RETRATOS LITERARIOS de SARMIENTO y SAINTE-BEUVE.-
“Sarmiento no habría sido lo que fue si no hubiera entronizado a Francia en su espíritu y en su corazón”.
“...fue siempre un admirador de Francia, de su historia y de su tradición, de su arte y de su literatura, de sus grandes hombres y de sus grandes conquistas, de ese espíritu alucinante y genial, cuya fosforescencia subsiste como una reminiscencia de Roma antigua, creadora y eterna”.
“Francia ha puesto en su equipaje el respeto fundamental de las inquietudes del espíritu, que son las inquietudes más puras y más respetables de esta tierra”.
Enrique Loncán.-
Introducción:
Sarmiento y Francia están estrechamente unidos, en la dimensión intelectual, vital, artística.... En el plano del intelecto, sus estudios y formación autodidáctica se basaron, en relevante medida, en el análisis del pensamiento de sus grandes escritores-pensadores, del siglo XVIII y XIX.
Sarmiento visitó la idolatrada patria de Descartes y Víctor Hugo, con el fin de conocerla realmente. Pero se desilusionó ante la injusticia social imperante y el régimen que gobernaba en 1847, y en general ante gran parte de Europa, la pobreza, ineducación, falta de progreso material de algunos (amplios) sectores.
En el plano literario, Sarmiento ha sido un escritor que utilizó conscientemente frecuentes galicismos en su prosa. Amaba el idioma de Racine por la dulzura y las posibilidades lingüísticas que les facilitaba a los “hombres de pluma” vigorosos y de gran desarrollo descriptivo e ideológico, que lo seducían.
Francia proporcionó grandes satisfacciones al alma sarmientina. La publicación y consagración de su “Facundo” en la “Revue des Deux Mondes”. La inolvidable entrevista con el Gral. José de San Martín. Las amistades fraternales de Laboulaye, Thiers, y otros. Su visita a los grandes monumentos de su Cultura: el Louvre, la Ópera...
CHARLES-AUGUSTIN DE SAINTE-BEUVE (1804-1869) fue el crítico de combate y de iniciación desde sus juveniles artículos en “Le Globe” (1824-1831, sede de expresión del liberalismo romántico, y enciclopedista), retomada en los “Nouveaux Lundis”, en el “Constitutionnel”. Agresivo, agudo, inteligente y polémico, enrolado en el romanticismo social y sobre todo en la corriente revolucionaria de la Estética, en “Le Cénacle” (1824) del que formaba parte junto con Victor Hugo (1802-1885, el intelectual de mayor reputación e impronta internacional de este “groupe litteraire&rdquo
y Alfred de Vigny (1797-1863), que entendían el ejercicio del Arte como una defensa de la Libertad. Símbolo del Crítico Literario en la literatura universal.
Como DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) el joven periodista sanjuanino de “El Mercurio” y “El Progreso” en Chile, y luego el prócer Catoniano de “El Nacional” y “El Censor”, cáustico, batallador y fiscal de la Patria.
1.- El método biográfico:
Sainte-Beuve se encierra quince días y estudia “el alma” en el personaje, llegando a una familiaridad con sus pensamientos: “El gesto familiar, la sonrisa reveladora, la grieta indefinible, la arruga íntima y dolorosa que se oculta”. Eso le interesa...
Dice que trata de aplicar su espíritu, su ingenio y sabiduría a la de los demás, se abraza con sus personajes, los protagonistas de sus críticas y comentarios. “Trato de revestirme con su manera de ser, de igualarlos”.
El voluble autor de “Volupté” expresa que “en los tipos favoritos de que se ocupa, cada crítico no hace otra cosa que su propia apoteosis” (“Le plus souvent nous ne jugeons pas les autres, mais nous jugeons nos propres facultés dans les autres”, en su “Les Cahiers...”, p. 24).
En sus “Poisons” estampa esta fundada observación: “cada crítico se retrata de perfil o de tres cuartos en sus obras”.
En este señalado sentido es que podemos observar una orientación “romántica”, subjetiva, de su crítica: el “culto al Yo”.
