Garcilaso, aunque rabie Sarmiento (3ra. parte).
Por Guillermo R. Gagliardi.
12.- Predilecciones de su espíritu.
Búsqueda, resonancia y refugio de la soledad. Nuevo florecimiento, robustecimiento del alma. En “La soledad de los poetas líricos” (1962) analiza finamente Elías Carpena: “Del desaliento y de la agrura del trajín cotidiano y de las asperezas que halla en su camino nacen aquellas ansias de retiro, aquellos deseos de aislamiento que dan el fruto noble, el amor a las soledades”. “Apartado del bullicio, distante de las cosas del vano mundo, donde la palabra del necio no mancha ni ofende, porque no le llega; lejos del mundo de todos, pero en el centro de su mundo donde reina, en ese retiro apacible al alma y a la carne sufriente, cultiva las flores mas caras a su pasión y a su sentimiento”. El afán sarmientesco de soledad, su visión lírica del paisaje, el bucolismo silencioso de “aquella vida silvestre”, son ecos de Garcilaso.
“Predilecciones de mi espíritu”, confiesa en 1856, el retiro campestre en goce de la naturaleza: “a la sombra de los árboles, cultivando plantas y aspirando el ambiente embalsamado de la vegetación y de las flores”. Su deleite más puro consiste en “un rincón de tierra plantado de árboles donde volver un día a ser lo que nací, y no debí nunca dejar de ser, pobre cultivador”. Auténtico Anteo cuyano, el gigante mitológico hijo de Gea, restaura su ser en el contacto telúrico, y su estilo adquiere “prestas alas”, delicadezas, juegos y matices, se hace diáfano y sutil, reina Garcilaso. Es su tendencia adánica oculta pero muy sentida, a la evocación y comunión nostálgica con la Arcadia nativa, vivida como pastoril según la tradición que desde Teócrito, pasa por Virgilio y resuena en el poeta de las Églogas.
En esas soledades Domingo se rodea de luminosidad y la trasmite. Soledad ontológica. Luego como Orfeo, el mítico pastor tracio, debe descender al Infierno de la vida pública, donde despliega su mundanidad apostólica, catábasis redentora. Lleva su luz, y como dice José Martí, “todo el que lleva luz se queda solo”.
13.- El Delta.-
En 1855 Sarmiento se deslumbra ante el paisaje virginal de “la Delta”. Descubrimiento estético y económico: valora la naturaleza en su belleza fascinante y en su fertilidad para la agricultura e industria. Ambos aspectos inseparables en su óptica global. Escribe a Posse exaltado por sus proyectos: “es un descubrimiento que de tierras ignotas he hecho a las puertas de Buenos Aires...Es Venecia de sesenta leguas de fondo por caminos-canales, y por casas quintas y arboledas”. Descubre e “inventa el Delta”. Escribe inaugurales estudios en “El Nacional”. Instala el mimbre como sustento de sus habitantes, planifica la forestación y arboricultura. Treinta años después continúa alimentando su propagación en Paraguay a través de aanimadores artículos en “El Censor” (1886).
Confirma su nieto en su “Sarmiento anecdótico” (1929): “cuando pudo contemplar esa región singular nacieron los amores más duraderos de esa alma entusiasta”. “Aquella tierra creaba la poesía grandiosa adecuada a su espíritu.”. Sus “amores carapachayos”, consolidad magníficamente su central enfoque de lo “usefulness” , la cualidad eminente de lo útil y aprovechable para los isleños.. Se considera el Primer Herodoto que ha descripta “estas afortunadas comarcas”. Historiador y mitólogo de las islas, el redescubridor y colonizador. El naturalista y geógrafo, el publicista isleño. Este refugio es su reposo, su “ensimismamiento” orteguiano, su entrada en sí, su ámbito garcilasiano. Allí como a Garcilaso, la constante primavera de su Isla del Destierro, a Sarmiento le dulcifica el alma la serenidad de su rusticar carapachayo.
