DIARIO DE MIS LECTURAS: 13.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
1.- Groussac y los estudiantes.
“Observó a nuestros estudiantes .manifiesta Alfonso de Laferrére refiriéndose a Paul Groussac (1848-1929)- actuando desde su iniciación en una atmósfera de inercia e indisciplina, sin que se les exigiera ningún esfuerzo de orden intelectual o moral: comprobó que de las aulas salían despreciando el saber, hablando de oídas y adoptando soluciones de manual, sin ningún discernimiento propio”.
Los juicios de Roy Bartholomew en su Prólogo a una reedición de “Crítica Literaria” no son menos justos y precisos, y laudatorios: “Enseñó que la erudición no se improvisa sino se alcanza a través de jornadas de tesón y de silencio”. “El programa del hombre que vive para pensar –dijo alguna vez a los jóvenes-, sobre todo en estas sociedades embrionarias y entregadas al afán material, comprende desde luego la abstinencia del placer y el olvido del aplauso frívolo, que la opinión vulgar sólo tributa al que se le parece; quien se preocupa de lo que pasa no es digno de lo que dura, y el desdén del éxito es el principio de la sabiduría”.
“Groussac tuvo la religión de saber, la pasión de la probidad”.
2.- Mandrioni, la Filosofía y la Poesía.
En su luminosa “Introducción a la Filosofía”, Héctor Délfor Mandrioni estima acertadamente que se accede a la Filosofía por el amor, la humildad y el autodominio. En su “Hombre y Poesía” explica: “El valor de lo gratuito, la realidad y la necesidad de lo que ‘no es un medio para’ y la eficacia de lo que glorifica pierden su razón de ser en los corazones alienados por el exclusivismo de la ‘praxis’ y la avidez de la sola posesión física de la ‘cosa’”.
Vivimos (...?) la época del “pensar calculador”, automatizador y mecánico, que aleja al hombre de su esencia y de la luz serena de la esencia de las cosas; el “pensar meditativo” reconcilia al hombre con su ser espiritual, brinda fundamento a su vida, y le hace ver la Luz desde la Altura: Dios...Es lo que sostiene Heidegger en su magistral conferencia “Serenidad”; y que en parte se ve reflejada en un hermoso soneto de Fermín Estrella Gutiérrez, “Soneto de la dulce filosofía”.
La situación histórica actual, enajenante, materialista, violenta contra el hombre y el espíritu en general, “condena –sostiene Mandrioni- a los representantes del espíritu, a la incomunicación, o a la evasión o al vértigo de la errancia”. Se ha configurado la era desértica del anti-espíritu, de la avidez de la “inseguridad interior”, del consumo idolatrizado del ruido, de lo social descentrado, de la crueldad e indiferencia, de la burla del sentimiento, del sarcasmo de lo emocional y lo poético, lo artístico, del triste desprestigio de la virtud, de la apología del sexo y el dinero, exclusivamente, de la injusticia, del desprecio por la Cultura, del facilismo y el éxito a toda prueba, del amoralismo y del inmoralismo de la indignidad del hombre, de la des-hominización del hombre, en definitiva.
“¿Podrá salir el hombre de este estado de cosas universal, de este desprecio por lo permanente y divino, de este hundimiento oscuro del alma y mente humanas en lo contingente y burdamente material? Sólo cultivando el espíritu, sólo volviendo a la serenidad filosófica, y a la creencia divina. Cunde el vacío y la desorientación, ausencia de vocaciones, del sentido del sacrificio y del auténtico humanitarismo”.
“La poesía se ha vuelto cuestionable para la mentalidad actual, signada por el espíritu de rendimiento y dominio”. Hay una pérdida generalizada del sentido último de la existencia. “Para un amplio sector de la inteligencia contemporánea se vive como un hecho, la muerte de Dios, la liquidación del hombre y la desmembración de la sintaxis gramatical. No es extraño que la poesía experimente también la atracción del torbellino nihilista”. “La ausencia de un fundamento trascendente y personal relega al poeta a la inmanencia intramundana, cerrándolo en el círculo hermético del acto subjetivo de su 'decir’”.
Vivimos hoy la era desgraciada del “muro”, para la Inteligencia y la Mente Libre: “La vivencia del ‘muro’ se deja sentir en todos los estratos de la criatura humana: desde los muros contra los que golpea la desesperación interior hasta los muros visibles que acorralan a pueblos enteros. El muro es sentido como opresión, acoso, límite, división, no salida, amenaza y angustia desesperada”.
