miércoles, 18 de marzo de 2009

                                   MI  DIARIO  DE  LECTURAS: 2.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

1.      Julio Mafud. J. J. Sebreli. E. Martínez Estrada.

 

Leo a Mafud, “El desarraigo argentino”: “El ser argentino hasta hoy, no ha encontrado motivaciones que  movilicen su capacidad amorosa. Está sitiado y vapuleado por abstracciones: el Estado, la Nación, la Patria. “El estado (...) es la defraudación absoluta”.  Muy aleccionador, su estudio sobre el Peronismo, sus consecuencias para el ser nacional (valoración maniática del dinero, el derroche y la superfluidad, la violencia en todos sus matices, la falsedad).

 

Escribe Juan José Sebreli, difundido ensayista que Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) es un autor incitante, “suscitador de los temas claves de la realidad argentina contemporánea”,  sus Ideas “no eran sino metáforas y exclamaciones”. Fatalismo telúrico, spengleriano. (“Para quienes, en la serena República de las Letras, no quieren romper con el orden establecido sólo resta la complicidad total&rdquoGuiño.

 

Aclara el autor de “Martínez Estrada: una rebelión inútil” y “Los riesgos del pensar”, que D. F. Sarmiento no fue pesimista. Esa visión determinista, taineana,  ”del medio geográfico, no le impidió pensar y creer muy firmemente que la voluntad, la energía, el esfuerzo y la audacia de los hombres podía modificar el curso adverso de las cosas para imponerle su propia ley” (primera obra cit., ed. J. Álvarez, 1966, p. 35).

 

“No existe tal realidad ‘fatídica’, en ninguna parte ha existido jamás; creer en ella es rendir tributo a un bastante pueril geomorfismo espiritual, y en cierto modo recaer en primarios animismos...El desierto, el tremendo desierto americano, sólo  existe en la medida en que una estúpida política ha descuidado los problemas de la población y del arraigo rural” escribe  el sesudo Bernardo Canal Feijóo, “en una de las críticas más agudas que se han escrito sobre M. Estrada”, Sebreli dixit.

 

Continúa Sebreli que no hay conflicto  metafísico entre Hombre y Tierra, sino entre carácter social de la producción y carácter privado de las ganancias.  “La revolución no se hace con palabras elevadas, con libros hermosamente escritos, con ideas nobles, con ademanes generosos: se hace con suciedad, con sangre, con sudor, con vidas humanas”.

 

 

2.      La Filosofía y Kant.

 

“Todos somos filósofos de una manera primaria, elemental y tácita”. Afirma Homero Guglielmini, “Cómo leer filosofía”, p. 25.

“Debemos  leer filosofía para aprender a pensar por nosotros mismos, y para concebir consciente y reflexivamente aquello que damos por cierto y consentido en nuestra existencia vulgar y cotidiana”. “La filosofía pregunta desinteresadamente por el ser, por la totalidad, por el fundamento último y radical de las cosas y de nosotros mismos".

 

Immanuel Kant (1724-1804) dice Guglielmini, “sentía demasiado profundamente –acaso cual nadie lo sintió jamás- el anhelo espiritual de escalar las más altas regiones del saber”. “El poder analítico de su genio era tan excepcional que  acaso no conoce ningún parangón en la historia del pensamiento humano”. 

Caso de excepción, célibe, vida monástica, rigor analítico implacable, “tal tipo de existencia (...) resulta inconcebible para el hombre profano de nuestros días, triturado por el tráfago violento y febril de la vida colectiva moderna”.

 

Pensador solitario, ejemplar, de eminente envergadura universal, visionario, sedentario y de vida recoleta y restringida. “Hurgó a fondo los misterios y la complejidad del alma de la Cosmología, describió todos los aspectos posibles del mundo y del conocimiento humano”. “No se le conocieron viajes ni amores. El  pensador que quiso describir la totalidad de la experiencia del mundo jamás se asomó al mundo”.

 

3.- La poesía de Hölderlin.

 

Esplendorosa la poesía de Hölderlin:

 

                        “¡Dios de estos tiempos, bastante has reinado ya

                        sobre mi cabeza, en tu sombría nube!

                        Por donde mire, todo es violencia y angustia,

                        Todo se tambalea y se desmorona.

 

                        Como un niño he bajado a menudo los ojos

                        Buscando una cueva donde no me alcances.

                        ¡Qué insensatez creer que hay algún sitio

                        que se te oculte, a ti, que lo trastornas todo”.

 

(de “Der Zeitgeist”, “El espíritu del siglo” trad. F. Gorbea).

 

De su poema magnífico, “Sócrates y Alcibíades”:

 

                        “Por qué, divino Sócrates, a este joven

                        lo agasajas tanto?. ¿No conoces algo más grande?

                        ¿Por qué lo contemplas con amor

                        igual que contemplamos a los dioses?”.

 

                        “-Quien piensa hondo, ama lo más vivo;

                        después de haber mirado bien el mundo

                        comprendemos lo que es la virtud,

                        y muy a menudo los sabios

                        terminan prendados de lo bello”.

