jueves, 22 de enero de 2009

                        “FEDRA”  DE   G.  D’ANNUNZIO.-

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

El Arte de D’Annunzio.

 

Gábriele D’Annunzio (1863-1938) fue el Poeta de la la decisión intrépida y la morbidez obsesiva. De las sensaciones, impresionista y suntuoso.

Parnasiano decadente, aspiró a un Ideal de perennidad, al modo Clásico.:

 

                        “Oh come in vece nitide e sicure

                        ne la material imprimonsi le forme

                        per l’ostinata pugna del lavoro!”.

 

(A.  J. Battistessa: “El poeta en su poema”, Nova, 1965, p. 271-279).

 

Cultivó la lectura y traducción de Homero, Horacio y Catulo, en su “Di Gramatica e Retorica” (1879), “Primo  vere”, sus “traiciones” de “A Torcuato”, “A Furio”, “A Apolo”, “A Artemisa”.

 

                        “Oh libros, el clásico sol –Apolo

                        Febo –una sonrisa innumera

                        sobre el agua difunde, y me enciende

                        una llama de gozo en el pecho”.

 

   (“Canto del Sol”, de su “Canto Novo&rdquoGuiño.

 

En “Intermezzo di Rime” (1884) cantó a las ilustres “Adúlteras” (al modo de Theódore de Banville, o de Ch. Swinburne: “Masque of Queen Bersabe&rdquoGuiño, “Femme e Muse”: Elena, Herodías, Isolda, Lady Macbeth…

En “Maia” (1903)  canta a Ulises y a Penélope, a Dionisos, Alcibíades y Pericles, y sobre todos a la “Vita”.

 

Sus versos son belicosos y celebrantes, en “Electra” (1904). En “Alción” (íd.)  honra a la Vida, el Olivo, el Mar y el Amor.

Sensualismo, heroicismo e irracionalismos: características descollantes de su personalidad artística. Léase “Filiación del Futurismo. D.’A.” Guillermo de Torre, en su “Hist. de las Literaturas de Vanguardia”, ed. 1974, t. 1, p. 119-122.

 

“Soy una ofrenda de amor,

soy un grito hacia la aurora,

soy un clarín de rebelión

en labios de la raza elegida”.

 

   (sus famosos “Laudi del Cielo, del Mar, della Terra, degli Eroi&rdquoGuiño.

 

En su “Poeta Paradisíaco” de 1893 presentó la “Mujer Fatal” en la literatura italiana, inspirada en la “Tentación de San Antonio” 1874) de Flaubert y al año siguiente en “Triunfo de la Muerte”, fémina destructiva y orgiástica.

La Belleza y la Muerte estaban asociadas en su credo artístico.

 

En 1899, en “La Gloria”, otra mujer maléfica e impura, impura y voraz: “Siempre algo de carnal, algo  que se asemeja a una violencia carnal, una mezcla de atrocidad y de ebriedad, acompaña al acto generativo de   mi pensamiento”.

 

(Mario Praz: “La carne, la muerte y el diablo en la Literatura Romántica”, Venezuela, 1969, caps.: “La belle dame sans merci” (p. 263-278),  “Bizancio” (p. 394-397) y “D.’A. y ‘El amor sensual de la palabra’” (p. 451-527).

 

En el “Sogno d’un Tramonto d’Autunno” es Pantea la “super hembra” sádica y perversa (influjo de Friedrich Nietzsche,  el Marqués de Sade y  Charles Swinburne).

 

En sus obras D’Annunzio transcribe párrafos significativos de la “Phoedra”, “Dolores” y “Laus Veneris” de Swinburne (lo leyó en francés y en la “Rapsodia lírica” de Enrico Nencioni, 1896, “libre entrelazamiento de pasajes sweinburnianos”, según Praz, ob. cit., p. 259 y ss.), como en “Fedra”.

 

En 1945 el francés Blaise Cendrars (1887-1961) en su novela “El hombre fulminado”, aludirá a la Mujer Fatal, enamorada de un hombre no menos cruel y más cínico y escribirá: “¡Qué decadencia desde el Petrarca y Dante en la larga serie de musas inspiradoras, Laura y Beatriz!”. Se refería Cendrars a la mujer maléfica como la esposa de  Potifar o Fedra, pervertidas, locas entre sus odios y su amor.

 

Recordará a Remy de Gourmont y Mme. de C..., y  a Marcel Schwob y Marguerite Moreno.. Es la complejidad inherente al alma femenina, vista primeramente por Eurípides en su arte anticipador. (B. C., “El hombre fulminado”, ed. Barcelona, 1980, p. 209).

