jueves, 09 de abril de 2009

                                               DIARIO  DE  MIS  LECTURAS: 8.-

 

                                                                                    Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

1.- Dos maestros alemanes: Auerbach-Curtius.

 

Estoy  apreciando el intenso libro de Erich Auerbach (1892-1957),   “Mimesis. La representación de la realidad en la Literatura Occidental” (publicada en 1946, traducida al castellano en 1951). Uno de sus densos y atrayentes capítulos trata sobre Michel de Montaigne (1533-1596) y “l’humaine condition”. “Nuestro conocimiento del hombre y de la historia depende de la profundidad del conocimiento que sobre nosotros mismos tengamos, y de la amplitud de nuestro horizonte moral”. Los historiadores “presentan a los hombres, con demasiada exclusividad, en situaciones extraordinarias y heroicas y  (...) son demasiado propensos a ofrecernos una imagen estable y unitaria de los caracteres”. “Hay que  imbuir de nuestra conciencia interna  mayor elasticidad y amplitud”.  Medita  el filósofo francés: “Esta detenida atención que presto a mí mismo me ha acostumbrado a juzgar personalmente a los demás...”.

Expresa Auerbach: “Un realismo tan radical apenas lo ha conseguido nadie antes que él, y muy pocos después.”.

 

“Es necesario mantenerse libre, conservarse en su propia existencia”. Sostiene el pensador de Périgord.. “Ha visto con más nitidez que ninguno de sus contemporáneos el problema de la autoorientación del hombre; la tarea de crearse. En él, por primera vez, se hace problemática, en sentido moderno, la  vida del hombre, la vida propia ‘cualquiera’ en su integridad”. Y en otro capítulo, “El Príncipe cansado” Auerbach  refiérese  a  la insustancialidad de la literatura española: “no se puede sentir en las obras españolas, pese a todo su ajetreo abigarrado y vivaz, ningún movimiento hacia lo hondo de la vida, ninguna voluntad de investigarla radicalmente”.

 

Ernst Robert Curtius (1886-1956), en su monumental “Literatura europea y Edad Media latina” (1°  ed., 1948; trad. española 1955) presenta, por su parte, una provechosa contribución para el estudioso  y el amante de las Buenas Letras. Los análisis, datos y apreciaciones, obra compacta y sólida, se extienden desde Grecia hasta Shakespearte, y desde Dante hasta Goethe, extratemporal y extra-geográficamente.

Explica el maestro alemán que la Literatura del pasado puede actuar siempre en la de cualquier presente. Las formas métricas y estróficas, las fórmulas acuñadas, los motivos narrativos. Es un reino sin límites. Abundancia de personajes que pueden encarnarse indefinidamente en cuerpo nuevos (ob. cit., t. 1, cap. 1).

 

Auerbach en su valioso libro, evalúa la importancia de la obra de Stendhal y Balzac, el realismo, la seriedad trágica y existencial nunca vista antes en la  Literatura. Sus creaciones toman su fuente de la vida real, y  la enfrentan, la reflejan seriamente, “representada sin miramientos con todo lo corriente, práctico y feo  y vulgar”.. Ello promovió la creación de un nuevo “estilo grave o, si se quiere, elevado”. La obra de Stendhal tiene visos de dieciochesca (elevación aristocrática, juego con la vida).

Balzac, por su parte, es trágico y grandilocuente (“toda acción, por corriente y trivial que sea, es tomada por él a lo trágico y grandilocuentemente, todo afán acuñado de gran pasión”. Lo demoníaco, lo melodramático. Ya Flaubert será impersonal y frío, imparcial, “realista”. Expresa de éste; “pocos de los que han venido después de él han abordado la tarea de representar la realidad de su  época con la misma claridad y responsabilidad”. Sobre Zola: “Tampoco parece hallarse  inmune de neurastenia, pero por su cuna es más pobre en dinero, y tradición familiar, en refinamiento de la sensibilidad”.

 

 Maravillosa, e instructiva, la capacidad de compulsa de textos literarios, de comparación, que exhibe Auerbach. Así por ejemplo, el estilo homérico y el de Petronio. “Igual que en Homero, una luz clara y regular se esparce sobre hombres y cosas; como Homero tiene ocio suficiente para el acabado, lo que dice es terminante y nada queda oculto o con trasfondo”: Analiza “el Banquete de Trimalción” en el “Satiricón” de Petronio (20-65 d. C.): “Ahora sabemos que los cambios de fortuna ocupan un lugar muy importante en la literatura antigua y que también la ética filosófica se ha inspirado frecuentemente en ellos”.  “Pero lo que domina en la obra de Petronio es la visión práctica y terrenal y, por lo mismo, histórico-interna de los cambios del destino”. “Los individuos reunidos en casa de Trimalción son libertos advenedizos del Sur de la península, del siglo I, todos con sus mismas ideas y hablando su mismo lenguaje, desprovisto casi de estilización literaria. Apenas si puede encontrarse algo parecido en cualquier otra obra”.