Le ríe el agua y el follaje. También experimentará Domingo esas sensaciones vivificantes en sus días norteamericanos, en Chicago con el amor de Ida Wickersham, su “reina de las praderas” según lo evoca Enrique Anderson Imbert en su “Una aventura amorosa de Sarmiento”.
14.- Rescate proustiano.-
En su “La Pluma Dorada” (1886) sobre un cuento para Aurelia, su “Clara”, inserto en el tomo 46 de sus Obras, alude el sanjuanino al ambiente pastoril consagrado por Garcilaso. En fina prosa, de impresionista pintura, sugerente y levemente melancólica, recrea “imágenes risueñas” de escenas agrestes, de antiguas costumbres. Entona una elegía de la vida en las montañas andinas: “Los balidos del ganado que se recoge a los corrales, denuncian la llegada de la tarde, como en la mañana el berrear de los terneros avisa que las mozas ordeñan las vacas lecheras”. Le place a su garcilasianismo pintar tan delicadamente temas rústicos de antaño.
Se recorta la pluma del polemista autoritario. Rescata proustianamente un tiempo pasado, recobra imágenes que eterniza en su estilo, con la fuerza de los clásicos y la gracia de los renacentistas: “...Y si los arroyuelos no triscan entre los guijarros ni saltan como cabritillos de roca en roca, para animar el paisaje con el bullicioso ruido de pequeñas cascadas, de cuando en cuando la brisa trae a mis oídos como rumor de fuentes de felicidad cristalina, las risas inextinguibles de lindas y apuestas muchachas”. Es un cuento no contado, patético y alegre, a la vez tierno y en clave sentida y muy íntima de amor.
15.- Larra y la Heterodoxia.
Sarmiento bebe en Mariano José de Larra (1809-1837) su depreciación de la literatura española del siglo de Oro. Es anti-garcilasiano por necesidad polémica, circunstancial y simbólica, pero no espiritual ni artística según los testimonios que hemos documentado paralelamente. Por exigencias de su febril trabajo fundacional de la República, es tarea difícil pero finalmente fructífera, hallar y datar esa veta áurea. Ese diamante del estilo sarmientino integra parte evidente del tesoro que nos ha legado su genio de escritor y pensador, piedra preciosa que no llegó a pulir en la magnífica medida de sus dotes, por el llamado vital de su labor de hacedor de nuestra Historia.
Frecuentemente pasa inadvertido su carozo fundamental. El emocionado gustador de los frescos versos de Bartolomé Hidalgo, Juan G. Godoy, de Hilario Ascasubi o del preciosista “Peregrino” de José Mármol y de Lord Byron. El que saborea los días pasados con el gentil caballero enamorado de Ida al borde del Brandyewirne El autor y dibujante del “Diario del Merrimac” para Aurelia, el de la dolorida elegía a la muerte de Rosarito Vélez. El apologista de la íntima amistad con Posse o “el viejo Vélez”,. El que llora y, entre la triste memoria, desborda de ternura por su hijo, pues como en el Soneto 32 de Garcilaso “y sobre todo, fáltame la lumbre / de la esperanza”..
El que boceta dickensianamente el “Origen de la fiesta de Nochebuena”, el elegante diálogo costumbrista de “Cartas de dos amigas”. Para él la Poesía se manifiesta en la belleza y calidez de la vida familiar. El evocador agustiniano de la historia de Doña Paula. El retratista arquetípico de Domingo de Oro, que evoca los versos del soneto 21 de Garcilaso:
“en quien derrama
el cielo cuanto bien conoce el mundo;
si al gran valor en que el sujeto funda,
y al claro resplandor de vuestra llama
arribaré mi pluma, y do la llama
la voz de vuestro nombre alto y profundo”,
Y los del Soneto 5:
“Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero”.
El dolorido y gozoso amor por Ida halla eco en el soneto 23:
“en tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena”.
El llanto trágico por Dominguito, resuena en los Sonetos 25 y 26:
“¡Oh hado esecutivo en mis dolores,
cómo sentí tus leyes rigurosas”,
“¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día!
¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento”.