 

 

“Fedra”.-

 

Esta Tragedia es de 1909. estrenada ruidosamente en Milano.

Intervienen Fedra, Hipólito, Teseo, la nodriza Gorgo, efebos, aurigas, jinetes, etc.

Se divide en 3 Actos.

 

Acto 1º: la acción, en Trezene.  También está Etra, la venerable madre de Teseo, y las Suplicantes, que lloran la muerte de Teseo, luego desmentida.

Fedra aparece delirante, encendida y sofocada, temblorosa al oír el nombre de su amado hijastro, pronunciado por un Mensajero que trae  al joven cazador, obsequios del Rey Adrastro.

Acota el autor “con voz sofocada repite (Fedra) el hombre tremendo “.

 

“Fedra. “¡Hipólito!  (Interroga, como irritada). ¿Qué queréis del hijo de la Amazona?.

El  Mensajero- Tres presentes le ofrece el rey Adrastro.

 

(Enloquecida, se mueve de un lado para otro, como si la picase el tábano insufrible).

 

Fedra- ¡Oh Gorgo! ¿No has oído el ladrido de sus perros?

 

Gorge. No lo oí.

 

(Como enferma se obstina la Cretense, con las manos hacia las sienes, con un penoso parpadeo, excitada y languideciente)”.

 

(“Fedra”, traducción de Julio Gómez de la Serna, en “Obras Completas de G. D.’A.”, t. III, México, 1960, p. 537-592).

 

La “sensualidad semibárbara” de Fedra, traduce la personalidad de su autor, que no podría ocultar, bajo el barniz de la incultura francesa, el fondo instintivo del abruzense (ver M. Praz, ob. cit., p. 394).

 

El espanto se cierne sobre  la escena cuando la heroína traspasa con una aguja de sus trenzas, el cuerpo de la esclava tebana que envió Adrastro para Hipólito; como fondo, las luces  del incendio del Palacio.

 

Prevalecen los instintos insatisfechos de Fedra; supera la “pasión rugiente” de la Fedra de Unamuno,(según observa J. Lasso de la Vega, “De Sófocles a Brecht”, p. 217 y 220-221) y casi iguala a “Deseo bajo los olmos” (1924)  de Eugene O’Neill, que mata al hijo que ha tenido de Hipólito...

 

En otra acotación, D’Annunzio ambienta la acción vil de Fedra:

 

“el ardor de una desmesurada fragua parece soplar sobre el palacio de Piteo. Se oye de cuando en cuanto el rugido confuso del incendio y el silbar del viento líbico”.

 

Manifiesta Gorgo:

 

“y el incendio flamea, irreparable. Y todo el golfo está rojo hasta el istmo. Y torbellinos de humo y de chispas pasan sobre Trezene y sobre la Acrópolis”.

 

Acto 2º: Fedra está en sus aposentos, con algunos de sus sirvientes.

 

“No hay canto que me consuele” le dice a un Aedo. Está enferma de amor, mal del alma. Obsesionada por la llegada de Hipólito, por los ladridos de sus perros..

Desbocada, irrumpe:

 

“¡Eres bello, bello, como el más bello dios!”.

 

Agrega el autor:

 

La Cretense está arrobada por  él; no puede contener el grito amoroso”.

 

Hipólito aparece aquí  amigo de luchas y hazañas guerreras:

 

“Combatiremos a pie y desde el carro, de lejos y de frente”

 

(‘algo nietzscheano, sueña con aventuras grandiosas”, según Lasso de la Vega, ob. cit.).

 

La reina cretense está “envuelta en carne y llama”.

 

“Enferma, estoy enferma de ti, estoy insomne de ti, desesperada de ti que vives mientras yo no vivo ni muero, ni hallo tregua en el sueño, ni la hallo en el llanto...”.

 “toda me consumo en cada lágrima...”.

 

Replica el efebo extrañado de las palabras y actitud de su madrastra:

 

“la vergüenza tienes en los ojos, el morbo nefando sobre la mejilla, hija de Pasifae”.

 

En esta declaración  de amor, la hija de Minos y Pasifae, reconoce, es característico de sus ascendientes míticos:

 

“dentro de mí están, más antiguas que yo, el crimen y la divinidad, la vergüenza y la gloria”.

