martes, 06 de octubre de 2009

                        ROLAND  BARTHES  Y  “EL PLACER  DEL  TEXTO”.-

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

El célebre semiólogo y crítico francés (1915-1980) publicó en 1973 su  influyente obra, exquisita prosa, concisa, pensamiento intenso, “Le plaisir du texte”.

 

  • Allí distingue dos regímenes de lectura:

 

                                    1.- el ritmo audaz poco respetuoso de la integridad del texto.

La avidez del conocimiento nos arrastra a sobrevolar o encabalgar ciertos pasajes para reencontrar lo más rápidamente posible los lugares quemantes de la anécdota.

 

Interesa la continuación de los enunciados. Saltamos impunemente las descripciones, las explicaciones.

Ignoramos entonces, en ese devorar y tragar, los juegos del lenguaje (ej., en Balzac, Tolstoi, Verne...).

 

                                    2.- la lectura aristocrática, de textos modernos.

Se lee con aplicación y ardientemente. Lectura total, lenta. Es la que conveiene al texto-límite.

 

Masticamos en este caso, desmenuzamos minuciosamente.

Para leer a los autores de hoy es necesario, advierte Barthes precisamente, reencontrar el ocio de las antiguas lecturas.

Entonces sí nos interesa, advertimos, gozamos, el volumen de los lenguajes, la enunciación (ver pág. 22, ed. castellana, Siglo XXI).

 

 

  • Distingue (p. 25, ed. cit.) dos tipos de textos:

 

1.      texto de placer: el que colma,  brinda euforia, contenta.

Corresponde a los libros antiguos, al hedonismo de la práctica confortable de la lectura.  Proviene de la Cultura.

 

2.      texto de goce: contrariamente es el que desacomoda, el que hace vacilar la cultura del lector, la congruencia de sus gustos, valores y recuerdos.

Coloca en crisis nuestra relación con el lenguaje. Pierde consistencia el Yo del Lector.

 

 

  • El Texto es un objeto fetiche explica Barthes. Ese fetiche me desea.

 

El texto me elige mediante toda una disposición de pantallas invisibles, de seleccionadas sutilezas: el vocabulario, las referencias, la legibilidad, etc.

Y perdido en medio del texto ...está siempre el Otro, el Autor.

Como institución el autor está muerto...Pero en el texto, yo deseo al autor: tengo necesidad de su figura, tanto como él tiene necesidad de la mía (ed. cit., p. 46).

 

  • Para escapar a la alineación de la Sociedad presente no existe más que este medio: la fuga hacia delante...

 

El lenguaje encrático (el que se produce y se extiende bajo la protección del poder)  es estatutariamente un lenguaje de repetición: todas las instituciones oficiales de lenguaje son máquinas repetidoras (las escuelas, el deporte, la publicidad, la obra masiva, la canciçon, la informaciçon) repiten siempre la misma estructura, el mismo sentido, a menudo las mismas palabras: el estereotipo es un hecho político, la figura mayor de la ideología ¿ed. cit., p. 66=67?.

 

  • Con respecto a su país natal, cuna de arte y cultura, observa Barthes (p. 75)  que según parece  un francés de cada dos  (década del 70)  no lee, la mita de Francia está privada del PLACER DEL TEXTO.

Generalmente se deplora esta desgracia nacional desde un punto de vista humanista como si despreciando el libro los franceses renunciasen solamente a un bien moral, a un valor noble.

 

Deduce y enuncia que sería mejor hacer la sombría, “la estúpida y trágica historia de todos los placeres objetados y reprimidos en las sociedades: hay un oscurantismo del placer”...

 

“Se diría que la idea de placer ya no halaga a nadie. Nuestra sociedad parece a la vez tranquila y violenta, pero sin lugar a dudas es frígida”.

Es una sociedad (p. 75)  trabajada por dos morales: una moral mayoritaria, de la mediocridad, y otra, grupuscular, del rigor  político, científico...

 

  • El “placer del texto” se encuentra en los Clásicos, en la Cultura, pues cuanto más cultura, más  grande y diverso será el placer.  Abundará la Inteligencia, la Ironía, la Delicadeza, la Euforia, la Maestría, la Seguridad...

Este placer puede ser dicho: de aquí proviene la crítica  (p. 83).

 

Pero, advierte finamente, apenas se ha dicho algo sobre el “placer del texto” en cualquier parte aparecen  dos gendarmes preparados para caernos encima: el gendarme político y el gendarme psicoanalítico  (p. 93).

 

Es vieja la tradición  del Hedonismo siempre reprimido por las Filosofías.

“Sólo entre los marginados se encuentra la reívindicación hedonista”.

 

El Placer, es siempre decepcionado, reducido, desinflado. en  provecho  de los valores fuertes y nobles: la Verdad, la Muerte, el Progreso, la Lucha, la Alegría.

 

  • Texto quiere decir Tejido, pero si hasta aquí se ha tomado este tejido como un producto, un velo detrás del cual se encuentra más o menos  oculto el sentido (la verdad), nosotros, enuncia definitivamente,  acentuamos ahora la idea generativa de que el texto se hace, se trabaja a través de  un entrelazado perpetuo (p. 104).

“Perdido en ese tejido -esa textura- el sujeto se deshace en él como una araña que se disuelve en las segregaciones constructivas de su tela”...

 

 


Publicado por leonino1950 @ 21:44
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