La Poesía (Claudel) está cercana a una sabiduría sacral, y no a una ciencia positiva.
En su imperdible “La vocación del hombre” destaca “la dimensión más peligrosa de la Humanidad hodierna: la fascinación del número, el exclusivismo y unilateralidad de lo mecánico. “Sabemos que jamás la mecanización podrá ser total. Una llama inmortal de Rebeldía quedará siempre entre las cenizas de un alma aplastada por la presión exterior”.
La exterioridad debe ser asumida como la base para el despliegue de la vida fecunda del espíritu. Así, se ilumina la exterioridad, desde la interioridad: “La vuelta del hombre sobre sí mismo; el encuentro en la responsabilidad ética y religiosa, la apertura a los valores, sobre todo trascendentes, podrán trazarle a las futuras generaciones, una zona de seguridad exterior y de amplia fecundidad cultural”.
3.- Susan Sontag y la Enfermedad.
“La enfermedad y sus metáforas” de Sontag (1933-2004) trata de la tuberculosis y su origen pasional, y del cáncer (1978). En edición posterior, 1996, el Sida. Aquélla sería ejemplo de una sensibilidad exacerbada, el cáncer, de energía inexpresada, de sentimientos anestesiados..
“La tuberculosis era una enfermedad al servicio de la visión romántica del mundo. Hoy el cáncer está al servicio de una visión simplista del mundo, que puede volverse paranoica. A menudo se vive el cáncer como una posesión demoníaca”. Es desafiante, aguda, la perspectiva de la Sontag.
“Para mentes menos simplistas, el cáncer representa la rebelión de una ecosfera agredida: la Naturaleza que se venga del malvado mundo tecnocrático.
Junto a estos lenguajes simbólicos para designar enfermedades, la brillante intelectual norteamericana menciona las metáforas políticas, desde los griegos a la actualidad (salud-enfermedad y Estado en Platón, revoluciones y enfermedad, patologías y curaciones y movimientos gubernamentales).
Es un libro incisivo y excitante, como escribe Michel Bradeau (La Nación, 2-9-1979). “El tísico romántico moría consumido por sus pasiones; el canceroso es un neurótico que reprime demasiado sus impulsos. De ahí la vergüenza y la culpa que acompañan a menudo al cáncer en los que creen en el origen psicológico de la enfermedad”.
4.- Molinari, el Poeta.
Tremendamente grande y bella la poesía de Ricardo E. Molinari (1898-1996). “Oda al mes de noviembre junto al Río de la Plata”: “Cuando yo esté ya desaparecido y puro, ¡oh Argentina, nación hermosa y soberana del Sur!, / en qué incansable desmemoria de la belleza de la vida se moverán mi alma y el polvo contado de mis apagadas venas”...
5.- Carlos Fuentes y su literatura.
Leo en el “Prólogo” de Fernando Benítez a las “Obras Completas” de Fuentes (Aguilar, t.1): “Interminables cementerios: pensamos ir hacia la vida y siempre, obsesiva, omnipresente, hallamos aquí y allá, la muerte”. “Carlos regresa siempre a lo primario, a lo mítico opuesto a la falacia destructiva de la sociedad industrial”. “Ni el mismo Henry Miller ha llevado tan lejos la soberana libertad del artista para describir el éxtasis y el horror del acto amoroso”.
“La crítica mexicana, siempre tan pudibunda, pasa por alto el hecho de que Carlos Fuentes nos ha entregado las páginas más bellas y turbadoras acerca de este tema. En ellas el amor se convierte en mundo, en suprema comunicación y en liberación total e incomparable”. “Porque los libros de Fuentes son actos de una violencia terrible. Nacido después de la Revolución, trata de hacerla en la literatura y emplea las palabras como balas. Ametralla al lector, lo fusila en cada página con su cinismo, con sus intolerables provocaciones, con sus blasfemias, con sus sermones de teólogo, con su impudicia, con sus clases de historia...”.
José Donoso, en su prólogo a “La muerte de Artemio Cruz” explica: “Como novelista su nombre quedará como uno de los creadores de la prosa hispanoamericana contemporánea”. “’La muerte de Artemio Cruz’ es universalmente considerada como su obra más completa, más perfecta, más personal, más lograda”.
