esquilo y su “prometeo encadenado”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Esquilo, “Padre de la Tragedia”, nace en Eleusis en 524 y muere en Gela, en 456 a.C. S conocen cerca de 90 tragedias suyas. Esta obra que estamos leyendo es la 2ª de una Trilogía, cuyas partes 1ª y 3ª la formaban “Prometeo, portador del Fuego” y “Prometeo, libertado”. Utilizo la versión española de Fernando Brieva y Salvatierra (E.D.A.F., Madrid, 1970).
La escena se supone sobre el Monte Caúcaso, en la Escitia.
Los personajes : la Fuerza y la Violencia (ministros de Zeus), Hefestos (el dios de la Luz y del Fuego, Vulcano para los romanos), el Océano, el Coro de Ninfas Oceánidas, Hermes (Mercurio entre los romanos, protector del Comercio, los griegos lo vieron más como patrono de la Elocuencia), Io, (hija de Imaco, río del Peloponeso) y Prometeo.
Al comienzo, la Fuerza (o Cratos, el Poder) aporta dos elementos importantes: la ambientación o espacio de la obra y la caracterización de Prometeo.
La primera es la Orquesta, que ocupaba un espacio circular en medio y al fondo del teatro, en el centro, el “tímele”, plataforma con el altar de Dionisos:
“Ya estamos en el postrer confín de la tierra, es la región escita, en un yermo inaccesible”.
Se enuncia el motivo del drama, según la tradición mitológica:
“Este alborotador del pueblo... hurtó su atributo (de Zeus, el padre), el fulgurante fuego, universal artífice, y lo entregó a los mortales”.
Prometeo, por orden de Zeus, debe ser amarrado:
“al alto precipicio de esas rocas con invencibles trabas de diamantinos lazos”.
Y luego, las dos razones de ese castigo:
“porque aprenda a llevar de buen grado la dominación de Zeus, y a dejarse de aficiones filantrópicas”.
Es el Prólogo, en que se ha puesto al público en conocimiento del Tema y de la Motivación dramática.
Hefestos es el que ejecuta la orden de Zeus. Se lamenta de:
“encadenar en este precipicio que azotan las tormentas a un dios de mi propia sangre”.
Y también condena la Rebelión de Prometeo:
“puesto que fuerza me es tal osadía, que es grave cosa acudir con tibieza a los mandatos de Padre”.
No ha de enfocarse como un Martirio pesimista sino un sacrificio como Renovació y Promesa Positiva. El tema del mito encarna la Rebeldía Constructiva.
El hombre que, “con su osadía”, con su cerebro y sus manos puede Dominar la Naturaleza y erigirse en artífice de sí mismo sin mandatos externos.
Prometeo ha sido erigido en símbolo del Héroe de los oprimidos, la masa trabajadora, el Hombre como Creador con y desde su propia Inteligencia, Libre, Hacedora...
Hefestos es considerado, desde esta perspectiva libertaria, como el técnico al servicio de los mandamás, los explotadores.
Avanzando en esta óptica, Prometeo encarna a la Humanidad insobornable en lucha por sus Derechos inalienables contra las fuerzas titánicas del Mal, del Poder, de los Dioses, de los Intereses de unos pocos..
En una especie de amplificación, se continúa especificando en la obra su ambientación trágica:
“este risco apartado de toda humana huella, donde jamás llegará a ti figura ni voz de mortal alguno”.
Y, nuevamente, el motivo de la Condena Divina:
“¡He aquí lo que te has granjeado con tu filantrópica solicitud!. Dios como eres, sin tener la cólera de los dioses, honraste a los mortales más de lo debido y en pago, guardarás esta desapacible roca..”.
En un breve diálogo entre Hefestos y la Fuerza, transcurre la acción del encadenamiento de Prometeo y quedan definidas dos posiciones, antitéticas, en contraste dialógico: una, la Fuerza o Poder, contraria al Héroe, quiere aherrojarlo muy fuerte y teme la férrea voluntad de Zeus:
“no te vea Padre reacio” le advierte Hefestos,
“remacha y aprieta más, que nunca se afloje”,
“que es severo el veedor de esta obra”.