 

Aprecia Auerbach sobre Don Quijote, clarifica , desmitifica: “la sabiduría de Don Quijote no es la sabiduría de un loco; es la inteligencia, la nobleza, el decoro y la dignidad de un hombre juiciosos y equilibrado”.

 

 

2.- Contenido y forma de la literatura de Quevedo.

 

Impresiona la contundencia expresiva de Quevedo y  gusto de su poesía reflexiva. “Vuelve los ojos si piensas que eres algo, a lo que eras antes de nacer;  y  hallarás que no eras el que ha poco que no fuiste, y el que siendo eres poco, y el que aquí a poco no serás: verás cómo tu vanidad se castiga y se da por vencida” (“La cuna y la sepultura&rdquoGuiño.

“¡Ah de la vida!...¿Nadie me responde? ..../ Ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto: / soy un fue, y un será, y un es cansado”.|

 

Sutilmente mi admirado Lanuza en su “Las brujas de Cervantes” menciona comparativamente la sonrisa cervantina, alegre desde su intimidad, y la quevedesca, entre el llanto y la carcajada que hiere... “Cervantes sí, parece mirar a la vida con una sonrisa. (Una sonrisa de hombre comprensivo, un poco cansado y un poco triste). Pero la carcajada de Quevedo nunca, casi nunca, denuncia una alegría íntima. Más parece un desahogo de la desesperación que está, exactamente, en la frontera del sollozo”.

 

Otro soneto de Quevedo, vibrante de meditación; “¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza / en esta vida frágil y liviana? / Los dos embustes de la vida humana, / desde la cuna, son honra y riqueza”.

 “Todos los que viven, si fuesen buenos, tienen obligación  de saber lo que es la muerte, pues no pueden vivir sin morir”. Vivir: existir para la muerte. Quevedo semeja un poeta existencialista contemporáneo. Está cerca de nuestra angustia, de nuestras preocupaciones. “...se huye la vida paso a paso, / y, en mentidos placeres, / muriendo naces y viviendo mueres”.

 

“Cánsate ya, ¡oh mortal!, de fatigarte / en adquirir riquezas y tesoro; / que últimamente el tiempo ha de heredarte, / y al fin te dejarán la plata y oro. / Vive para ti solo, si pudieres; / pues sólo para ti, si mueres, mueres”. Me rondan ya los nombres soberanos de Séneca y Heidegger. En el “Heráclito Cristiano”, Salmo XI, escribe: “Nací desnudo, y solos mis dos ojos / cubiertos los saqué, mas fue de llanto. / Volver como nací quiero a la tierra; /...sepan todos que por bienes sigo / los que no han de poder morir conmigo; pues mi mayor tesoro / es no envidiar la púrpura ni el oro, / que en mortajas convierte / la trágica guadaña de la muerte”,

Es el desprecio de la vida y la angustiosa conciencia de la finitud y vanidad de todo lo terreno, del "Eclesiastés".

 

“Miré los muros de la patria mía, / si un tiempo fuertes, ya desmoronados, / de la carrera de la edad cansados, / por quien caduca ya su valentía.... /  vencida de la edad sentí mi espada. / Y no hallé cosa en qué poner los ojos / que no fuese recuerdo de la muerte”. Vida es fuga y brevedad: “Todo tras sí lo lleva el año breve / de la vida mortal, burlando el brío / al acero valiente, al mármol frío, / que contra el Tiempo su dureza atreve”. Miseria y fragilidad: “¡Cómo de entre mis manos te resbalas! /  ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía! / ¡Qué  mudos pasos traes, oh muerte fría, / pues con callado pie todo lo igualas!”.

 

Don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas (1580-1645) escribió numerosos poemas morales, religiosos y amorosos, siempre tensos, desgarrados, graves, agudos. A veces pícaros, sonrientes o escépticos y amargos. Su poetizar es reflejo puro de su experiencia vital y sus lecturas abundantes. Su mirada es crítica e  incisiva, “Poemas satíricos y burlescos”, sobre los tipos humanos, las costumbres y defectos de los hombres, la hipocresía, avaricia, glotonería, fealdad...

 

 

3.- El placer según  Kavafis.-

 

Sensual, pagano, crítico y admirable, por primera vez tomo contacto (febrero de 1980) con su vida, persona y poesía (Konstantino Kavafis, de Alejandría, 1863-1933).

“Si imposible es hacer tu vida como quieres, / por lo menos esfuérzate / cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca / en contacto excesivo con el  mundo, / con una excesiva frivolidad.  /  No la envilezcas / en el tráfago inútil / o en el necio vacío / de la estupidez cotidiana, / y al cabo te resulte un huésped”.

 

Poesía moderna, liberada, conversacional, y ardorosa. “Contemplé tanto la belleza, / que mi visión le pertenece. / Líneas del cuerpo. Labios rojos. Sensuales miembros. / Cabellos como copiados de las estatuas griegas; /hermosos siempre, incluso despeinados, / y caídos apenas, sobre las blancas sienes. / Rostros del amor, tal como los deseaba / mi poesía...en mis noches juveniles, / en mis noches ocultas, encontradas...”.