6.- Kipling.
Rudyard Kipling (1865-1936) en su poesía “The Benefactors”, alude a la fuerza de la vida; la realidad supera al arte: “¿De qué sirve el giro clásico, / de qué el vocablo erudito / frente al hecho que palpamos? / ¿Qué es, junto a lo real, lo escrito?. / Es nuestro afán hacer arte / con versos, pintura o prosas; / pero siempre nos superan, / con su desnudez, las cosas”.
Escribe Bonamy Dobree que: “Lo que da a Kipling un valor universal es su curiosidad insaciable sobre la vida de los hombres corrientes y de las cosas vulgares”. “Nadie reclama para él un puesto entre los grandes artistas de primerísima magnitud en la prosa y el verso; pero sí que fue un hombre intuitivo y de una habilidad notable, un hombre de simpatías vivísimas hacia los individuos...”.
7.- Ionesco.
En el Prólogo a “Obras Completas” de Eugéne Ionesco (1909-1994), edición Aguilar, Jacques-Lemarchand indica: “El teatro de E. I. es seguramente el más extraño y espontáneo que nos ha revelado nuestra posguerra. No se propone amonestar a nadie, lo que es la cosa menos admisible para una sociedad compuesta de sociedades de soldados voluntarios”. Preocupado por la anulación de la Persona en el mundo contemporáneo, por la deshumanización del hombre, su alienación premeditada por la fuerza brutal del Estado carcelario, el “Se” anulador del “Yo” y el “Tú”, impersonalizador y fatalmente destructor de todo lo humano..
Leo “Con Ionesco, definición de lo indefinible” de César Tiempo (en su libro “Capturas rcomendadas&rdquo
: “su filosofía mordiente, sus salidas de tono, su humor negro, su disconformismo a ultranza en el que se advierten las constantes de la más prístina filiación kafkaiana -la vanidad de las convenciones, el desarraigo y la locura de las gentes, la inutilidad de la existencia- distinguen a un comediógrafo fuera de serie”.
8.- Blake.
William Blake (1757-1827), “Las bodas del cielo y el infierno” 1790: “La antigua tradición según la cual el mundo habrá de consumirse en el fuego cumplidos los seis mil años es verdadera, según se me ha comunicado desde el infierno”. “Si las puertas de la percepción quedaran limpias, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre está confinado en sí mismo mientras no vea todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”,
Profético, ardiente, sapiencial. Luciferino. Visionario.
Escribe Enrique L. Revol en “El legado de Blake”, La Nación, 7-8-1977 que: “Pues si como poeta puro Blake sólo sigue en rango a Shakespeare en la historia de la poesía, como pensador es el puente necesario para unir la heterodoxia gnóstica y el neoplatonismo alejandrino con el sistema junguiano, es decir, con la máxima psicología de nuestro tiempo”.
El pintor y escritor inglés influyó en Gide, Thomas Mann, Yeats, Wallace Stevens, Joyce, Dylan Thomas. “Es preciso subrayar –continúa magistralmente el Dr. Revol- que su pensamiento- cuyo eje es una interpretación de las Sagradas Escrituras, discutible pero sin duda muy original – configura ante todo un complejo sistema mítico-místico”, “Cierto, hay en el gran poeta una crítica hasta feroz de la sociedad que lo rodea”. “La suya fue la primera mente que consiguió reaccionar de un modo total ante la totalidad del mundo moderno, ya incipiente en sus días, ya amenazador”. “Blake, fue, en efecto, el primer autor propiamente moderno”.
Mañé Garzón, en el estudio preliminar de su traducción de la “Poesía Completa”, edit. Libros Río Nuevo, Barcelona, 1981, 2 ts., sintetiza: “Blake fue en primer lugar un visionario”. “fue un primitivo, careció de formación académica”. Soñador, creía fervorosamente en la revelación de sus visiones del cielo y el infierno, como medio de explicar la historia y la naturaleza del mundo. Sus referencias preferidas fueron la Biblia, Milton y Miguel Ángel.
Distinto es el concepto que de Blake expone Mario Praz, en su “La literatura inglesa. Del Romanticismo al siglo XX”, donde minimiza la trascendencia de Blake, “místico” y “maníaco”, “caótico y desvariado”...