“Fígaro” es el modelo de expresión y tono y sentido de las ideas que adopta la inquieta generación de Proscriptos, en la que sobresalieron Sarmiento y Alberdi (“Figarillo&rdquo
. Se encuentra una síntesis completa de su pensamiento en su “Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe”, aparecido en el periódico “El Español” 18-1-1836. Halla influjo en estas tierras según han demostrado el crítico Guillermo de Torre en “Tres conceptos de la literatura hispanoamericana” (1963) y Luis Lorenzo-Rivero en su “Larra y Sarmiento” (1968). “Fígaro” se convierte en pilar del dogma de emancipación, de creación y de crítica política, social y artística de la Generación argentina del ’37.
De ahí la postura sarmientina independentista y antiacadémica, declarada por ejemplo en su escrito “La cuestión literaria” publicado en “El Mercurio” el 25-6-1842, tomado de frases del romántico español. “En esta parte diremos de buena fe lo que ponía Iriarte irónicamente en boca de uno que estropeaba la lengua de Garcilaso: que si él habla la lengua castellana, yo hablo la lengua que me da la gana. Ni reconocemos magisterio literario en ningún país, menos en ningún hombre, menos en ninguna época. Rehusamos, pues, lo que se llama en el día literatura entre nosotros; no queremos esa literatura reducida a las galas del decir, que concede todo a la expresión y nada a la idea, sino una literatura hija de la experiencia y de la historia”. Transcribe el artículo de Larra mencionado antes, de 1836.
En su juvenil pelea con el crítico y poeta venezolano Andrés Bello (1781-1865), insta a los intelectuales americanos a adoptar una expresión auténtica y personal que refleje las preocupaciones de la época y las necesidades del país, Con toruna agresividad se enciende en la polémica contra la postura conservadora del sabio escritor. “Aunque rabie Garcilaso”, postula su rebeldía romántica y su mandamiento a la inteligencia del Nuevo Mundo a que glorifique su tierra con el estudio, el arte, y la acción originales y de índole social y regeneradora.
El expresivo y polisémico “aunque rabie Garcilaso”, lo subleva y atiza a cultivar una voluntad personalista y crítica. Es frase de un poema del célebre autor de las “Fábulas literarias”, Tomás de Iriarte (1750-1791):
“En idioma genízaro y mestizo
diciendo a cada voz: yo te bautizo
con el agua del Tajo,
aunque alguno del Sena se la trajo
y rabie Garcilaso norabuena;
que si él hablaba lengua castellana,
yo hablo la lengua que me da la gana”.
Publica esta poesía, “primera parte”, en su artículo “Reforma Ortográfica. Copia de datos para entrar en la cuestión Opinión de un corresponsal del Diario de La Habana sobre la reforma académica”, “El Mercurio”, 26-2-1884; y en “Epistolario Sarmiento-Frías”, ed. A. M. Barrenechea, Univ. Nac. Bs. As., 1997). Con el encabezamiento de este fragmento programático de Iriarte, en su conclusión, tercera parte, el 28-3-1844, firma “Ortófilo”.
En su trabajo periodístico el sanjuanino trascribe este poema, que motivan claramente su ímpetu heterodoxo, grito bravo de liberación de la tradición y la Academia y que fundamenta su programa categóricamente americanista.
En esta sonada polémica, con el seudónimo de “Un quidam”, combate el arte retórico y artificial que menoscaba la exposición de las Ideas y la verdadera Ilustración, postulando una literatura “nueva”, “romántica” y “social”.
En su “Memoria sobre Ortografía Americana” (1843, tomo IV de sus Obras), Introducción, opina con su habitual belicosidad, acerca de la actual nulidad de la Academia de la Lengua Castellana. “Los hombres que la forman, ¿son por ventura los autores de los libros que dirigen hoy el pensamiento español?...son, no obstante ser los más notables de España, escritores muy subalternos, pensadores comunes que importan ideas de las naciones vecinas a su país, o como Hermosilla y otros pobres diablos, se aferran en sostener lo pasado con dientes y uñas...”.
(N. Pinilla: “La polémica del Romanticismo” (Bs. As., 1943) y “La generación chilena de 1842”, Univ. Chile. Donoso: “Sarmiento en el destierro”, Gleizer, 1927, etc.).
