domingo, 25 de enero de 2009

Primer viaje a Hermann Hesse.- Por Guillermo R. Gagliardi.

                        Primer viaje  a  Hermann Hesse .

 

                                                            Por  Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

Nacido en Calw, Suabia, en julio de 1877, murió en 1962, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1946.

 

  • El mundo de este genial escritor es el Yo íntimo de los hombres. Sus paisajes son las esperanzas, las angustias y sobre todo la aspiración hacia Lo Superior, Lo Perfecto.

 

Sus novelas habían alcanzado asombrosa popularidad.  “Indien” (1913), libro de viajes. “Siddharta” (1922), proceso de depuración del hijo de un brahmán. “Der Stepenwolff”, “El lobo estepario” (1927),  diabólico libro de confesión que expresa un impresionante caos anímico. “Narciso y Goldmundo” (1930), refleja la melancolía y ensueño medievales...

 

Buscaba en su Montagnola (Suiza) una  Humanidad pura y serena, nietzscheanamente.

 

“La única misión verdadera del hombre es la de ingresar en sí mismo”.

 

La Sabiduría es para él la sumatoria de Culto  de la Verdad, más Culto de la Belleza y la Reflexión del Alma.

 

Le escribe al Prof. Arthur Stoll  al cumplir 50 años de edad: “que logre usted remontarse desde la opresión del mundo y de los negocios hasta la refrescante soledad del trabajo verdaderamente intelectual y creador, y participe allí de esa eterna juventud contra la que nada puede el paso de los años” (1937).

 

En otra  carta, “A un sabio alemán”: “sé perfectamente bien dónde estoy; mi posición es una vez más una posición solitaria, como siempre lo fue, no encubierta ni protegida por grupo o partido alguno...” (finales de diciembre de 1938).

 

 

Primera estación, “Demian”:

 

  • Conforme con sus propósitos socráticos  de revelar y estudiar al Hombre Interior y su autorrealización, había escrito en 1919 “Demián”. Es el joven que se busca a sí mismo:                 

 

“Hoy se sabe menos que nunca lo que es un hombre realmente vivo, y se        lleva a morir bajo el fuego de millares de hombres, cada uno de los cuales es un ensayo único y precioso de la Naturaleza”.

 

“Cada hombre... es algo Maravilloso y digno de toa atención”.

 

“En cada uno de los hombres se ha hecho forma el Espíritu, en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos es crucificado un Redentor”.

 

Ab initio, Hesse inserta pensamientos de oro, enseñantes, celebratorios del Mundo y los Hombres. El hombre real, que medita, sufre, el loco-soñador (“La alegría es el secreto de la belleza y la sustancia de todo arte” escribe en “El juego de abalorios&rdquoGuiño.

 

“Un hombre real, único y vivo”. Esta última cita, enuncia el objetivo de su obra, a la que caracteriza ya, interesando al lector, como verídica y fundamentalmente vital.

 

La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo. Somos todos, la tentativa de un camino, la huella de un sendero...

 

 

  • Semeja una Novela de Formación, “Bildungroman”. Un niño que se debate entre la luz y la sombra. Su hogar como símbolo de paz y orden (la piedad y el perdón) y la calle con los malos amigos (el resentimiento, los odios, las frustraciones, la violencia y la miseria).

 

Franz, un adolescente malhechor que lo hostiga, esclavizándolo hasta la abyección, y la aparición de un joven sereno, con experiencia, adulto en sus pensamientos: Max Demian.

 

Hesse nos menta lo que comúnmente llamamos “una buena educación”, burguesa y ficticia, y sus peligros, especialmente en la pubertad, ante el desenvolvimiento y surgir del instinto sexual, primordial, algo que no debe ocultarse ni disimularse.

 

La adolescencia llega, dolorosamente, con su idea del desarraigo de la paz infantil, con su oposición al mundo circundante, “claro y luminoso”.

 

Acaece el sentir de la soledad y los espacios infinitos, la  quiebra del mundo familiar.

Y en medio de esta etapa de la existencia real del joven Sinclair, está Demian,

 

silencioso, solitario e incógnito, como un astro rodeado de atmósfera propia y obediente a leyes particulares”.

 

Un nuevo perìodo en la vida de Sinclair: en un colegio pensionado, lejos del hogar, se inclina al mundo sombrío, al “diabólico”, el de la embriaguez y el fango, el de la disipación, hasta que una inesperada visión, platónico-dantesca, la de una jovencita, Beatrice, lo obliga a un viraje, un cambio en su atormentada persona. Nuevamente, pues, el ansia de Pureza y de Santidad.

 

 

  • Un pájaro esculpido en la entrada de la casa de Sinclair y la figura de Demian en toda la  obra, adquieren un evidente carácter simbólico: la idea del Dios Abraxas. La idea mágica, reunión de lo Divino y lo Demoníaco (confirmación de la existencia de los dos mundos  en el adolescente).

 

El mundo: Dios más Diablo, lo oficial y permitido más lo prohibido  e infernal. Abraxas se transforma en una “experiencia interior”, un “sueño de amor”, con acento romántico:

 

“El amor no era un oscuro instinto animal, como en un principio lo había yo sentido, ni era tampoco una piadosa adoración espiritual, como la que yo había consagrado a la imagen de Beatrice.

 Era ambas cosas, ambas y muchas más: era ángel y demonio, hombre y mujer en uno, hombre y animal, sumo bien y7 profundo mal”.