Una   definición:   “La delicia y el perfume de mi vida es la memoria de esas horas en que encontré y retuve el placer tal como lo deseaba. Delicias y perfumes de mi vida, para mí que odié los goces y los amores rutinarios!”.

 

Evidente aire proustiano de sus evocaciones. Enfoque parnasiano de sus refinamientos y descripciones. Belleza epigramática de sus expresiones. Tono dramático de algunos poemas, la Moira, el Destino. Rebelión contra la hipocresía social, las rutinas y la frivolidad materialista. Amor por la Belleza sensual y el Espíritu. Desconoce el Pecado y el Infierno.

 

“Vino para leer. Abiertos están / dos o tres libros; historiadores y poetas. / Pero apenas ha leído diez minutos, / cuando los deja a un lado. Sobre un diván /   duerme ahora. Ama mucho los libros / -pero tiene veintitrés años, y es hermoso; / y esta tarde el amor atravesó / su carne maravillosa, su boca. / A través de la total belleza / de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad; / sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer...”.

 

También cautivante y fino el poema “Días de 1908”:  “Quedando desnudo por completo; sin defectos; / sus hermosos miembros bronceados / en la desnudez matinal de aquella playa”. Sol, luz, carne apasionadamente deseada, en su poesía..

 

 

4.- Petrarca, humanista moderno.

 

El filólogo y crítico español Rafael Lapesa (1908-2001)  escribe en su “Trayectoria poética de Garcilaso” (1° ed., 1948): “Petrarca, tomando como punto de partida el arte de los trovadores y el idealismo del ‘dolce stil nuovo’. Había emprendido la primera revelación de un alma moderna, con sus anhelos y desesperanzas, contradicciones y melancolías, ahondando en el conocimiento del reino interior del hombre a la vez que inauguraba un nuevo sentimiento del amor, de la hermosura femenina y de la naturaleza”.  Petrarca (1304-1374) “sabe prender en sus versos la belleza de un mundo nuevo y personalmente gozado”. Análisis de emociones, afición a los contrastes  sutiles, actitud espiritual de melancolía. Amante de los clásicos, el fervor del bardo italiano por ellos es de carácter moral, pues busca en los grandes autores antiguos, normas de vida, la humanidad de los clásicos.

 

Vittore Branca dice que el autor del “Canzoniere” (publicado por primera vez en 1470)  fue el “primer grande intelectual que trasfirió resueltamente su atención y su compromiso, de las especulaciones teológicas y metafísicas o de las investigaciones científicas y técnicas, a los intereses morales y sociales, cuyo centro es el Hombre”. Continúa el crítico: “Después de los máximos maestros greco-latinos, después de los Grandes Padres Cristianos, el hombre no habia tenido un contemplador tan apasionado y sensible de sus excelencias y de sus miserias como Petrarca”.  Este ensayo de Branca es excelente, no tiene ninguna línea despreciable. Con respecto a las poesías a Laura, continúa atinadamente: “Son ante todo, la primer grande poesía que tiene como tema único y exclusivo la vida interior de un hombre”.

 

Se autodefinía Petrarca: “Hombre siempre inquieto y en contradicción consigo mismo, atormentado por ansias continuas durante todos los años de la vida”. Lector asiduo y amante, escribe Umberto Bosco, que “dio también el ejemplo de una lectura siempre alerta, instrumental, combativa, tendiente a mejorar el propio ser y el de los demás”. “Quizá por primera vez en la historia de las  Letras Italianas, y no sólo italianas, Petrarca advirtió que el hombre está solo en un mundo incomprensible; se siente solo consigo mismo, y como abandonado”. ”Los antiguos son maestros de sabiduría, su meditación y sus experiencias de vida ayudan a la vida nuestra”. Los antiguos son “Stelle splendenti e fisse nel firmamento della veritá”, “ci mostrano il porto della quiete nel mare  delle continue onde dell’animo nostro”. 

 

Continúa Bosco: “El gran descubrimiento personal de Petrarca es la humanidad y, por ende, la actualidad de los clásicos, tanto que puede reconocer la fraternidad de sus espíritus, vivir con ellos en cada momento de su jornada” (F. Petrarca: “Estudios en el 6to. centenario de su muerte – 1374-1974”, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades, 1).

 

Gherardo Marone, quien me ha iniciado con sus libros en la mejor literatura itálica, también testimonia repetidamente su adhesión siempre fervorosa, a la obra y persona de Petrarca guía y maestro, anticipador de los tiempos modernos. “...no fue tan sólo el hombre más ilustre de Europa, sino que fue precisamente el guía y el ejemplo de su siglo”.  “Él es el primero que emprende la disolución de los ideales de la Edad Media, que suscita renovada curiosidad hacia los clásicos; que hace revivir en su vida interior... las horas inmortales de la antigüedad griega y latina, que enciende en sus contemporáneos el ansia de la búsqueda de las obras perdidas y de su restitución a la auténtica lección...” (en su “Viaje al espíritu italiano” 1973).

 

 


Publicado por Desconocido @ 5:43
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