CONJUNCIONES DE D. F. SARMIENTO Y S. RAMÓN Y CAJAL.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
“Mi infancia” y “Recuerdos de Provincia”.
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), República Argentina. / SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL ( 1852-1934), España. Premio Nobel de Medicina 1906.
Por supuesto, uno y otro recuerdan, y añoran, su infancia de pueblo ( San Juan, en Argentina; Petilla de Aragón , Navarra), su admiración por la naturaleza y las aves (el español, en su “”Mi infancia y Juventud” (1901, cap. 3, luego tomo I de sus “Recuerdos de mi vida””, 1917; el sanjuanino, en su memoria provinciana y en otros escritos sobre el Delta del Paraná (1885, “Arquitectura y paisajes isleños”, en tomo XLII de sus “Obras Completas&rdquo
y “Mis pajaritos” (“Paginas literarias”, íd., t. XLVI).
También, mencionan sus instintos guerreros y artísticos. Aquél en ob. cit., cap. V, su aprendizaje de la Fotografía en Huesca, hasta su obra “La fotografía de los colores”, en 1912. El otro, en sus referencias a los juegos, las pedreas, su indomable niñez (en definitiva su carácter de siempre), en ob. cit., cap. 7.
Y el aprendizaje revelador, ampliador de conocimientos históricos y horizontes espirituales: cap. VIII de la obra citada; “Recuerdos de Provincia” (1850), del Padre José de Oro, en el argentino, cap. “Los Oro”:insolente y valentón como él, “honrado como un ángel (Obras, tomo III)..
Asimismo las abundantes lecturas de historia clásica y española (en “El mundo visto a los 80 años. Impresiones de un arterioesclerótico”, 1934, cap. 4, parte 4; el nuestro en sus “Rec...&rdquo
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La trascendencia de las bibliotecas desde la adolescencia y juventud: Cajal en “Mi infancia”, cap. 13; Domingo con la rica “librería” de su comprovinciano Quiroga Rosa, la fundación de la Asociación de Mayo en San Juan, la lectura devota de los pensadores del siglo XVIII y principios del XIX. Enciclopedistas, e Ilustrados, “los dioses de su Olimpo”.
Desde temprano en sus vidas la discusión y la brega ideológica, intelectual. Las ardorosas polémicas, cuantiosas hasta la ancianidad en Sarmiento, desde los “Artículos críticos y literarios” (1841-1842, en Chile, sobre Ortografía, Romanticismo literario y político), luego “la escuela ultrapampeana”, “El Censor”, contra la Unión Católica, de “los Goyena, Estrada, etc.” y combatiendo la corrupción de Juárez Celman... En don Santiago, “mis petulancias polémicas”, “los vicios de mi educación”, en “Mi infancia”, cap. 22 y 26; la política, en “Charlas de café” 1921, cap. X.
Otros sinfronismos. La vejez en “El mundo visto a los 80” y en “Charlas de café”, cap. 3, (Cajal) y en los “Discursos Populares” del otro, estoicismo, epicureísmo, vitalismo sustancial. La lógica sordera, en las cartas sarmientinas a su amigo tucumano José Posse, “El mundo a los 80”, cap. 2.
Al recorrer los pueblos de su mocedad observa Cajal, adoptando una evidente óptica sarmientina, con ojo de esteta y de sociólogo: “Al contemplar tan mezquinas casuchas, siéntese honda tristeza. Ni una maceta en las ventanas, ni el más ligero adorno en las fachadas, nada, en fin, que denote algún sentido del arte, alguna aspiración a la comodidad y al ‘confort’”; también en su “Mundo a los 80”, parte 2, cap. 8.
Como Sarmiento, confirmando su historicismo progresista, en sus “Viajes” (1847, tomo V de sus “Obras Completas&rdquo
, atribuye a “la ignorancia de nuestros aldeanos”, esa miseria, que “es fruto de su pobreza”...(en su “La conciencia castellana” p. ej.,, 1879, tomo XL de sus “Obras&rdquo
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La Educación.
“Educación Popular”, “Las escuelas, base de la prosperidad y de la República en los Estados Unidos”, sus trabajos esforzados por la animación de las Escuelas Primarias y la Instrucción Popular, recogidos en “Educación Común”!, “Educar al Soberano”, “Ideas Pedagógicas”, etc., jalonan la lucha persistente, ejemplar de nuestro Domingo: un sacerdocio, un martirologio, “sinite párvulos ad me”: de trascendencia bíblica, epopéyica, en la historia americana.