 

Abraxas es su voz interior, su sueño.

 

Su tragedia, a partir de allí, es realizar lo que brotaba espontáneamente de sí: “un continuo ardor de anhelos incumplidos”.

 

La sagrada música, soberana, de Bach es oída en la puerta de una capilla, y también le  trae corrientes de espiritualidad, de conjuro del Cielo y el Infierno.

 

Otra presencia y enseñanza en su vida es la del organista. La única realidad, le enseña Pistorius (devoto de Abraxas) es la que cada uno ve desde su propio mundo interior.

 

Un amigo, Knauer, dice que la absoluta abstinencia es la única vía para desarrollar nuestras energías interiores. Todo el que quiera seguir los más elevados caminos de lo etéreo ha de conservarse puro.

 

“Tienes que reflexionar sobre ti mismo y hacer luego lo que verdaderamente surja de tu propia esencia”.

 

“No hay otro camino. Si tú mismo no puedes encontrarte, tampoco encontrarás espíritu ninguno que te guíe. Créeme”.

 

 

  • Hesse, ilustre maestro que incita constantemente a la Libertad Interior, viene a decirnos humildemente que cada uno debe seguir el camino de su vocación más íntima, seguir el sendero de nuestras preferencias espirituales., la ruta interior que nos haga ser más buenos y mejores. Ésa es la única valedera, la voz de nuestra Conciencia.

 

“Lo que verdaderamente me hacía bien era el progreso de mi conocimiento de mí mismo, mi confianza creciente en mis propios sueños, ideas e intuiciones...”.

 

Sinclair ha encontrado en Demian a su mejor guía, y llegamos al momento culminante: el encuentro con la madre de su amigo, el rostro que había pintado y soñado, bello y majestuoso, sereno y firme.

 

La novela fue escrita bajo la influencia de los dictados del Psicoanálisis, y todo posee un Simbolismo: el Hombre ha de vivir ininterrumpida y enteramente su Propio Destino, desde su Exigencia interna.

 

Enemigo de la agitación vana de nuestra era, y más aún de la que siguió a las grandes Guerras Mundiales, protestó Hesse en sus obras y declaraciones, y en miles de cartas, contra la forma burguesa de vida, pues le interesaba aumentar la capacidad de Pasión y Bondad en el Mundo.

 

En su “Juego de Abalorios” criticaba, como Aldous Huxley, la superficialidad, la falta de moral, la ausencia de universalismo humanista de la Cultura Occidental.

 

Así la música de Bach que oye Sinclair en “Demian” representa, para el autor, y en general la Música Clásica, “el extracto y la  esencia de nuestra Cultura”, significa “Sabiduría de lo Trágico de la Humanidad, afirmación del  Destino Humano, Valor y Alegría”.

 

“No puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los  bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones  universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes”.

 

Parecida lucha entabló Huxley (1894-1963) en sus novelas y ensayos magistrales, en contra de los “placeres fabricados”, de las “vaciedades rancias y necios de las interminables democracias del mundo”. “Toda clase de diversión organizada tiende progresivamente a hacerse más y más imbécil”.

 

También en “Demian” aparece la crítica a la sociedad de la época, vanidosa y sin médula, con su gregarismo, la mentalidad  rebañiega, el aturdimiento y el desconocimiento gigantesco del propio y humano destino.

 

Junto con bellos fragmentos descriptivos de crepúsculos y amaneceres, denuncia el pavor de la guerra y sus consecuencias espirituales.

 

Por sobre la trama argumental de “Demian” está pues, su trascendente sentido, el deseo de hallar a Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contentadizo, tan falto de interioridad...

 

 

Hermann Hesse, no podía  ni  toleraba permanecer mucho tiempo en un teatro o un cine, ni leer, casi, un periódico, rara vez, un libro moderno. Vivía como un anacoreta en medio de un mundo cuyas características, cuyos fines,  no compartía.

 

“Nosotros, los literatos, poco podemos hacer en la lucha contra la guerra; ni siquiera a la poderosa Iglesia de Roma le ha sido dado, no sólo limitarse a rogar por la paz, sino ayudar a realizarla en la práctica. Y no obstante esto, el espíritu y la palabra poseen su propia fuerza invencible y con ella su permanente responsabilidad.  Poseo un colega especialmente querido, uno de los más bravos y más dignos defensores de la palabra contra la estupidez y la terquedad de máquinas y cañones. Acabo yo de proponerlo por segunda vez, para el Premio Nobel: se trata de Martín Buber” (“Cartas colectivas&rdquoGuiño.

 

En su clave poema “Der Dichter und seine  Zeit”, define su orientación clásico-romántica, su espiritualismo, entre Hölderlin y Novalis, el respeto absoluto a su vocación y misión Humanística, “mi único impulso, mi única inclinación, mi única agridulce alegría”:

 

“Fiel a las imágenes eternas, constante en la contemplación,

dispuesto estás para la acción y el sacrificio...

 

...renunciar al brillo y al placer diario,

y preservar aquellos tesoros que jamás se oxidan.

 

...La burla de los mercados apenas puede perjudicarte

en tanto suene para ti la voz sagrada;....

 

Principalmente propugna la verdadera Cultura, no la falsa, adventicia, sino la Fundamental, la Música Germana Clásica y Romántica, la Antigua Poesía, la rica sensibilidad de los Poetas Pensadores: el Arte como portador de luz, acrecentador de la Alegría y la Claridad sobre esta Tierra.

 

 

 

 


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