sábado, 06 de junio de 2009

                        DIARIO  DE  MIS  LECTURAS: 14.-

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- Literatura judía. Aleijem, Singer, Biálik, a través de César Tiempo.

 

Seducido con lo que escribe y el cómo, del  prodigioso escritor “César Tiempo” (Israel Zeitlin, ucraniano, residente en Argentina, 1906-1980).

 

En su “Manos de Obra”, sobre Scholem Aléijem (1859-1916): “Así como  el Jasidismo introduce en los ghettos el aire libre de las campiñas polacas y una alegría tomada de la naturaleza, S. A. introduce en la lobreguez de las juderías  la alegría de su corazón sonriente: rompe la ruda corteza de los hechos para arrancarle la blanca miga que encubre, y dársela a los pobres y a los ignorantes. Puede decir con  Baal Schem, que ‘la alegría del hombre ingenuo que fuma su pipa vale más a los ojos de Dios que todas las rutinarias oraciones de los rabíes”.

 

“Isaac Bashevis Singer.... cuyo humorismo es trágico, pero que en obras como ‘Gímpel el idiota’, convierte el infierno en que se debate la existencia de las pobres gentes sin misericordia en el cielo de una poesía humana que ríe, se desespera y sufre. Pero sabe cantar y divertirse”.

Singer fue Premio Nobel de Literatura  1978, 1904-1991.

 

Cita juicios de Henry Miller sobre Singer: “Para mí es perfecto. No vacila nunca... Además de poseer muchas cualidades que les faltan a casi todos los escritores no judíos, posee una desenvoltura y una facilidad de expresión absolutamente excepcional: parece  capaz de expresarlo todo. Es un escritor que puede volver loco a quien tengo oído para la melodía recóndita, para el significado detrás del  significado”.

 

Volviendo sobre el genial autor de “Tobías el lechero”: “Tomando como punto de partida sus conocimientos  sobre el habla auténtica de su pueblo, S. Aléijem forjó una prosa de valor clásico...Su prosa se mueve con inmensa lucidez, sencillez y gracia y crea un mundo, recreando un idioma....”.

 

César Tiempo, a través de “Capturas recomendadas”, “Manos de obra”, “Protagonistas” y “Mi tío  Scholem Aléijem y otros parientes” me ha recreado y hecho gozar con el genio y el ingenio de sus grandes entrevistados o evocados, judíos los más de ellos; inteligentes como él mismo lo es, brillante, cautivador  por la variedad e intensidad de sus apreciaciones. Me he convertido en un lector habitual de Don Israel Zeitlin. Y en un tenue iniciado en la humanísima  e inmortal literatura  judía.

 

Leo su poema “Arenga en la muerte de Jaim Najman Bialik”,  de fuerte acento, rebeldes versos, crispado tono: Biálik, 1873-1934.

 

                        “¡Cuidado con los poetas

                        cuyos puños golpean sobre las mesas de los verdugos!

                            .............................

 

                        Tengo un corazón violento

                        y una voz áspera.

 

                        Cruzo las calles de la judería

                        con mi rencor y mi dolor a cuestas.

                        .............................

 

                        En la puerta de la Cocina Popular nuestros hermanos,

                        los que no se atreven a morirse de hambre, esperan su ración.

 

                        Jaim Najman Biálik ha muerto.

 

                        Nuestras piernas se arrastren en las más profundas ciénagas de la noche

                        y sobre nuestras cabezas brilla la luz pura.

                        En Tel Aviv hubo un poeta.

                        ¿Y ahora?”.

 

 

2.- Juicios sobre G. Papini.

 

Me conmueve su amor por el Espíritu y el Pensamiento, su sed de saber, su deseo de Dios, de Grandeza e Inmortalidad.

Lector  admirabilísimo, escritor incansable, personalidad poderosa y  contradictoria, Papini, 1881-1956, el controvertido escritor.

 

Amaba el trabajo intelectual como pocos. Artista, Diablo y Santo. Rudo y sensible, un Superhombre, un Titán como Sarmiento, sólo con el gran argentino podría compararse en algún aspecto.

 

Escribe con toda su  energía y con la potencia de su sangre y de sus músculos: “Cristo vino al mundo, no sólo a anunciar el Reino de los Cielos sino también como un portador de salud y fuerza”.

 

Vittorio Franchini en su  “Papini Íntimo”: “No debemos olvidar el motivo más importante quizás de su nueva orientación espiritual, una causa que influyó no sólo en él, sino en todos, en el alma misma del pueblo: la Primera Guerra Mundial. Todas las guerras son un lavado de sangre y una palingenesia, un martirio espléndido de dolor y de fe, una especie de Gólgota universal y Papini comprendió el dolor y el alcance de aquella guerra. La guerra le iluminó el corazón preparándolo para recibir la más alta inspiración de su vida de artista, la inspiración de la ‘Historia de Cristo’, la obra suprema que se extendió por el mundo con las treinta y cuatro traducciones y marcó el apogeo de la fama de Papini”.

 

Papini  escribe como si Sarmiento lo hiciera: “...quisiera que mi obra fuese un acto, un ejemplo, un  remedio: no escritura para los ojos sino obra actuante” (“Rapporto sugli uomini”, trad. española, en edit. Sudamericana).

 

Los conceptos de Gherardo Marone (1892-1962) en su “Dignidad de la Crítica”, sobre el autor de “Dante Vivo” y “Juicio Universal”: “Un espíritu nietzscheano que al final de su vida se da cuenta de que más que superhombre conviene ser hombre con toda su humanidad dolorida y sincera”.

