Por Guillermo R. Gagliardi.
ü En setiembre de 1982, la sorpresa de una carta de un Contador y Poeta, desde San Miguel de Tucumán, don Tomás García Giménez. Propulsor de importantes iniciativas culturales en la provincia de Alberdi y Avellaneda, activo poeta, conferencista, directivo de diversas empresas, comerciales y culturales. Un corazón amplísimo, una mente lúcida y emprendedora. Me regala dos libros suyos: “Poeta en Tucumán” y “Amigos Míos”.
Ha leído mi artículo sobre “Sarmiento y Papini” en “La Prensa” del 7 de setiembre, una alegría y un estímulo.
En su soneto “Vigilia”, escribe con fuerza expresiva notable, con dedicatoria a Raúl Oscar Abdala:
“Perdidas las virtudes ciudadanas,
pisoteado el honor, las ambiciones
en el altar de los antiguos próceres
y la ley por el miedo amordazada.
Prostituida o cautiva la palabra,
la familia dispersa, mudo el bronce
que heroico convocaba a las legiones,
Roma ha entrado en la noche que no acaba.
Ya el valor del espíritu perece,
ya los traidores las sagradas puertas
del templo libran a los mercaderes.
Ya las antorchas cercan las fronteras,
ya suenan las trompetas de la muerte.
Velad todos: Los bárbaros acechan”.
Impresionan las imágenes de ese soneto, valiente, denunciador: Roma decadente y la decadencia de la Argentina militarizada.
Terrible el final y consolador. Enaltece el valor del Espíritu y del Honor Ciudadanos. Redentorismo de su mensaje que se reitera en “La Luz”: “No brillará la luz mientras florezcan / en vez de lirios y azucenas blancas / rosas de sangre y cruces de madera”...
ü Varios sonetos, en cuya composición técnica sobresale naturalmente, me sugieren la altiva figura de Sarmiento. Así, por ejemplo, “Conductor” es un poema de aliento épico, viril, al modo de los de Ricardo Rojas en “La Victoria del Hombre”:
“Amigo mío que en el nombre llevas / la firme roca de los conductores / y que en el juego de las opiniones / la cifra buscas de la buena senda.
Humilde el corazón, alta la testa, / como al hombre cabal le corresponde, / tú sabes dar a las instituciones / trabajo y libertad como bandera...”.
Este “Pedro Benito Benejaní” parécese al “Conductor” Sarmiento, por “el Trabajo y Libertad como bandera”, “tu valiosa calidad humana”, y porque
“Como Martín de Tours diste a tu prójimo / no la mitad sino tu capa entera, / atento solo al ideal tesoro”.
ü Los dos sonetos “Amigo libro”, inolvidables. Por el amor al libro; porque la Cultura, lo leí en unas palabras del maestro Arturo Marasso, es una Ascensión a las Alturas del Arte, el Pensamiento y la Moral. García Giménez lo recuerda:
“Viejo maestro ornado de laureles
que conduce nuestra alma hacia la altura,
compañero en la lucha y la amargura,
vaso que encierra destiladas mieles”.
Me hace memorar también a Montesquieu, uno de los tópicos del segundo cuarteto y todo el segundo soneto, muy personal: el libro, la lectura, curan todo dolor:
“Sabio doctor que cura de lebreles
voraces la profunda mordedura,
fontana azul que brota en la espesura,
bello pintor de prístinos pinceles”.
Cada libro es como una “montaña coronada coronada y refulgente”. El influjo con que iluminan los buenos libros, son los de una compañía amada, ideal y espiritualizada:
“El corazón abriste dulcemente, / recibiendo mis lágrimas de fuego / y me enseñaste a levantar la frente”.
ü Su composición “La mano” es destacable en su universal simbolismo. Su “impulso fraterno y ecuménico” refulge de todos sus versos. Clásicos, de emoción contenida en el molde estrófico que revelan su “alma de sabio” y su “corazón de niño”, como en el artista riojano, de Chilecito, antes aludido.
Su canto cordial es optimista, a veces dignamente dolorido por la experiencia vital, siempre límpido, al modo de Bernárdez, Estrella Gutiérrez y Pedroni, entre otros:
“ofrendaré mi rosa sin la espina
y mi palabra transformada en canto”.
Sobresale su soneto “Impar” al Dr. Carlos R. Landa:
“Eres impar, amigo, porque llevas / en el alma una lámpara encendida / para buscar el hilo de la vida / en el hombre que sufre su condena”.
Médico y poeta: “Eres impar, amigo, que la ciencia / matizas con la gracia y la poesía”,
“Eres impar, amigo, cuando vuelves / por el honor humano y el derecho / a decidir definitivamente”.
Landa, como los grandes científicos humanistas, “enlazas / la maravilla del conocimiento / con el don singular de la palabra”.
Me conmueve su poema “Médico y Poeta”:
“Caída la rebelde cabellera
sobre la altiva iluminada frente,
el paso firme, la mirada ausente,
llegaste al curso por la vez primera.
Después yo supe que eras un poeta
tan bueno como médico eficiente
y te vi coronado de laureles,
vistiendo la galénica chaqueta.
Inmerso en el misterio de la vida,
buscaste curación para los males
con la fe que buscabas la poesía.