Sarmiento con quien intentamos asemejarlo en algunos rasgos, literarios-psicológicos, toma, como S.-Beuve, a su “hombre”, como “pretexto” para una cantidad de reflexiones sobre las más diversas materias, ética, mente, ciencia, arte, historia.
Comienza su tarea, formulándose varias preguntas, inquietantes, curiosas, reveladoras: cuál ha sido el país natal del autor que critica, ya que el terruño se integra en la sensibilidad, preferencias y estilo del creador; cuál es su sangre, es decir, la calidad de sus parientes, la naturaleza de su familia; cuáles fueron sus estudios, los amigos y primeros allegados con quienes simpatizó; cómo sentía la Naturaleza, el paisaje, su ambiente o las circunstancias en que ubicó sus obras; qué opinión cultivaba sobre el sexo opuesto, sus relaciones al respecto; cuál era su vicio, su “punto débil”, que al crítico tanto le solazaba desovillar; de qué salud gozaba, por su influjo evidente sobre la vida y el arte...
2.- Pasión por las letras:
S.-B., que tenía la “Pasión por las Letras”, se expresa a través del pensamiento y del talento y actos de los otros. Todas sus ideas y la exposición de su “método biográfico” se encuentran dispersos en sus afamadas “Causeries”, en los formidables veintiocho tomos de “Portraits”.
Esta tarea biográfica, investigativa y agudísima, adquiere un carácter íntimo, personalista, casi como en Sarmiento: consiste en sus consideraciones morales, estéticas, máximas personales, de que están matizados sus estudios exegéticos, sus cartas y artículos periodísticos.
La influencia sainte-beuveniana se irradió en América Hispana mucho antes que sistematizara su método (1862). Así en el “Salón Literario” (1837) según Vicente Fidel López (escritor y político, 1815-1903) en su “Autobiografía”, eran tres las personalidades que más los atraían y que leían a través de la esperada y prestigiosa “Revue des Deux Mondes” (fundada en 1829, y en la que el mismo S. fue consagrado por un comentario de Charles de Mazade al “Facundo&rdquo
: Eugéne Lerminier (1803-1857), Pierre Leroux (1797-1871) y S.-Beuve.
Nicolás Avellaneda (1837-1885), intelectual, político y escritor, se declara asiduo lector de éste (“Memoria descriptiva e histórica de Tucumán&rdquo
, al que acostumbraba a leer en alta voz, según nos informa Rafael Alberto Arrieta en su “Bibliópolis”,(cap.: “Un lector asiduo de S.-B.”, p. 67). Murió con un volumen del crítico entre las manos, “del maestro amado que le enseñó el arte de penetrar en lo íntimo de las obras literarias, así como desnudarlas de sus pasajes misteriosos”.
También Martín García Mérou (1862-1905), diplomático y escritor, en sus “Recuerdos literarios” (1891) nos habla con gusto de la vigencia del crítico en los escritores del ’80. En los círculos literarios, escribe Mérou, “se arrojaban a la cabeza los unos a los otros, citas de S.-B. y Nizard, Taine, V. Hugo, etc.; revelábamos el estudio detenido de las grandes obras de la Literatura Moderna Francesa, Inglesa y Alemana, y apoyábamos nuestros argumentos en los principios de la estética y la filosofía” (ob. cit., p. 227).
También Paul Groussac (1848-1929(, cuyo talento múltiple y agudo floreció entre nosotros, trazará un estudio crítico sobre el poeta y dramaturgo romántico español José de Espronceda (1808-1842), donde aplicará las ideas interpretativas de su coterráneo: “J. de E.”, en ‘Revista Argentina’, 1871, t. X, p. 123-167, incluido luego en su “Crítica literaria”, ed. 1924).
Partimos de la base de que el Genio sarmientino , como tal, fue múltiple, polifacético, proteico, sorprendente... en nuestro ambiente de la época. Viajante voraz por todos los continentes, departió con hombres prominentes de diversa procedencia y si bien no conoció personalmente a S.-Beuve, me refiero a algunas aproximaciones de procedimiento, de acceso a personajes históricos claves.