 

La escena es lujuriosa. Fedra, en la vehemencia de su delirio le ofrece, como la mujer de”La Gloria” o “La nave”, su trono y poder, a cambio de su amor, afrodisíacamente violenta como en Séneca, henchida de una sensualidad delictuosa, (“La tentación...” flaubertiana):

 

“¡Sí; entre el hombre; la garganta, hiéreme!. Con toda tu fuerza rájame, hasta la cintura, que te muestre yo el corazón desnudo, mi corazón humeante, abrasado de ti”.

 

El autor abunda en truculencias como la escritura senequista y en un masoquismo de aire swinburniano.

Espectacular e irracional, perversa y salvaje, atroz, es la Fedra d’annunziana, pérfida e irascible. Teseo maldice a su hijo.

 

Según Paul-Laurent Assoun, el personaje representa, sobre todo se refiere  a Racine, el paradigma de la Histeria sublime. El saber trágico del “odio de Venus”, producto de ese amor incestuoso y reprimido, al que deberá su destino.

Su pasión es la confesión de su amor prohibido. Su “resorte perverso” será el odio a la “castración”. Es un “amor histérico”: sacraliza al amado con la condición de castrarlo al mismo tiempo.

Su verdad es incompatible con cierto orden del mundo. Sus palabras desarreglan las relaciones de parentesco y de poder. Ella es sujeto de una pasión prohibida y agente de un discurso imposible de oír (autor cit., “El perverso y la mujer en la literatura”, Nueva Visión, 1995; es también clarificador el comentario a esta obra, por  Águeda Giménez de Vainer, en Revista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, jul.-sept. 2002, p. 764).

 

Se desnuda la Pasión, bárbara  en el italiano, y casta, sin tremendismos, en  Unamuno.

 

El Acto 3º: comienza velando el cadáver del hijastro, en Trezene. El Aedo relata (como Terámenes en Racine) la muerte del efebo amazónico. Teseo allí advierte su error, ante los lamentos de Etra, “el horror y la furia le sofocan”:

 

“¡Dioses!. ¡Dioses!...¡Mentiste! ¡Sólo por odio, por ser cruel con él, le acusaste!”.

 

Fedra misma declara ante su familia y rodeada de efebos y aurigas:

 

“¡Oh Teseo!. Hipólito es más puro que la libación sagrada y que el agua lustral, más límpido que la pupila del aire, y tu voto  castigó al inocente”.

 

Ella enferma y desfalleciente, se libera al final de esa ineluctabilidad de su Destino Trágico, y  exclama triunfante, más allá del bien y del mal:

 

“En mi corazón no hay ya sangre humana... venzo otra vez!.

Hipólito, soy contigo. Os sonríe, oh estrellas, sobre el umbral de la Noche, Fedra inolvidable”.

 

La acción dramática transcurre lenta, cargada de reiterativos y elocuentes parlamentos, reflejando un Mundo Pagano y orgiástico. Es el imitado de Swinburne, de quien transcribe expresiones, de sus Poemas y Baladas.

 

Repristina el mito clásico, pasándolo por el tamiz suntuoso de su Romanticismo decadente....

 

 

 

Bibliografía complementaria:

 

 

·        Croce, Elena: “D’Annunzio y las mujeres” (“La Nación”, 27-5-1979).

·        De la Guardia, Alfredo: “Gloria y ocaso de D’Annunzio” (en su “Imagen del drama”, Schapire, 1954, p. 53-63).

·        Echagüe, Juan Pablo: “Sobre D’Annunzio” (en su “Enfoques intelectuales”, 1943).-

·        Henríquez Ureña, Pedro: “D’Annunzio, el Poeta” (en su “Obra Crítica”, México, 1960, p. 3-6).-

·        Larreta, Enrique: “Tiempos iluminados” (en su “Obras completas”, ed. 1959, t. 2, p. 32-34).

·        Lilli, Furio: “G. D’Annunzio” (La Mandrágora, 1957).-

·        Marone, Gherardo: “G. D’A.” (en su “Escritores de italia”. 1946). Y Estudio Preliminar  de su “Croce vs. Mussolini”, 1944.

·        Papini, Giovanni: “D’Annunzio” (en su “Obras”, tomo I, p. 81-85).

·        Rossi, Giuseppe Carlo: “Vuelta a D’Annunzio” (“La Nación”, 15-6-1980).

·        Schóo, Ernesto: “D.’Annunzio” (en su “Pasiones recobradas”, 1997).-

·        Solim, Sergio: “Nietzsche y D’Annunzio”  (en “Letras Italianas”, revista “Sur”, nº 225, nov.-dic. 1953, p. 54-60).

·        Unamuno, Miguel de: “El esteticismo annunziano” (en su “Obras Completas”, Aguado, t. 8, p. 657-661).

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 18:33
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