Cajal en su “Charlas de Café”, cap. 8, exposición de sus tendencias educativas y sociales. Su experiencia pedagógica desde 1872 como Ayudante de la Cátedra de Anatomía en la Facultad de Madrid, su cátedra de Histología a partir de 1892, sus doctorados y participaciones en Congresos Internacionales de Histología y Patología neuronal. Adjudica a la tarea docente el lustre más grande entre las labores humanas (“!Mi infancia..”, cap. III): “Tengo para mí que desenvolver un entendimiento embrionario, recreándose en sus adelantos e individualizándolo progresivamente, es alcanzar la paternidad más alta y más noble; es como corregir y perfeccionar la obra de la naturaleza”.
Cajal, en la buida redacción, numerosa, de sus recuerdos autobiográficos, luce y abunda la reflexión pedagógica y la ética. Preciso en la evocación, agudo en el análisis, la fundamentación psico-fisiológica o social. Mirada introspectiva por una parte. Deducción perspicaz en los retratos y en la mención de sucesos pertenecientes a sus años formativos.
Crítica contundente al “memorismo”, el “positivismo” y el exceso de “autoridad” de la enseñanza de los Padres Escolapios en su Bachillerato en Yaca (“Mi infancia”, cap. 8). Alaba, como contraparte, el método de la excitación a la curiosidad e investigación, la motivación por la simpatía y el respeto en la relación escolar educador-educando.
Excelentes y fundamentatas, sus consideraciones de psicología pedagógica: las causas y consecuencias de esta didáctica brutal y negativa.
Alude a la influencia liberal de Herbert Spencer (1820-1903), fundador del Darwinismo social, filósofo-psicólogo-sociólogo británico, también destacado maestro del pensamiento libertario sarmientino, enaltecedor de la espontaneidad del pensar y el espíritu crítico. “...el maestro debiera ser exquisito psicólogo, cuando, por desgracia, no es otra cosa, por punto general, que recitador rutinario de textos y de fórmulas tradicionales. Por ley de herencia suele ejecutar en sus discípulos la mala obra que sus maestros le hicieron” (ob. cit.).
En el cap. XI del libro referido, el aragonés, discrimina diferentes metodologías, hace hincapié en que el docente ha de ganar para la enseñanza “el corazón y el intelecto del alumno”, sacrificando el rigorismo lógico y abstracto de las ciencias. Puesto que de los 10 a 14 años, el educando anhela el movimiento, ansioso “de acción intensa y de emoción”, y el maestro “debe ser forzosamente joven, enérgico y expedito de sentidos”.
A partir de los 14 a los 17, “comienza verdaderamente la fase reflexiva de la evolución mental”, apta para el aprendizaje gradual del álgebra, la física y la gramática. Estampa precursoras consideraciones sobre el arte infantil y la literatura juvenil (ob. cit., ca. XIII).
Encarece el fervor en la enseñanza. Abomina de los dómines que “no saben enfervorizar a sus oyentes”, de las “frías disertaciones” en que “estaban siempre ausentes el corazón y el entusiasmo!” (cap. XVIII de “Mi inf...&rdquo
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“No sin motivo pasaba yo entre mis condiscípulos por un chiflado o por tonto de remate. Más de una vez me oí calificar de navarro loco” (cap. XII). Como nuestro parangonado, no le ofendía ser distinguido por “loco”, “sanjuanino loco”.
Sarmiento, por su parte, fue el Maestro Ideal, en cuanto reunió las dos condiciones imprescindibles: amó hasta los más humildes detalles del ejercicio del Magisterio y por ello reflexionó sobre el problema educativo, con intensidad de enfoques, amplitud y repetidamente. En su “Vida de Dominguito”, tiernamente evoca a su hijo afectivo, sus travesuras y aporta ejemplos prácticos para la enseñanza de la escritura y lectura, las normas básicas de la conducta privada y cívica.