En el país trasandino, Domingo publica por entregas periódicas el “Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas” (1845), monumental y inaugural libro de nuestra literatura. Visionario a lo Moisés, “nuncio del Futuro” (lo llama Luis Franco en su imprescindible “S. entre dos fuegos”, 1967). Como tal, se adelanta a los puntuales postulados sainte-beuvenianos, sobre su método de crítica histórico-literaria.
El cuyano investiga en Quiroga (1788-1835) los antecedentes infantiles, instrucción rústica, los rasgos de rebeldía en las anécdotas. Señala los vicios del Caudillo, hace referencia a los rasgos fisionómicos, a las disposiciones morales consecuentes. Incursiona en la Frenología, hipótesis luego desechada, que suponía una correspondencia entre las facultades mentales y regiones del cerebro, adaptándose el cráneo a la corteza cerebral. “Los (pómulos) bastante pronunciados (descubrían) una voluntad firme y tenaz”. Observa, aporta datos: en la escuela primaria era altivo, huraño, solitario. La estructura craneana del caudillo revela por su forma “la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar”.
S.-B. afirmaba que al hacer la exégesis pertenecía en cuerpo y alma al modelo, se hermanaba con él. Su “Facundo” es “la biografía que conquista al biógrafo”, como justamente la ha definido Alberto Palcos: “pero hay algo de imponente, algo que subyuga y domina en Facundo..., asesino de catorce hombres a la vez”. Hipertrofia su concepto del biografiado, exagera, lo compara con Julio César, Mahoma...
3.- Vie et Littérature:
Nace el francés, 7 años antes que el autor de “Vida de Dominguito”, en la misma ciudad en que murió José de San Martín, Boulogne Sur-Mer. Desde 1851 hasta 1870 publica sus "Causeries du Lundis"” con el propósito de escribir, dice, “l’histoire naturelle des esprits”.
En los personajes que estudia, escudriña los rasgos individuales, lo más característico, en realidad no “hace ciencia”, no sistematiza, ni busca leyes generales. Nuestro Domingo, si bien era un intelectual nato como nuestro parangonado, por otro, estaba hecho para hombre de Acción, Hacedor y Ejecutivo, pragmático-utopista, controvertido muchas veces entre su idealismo y su realismo.
Y poseía condiciones de Crítico. Ostentaba una extraordinaria Intuición, un saber relativamente extenso, una agudeza intelectiva destacable, más sutil, quizás, más clara y cuando no, inconfesada maldad, y alguna otra pasión inferior menoscabadora en el francés.
El francés distingue Biografía Externa de la Interna. La primera es Cronológica: aparece en el “Facundo”, donde su autor aporta datos sobre la vida y la época de Quiroga, sucesos y batallas. Y la Interna, que es la genuina, la psicológica y espiritual.
La obra sarmientina referida está fechada en su realización y publicación en 1845 y S.-B. sistematiza su método en 1862, en su “Chateaubriand juzgado por un amigo íntimo”.
Pero ya desde 1828, muy joven, casi adolescente, sostuvo que al ser que se estudia, se lo debe observar en la perspectiva y médula de su “intimidad, en sus costumbres domésticas, en sus hábitos cotidianos, en su existencia real”. Es decir, como él mismo lo enuncia: el hombre desde la punta de los cabellos hasta el extremo de las uñas.
La influencia del gran Crítico también irradió en las mentes Americanas. Ya en el Salón Literario, según relata Vicente Fidel López (1815-1903) en su “Autobiografía” (1896), tres eran los intelectuales más leídos y comentados: J. L. E. Lerminier (1803-1857) , Pierre Leroux (1797-1871) y S.-Beuve.
Y desde 1832 comienza a publicar sus jugosos “Portraits”. Por ello E. Brizuela Aybar en su “El sistema expresivo de ‘Facundo’” (1988) conjetura sólidamente que hubo “holgado espacio para que llegaran a Chile antes de 1845”.
