PAZ Y CIVILIZACIÓN EN EL IDEARIO DE SARMIENTO Y TAGORE.-
3ª parte.
Por Guillermo R. Gagliardi.
Brahma es el dios Supremo Creador en la religión hinduista y por antonomasia, el Principio y el Retorno en el Cosmos. Vincula la concepción sarmientina, originalmente, la tradición cultural y la visión cósmica india con la historia social y política de los pueblos de la América Hispana. “Veda” (La Ciencia) comprende el desarrollo de las letras indoeuroeas más antiguas, se extiende del 2500-500 A.C..
Abarca cuatro Libros sacros: “Rig Veda” (Himnos) “Atharva Veda” (supersticiones), “Sama Veda” (manual litúrgico) y “Yavur Veda” (fórmulas y plegarias). Continúa Sarmiento, expone su curiosa versación en estos trascendentales temas orientalistas: “Sabéis que los Brahmanes de la India recitan con fervor los himnos religiosos de sus libros sagrados.
Están éstos en una especie de latín, idioma muerto de aquellas tierras, y no siempre los buenos padres entienden la desusada y sólo escrita lengua. Así han estado haciendo que se quemasen vivas las mujeres en la hoguera que consume el cadáver del marido, por estar prescripto en las leyes de Manú”.
En la era moderna, al descifrar lo investigadores ingleses dicho idioma, “se descubrió que Manú no prescribía tal barbaridad”. Este ejemplo de la historia hindú es propuesto por nuestro político a la juventud que asiste a ese acto, para reflexionar, desde esa alusión y analogías, perspectiva tan lejana en tiempo y espacio, sobre su actualidad y aplicación en nuestro medio criollo y según nuestros intereses y dramas nacionales.
El maestro enseña: “Pero es que hablo ante una juventud instruida, preparada de antemano por el estudio, a examinar y cotejar doctrinas, que no son por cierto las que corren por las calles, y repiten tanto político de segunda y tercera mano...”.
Trae a su afirmativa oratoria, sumamente informada, la contribución de las grandes enseñanzas de la historia universal, y analógicamente, las vincula a nuestros asuntos de la política contemporánea. Concluye: “Lo mismo nos va a suceder, lo espero, cuando a la luz de los principios examinemos los hechos que presenciamos y las falsas doctrinas y prácticas prevalentes”.
En 1880 recuerda también las características culturales indias, a propósito de su alocución al grupo de jóvenes “Unión Nacional” (en el Coliseo, 30-03-1880, en tomo 22 de sus Obras, “Discursos Populares” tomo II, “Un Programa Electoral&rdquo
. Donde incita a la práctica convencida y necesaria de un “protestantismo político), en defensa del libre examen de las doctrinas de gobierno y condena el fanatismo y la masificación ideológica.
El 27-05-1882 en su grandiosa y precursora conferencia sobre Charles Darwin (1809-1882) Sarmiento aludió con más detalle al idioma sánscrito que considera otro factor ilustrativo de la teoría evolucionista (en su “Discursos Populares” II). La lengua es un elemento más de la historia y la cultura humana: “sucedió lo mismo con las lenguas que con la astronomía, con la historia natural y con la historia humana”. “Las lenguas se han desenvuelto, pues, de la misma manera que las estrellas, el hombre y la civilización”.
“Conquistada la India por los ingleses, un día quiso alguno entender la lengua muerta en
que están escritos los libros sagrados de los brahmanes”. Se descubre entonces la riqueza y mayor antigüedad del sánscrito en relación con el latín y el griego, con los que forma una semejanza de familia. Alaba el educador cuyano y se admira de la sutileza y la elevada conceptuación de dicho lenguaje.
El “transformismo” demuestra, según su criterio zahorí, la evolución “de lo simple a lo compuesto, de lo embrionario a lo complejo, de la forma informe a la belleza acabada” de los “diversos departamentos del saber humano”.
Afirma de este modo su historicismo y su racionalismo: “y yo, Señores, adhiero a la doctrina de la evolución así generalizada, como procedimiento del espíritu, porque necesito reposar sobre un principio armonioso y bello a la vez, a fin de acallar la duda, que es el tormento del alma”. Confírmase así nuestro “montonero intelectual” como un decidido idealista platónico y un fundamental cartesiano.
En valiosa carta a Bartolomé Mitre (Yungay, julio de 1852, “Correspondencia Sarmiento-Mitre”, 1911, pág. 17) dibuja claramente su dualismo temperamental, las dos facetas de su genio, el activo y el contemplativo, el hacedor pragmático y el sentidor tagoriano.
“Creo en la vida cuando es progresiva, y en el progreso sólo cuando está en armonía con la vida”. Ausencia de simpatía humana e Ignorancia son los componentes básicos de la Barbarie. Para Sarmiento y Tagore, el olimpo de la Persona es el “Sadhana” o sentido de la Vida, que reside en el desarrollo máximo de la Energía y del Sacrificio. “Mi vida entera es un largo combate”, “a fuerza de constancia, de valor, de estudios y de sufrimiento”, “para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé solo a hurtadillas”.
Ese es el camino del “karmayoga”, de la Santidad Republicana del autor de “Facundo”.. “Ay, qué orgullo de hierro!” pareciera siempre exhalar nuestro héroe cultural, como la reina Sudarshana reflexiona en el poema dramático “El Rey del salón oscuro”. La vida de don Domingo, ha sido en esencia “un torrente de voluntad” (según escribe el poeta en “El Rey y la Reina&rdquo
. Parece a menudo, en la contienda política, al rey Vikram de dicha obra: “La guerra es ya para mí como un cuadro para un pintor. Tengo que trazar líneas más valientes, poner colores más violentos....” (obra cit., acto 2ª
.