En su oposición a Garcilaso en realidad pelea bravamente contra el ciego respeto a los “admirables modelos” y al “temor de infringir las reglas”, “lo que hace desperdiciar bellas disposiciones y alientos generosos”: “...es la perversidad de los estudios que se hacen, el influjo de los gramáticos, el respeto a los admirables modelos, el temor de infringir las reglas, lo que tiene agarrotada la imaginación de los chilenos, lo que hace desperdiciar bellas disposiciones y alientos generosos. No hay espontaneidad, hay una cárcel cuya puerta está guardada por el inflexible culteranismo, que da sin piedad de culatazos al infeliz que no se le presenta en toda forma. Pero cambiad de estudios, y en lugar de ocuparos de las formas, de la pureza de las palabras, de lo redondeado de las frases, de lo que dijo Cervantes o fray Luis de León, adquirid ideas de donde quiera que venga, nutrid vuestro espíritu con las manifestaciones del pensamiento de los grandes luminares de la época; y cuando sintáis que vuestro pensamiento a su vez se despierta, echad miradas observadoras sobre vuestra patria, sobre el pueblo, las costumbres, las instituciones, las necesidades actuales, y en seguida escribid con amor, con corazón, lo que se os alcance, lo que se os antoje, que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero bueno o malo será vuestro, nadie os lo disputará. Entonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, habrá bellezas” (22-05-1842, en tomo I de sus Obras Completas, cito por edit. Luz del Día, 52 tomos).
Como un nuevo y criollo Prometeo anhela, con furia y hasta desaforadamente, despertar el pensamiento productivo de nuestros escritores para que se dediquen con ahínco y fines útiles y concretos a los problemas patrios, denunciarlos, analizarlos y proponer soluciones lógicas. En su lengua inquisitiva y vivaz, en prosa de ritmo candente, a veces declamada, oratoria y solemne, como un Mandamiento de Moisés.
Abomina de la superficialidad en los temas y de las meras tecniquerías verbales. Porque se define y fija normativas innovadoras “con la grosura de su corazón” (Unamuno). En una prosa bergsoniana, de poderoso y creciente energía, envolvente, normativa, apodíctica. Con un caudal inaudito de dinamismo, de incesante potencia evolutiva y creadora. Literatura sustancialmente pasional, visceral, vitalista y antilibresca. Realista y utópica a la vez, impacientemente futurista.
Expone su Programa, sus Diez Mandamientos Mosaicos, su palingenesia . “El problema de la expresión genuina de cada pueblo está en la esencia de la revolución romántica, junto con la negación de los fundamentos de toda doctrina retórica, de toda fe en ‘las reglas del arte’ como clave de la creación estética” advierte Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) en su “El descontento y la promesa”, medular estudio del humanista dominicano incluido en su “Seis ensayos en busca de nuestra expresión” (1928).
Nuestro sanjuanino encarna esa inconoclasta posición en sus ruidosos entreveros chilenos. Su mirada es dialéctica, entre universalista y criollista. Inaugura una nueva Estética y simboliza a su vez los mejores valores de la tradición románica. Allí -observa agudamente Ureña- “está el Sarmiento aquilino: la mano inflexible escoge; el espíritu amplio se abre a todos los vientos. ¿Quién comprendió mejor que él a España, la España cuyas malas herencias quiso arrojar al fuego”, “pero que a ratos le hacía agitarse en ráfagas de simpatía?”. Pues sintió antes que nadie en nuestra historia “los soberbios ímpetus, la acre originalidad de la barbarie que aspiraba a destruir”.
16,- La Teología Argentina. Conclusiones.
Sarmiento, funda la “Teología argentina”, consagrando a Facundo Quiroga, al indio Chipaco, al Hornero, a los Huarpes, a la arquelogía primitiva de América. Trabajó hondamente y bajó a la raíz de las cosas nuestras más esenciales, como pocos, definiéndolas y realizándolas, y libérrimo y con el máximo de vigor posible.
