JUAN B. TERÁN y SUS IDEALES y ACTUACIÓN SARMIENTINOS.
Por Guillermo R. Gagliardi.
1.- Inspiración sarmientina.
Como Sarmiento, Juan Bautista Terán (1880-1938) denuncia “la indolencia y la tristeza de nuestra raza” y la urgencia y la necesidad de cultivar “ideales fuertes y espirituales”, de progreso y civilización material y espiritual, evitando así consumirnos “de ignorancia y de sensuales añoranzas”. Era graduado superior en Derecho y Sociología y había ejercido el profesorado de lengua y de Filosofía.
Estos sentidos conceptos fueron expresados por el tucumano continuando y perfeccionando los ideas sarmientinos, de la Escuela, el libro y la Biblioteca, en una singular Conferencia pronunciada en la histórica Sociedad Sarmiento de Tucumán en 1906, fecha desde la cual la preside por tres oportunidades, y en la cual había sido Secretario activìsimo desde sus quince años. Y que luego recogió en su obra “Por mi ciudad” 1920, Libr. La Facultad, y en el tomo 4 de sus Obras Completas, editadas por la Universidad Nacional de Tucumán en 1981. Publicada asimismo en sus “Estudios y Notas” 1908 y por primera vez en la “Revista de Letras y Ciencias Sociales” de dicha ciudad, nº 22, t. IV: “El estudio y el libro”.
Diputado 1906-1916. Publica su primer libro en 1908, “Estudios y Notas”. Fue el Fundador y Primer Rector de la Universidad de Tucumán, desde 1914. Presidente del Consejo Nacional de Educación, Vocal de la Corte Suprema a partir de 1935. Con sus libros rigurosos y espirituales, sus pensamientos sugerentes de Patria y Acción concretas y su accionar de Magistrado, Funcionario Público, completó los ideas sarmientinos, los continuó e intentó seria y elevadamente, superarlos...
Ideales luminosos “para conjurar las rebeldías de instintos ancestrles que pujan”, que el sanjuanino concibió en su “Camino de Damasco” revelación Paulina: la vía del adelanto integral de las Naciones hispanoamericanas, la derrota de la Barbarie, el Demonio omnipresente de nuestra Historia, la mentalidad colonial, retrógrada, “con olor a bosta de vaca”.
“¡Cuánto valdría para la Civilización y para un país multiplicar esos estímulos: el maestro, el libro, la palabra!” exclama el Dr. Terán. Su bibliolatría posee el acento misional sarmientesco, porque él también cree que la “galaxia Gutenberg”, la letra impresa y su difusión masiva han nivelado maravillosamente “las condiciones” y “las suertes” de los más necesitados, del pueblo Criollo.
Credo de raigambre cristiana, pero también Ilustrada, Liberal y Democrática: “misión de justicia y de igualdad”. A la fibra de estos preclaros “trabajadores del pensamiento”, “cuyos esfuerzos heroicos e íntimos impidieron que se apagara por completo el luminar simbólico en las trágicas panateneas de la anarquía y la guerra civil y en la dura constitución definitiva...”.
Entre éstos, a los que se refiere Terán, está Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), discutiendo, forjando el porvenir, proponiendo soluciones nacionales, proyectando mejoras agrarias, pedagógicas, diseñando apasionadamente políticas de salud física y moral del Ciudadano, etc., etc.
“Son las “fuerzas morales” que el maestro de San Francisco de San Luis brega por sembrar en nuestras tierras, “son las ideas que van transformando y socializando el país” y que no han de declamarse sino pro-moverse, realizarse.
2.- Ideales de Civilización Americana.
El “deal de perfección”, germánico, colisiona en la interpretación teraniana, con el “ideal de potencia” yanqui-inglés. En este brillante esquema filosófico propuesto por el historiador Guglielmo Ferrero (1871-1942), América Hispana ocupa el sitio, prometedor, de “la posibilidad”.
Sarmiento se ubica, ostensiblemente, precozmente Anunciador, en el ideal “whitmaniano” de la “potencia técnica” con “humanización”: el vigor y la salud del indio integradas a la perfeccion técnica, la solidaridad social junto con el adelanto material y su difusión masiva.
Progreso y Democracia. Ferrocarril y Escuelas y Bibliotecas Populares. Lo enuncia Terán en base a las sabias reflexiones del investigador italiano: “El americano con su fiebre, su afán de producción y de riqueza, , busca un fin trascendental”.
Esta “acción liberadora” persigue “dominio sobre la naturaleza, el de crear una humanidad más fuerte y poderosa” (Terán, “El misticismo de Ferrero y la América Latina”, Obras Completas, t. IV).
3.- Soberanía de la Acción.-
Otra interpretación sarmientina valiosa lo constituye marcadamente su Panegírico del “Padre del Árbol” (discurso de 1916, Obra Completas, t. 4). El sanjuanino es considerado como “el padre”, “el fundador” de la “Política del árbol”, la grandiosa acción, “la más grande y decisiva, a la vez acción social, económica y moral”.