Poesía encarnada considera Sarmiento a Santiago Arcos (1822-1874). Humor, sensibilidad fresca y dúctil, constituyen en su teoría literaria, la definición de Poesía. Así lo refleja en su escrito “Las reacciones morales” (en ‘El Nacional’ 6-6-1878, Obras, tomo 52) al memorar la figura tagoriana y acción de Arcos como ayudante militar del Gral. Bartolomé Mitre.
“Joven de espíritu travieso y dotado de un chiste y alegría que hacía de su trato como si oyera la algazara de las aves que saludaban el alba”. Sentimiento humano y paisaje auroral, gratuidad esencial y aventura, anuncian su definición helénica del género. “Había ido a la campaña por amor del arte como poeta y viajero...”.
En 1874, en “La Tribuna” había trazado una preciosa semblanza de este original patriota chileno (31-10-1874). Culto y ocurrente. Reproduce una carta suya fechada en Paris, el 10 de setiembre de ese año (Obras, tomo 45). Había compartido con él parte de su primer viaje a los Estados Unidos (“Viajes”, Obras, tomo 5).
Se habían encontrado en N. York y habían formado un capital común para financiar el periplo yanqui. Chispeante amigo, liberal y transfresor, histrión encantador. Lo acompaña con su jovialidad y sentido de lo maravilloso, desde Cincinati a N. Orleans, por el Mississipi y luego a Cuba. Espíritu de diversión e ingenio, Arcos murió trágicamente, suicidándose en París (1874). Plenitud del goce vital, risa bailarina, como los más ricos personajes de los dramas poéticos de Tagore, magia de una personalidad regocijante, integraban sus personales características .
Epítome de Poesía en el acertado juicio sarmientino. Poesía “sentimental” subjetiva postulada anteriormente, con solidez conceptual y arte de estilo por Friedrich Schiller (1759-1805), el preclaro hijo de Marbach. (vid. E. Santovenia: ‘Riqueza y barbarie’ cap. 1 de ‘Sarmiento y su americanismo’ 1949, p. 26-29). Gabriel Sanhueza en su biografía de 1956 sobre el chileno lo titula: “Comunista, millonario y calavera”. Expatriado, byroniano. Preso en su país por intento de subversión popular. Minero en Cuyo. Escribe en París un estudio sobre historia argentina. Lucio Mansilla, gran escritor y pintoresco ciudadano, lo recuerda en su primera carta, y sobre la cuestión indígena, de “Una excursión a los indios ranqueles” (1870), como una persona inquieta y disconforme (“Capítulo 1, “Dedicatoria- Por qué se pelea un padre con un hijo&rdquo
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En “Sin rumbo y sin propósitos” le contesta a éste en cartas, relatando su andanzas en España (vid. B.G. Arrili, ‘Aventuras de un chileno amigo de Sarmiento’ La Prensa, 24-2-1957). También Sarmiento se refiere a este original y bohemio personaje en su carta a Bienvenida, su hermana, datada en 30-9-1848: “...don Santiago Arcos, joven de inestimables prendas, hijo de un banquero español, mi compañero de viaje desde N. York y mi amigo íntimo... es un joven amabilísimo, y cuya amistad para conmigo es la más sincera” (en “Páginas confidencias” de S., ed. A. Palcos, 1944, p. 49)
V.- Conclusiones.
S. y T. entienden la evolución de la especie humana como una marcha ascendente de la Inteligencia. Como un adelanto creciente en la producción y goce material y espiritual de los bienes de la Civilización por el mayor número.
Se sienten preparadores de las rutas de extensión de la Felicidad y la Paz en este mundo. Evangelizadores de pueblos:
“Permite, Padre, que mi patria se despierte en ese cielo donde nada teme el alma, y se lleva erguida la cabeza, donde el saber es libre, donde no está roto el mundo en pedazos por las paredes caseras, donde la palabra surte de las honduras de la verdad, donde el luchar infatigable tiene sus brazos a la perfección, donde la clara fuente de la razón no se ha perdido en el triste arenal desierto de la yerta costumbre, donde el entendimiento va contigo a acciones e ideales ascendentes” .
En este preciso fragmento de “Gitanjali”, su autor define el misticismo patriótico que animó a ambos escritores parangonados, en sus empresas humanistas.
Como expresa Chitra, la bella hija del Rey de Manipur en el drama del Centinela de la India, don Domingo también eligió el camino más difícil, del “Homo Conditor”. Fundador y consolidador de Naciones. El del riesgo, del “peligro y la bravura”. Vividos con absoluta religiosidad, en sentido trascendente, con un titánico significado en Responsabilidad y Acción Benéfica.
Ambos genios de acción y pensamientos memorables, vivieron desde la superioridad de lo sobrenatural . Seres nutricios, creadores del Bien. Nos trajeron un mensaje especial de la Divinidad para todos: herencia de Amor Ciudadano y de Belleza, que debemos honrar y continuar.
(Léase, también: C. Magrini, “V. Ocampo: ‘T. en las Barrancas...’”, rev. “Sur”, set.-oct. 1961, p. 100-102. L. Pozzo Ardizzi, “S. y el campo”, en su “Hombres del surco”, Raigal, 1955, p. 39-43. E. R. Storni, “S. y la función social del Arte”, en “Política”, v. III, nº 30, enero 1964, Caracas-Venezuela. J. Taverna Irigoyen, “La pasión artística de S.”, en rev. “Jano”, nº 15, mayo 1982, p. 144-147).