 

Como la de Sarmiento, como la de Victoria Ocampo, la vasta, refulgente, brava y polémica obra papiniana es una “autobiografía”. Un “personalista”, borrascoso y áspero, “el más desaprensivo y el más angustiado de nuestros escritores contemporáneos”.  “...en toda su vasta  obra  de pensador y de poeta, más que contribuciones a la cultura de nuestro tiempo, debemos buscar sólo su  alma y su corazón, componiendo su eterna “autobiografía”.

 

“Él es un poeta y un polemista epigráfico, un escritor sabroso y arrebatado, que posee el sentido de la lengua y el gusto de la ironía”.

 

Marone, docente ítalo-argentino, rescata al Poeta: “Acontece así que ahora en estos últimos años, después de las grandes decepciones filosóficas y las hermosas poesías de amor para la compañera de su vida y sus hijas, él en un desborde de sinceridad se arranca la torva  mueca con que se había disfrazado y se revela íntimamente puro y en páginas que no se pueden leer sin profunda emoción”.

                                   

Nombré antes al “Juicio Universal”, central escrito  papiniano. Acierta en algunas caracterizaciones, en muchos retratos, rebosantes de vida. Así el del músico de Péssaro,  Gioacchino Rossini (1792-1868): atormentado, angustiado: “Culpable, ciertamente y de varios modos pecador, pero más aún  atormentado y perseguido por infinitos afanes. Un ser  me amó, a un solo ser amé:  a mi madre. Era todo suyo. Cuando ella murió comenzó también a agonizar el vigor de mi ingenio Ahora estoy cierto de que su tenaz ternura arrancará al Señor mi perdón”.

 

En medio de tanto ritmo y alegría,  percibo  cada vez más  profunda una ínsita tristeza en la música rossiniana. Su “Stabat Mater” y su “Petit Misse” estaban anunciadas de antemano, cuarenta años antes. Es casi excepcional la euritmia rossiniana, la captación masiva de su música, su fama sin igual, su permanencia y energía contagiosa...

 

Trágicas y acertadísimas las palabras que Papini pone en boca del lírico germano  Friedrich Hölderlin (1770-1843) Es un medallón no menos ejemplar el que dedica a  Percy B. Shelley, ángel y demonio lírico inglés (1792-1822).

 

Su “Giudizio...” es como un  inmenso retablo, un monumento literario.

 

Por otra parte, leyendo su “Informe sobre los Hombres”  sobresalen sus  contundentes bofeteadas verbales, sonoras; apuntar a problemas esenciales del ser humano y de su vida y quehacer en este mundo.

Me parecen rescatables los capítulos sobre los “Diarios” o sobre los “Imbéciles” o sobre los “Mundanos”.

 

“A más inteligencia mayor dolor; en  consecuencia, menor es la inteligencia, mayor es la paz y el agrado. Nadie está más seguro y satisfecho de sí mismo que un perfecto imbécil: en su interioridad no hay tragedias, ni dramas, ni ansiedades, ni desesperaciones”.

 

“El estúpido no expresa sino pensamientos usuales en forma común, y por eso es entendido en seguida y aprobado por todos, mientras que el genio tiene el terrible vicio de oponerse a las opiniones dominantes y de querer cambiar, no sólo el pensamiento sino la vida de los demás”.

 

“La obra del grande no puede ser entendida y admirada sino por sus pares que son, en cada generación, muy pocos, y sólo con el tiempo estos pocos consiguen imponerla en la gregaria e idiota estimación de los más”.

 

Continúa pungente el toscano, dantesco y carducciano: “Y la mayor victoria de los tontos es constreñir a los sabios, demasiado asiduamente,  a hablar como tontos, ya sea para que su vida transcurra en mayor calma, ya sea para salvarla en los días en que se declaran agudas epidemias de la estulticia universal”.

 

En la recension del libro, hecho por Eduardo González Lanuza en “La Nación”, 14-10-1979, se señala el culto de Papini por el “susto literario” y su  literatura de “fulgurante eficacia” y de “excesivo pesimismo”.

 

Insultante y polémico, agresivo, crítico.  “El hombre es un cadáver que sueña con vivir. Somos almas muertas dentro de sepulcros de carne vegetante. Somos cadáveres que se deshacen más lentamente y hieden menos que los encerrados bajo los mármoles ennegrecidos de la mentira”.

 

“El inmoderado trajinar de muchísimos no es más que la coartada de la acidia espiritual. Prefieren someterse a una tarea del todo exterior que a veces se vuelve frenética por inercia o embriaguez...”.

 

“El trabajo de la grandeza ofrece  bienes más maravillosos y duraderos: el descubrimiento de la belleza en la arquitectura viviente de lo verdadero, las dichas de la caridad, el éxtasis de la contemplación. Pero son riquezas que pocos conocen y desean”.

 

“La vida es soplo, viento, es un fantasma, un sueño, y pasa como el soplo, vuela como el viento. El hombre es un continuo peregrino, habitante de un tiempo minúsculo: la marea de la mañana lo arroja a la orilla y la marea de la noche lo lleva hasta el fondo. Nuestra vida es un punto entre dos abismos de la nada, un instante de luz entre dos eternidades de tinieblas”...

 

 


Publicado por Desconocido @ 11:34
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