 

Frecuentemente, la poesía de Hölderlin es una bella alabanza al  Sol, a los Dioses, a la Luz:

 

                        “.....Frecuentemente,

                        bajo tus rayos, oh Helios, mi pecho sublevado

                        se eleva hasta el arrojo y se ennoblece”.

 

                        “¡Benignos dioses! ¡Desdichado es aquel que os ignora!

                        Su alma grosera es presa incesante de la discordia,

                        el mundo no es para él más que tinieblas

                        y nada sabe de cantos ni alegría”.

 

                                                            (“Die Götter&rdquoGuiño.

 

4. El Dr. Marañón.

 

Escribió el médico-humanista español  (1887-1960): “Yo respeto la Medicina, porque la amo, y es el amor la fuente suprema del culto, en lo humano como en lo divino. Pero el amor es también, o debe ser también crítica. Sólo cuando desmenuzamos en el objeto amado cuanto tiene de deleznable, acertamos a encontrar, allá en el fondo, lo que tiene de imperecedero...” (de su “Crítica de la Medicina Dogmática&rdquoGuiño.

 

Atrae en el escritor de “El Greco y Toledo” y “Vocación y ética”, la pluralidad luminosa y bella factura de su obra, de sus intereses intelectuales: historia, medicina, psicología, filosofía, política, literatura y artes.

 

Con respecto a las tareas docentes, dice el galeno ilustre que “el deber que se nos exige ha de ser tan sólo un pretexto para inventar otros deberes”. Cada enfermo debe ser para el médico un problema de directo e inmediato humanismo, la necesidad de curarlo, aliviarlo y consolarlo; es la magia, la seducción de la profesión médica. El médico ha de acercarse al enfermo con espíritu sacerdotal y con el alma del naturalista.

 

 

5. Alberdi.

 

Revelador el libro alberdiano: “La monarquía como mejor forma del gobierno en Sud América”. “La revolución argentina tendrá su historia poética, fantástica, legendaria, que le escribirán sus cortesanos al paladar de la vanidad nacional de los argentinos; pero su política irá de mal en peor, si no tiene un día su historia filosófica, es decir, la historia simple y veraz de las causas reales que la han  producido, porque sólo estas causas podrán descubrirle la ruta y dirección en que deba marchar para lograr los fines de engrandecimiento y prosperidad...”.

 

Alberdi (1810-1884) es el más consciente de los argentinos de su  época.  Quizás, más que Sarmiento, que era más fanático en sus ideas y accionar, menos reflexivo y crítico y más visceral.

 

Alberdi es el Crítico, el más lúcido argentino, el diferente.  “No es el menor de los males que debemos a la República el habernos hecho imposible la historia veraz. Toma la verdad como insulto. No quiere que sus guerreros sean hombres, sino héroes y semi-dioses”. De-velador de nuestra esencial nacional. “San Martín, lejos, pues, de llenar la misión que recibió de la República Argentina (...),  fue causa de que la República perdiera las provincias que tenía encargo de libertar...”.

 

Ve  en nuestro Culto a los Héroes, un paganismo nefasto. “Los cortesanos del pueblo, los que compran su pan con adulaciones y lisonjas, han compuesto una historia de la revolución de América al paladar de nuestra vanidad pueril y crédula”. “La revolución de Mayo de 1810, no fue más republicana que monarquista”.

 

6. La Cultura y Julián Marías.

 

Le preguntan a Marías (1914-2005) en “La Prensa” del 7 de enero de 1979, Qué es la Cultura, a lo que, sencillamente, responde: “es una manera de vivir; de interesarse, integrar y manejar la realidad. Es una parte de la precaria felicidad que puede conseguir el hombre”.

 

La Cultura es una parte de la precaria felicidad que puede conseguir el hombre. Llena la Vida, mejora y cualifica al ser, ayuda a vivir, endulza nuestra existencia; la cultura nos consuela del dolor, la pena, las heridas, las tristezas y angustias de estos tiempos “nublados”. La Lectura, el Estudio, la Enseñanza, el Aprendizaje, la Conversación, el amor y cultivo del Conocimiento: razón de la Existencia, la solución aparente...

 

7. Borges sobre Bernárdez.

 

Poema “Epílogo” de Borges, publicado en el suplemento literario de “La Prensa”, 21-1-1979:

 

                        “Ya cumplida la cifra de los pasos

                        que te fue dado andar sobre la tierra,

                        digo que has muerto. Yo también he muerto.

                        Yo, que recuerdo la precisa noche

                        del ignorado adiós, hoy me pregunto:

                        ¿Qué habrá sido de aquellos dos muchachos

                        que hacia mil novecientos veintitantos

                        buscaban con ingenua fe platónica

                        por las largas aceras de la noche

                        del Sur o en la guitarra de Paredes

                        o en fábulas de esquina y de cuchillo

                        o en el alba, que no ha tocado nadie,

                        la secreta ciudad de Buenos Aires?.

                        Hermano en los metales de Quevedo

                        Y en el amor del numeroso hexámetro,

                        Descubridor (todos entonces lo éramos)

                        De ese antiguo instrumento, la metáfora),

                        Francisco Luis, del estudioso libro,

                        ojalá compartieras esta vana

                        tarde conmigo, inexplicablemente,

                        y me ayudaras a limar los versos.


Publicado por Desconocido @ 20:01
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