En sus debates en “El Mercurio” y años después en su obra “Campaña en el Ejército Grande” exalta su concepto de la función militante de la escritura en la Organización Nacional (1852).
Rebelión contra Garcilaso en el sentido de cortar con la tradición colonial y escolástica. Relación doble de diferenciación por un lado y de alianza “con otras prácticas y otras lenguas y otras tradiciones” según las señala Ricardo Piglia en su “Sarmiento escritor” (1991): “la mirada estrábica funda la verdadera tradición nacional, un ojo mira el pasado, el otro ojo está puesto en lo que vendrá”. (R.Piglia, “Encuentro del bosque”, 1991).
Sublevación contra Garcilaso, contra la España Inquisitorial. Planteo preciso de la necesidad de que con grandeza de ejecución y religiosidad de elevación se escriban poemas cívicos en alabanza de la Libertad, alcanzada con los memorables sucesos de 1810 y 1816: “como el himno sagrado que hace cantar a la naturaleza las glorias de Dios, así nuestros bardos pudieran hacer entonar este año en loor de Mayo a todas las creaciones inspiradas por el genio de la libertad, obtenidas aquel día...” escribe en 1857 en “El Nacional” (Obras, tomo 46), Justifica hondamente esa poesía épica, celebratoria de nuestra Nacionalidad y sus gestas, de valor educativo y estético para el Soberano.
Experimenta la nostalgia de la literatura popular, de los cantos indígenas. Alaba los romances, los versos anónimos,, las leyendas, la tradición oral. “Es el pueblo el más grande de los poetas; la tradición es para él la historia escrita en caracteres indelebles en las hablillas populares”. Las fábulas de trasmisión oral actualizan la historia, la adornan de prodigios, inmortaliza personajes y lugares en la memoria generacional, “porque la historia de mil años está siempre viva y como de presente a los ojos del pueblo” (Obras, tomo 6).
Perfila pues su gusto e interés por la poesía de la memoria colectiva y la individual artística, según la estudiará Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) en su cuantiosa bibliografía histórico literaria, desde “Reliquias de la poesía épica” hasta “Flor nueva de romances viejos”.
Se contraponen Sarmiento y Garcilaso en su actitud ante el ambiente intelectual y social. La penetración del mismo es dulcificada en el toledano. “Oculta en su arquitectura domada, nieblas y fugacidades saltantes” (J. Lezama Lima, “Analecta del reloj”, 1937).
Indomeñable el genio sarmientino, jamás elusivo ni sibilino ni impasible, rechaza el aire bárbaro de la metrópoli goda y desarrolla púas en su prosa y en su praxis crítica, y absorbe y divulga el ambiente de los países civilizados, cambio y reforma nutricias para nuestros países.
Impulsor, activo y activista, mueve y conmueve, proyecta y ejecuta. Conquista y funda, urge y enseña. Fiscaliza, censura y vitupera.
Sus convicciones y las exigencias de sus días le velaron frecuentemente los rasgos garcilasescos: pero allí reside su mejor literatura, el meollo de su riquísimo sentimiento, su alma, su intimidad.
Continúa lo que Dámaso Alonso en su “El destino de Garcilaso” denomina justamente: “esta fluencia que había de tener la literatura de España y de Hispanoamérica, esta continuidad literaria”, que “inaugura la nueva literatura española” y fluye a través de los siglos y territorios hispánicos.
“Quedémonos con el agua clarísima” de la amistad de Garcilaso de la Vega, continúa el citado Lezama, “de su hermosa cabeza, de su colección de vihuelas” (ob. cit., “El secreto de Garcilaso&rdquo
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Con el amor a la mujer, la fuente, el río, las flores. Y con el amor a la enseñanza popular y con su paradigma de eticidad y arte, de construcción de la Paz.
Prosigue Garcilaso su “combate encendido de palomas y fuentes” según lo ve Julio Cortázar en su “Recado a Garcilaso” (1944). Prosigue nuestro maestro, místico teresiano, en su guerra constante contra la hidra de la Barbarie, y no cesa “esta esperanza que nos mueve”, y que es definitivamente “el encargo de tu vida”.