Hay una caracterización indirecta por parte de su interlocutor:
“cual es tu rostro, así habla tu lengua”.
La otra postura, opuesta, es Hefestos, que exclama ante una reprimenda de Cratos:
“a qué es vacilar y lamentarse en balde?”.
: “Son tan poderosos la sangre y el trato!”.
“¡Oh, maniobra aborrecidísima.
Ay, Prometeo, cómo lloro tus trabajos!”.
Perfílanse consecuentemente, las dos actitudes mencionadas: la Compasión y la Brutalidad.
En este primer momento del drama, algunos sociólogos de la Literatura han planteado un verdadero Problema social y político. La inmisericordia del Estado contra los Idealistas y Libertadores.
Esquilo presenta a Zeus como el Tirano que manda por medio de la fuerza, representada con máscaras feroces, como opresores del pueblo.
Era la forma en que los esclavos han visto siempre a sus opresores..
Hefestos, por su parte, ha sido interpretado como el Artesano, ambiguo en su psicología y conducta, al servicio del Déspota, impotente ante la violencia del poderoso, pero a su vez, comprensivo del dolor que provoca y de la injusticia que comete..
Hefesto le recrimina:
“para que deje de jugar el rol de benefactor entre los hombres”.
Mientras que Cratos, el Poder, claro, justifica el castigo. Figuran, pues, dos actitudes humanas universales, atemporales.
En la época en que Esquilo escribe su célebre obra, en Atenas, los trabajadores eran los Esclavos, que llevaban una vida miserable y precaria. Y Prometeo fue el Defensor, sacrificado, de su condición de Seres Humanos.
En el trascurso de esta primera Escena, Prometeo permanece en silencio, altivo y desdeñoso. Pero ahora, prorrumpe en un viril y grandioso lamento:
“Tomé en hueca caña la furtiva chispa, madre del fuego, lució, maestro de toda industria, comodidad grande para los hombres...¡Ah de mí!”.
Los tres puntos estructurales siguientes representan una sucesión de visitas en escenas episódicas, en las que el Titán oficia de interlocutor de diversos personajes.
Aparece el Coro de las Oceánidas, que se compadecen de Prometeo, quien las anuncia:
“Ah!, ¿qué ruido de aves oigo otra vez junto a mí?.
Susurra el aire con el leve meneo de sus alas...”.
Las Oceánidas llegan en un carro alado. Es el Párodos, entrada del coro que sigue interviniendo (Estásimos). En este diálogo, el héroe les relata el Motivo Condenatorio en un extenso discurso:
Por mí han dejado los mortales de mirar con terror la muerte”.
Coro:“Y qué remedio encontraste contra ese fiero mal?”.
Prometeo:“Hice habitar entre ellos la ciega esperanza”.
“Pues sobre esto, además, puse el fuego en sus manos”.
Otro personaje mitológico interviene, el Océano, que aparece en un dragón alado.
Comienza un nuevo Episodio. Océano se duele de la desgracia que padece, por favorecer al Hombre, y trata de que amengüe su altivez y arrogancia:
“No seas demasiado atrevido de lengua”,
“tú no eres nada humilde”.
El viejo Océano se propone interponer ante Zeus para “alzarte esta peña”. Prometeo se autoproclama el Gran Benefactor de los Hombres, el Inventor de las Ciencias e Industrias, de las Artes y Artesanías”.
“Por ellos (los hombres), inventé los Números, ciencia entre todos eminente, y la composición de las Letras, y la Memoria, madre de las Musas, universal hacedora...
Y después que tales industrias inventé por los hombres, no encuentro ahora, mísero yo, arte alguno que me libre de este daño!...”.
“..echando al fuego los grasientos muslos y el ancho lomo, puse a los mortales en camino de arte dificilísimo, y abríles los ojos, antes ciegos, a los signos de la llama. Tal fue mi obra..
Por Prometeo tienen los hombres todas las artes”.
Es éste el episodio principal, en que el Héroe resume el desarrollo cultural de la Humanidad:
“Debajo de tierra habitaban a modo de ágiles hormigas en lo más escondido de los antros donde jamás llega la luz...”.