Inmenso el culto estético, social y material de Don Domingo por el Árbol, “nuestro padre”. “Semilla” que como la Patria, “hay que observar, cultivar y amar para que crezca, florezca y frute”.
Acción sarmientina, sinónimo de exaltación constructiva y poderosa. Así la evaluó Terán en algunas de sus meditaciones, por ejemplo, en su “De Paso”, incluido en tomo IV, O. Comp. Básicamente desde su peculiar psicología estructuradora se perfilan dos ámbitos mentales diferenciados: el del hombre positivo, el Hacedor “contra todas las dificultades”, la hidra policéfala de la Barbarie. “Los instintos diabólicos de la anarquía, la montonera, Facundo es su símbolo”. El luchador que “se puso en contacto diario a las veces violento con la pulpa mórbida y tibia de la vida”.
Y el reflexivo, el ya mayor en días y obras, el que sobre todo, ostenta un Yo desencantado del progreso material , de los gobiernos nacionales corruptos: el fiscal catoniano, sublime en su rebeldía contra el epicureismo de la Civilización Moderna, el estoico patriota “romano”, ascético Apóstol de la Libertad Republicana, desoído y menospreciado.
Crítico de la patria crematística y fenicia, como Sarmiento, también Terán concluye esta perfilada evocación: “su naturaleza sentía como un frío desolante la ráfaga de placer, de comodidad y relajamiento que desde entonces se ha difundido en la vida política de la República”.
4.- Taine y Unamuno.
Miguel de Unamuno (1864-1936) en su artículo “Taine caricaturista”, reproducido por Terán en el tomo I de sus Obras Completas, “Estudios y notas”, sobre un escrito suyo de 1906, incluido en la obra cit., se refiere nuevamente al Sísifo cuyano: “El español señala la capacidad sintetizadora del sanjuanino, su poder de concepción simbólica, en Facundo Quiroga, epítome de caudillismo americano” (también Terán, en “J. F. Quiroga por D. Peña”, t. I, O. comp..).
Comenta agudamente las cualidades de filósofo de la Historia en el autor de “Las escuelas base de la prosperidad y de la república en los Estados Unidos” y en el talento de Hyppolyte Taine (1828-1893).
Unamuno, distintamente, hermana a Don Domingo, con Jules Michelet (1798-1874), en la exaltación y portentosa visión de su prosa histórica. El pensador vasco califica a la “visión histórica y fuerza de expresión plástica” sarmientina, no inferior a la de Taine. El primero, hombre de ardor y pasión shakespeareana, el segundo, de orden, disciplina y esquemas plutarquiano. La pronta réplica de Terán , defensa y apología, se titula “Taine y su filosofía” 1907, Obra Completa, t. I.
5.- “Una entrañada preocupación”.
Terán en el Prólogo a “El nacimiento de la América Española”, 1ª ed., 1927, cito por Obras compl.. Univ. Nac. Tucumán t. 8, 1981, se refiere a sí mismo: “Metido una vez a pedagogo...Esta experiencia me ha dicho... cuán recomendable es como norma de vida, como secreto de salud y de placer hacerse así, con una entrañada preocupación que nos posea, un refugio espiritual, como una cabaña de piedra que no atrae las miradas del pasajero y sobre el que echar la mano”.
Exalta, valora, el socratismo sarmientino. Fundamento del Espiritualismo y su concepción educativa. El “martirologio del apostolado”, el lema bíblico “no aparten de mí a los niños” que Don Domingo considera componente tectónico fundante de su personalidad y acción, es evaluado por el intelectual tucumano como el mayor “esfuerzo heroico” de “Vivir las Ideas”. El autor de “Educación Popular” y “Educar al Soberano” “vivió la cicuta por vivir su enseñanza”. O. comp.., t. 10, por ej., cap. V, 1932, cito por ed. Univ. Tucumán 1980.
El “antipático” maestro-político sanjuanino pareciera manifestar en sus escritos y discursos, en sus planes y concreciones pedagógicas, la línea raigal formulada por Friedrich Schiller (1759-1805) en su “Cartas sobre la educación estética del hombre” (1795) : “Da a tus contemporáneos no lo que ellos aplauden, sino lo que ellos necesitan”. Pensamientos nobles que presiden el libro “Espiritualizar nuestra escuela” (1932).
El “orden del servicio y el bien humano” es el norte e esta prodigiosa acción civilizadora, de “este hombre rudo, francote, que era Sarmiento, pendenciero hasta parecer atrabiliario”; “era llano, sincero, crudo, desbordante, efusivo ...su altruismo fervoroso”, su áureo humanismo, “lo limpia de su vanidad y funda nuestra admiración, que está por encima de la simpatía” (”Sarmiento”, 1931).
“Es un Polifemo” criollo: “tenía ternuras abundantes. Sus manotas sabían tejer la seda de las caricias, los ojos centelleantes del apóstrofe y del sarcasmo gustaban del baño de las lágrimas”.