LUIS FRANCO LUCIFERINO.
Por Guillermo R. Gagliardi.
1. “Lucifer. Los museos contra el devenir” de Luis Franco (1898-1988). Es una recopilación parcial de algunos de sus esclarecedores artículos publicados en el suplemento literario de “La Prensa” de Buenos Aires..
Medita sobre la cuestión de las cuestiones: el Hombre, y analiza lúcidamente, sintéticamente, definiciones vertidas en el curso de la Historia.
El título de la compilación, oportuna, ya nos sugiere bastante. Su finalidad es poner en claro problemas del mundo contemporáneo. (“El mito y los rayos X”, “Los productores de miseria”, etc.) y reflexionar sobre los temas habituales en algunas de sus obras: la Religión en la Historia, la Moral y la Naturaleza..
Todo en pensamientos breves, o avalados por citas textuales o expuestos en orden de relevancia cronológica. Vuelve al asunto de su “Biografía Sacra” (1957), “Lucifer contra la tiniebla sacra”. Vuelve a su “La hembra humana” (1962), en “El amor, las mujeres y la vida”. Vuelve a su “Pequeño Diccionario de la Desobediencia” (1959) y a su “Biografía de la Guerra”, en “Repaso de la Historia”, en “Las urbes pioneras”.
Prefiere estampar frases de contenido relevante, con cierta ironía en sus reflexiones, con el verbo inflamado y sabio a la vez que lo caracteriza, con su invariante acento revolucionario.
2. Porque toda su prosa y poesía posee ante todo, lo que define a un auténtico intelectual: arte y valentía. Exaltador del mensaje de los grandes Libertadores de la Humanidad, en el exegeta de la vida y la obra de Sarmiento (“S. y Martí” 1958, “Textos fundamentales” con O. O. Amaya, 2 vs., “S. entre dos fuegos” 1967), de Whitman (1941) y Hudson (1956, 1973).
Su énfasis lírico es inseparable de ese mensaje significativo. “La alegría de vivir es el primer sacramento del mundo y debería ser uno de los temas centrales, no sólo de la filosofía y el arte, sino también de la economía política”.
“Sin el amor verdadero, el hombre no pasa en la vida de ser un turista o un diletante”.
“El beso parece seguir siendo el más profundo sistema de comunicación de los cuerpos y las almas inventado hasta el día”. Recuerda estos pensamientos en los versos de “Suma”, 1938.
“Lo más fúnebre no es la muerte sino la pompa hierática con que la celebran todas las religiones”.
El gran catamarqueño ha sido un Luchador que ha bregado fervientemente por mostrarnos que “el hombre realmente moderno, desnudo de supersticiones piadosas, pero sentidor y venerador de la vida como un misterio sagrado y una hermosura...”.
“El soldado profesional es el hermano siamés del sacerdote. La misma heroica renuncia a la voluntad y al pensamiento propios, el mismo culto de la obediencia absoluta, el mismo parasitismo llevado a una perfección sin cotejo”.
3. Conmueve esta aseveración de su “Lucifer”, valiosa, sugerente: “Cuánto no hubiera ganado a través de los tiempos la conciencia humana, si en vez de dedicar horas a la lectura o a la audición de los Vedas, la Biblia, o el Corán –libros de cabecera de la Humanidad, es decir, de su modorra- con sus feroces e infantiles aberraciones, hubiera escuchado los mensajes realmente sagrados de la Humanidad, poniéndose en contacto con el espíritu de Mencio, Heráclito, Epicuro, Esquilo, Hipócrates, Lucrecio, Montaigne, Leonardo, Shakespeare, Linneo, Goethe, Lamarck, Heine, Darwin, Hugo, Feuerbach, Marx, Freud”.
“La biografía comparada de las religiones es el modo de demostrar cómo cada una es el estorbo de las otras, y todas juntas el eclipse de la conciencia humana”.
“Acaso la mera y auténtica Bondad sea la más alta muestra de Belleza e Inteligencia humanas”. La Prudencia y la Audacia deberán ser el pulgar y el índice de nuestro espíritu.
En una audición televisiva se llamó a Franco “escritor consagrado, más o menos vetusto” y se lo ubicó erróneamente en el mismo nivel de algunos mediocres colaboradores de suplementos literarios.
Liborio Justo en un folleto que publicó sobre la “desvergüenza intelectual de Luis Franco” (1972) habla de los “artículos hebdomadarios que desde hace cuarenta o cincuenta años viene publicando infatigablemente en el suplemento dominical de ‘La Prensa’”....
En su último capítulo, “¿Qué es el hombre?” (reproducción con algunos retoques de su escrito ‘La cuestión de las cuestiones’, en ‘La Prensa’, 18-4-1971), dice el autor intentar glosar y resumir las ideas expuestas por el teólogo-filósofo judío austríaco Martin Buber (1878-1965) en su ensayo homónimo.
Es evidente que muchas exposiciones de Franco parecen o suelen ser síntesis de lecturas propias, no cabalmente explicadas a veces o brillantes en otras. El capítulo “Las damas y los caballeros del neolítico”, v.gr., es reproducción de su escrito homónimo en ‘La Prensa’, 29-11-1970.
A veces demasiado simplificadores o algo oscuros en su contenido y estilo, son resúmenes de sus investigaciones en las obras de Gordon Childe (“Qué sucedió en la historia?”, “Man makes himself”...) o de señalados sociólogos, filósofos o pedagogos (Feuerbach, Marx, Engels, Lévi-Strauss, Toynbee, Heine, Goldenweiser, Weismann, Myers...).
4. En la contratapa del libro se presenta al autor como un escritor que “procura conocer el funcionamiento del espíritu humano”. Su método sencillo de exposición de doctrinas con el fin didáctico de darlas a conocer a la mayoría es el de recoger “una larga serie de datos u observaciones inherentes a la antropología filosófica”, sobre la base de ellos enjuiciar (“acusar, condenar, defender, celebrar&rdquo
“las entidades que dificultan , o favorecen, el desarrollo social”,
Siempre punzante y reflexivo. Revolucionario: de ahí el símbolo de su título, “Lucifer”, el ángel rebelde, el Emancipador del hombre, Prometeo.
Producto de ello han sido varios de sus ensayos, como “Revisión de los griegos” en que interpreta a los pensadores más adelantados sobre tema tan apasionante.
Sus interpretaciones son inusuales en las cátedras oficiales, exponen nuevos aportes, compendia últimas investigaciones.
Ni qué hablar de su revelador “La hembra humana”, fruto de su experiencia, de sus lecturas copiosas en varios idiomas, de biólogos, antropólogos, economistas, psicólogos, poetas, historiadores, políticos.
Sobre el tema de la mujer se ocupa asiduamente. La presencia real o mítica de la Mujer está en su Poesía (“Suma”, “Nocturnos”, “Constelación&rdquo
y en su Prosa, ensayos y cuentos.
“El amor, las mujeres y la vida” se titula el 2do. capítulo de su “Lucifer”: “Los médicos y los no médicos creen que la fisiología de la mujer necesita imprescindiblemente de la maternidad. Lo que no siempre se sospecha es que es el corazón de la mujer, tanto o más que su cuerpo, quien necesita del hijo.
“Detrás del jardín de la mujer comienza la selva”. “Las curvas y los estremecimientos de la mujer son tan vertiginosos como los del mar...”. “La cabellera femenina que recuerda a la nube, a la noche, a los hilos del sol o la lluvia, pero que resulta más mareadora que el abismo o el vino...”.
“El saber ilumina el camino de la ignorancia, el amor ilumina el camino de la sabiduría”, concluye.