El “Commós” lo ocupan las lamentaciones con que se inició este segundo momento analizado. Con auténtica belleza de estilo, las lamentaciones del Héroe aherrojado por Hefestos y Cratos tienen por testigos a la soledad de la naturaleza en pleno:
“¡Oh, divino éter y alígeras auras, y fuentes de los ríos, y perpetua risa de las marinas ondas”.
Para Herodoto (484.425 a.C.), el historiador y geógrafo griego, Prometeo era la representación del Entendimiento Humano, que investiga con ardor todos los medios de mejorar las condiciones de la Existencia.
Las Oceánidas tratan de mitigar el Martirio. Las Ninfas eran para los griegos, bellas y de juvenil inocencia. En ellas se ha visto un símbolo de la Juventud Idealista, que siempre se ha adherido a las causas humanitarias y reformadoras.
El tono de lamento cambia en reconfortante exhibición de su mal. Las Ninfas, atacan a Zeus, siempre airado, mandón y cruel.
Prometeo es el Revolucionario, para algunos estudiosos, que confía en que se vencerá la Fuerza ciega de Zeus y reinará la Justicia entre los hombres. Océano era un anciano dios de largas barbas, amante de la tranquilidad e influyente en el Olimpo. (P. ej.: “Prometeo (El humanismo del mito)” por Juan A. Salceda, Lautaro, 1953).
Le sugiere una sumisión razonable. La actitud del mismo cambia rotundamente a través de este episodio. Llegó orgulloso de hacer bien, de proteger a un Héroe y jactándose de su influencia ante el Dios.
Pero ante la dignidad y firmeza de Prometeo, que lucha por el ideal de la Emancipación, atenúa sus intenciones de ablandamiento y sólo quiere atenuar esos dolores, pero no comprende la casi testarudez irreductible del Héroe, en contra del poder antinatural del Déspota.
La intervención juvenil del Coro, dinamiza la acción, con plásticos movimientos. El Coro simboliza la Solidaridad universal con el Titán Benefactor. Éste permanece en silencio en varias escenas, luego de la intervención de las Ninfas y en el primer momento, lo que han observado los críticos como un magistral manejo de los silencios escénicos por parte de Esquilo.
En el tercer momento de la obra, hay un diálogo entre Io y el Protagonista. Io se lamenta del tábano que constantemente y con furia, la ataca. Le expresa el Titán, orgulloso:
“Ante tus ojos tienes al que dio el Fuego a los mortales”.
Io: “Dime quién te encadenó a ese risco”.
P.: “El decreto de Zeus y la mano de Hefestos”.
Io relata al Coro, su triste historia, y sus dolores. El Coro, compungido, declara:
“Basta, basta; detente. ¡Ay! Jamás pude pensar, jamás, que llegase a mis oídos relación tan extraña.
Calamidades, tormentos, dolorosos de sufrir, dolorosos de mirar.
Terrores que como dardo de dos filos me traspasan y hielan el alma!”.
Y le replica Prometeo a Io:
“A mí el destino no me dejar morir! Siquiera la muerte sería el fin de mis sufrimientos; mas ahora no hay término a mis males mientras Zeus no caiga de la tiranía”.
El Titán oficia de Anunciador del Porvenir, haciendo honor a su etimología:
Io: “¿Quién le despojará del tiránico estro?”.
P.: “Él a sí propio, con sus desatentadas resoluciones”.
I.: “Cómo? Explícate, si no hay mal en ello”.
... “Será derribado del trono por su esposa?”.
P.: “Ella parirá un hijo más fuerte que su padre”.
Y profetiza a Io que un hijo de ella lo liberará:
“Ciertamente tu tercer descendiente después de otras diez generaciones”.
Heracles-Hércules fue el décimo tercer descendiente de Io, Liberador gigante del gran Prometeo.
Aparece la resignación del Héroe Trágico:
“Tal es el decreto del Destino”.
