiente” sostiene el griego, valentía en proclamar y realizar lo conveniente.
En el “Gorgias” expone su teoría de la “Eudemonía”, la tendencia al “obrar bien”, en procura de la felicidad y bienestar de los ciudadanos, es el norte medular, evidentemente, de la conducta sarmientina como Estadista.
Su noción del Gobernante y su base axiológica, tal como lo expresa por ejemplo en 1849 en “La Crónica” de Santiago de Chile o en “El Mercurio” de Valparaíso, acusa una clarísima raíz socrática. Jenofonte nos informa sobre el relieve que el maestro otorga al “sentimiento moral vivo” (palabras de Sarmiento) que debe inspirar al buen gobernante.
Sus decisiones han de provenir de sus convicciones más profundas, de su saber más aquilatado, elevando el alma individual y colectiva. “Cual gobierno, tal la palabra”. Ésta, como ejemplo y manifestación de las ideas, como poder de hacer, como energía directora, “guía de los espíritus”, ejercicio de la conciencia ética del que manda. La palabra socrática del autor de “Educar al Soberano”, ejecutiva y docente, “apoyada en una vida sin mancilla, en una conciencia rígida” (A. Alderete, “Sarmiento y ‘La Crónica’”, 1971, p. 35-52; en las Obras de S., t. 9: “Instituciones Sudamericanas” y t. 10: “Legislación y progresos en Chile&rdquo
.
“La obra de Sarmiento no es tan sólo erección de edificios, sino demolición de cuanto obstruía la mirada hacia ese infinitivo lleno de promesas” (Alderete, ob. cit., p. 166).
El ejercicio gubernativo entendido como orientación, dirección de conciencias, despertándolas o mejorándolas. Tarea máxima de dignidad y responsabilidad.
En carta a Demetrio Peña de diciembre de 1845 (“Más-a-fuera”, en su “Viajes&rdquo
recuerda el argentino a Sócrates, a quien equipara con el navegante y cartógrafo genovés Cristóbal Colón (1451-1506), con Cervantes (1547-1616), el explorador James Cook (1728-1779) y el político ilustrado Bernardino Rivadavia (1780-1845, Presidente 1826-1827), el sufrimiento por la ingratitud de sus coetáneos. “¡Triste pero ordinaria recompensa de las grandes acciones y de los grandes hombres!. ¡Es la humanidad una tierra dura e ingrata que rompe las manos que la cultivan, y cuyos frutos vienen tarde...!” reflexiona ante la memoria del ateniense, del estadista utópico argentino, del famoso autor del “Quijote”, del incomprendido descubridor de América y del explorador inglés que descubrió varias de las más importantes islas del Pacífico.
Estos genios en sus extraordinarios menesteres padecieron injustamente “la estupidez de las naciones”. Todos ellos, en “expresión sublime de desdeñosa compasión”, “cada uno de ellos al morir, han pedido a Dios que perdone a sus compatriotas!”.
Desde Gotinga en 1847 (ob. cit.) integra a Sócrates en su Martirologio de la Civilización, peraltado patrimonio de todos los Hombres. “¿Por qué no honraríamos nosotros a Colón y a Cook, a Sócrates y a Franklin, a Gutenberg, a Bufón, a Cuvier?. ¿No nos pertenecen de derecho como a todos los que han aprovechado de sus trabajos?”.
En “Educación Popular” (tomo XI de sus Obras completas) el sanjuanino analiza métodos de enseñanza nacionales y extranjeros, como el de M. Morin sobre lecto-escritura. Para ejemplificar su didáctica, de interrogación, dicción y ortografía en las escuelas primarias francesas, utiliza el tema de la vida de Sócrates, su instrucción y origen de actividades filosóficas (ob. cit., ed. Luz del Día, p. 320-321). El peculiar hijo de Sofronískos y Fainarate, cantero que participó en la erección del Partenón, y la madre, comadrona, y discípulo de Anaxágoras (de la escuela jónica, 500-428 a.C., introdujo la noción de “nous”, mente, pensamiento; el primer maestro de filosofía en Atenas), se transforma en recurso y motivo de exposición de una metodología de enseñanza-aprendizaje, que él ha observado provechosamente en el sistema educativo parisino en sus viajes (1845-1847, en sus Obras, tomo V).