El autor-hacedor sanjuanino, escribirá en su “Facundo” (1845): “No satisfecho el gobierno, de la capacidad de los hombres de la provincia para desempeñar cargo tan importante, mandó traer de Buenos Aires, el año 1815, un sujeto que reuniese, a una instrucción competente, mucha moralidad. Vinieron unos señores Rodríguez, tus hermanos dignos de rolar con las primeras familias del país y en las que se enlazaron: tal era su mérito y la distinción que se les prodigaba. Yo, que hago profesión, hoy, de la enseñanza primaria, que he estudiado la materia, puedo decir que si alguna vez se ha realizado en América, algo parecido a las famosas escuelas holandesas descritas por M. Cousin, es en la de San Juan. La educación moral y religiosa era acaso superior a la instrucción elemental que allí se daba; y no atribuyo a otra causa el que en San Juan se hayan cometido tan pocos crímenes, ni la conducta moderada del mismo Benavides, sino a que la mayor parte de los sanjuaninos, él incluso, han sido educados en esta famosa escuela, en que los preceptos de la moral se inculcaban a los alumnos, con una especial solicitud” (ob. cit., cap. IV).
Como gobernante, S. gobernador de San Juan, Presidente de la República, siempre representa al ejecutivo kantiano. El Deber patriótico.-social, la mira predominantemente Civilizadora, integran el motivo de su acción. “Ejecutor del deber”, tal como afirma Benedetto Croce de Kant, en sus “Fragmentos de ética”, 1922, p. ej. Constantemente siente y piensa y actúa como maestro, como agente animador de cultura y progreso, dentro de las acotaciones que aportan su personalidad peculiar y su aciago tiempo histórico (“pues caduno es caduno, y yo diverso” pareciera sostener con el padre Leonardo Castellani, en su “Vita poesis”, 1949, que incluye su “Libro de las Oraciones”, ed. Dictio, 1978, p. 411).
Don Domingo y Don Santiago consideran que la base de sustentación de una Nación es la masa instruida, que conforma el ambiente, para el programa, material e intelectual. Así lo expone en 1898, un connacional de este último, el hermano Unamuno, 1864-1936, (en “La Pirámide Nacional”, 1898): “Uno de los más claros signos del progreso intelectual de una sociedad... es que aumente en ella la instrucción primaria en mayor medida que la facultativa”.
El autor de “El sentimiento trágico de la vida” postula la supresión de los institutos de Estudios Superiores y su conversión en escuelas primarias para “enseñar a leer, escribir y contar con sentido”. Igual angustia de Joaquín Costa (1846-1911, con su “Reconstitución y europeización de España” y su “Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla&rdquo
, R. y Cajal y de Sarmiento, las “mejores cabezas” para el adelanto hispánico.
“Mejor harían los sabios... de dedicarse a escribir manuales para las escuelas de niños”. En su art. “Doctores en industrias” denuncia con la solidez de un Sarmiento vasco, la plaga de universidades burócratas y la ausencia de lectores comunes, de ciudadanos instruidos y de obreros productivos...(“Obras Completas” de Unamuno, Aguado, tomo IV).
Su Majestad, el Carácter...
“Por instinto atraíame el llamado credo democrático, que casaba admirablemente con mi exagerado individualismo y mi ingénita antipatía hacia el principio de autoridad” (“Mi inf...”, cap. XIV).
Como nuestro maestro-político, “yo avanzaba siempre” (Cajal)...
“He adolecido siempre de lamentable facilidad para soltar la risa: (...) para excitar mi ruidosa hilaridad, sin que fueran parte a reportarme lo grave del lugar y lo solemne de la ocasión”. También en el rabelesiano de Cuyo, encontramos su propia Apología de la Risa. En el tomo XL de sus Obras (“Los desfallecimientos y los desvíos&rdquo
: “El hombre es esencialmente un animal que ríe...El buen reír, educa y forma el gusto. Jove reía. Los grandes maestros son inmortales, risueños”. Aristofanesco, exultante, nos invita: “Riamos nosotros, que el buen reír es humano y humaniza la contienda”.