En 1831 ya publica semblanzas psicológicas de pensadores y escritores en la “Revue des Deux Mondes”, que toda la generación sarmientina leía, pues era “de circulación en América”.
Desde esta mirada S.-B. escribe, diariamente, semanalmente, sus “Retratos literarios”, “Retratos de Mujeres”, “Retratos contemporáneos”, “Galería de Mujeres célebres”, una obra cuantiosa, impresionante por su densidad e intensidad, por su capacidad de trabajo, de concentración y amor a las Letras.
“Críticos curiosos, imprevistos, infatigables, prestos a todo tema, seamos a nuestra manera, como aquel tirano que tenía treinta cámaras en su palacio; jamás se sabía en cuál se acostaba” (S.-B.).
Así como S., una labor inmensa de publicista y republicano, que se concreta en “Facundo”, “Aldao”, “El Chacho”, “Educación Popular”, “La escuela ultrapampeana”, “Educar al soberano”, “Comentarios a la Constitución”, “Conflicto y armonía de las razas en América”, etc.
En elevada estimación tenía nuestro Sísifo cuyano al talento del literato francés, pues aún joven, en 1843, declara y sentencia desde las polémicas sobre Ortografía y Literatura Romántica que mantiene fervorosamente en Chile que “muy atrasada ha de quedar en literatura la juventud de nuestros colegios, si dentro de dos años a más tardar no sale con viento fresco para ceder su puesto a Villemain, Sainte-Beuve, Schlegel o algún otro maestro con ojos y sesos en la cabeza” (en tomo 4 de sus Obras Completas, “Ortografía Americana”, cito por edit. Luz del Día).
Señalamos que por supuesto no sólo “Facundo” ejemplifica el estudio de “historia natural” al modo de S.-B., sino también “Recuerdos de Provincia” (1850, y su primera parte, “Mi defensa” de 1843). Lo admite Carlos M. Onetti en su trabajo “Cuatro clases sobre S. escritor” (Univ. Nac. Tucumán, 1939, 2° ed., 1988): “¿Cuál es el método de ‘Recuerdos de Provincia’?. El caro a Sainte-Beuve: la historia natural de un espíritu rastreada en su ascendencia, en su genealogía” (cito por 1ª. ed., p. 56).
“ Cuando veais a un hombre atacado con encarnecimiento, con furia, por toda clase de gente y por toda clase de medios, estad seguros de que ese hombre tiene un valor, que está en juego alguna buena y vigorosa cualidad oculta”.
S.-Beuve (en sus “Retratos Contemporáneos”, ed. española, col. Austral / Espasa-Calpe).
Sainte-Beuve en mi biblioteca:
- C. M. Bonet: “S. B. y la crítica biográfica” (en su “La crítica literaria”, Nova, 1967).
- J. Carloni.J.C. Filloux (en su “La crítica literaria francesa”, Eudeba, 1961).
- A. Capdevila: “Ante el espectro de S.-B.” (en su “Obras escogidas”, , 1958, Madrid, p. 1073-1080).
- G. Lanson- >P. Tuffrau: “S.-B.” (en su “Manual de Hist. de la liter. Francesa”, 1956, p. 580-584).
- J. M. Monner Sans: “De Ch. S.-B. a H. Taine” (en su “El problema de las generaciones”, 1970, p. 80-82).
- A. Maurois: “A favor de S.-B.” (en su “Obras Completas”, P. y Janés, t. 5, ed. 1960, p. 1242-1250).
- J.-P. Richard: “S.-B. y la experiencia crítica” (en “Los caminos actuales de la Crítica”, G. Poulet y otros, Barcelona, 1960, p. 137-153).
- R. Sáenz Hayes: “S.-B., crítico creador de valores” (en su “B. Pascal y otros ensayos”, Samet, 1924, p. 188-191).
- A. Thibaudet: “S.-B.” (en su “Historia de la Literatura francesa...”, 1957, p. 243-254).
- R. Wellek: “S.-B.” (en su “Historia de la Crítica Moderna”, Madrid, t. III, p. 61-107).