Pasado el tiempo te encontré de nuevo,
cabeza blanca, ausente la mirada...
pero en el alma el primitivo fuego”.
ü Me sugiere al gran Sanjuanino su poesía “Luchador”: “tu amor profundo por la democracia”, “político sincero, / usabas con fervor de la palabra / sin medir muchas veces sus efectos”. Y su “Maestro”: “Alma encendida en el fervor divino / que se hace antorcha para la enseñanza”. Alecciona, enciende a la reflexión así como estimula a la Cultura y el mejoramiento: “Pocos recuerdan tu misión señera / que se agigante aun con el silencio: / eres Maestro, soñador, poeta. / Dios te corone de laureles siempre / alumno aventajado de Sarmiento, / con la fe misionera de Almafuerte”.
La serenidad clásica, fervorosa a veces, siempre sencilla y sincera, aseméjase a la renacentista de Jorge Vocos Lescano, el cordobés de Buenos Aires. Pues sus versos trasmiten “la gracia natural del agua”.
Es García Giménez un nefelibata, un contador lírico, a quien hubiera admirado César Tiempo. En los dos tercetos de su “La fuente” sintetiza los temas predilectos de su pluma:
“La tierra tucumana siempre verde,
como un mar vagamente presentido,
la Patria con sus glorias y sus héroes,
el hombre, la mujer, la risa, el llanto,
la soledad, la duda, el infinito
son los temas que inspiran nuestros cantos”.
Canto de la Gracia y Dignidad.... Así su poesía a otro médico: el Dr. Luis Vallejo Vallejo, “compatriota que ha bebido / la esencia de lo hispánico en la fuente”. Es él mismo el que ama “la libertad hasta la muerte, / con pasión de español y de argentino, / y defiendes los triunfos del espíritu / como única conquista permanente”... Consagra en “Paladín” la “obra nazarena” del médico.
Su “Autodidacto” trae el grito civilizador sarmientino: “Fuiste una voluntad puesta al servicio / de un ideal de grandeza ciudadana”:
“Periodista, filósofo, polígrafo, / tu tema principal fue la enseñanza, / pues el futuro de grandeza pasa / por el saber que el hombre ha conseguido”...
Su aleccionadora “Simiente” recrea la “Parábola del Sembrador” que bíblicamente retoma el santafecino Leoncio Gianello, y que reencarna, entre otros el genial autor de “Educar al Soberano”...
ü Su hermoso libro “Amigos Míos” es un noble abanico, que tiende inmensos puentes espirituales, hermana al lector. Proteiforme alabanza a la vida y la esperanza, la amistad y la nobleza.
El soneto “Vida”, sentencioso, ajustado en la expresión, denso en el concepto, panegírico del hogar, la familia y el trabajo. Ética individual y social, proyecta “la vida hacia el futuro / en la semilla del linaje humano”.
Orteguiano en su ansia de futurición y planificación humana. Primeramente mana la raíz platónica, amante del Ideal, del Mundo Esencial, de lo Absoluto.
Como su “Devenir”, que construye el Himno al Ideal, el Poder Soberano del Hombre y el Reino de la Perfección:
“Sobre la mar aceite y sobre el viento
el mágico poder de la palabra:
no existe para el hombre una muralla
que frene la amplitud de su deseo.
No existe para el hombre una muralla
que ponga coto al mundo de los sueños,
donde solo es posible lo perfecto
como destino de la especie humana.
Donde solo es posible lo perfecto,
en el triunfo glorioso de las almas,
que hace fruto la flor del pensamiento.
En el triunfo glorioso de las almas
tiene su vida el devenir eterno
y renace la luz cada mañana”.
“Si anhelas el secreto de la vida –medita en su “La idea” sugiriendo el pensamiento de “la vida retirada” horaciana - / no pretendas hallarlo en el tumulto, / solo en la calma el lago más profundo / podrá brindarte oculta maravilla”.
ü En su “El Jardín y la Gloria” revélase un gran poeta de hondura Tucumana, amante de su hogar acogedor. Allí cultiva la autobiografía y lindas evocaciones históricas, finos detalles poéticos.
Mucho de su vida nos pinta su “Epístola Tucumana”. Lo mismo el brillo cordial de “A mi provincia”, “Soneto del corazón agradecido”, “Elogio del rincón natal”, “Canto a la zafra”. “A la quebrada de Lules”, “Cardón”, “A Alberdi”, “Semblanzas de próceres tucumanos”, “Casa Histórica” lo adscriben fundadamente al Parnaso norteño.
ü Su “Promesa” posee un tono elegíaco al modo quevedesco: “Cuando la tierra que hay en mi organismo / haya vuelto a la tierra inapelable....”, “cuando se haya secado el ancho río / de los sueños que laten en mi sangre,...”, “cuando enmudezca mi palabra errante / sumada en el discurso de los siglos”.
Poesía sin vacíos retóricos, ni interjectiva. Su estilo es decoroso, nunca desbordante. Sí es constante el tono moderadamente celebratorio, de armonioso significante y de claro pensamiento.
Siempre recordaremos su argentinismo poético, su moral de altura y su laborioso arte literario. También su generosidad impar de amigo y maestro.