Uno y otro han de suscribir esta afirmación del español: “Mi franqueza de pensamiento y sencillez de expresión sonaban a rusticidad y bajeza” (íd., cap. XXVI), pero su Espiritualismo es elevado y sostiene sus meditaciones y toda su vida y obra. Discípulos del sirio Filodemo, filósofo y escritor griego (ca. 110-40/35 a. C.) que cultivaba el “hablar franco”, “perí parresías”. El filósofo y escritor nombrado ejercía la parresía como valor personal, y como “tejné”, comparando el piloteo de la navegación y el arte de la Medicina y la Política, en cuanto oposición integrada del conocimiento teórico y el entrenamiento útil. Típicamente sarmientino, el mandar, decidir, el “kairós” u oportunidad para el actuar (política), desde la posición ideológica personal, la experiencia y el conocimiento de las circunstancias, lo que se debe cambiar y cómo y cuándo y cuánto. Típicamente cajaliano el analizar exactamente y sin prejuicios las ideas y creencias que deben modificarse, los errores denunciables y los cambios a proponer, desde la postura inicial y completa, vibración simultánea en el argentino y el aragonés, de la valentía para decir la verdad (ver Michel Foucault, “Discurso y verdad en la Antigua Grecia”, 1985).
“La enfermedad constitucional de nuestro espíritu, dígase lo que se quiera, fue siempre la indiferencia filosófica y científica, asociada a un sanchopancismo desolador” (“El mundo a los 80”, IIª parte, cap. I). Aspiran a la gloria por el Espíritu, por la acción con fundamento trascendente.
“¡Dichosos los hombres que ofrendan su vida a una idea grande, porque ellos perdurarán en ella y por ella!..”.
Los mandamientos Fichteanos les son caros en sus vidas, tal y como lo ha expuesto magistralmente el pensador germano (Johann G. Fichte, 1762-1814) en sus “Discursos a la Nación Alemana” (1807), particularmente en Disc. X: “el sabio no existe para su utilidad personal, sino que todo talento constituye una propiedad de la Nación, que no debe arrebatársele. Quien no llegue a ser sabio tiene por misión mantener por sí mismo a la humanidad, en el grado de civilización que ha conquistado, mientras que el sabio debe aumentar ese progreso según nociones claras y conforme a los principios de un arte razonado. Ha de hallarse el sabio, merced a su conocimiento de la época actual, siempre dispuesto a adivinar lo provenir y a prepararlo, en lo presente de manera que facilite su progreso”.
Estos cimeros concepto ubican definitoriamente el lugar de ambos, S. y Cajal, en la historia de sus países y en la universal: el valor del Hombre Superior en el mejoramiento de su Nación y en el de la Humanidad, la riqueza para sus respectivas naciones que significa su accionar y existencia, la precedencia del intento innovador de sus pensamientos y la necesidad de continuar, y mejorar, si es posible, sus mensajes redentores. Su capacidad gigantesca de diagnóstico y profetismo, su preocupación por la elevación de sus conciudadanos...
En su carta al Gral. José Santos Ramírez (Stgo. de Chile, mayo 26 de 1848), Sarmiento, presintiendo el influjo liberador en el Plata de los movimientos políticos en Francia y poniéndose en campaña con todo entusiasmo, habiendo vuelto de sus viajes de 1845-1847 por Europa, África y América, impetuosa epístola, expresa su idea persistente del caos y oprobio del Despotismo Rosista (1835-1852) y el esperado advenimiento benefactor de la Racionalidad en su pronosticado derrocamiento. “No crea Ud., que es mi objeto, no lo crea Ud., ir a esas pobres provincias a luchar personalmente con las pasiones y con el poder estúpido de la fuerza material. Sería vencido; me deshonraría”. Bosqueja el inicio de su futuro liderazgo nacional y americano, asoma ya el estadista Civilizador, inspirado por grandes Ideas.
Continúa en esta carta, revelando su perfil moral y las líneas axiológicas de su futura acción cívica: “Mis miras son más elevadas, mis medios nobles y pacíficos”.
Y sentencia: “Si los argentinos no han caído en el último grado de abyección y embrutecimiento, la razón tendrá influencia sobre ellos, la verdad se hará escuchar y un día nos daremos un abrazo” (ver. “Cartas y Discursos políticos”, ed. de J. P. Barreiro, Edic. Cult. Arg., 1963).
Estos Héroes de la Humanidad, cada uno en su respectiva área y responsabilidad, han seguido en todo momento “su camino propio”, profesión de fe Personalista humanísima. Han continuado en su propio surco y no le han arredrado las difcultades cuantiosas ni incomprensiones, pues su fuerza ha residido en su Fe en sí mismos y en la nobleza y trascendencia de su empresa de sabiduría y civilización.