SARMIENTO Y LISANDRO DE LA TORRE.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
“Tengo un gran secreto, he hecho un descubrimiento inmenso: el hombre más fuerte en la tierra es el que está más solo”.
Ibsen.
La conciencia activa de Domingo según Lisandro.
“Posiblemente yo obedezca, sin quererlo, al gran escepticismo que siento respecto del valor de los homenajes ‘externos’ a los próceres que crearon nuestra patria, y es probable también que contribuya en este caso a determinar mi opinión la coincidencia de que llegara su carta el día en que comenzaban los deslumbrantes homenajes a la memoria de Sarmiento, tributados en una hora en que la nación se ha alejado visiblemente del espíritu que animó a aquel infatigable batallador por la cultura y el liberalismo.
¡Cómo se engañan los que se creen cumplidos con Sarmiento con dedicarle discursos encomiásticos y volcar flores sobre el pedestal de su estatua, mientras un millón de niños argentinos, dentro de una cifra total de dos millones y medio, no reciben educación!. Hágase usted una idea de la preocupación punzante que habría amargado los días de Sarmiento ante un espectáculo semejante y compárelo con la indiferencia absoluta que trasciende no sólo del gobierno argentino, sino del pueblo argentino todo, masa amorfa y opaca, por el momento. De aquí o de allá, cada tanto tiempo, alguna voz recuerda el hecho ignominioso y se apaga, sin eco. Es falso que exista en nuestra actualidad nada parecido a la conciencia activa que animaba a Sarmiento ante el deber premioso de educar al soberano”.
Así escribe LISANDRO DE LA TORRE (1868-1939) en una carta a A. Ordóñez Riera, sobre nuestro DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888). Cito el texto que incluye Bernardo González Arrili en su “Vida” de Don Lisandro (1940).
Ética pública.
Hijo digno de Don Domingo en la honradez, en la valentía, en el impulso organizador y en la lucha por la Democracia.
Incorruptibles ambos en su vida privada y pública. De fuertes e inclaudicables convicciones políticas. Eternos disidentes y recios polemistas. “No quieren nada para sí, en cambio, reclaman todo para el país...”.
Temible por la rudeza de su palabra y la verdad descarnada que defendieron, el realismo y la contundencia de sus análisis y denuncias.
Progresistas y sinceros Liberales. Espíritus inquietos, esencialmente éticos.
También en su artículo “Consejos escolares”, Lisandro propugna la enseñanza libre de fanatismos, práctica y humanizadora según el modelo pedagógico sarmientino.
Durante la Presidencia de Uriburu –observa Juan Lazarte- “se levanta ... contra la resurrección de un tipo de barbarie exótica. El pueblo le designa su representante y él es verdaderamente la voz popular en la atmósfera de terror y alevosía. Es uno de los pocos que hablan. En sus palabras se expresa todo el país...” (“L. de la T. Reformador social&rdquo
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“Liberal extremado”, decidido, declarado anticlerical.
La palabra ardorosa, Prometeica, combatiente contra toda forma de sojuzgamiento, fue para ellos un modo de acción, de concreción de ideales y esperanzas.
Escritores de fibra recia y profética.
“Escriba, combata, resista” insistía el cuyano a Juana Manso para propugnar las reformas de la enseñanza popular.
Alertadores y constructores cívicos.
Constructores y alertadores cívicos, fueron asimismo sensibles y místicos contemplativos en la intimidad, intuitivos, serios y responsables. El rosarino y el sanjuanino, modélicos, han de ser imitados en sus meditaciones y actos.
“Admira el destino de este hombre –explica Lazarte, ob. cit.- condenado a luchar siempre, unas veces por su temperamento intransigente con el mal, y otras por haber nacido demasiado adelantado en la evolución mental del mundo y de la sociedad de su època”.
Lo define Lazarte: “Jamás fue personaje oficial –tenìa en contra y a favor su naturaleza recta y sin orgullo. Fue un hombre civil de civilidad y no de militaridad. Su diputación fue un combate contra todos los sectores; de ahí que no se le comprendiera (...). Su senaduría resultó un escándalo nacional, y la turbación tempestuosa de su presencia no se la perdona el Senado ni después de muerto”.
“Ya en vida se le quiso matar suavemente. Pero cuando el ‘viejo’ hablaba, temblaban los gobiernos y una alegrìa vital corrìa por el pueblo conociendo de antemano su temple combativo, no regateándole los laureles del triunfo”.
Lo evalúa comparativamente: “No tiene como Sarmiento aspectos errados y exagerados, que los historiadores posteriores han transformado en méritos; ni carece de carácter como el gran Alberdi; no es de la inactualidad eterna del General Mitre...”.-
Uno, el fundador del Partido Demócrata Progresista (1914). Fue el Publicista de celosa y hercúlea personalidad que ha podido decir que “por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico”, a que aludió el Vice-Presidente Julio Roca (h.). Intervino fervorosamente en el debate de las Carnes de 1935, acusando la corrupción del gobierno del Gral. Agustín P. Justo... Y el polémico peleador por la Prensa y la Cátedra con Mons. Gustavo Franceschi, en 1937...
Y..., el otro, espíritu afín, lucha en su “El Censor”, ya anciano, para derrocar el régimen de Juárez Celman, como antes lo había hecho, con toda su fuerza, y quijoteril, y “jacobino”, su pluma como mazazo, su “látigo” cruento, contra Rosas o contra Urquiza....
Afines asombrosa y misteriosamente en temperamento, firme e incisivo, y en genio de estadistas y luchadores de acero.
Periodistas combativos, sin pelos en la lengua. Fiscales de la Patria, ejemplares de Catón en tierra argentina.
Creyentes fervorosos en la evolución y el progreso humanos. Profesaron un patriotismo santo, vivido como un llamado o vocación de índole religiosa.
Hay que dignificar al Hombre Americano, por el trabajo fecundo y el amor al País, por el culto a la capacidad y la honestidad en el ejercicio del gobierno.
Por la consolidación de un orden jurídico que logre la instauración definitiva de un estado próspero y moderno: los encendidos ideales de Sarmiento y de la Torre.-