Y manifiesta a Zeus:
“Estése, pues, en su trono, muy sosegado y seguro; confíese en el tronante estampido que retumba en las alturas; vibre en su diestra el rayo ígneo; que todo ello de nada le servirá para no caer con ignominiosa e irreparable caída”.
Io está unida al titán por el dolor, el castigo indecible debido a la ira de Hera y el amor de Zeus.
En un momento aparece Hermes, el mensajero alado de los Dioses. Enfurecido, le pide que explique la profecía que relató sobre el destronamiento de Zeus. Le apostrofa con severidad:
“A ti..., lleno de hiel; pecador contra los dioses, que entregas a sus honores a los seres de un día; a ti, ladrón del fuego, a ti es a quien me dirijo”.
Y Prometeo, en una lección de amor a la Libertad, de dignidad heroica:
“Ten cierto que no trocaría yo mi desdicha por tu servil oficio; que juzgo por mejor servir a esta roca que no ser dócil mensajero de Zeus tu Padre”.
Asistimos a la furia verbal del Protagonista, y he ahí una caracterización indirecta del mensajero:
“Antes como potro recién puesto al yugo, así tú tascas el freno y te resistes violento y forcejeas contra las riendas”.
La culminación de esta condena la relata Hermes, expresionistamente :
“El can alado de Zeus, el águila carnicera, vendrá a ti,... todos los días, y voraz te arrancará la carne a pedazos y se cebará con el negro manjar de tu hígado”.
Prometeo se lamenta, nuevamente, de la cruel injusticia que padece y de la grandiosa tempestad que Zeus provoca en su contra, finalizando la obra.
Esquilo, en este episodio final presenta a Hermes como el oponente ético de Prometeo: aquél es el espíritu servil, éste es el íntegro, el irreductible, el valeroso.
Gusta de estos paralelismos morales, como en el primer momento del drama.
Recordemos la importancia que el Mito presentaba en la vida griega. Influía en la realidad. Prometeo fue uno de los fundamentales, primero en Hesíodo (en “Teogonía y en “Erga&rdquo
, luego en Esquilo y posteriormente en la historia universal: en Beethoven, Goethe, Miguel Ángel, Shelley... En Argentina, Olegario Andrade, Luis Franco, Romualdo Brughetti, entre otros.
Prometeo era hijo de Japeto y de la ninfa Clèmene. Sus hermanos eran Atlas, Epimeteo, Menetio y Tiforo. Era él muy distinto a todos ellos, porque usaba la Inteligencia, no la Fuerza.
Zeus era un enemigo de los hombres, a quienes quiso eliminar con un diluvio, del que los salvó Prometeo, encargando a su hijo Deucalión la construcción de un arca salvadora.
Ovidio (43 a.C-17 d.C.), el escritor romano de “Las Metamorfosis”, explica que Prometeo modeló el primer Hombre con el barro de esas aguas diluviales. Con el fuego divino le dio Alma y Atenea le brindó el Temor, la Astucia, la Vanidad y la Inteligencia.
Por haberle regalado el Fuego al Hombre, Zeus se encolerizó y castigó al mundo reuniendo todos los males y sufrimientos en la caja que dio a Pandora, curiosa que al abrirla, esparció por el Universo las calamidades y dolores.
Petronio (20-66 d.C.), el escritor del “Satyricon”, vio en el águila que corroía las entrañas prometeanas, a la Envidia que roe sin cesar al Espíritu Humano.
Esquilo, finalmente, atribuyó a Prometeo el don de la Inteligencia Creadora y los adelantos y Progresos de la Sociedad. Podríamos interpretarlo como el Portador de la Cultura.
En las partes perdidas de la Trilogía podría haber habido una conciliación entre Zeus y Prometeo.
Los historiadores reconocen en el autor griego, que enfocaba el Cosmos ético como la conciliación de poderes originariamente contrarios.
Es notable también el manejo del lenguaje expresivo, de las metáforas, del diálogo articulado en antítesis. Su estilo es fiel reflejo de la Magnificencia de sus temas y de su brillante época.
El ritmo de su verso es caudaloso, como grande es la elocuencia de sus frases y la gigantez del escenario y sus personajes.