FRANCISCO ROMERO Y LAS “CULTURAS MAYORES”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Leemos al filósofo argentino-sevillano (1891-1962) en su “Estudios de historia de las ideas”, Losada, 1953, cap. ‘El tiempo y la cultura’, p. 151-163, y en su “Filósofos y problemas”, ed. Losada, 1947, cap. ‘Hipótesis sobre las culturas’.
(Anteriormente, elaboramos nuestro estudio comparativo “Las banderas de Sarmiento y Romero”, blog “sarmientisimo”, 03-07-2008).
Valoriza la totalidad metafísica y desvalorizan el fenomenismo particular.
El Hombre es concebido como un sueño fantasmagórico en la realidad total indivisa, la gran Matriz Universal.
Cuanto hace o puede hacer es vanidad, juego inútil.
El hindú desprecia la agitación occidental, sus afanes, su ciencia. Prefiere un saber inmemorial, el Conocimiento, fundamental y definitivo.
Quita significación al Tiempo: le importa la Intemporalidad. Pues entiende Temporalidad como apariencia, engaño, ilusión.
Reverencia cuanto vive, mantiene una relación fraterna con la Naturaleza.
Le importa el Nosotros. Se impone el esquema familiar autoritario como paradigma social y estatal supremo o único.
Valora la Inmovilidad, la Eternidad; el Tiempo se ha dormido.
La Vida se fija en forma de ritos, que impiden al individuo moverse libremente.
El chino se incrusta pasivamente en un tiempo dado de antemano.
El Yo es comprendido como ente con valores, el Espíritu, la Persona.
En esta Cultura han coexistido fuerzas Conservadoras o estabilizadoras y fuerzas Prospectivas o renovadoras, y las de equilibrio (Derecha, Izquierda y Centro), Estatismo y Activismo, Pasatismo y Futurismo.
La Base es ofrecida por el Judaísmo, la Doctrina Cristiana: el Amor, la Caridad, la Fraternidad entre los Hombres, la Fe, la Vida Terrenal imperfecta y el Santo Reino ultramundano de las Almas.
El Hombre Occidental aspira a dominar la Naturaleza, y a lograr la Libertad, en medio de las fuerzas naturales externas y las coacciones internas (impulsos, ansias de dominio y posesión material, egoísmo y crueldad).
Cultura de la Temporalidad. El cotidiano acontecer no es vana apariencia. La vida es un ascenso a lo largo del tiempo, es una paulatina realización y acumulación de valores, un acrecentamiento de los bienes culturales.
El occidental es como un acumulador de energía que se carga cada vez más, se fortalece en la acción, no prescinde de la totalidad cósmica ni de la comunidad humana.
Toda la Cultura Occidental es una fáustica ambición de dominio, basada en mayor habilidad técnica, mayor destreza para utilizar las cosas: en esto consiste el llamado Progreso, que no arrastra consigo un desarrollo anímico paralelo, pues no hemos aprendido a aprovechar la capacidad de Hacer y de Producir en beneficio de nuestra vida.
Frente a la compenetración del Hombre Hindú con la Naturaleza, el Occidental destruye por placer, se atacan con ferocidad unos a otros, entre los pueblos europeos reinan la envidia y el egoísmo, y no se vacila en arrojar al mar los alimentos mientras en otras partes se padece hambre.
Nuestra Civilización ha matado a Pan y a Eros, a la Naturaleza y al Amor, adora el placer y el dinero.
Según Theodor Lessing (filósofo y escritor político judío.alemán, 1872-1933) en su “Europa y Asia” (1918, ed. definitiva 1930, con el subtítulo de ‘El ocaso de la tierra en el espíritu&rsquo
, coloniza el mundo en nombre de la Moral y la Cultura, pero lo cierto es que sólo le importa el despojo, porque no reconoce en el fondo de su corazón otros dioses que su Yo y su Dinero.
Las consignas Occidentales: progreso histórico, vida, evolución , optimismo, son mitos que conviene denunciar, desenmascarar...
Se instaura una idolatría del Hacer, un fanatismo de las Obras, supeditación desmesurada del Productor al Producto, las almas quedan como atrofiadas o exprimidas por la exigencia de la constante Producción.
Civilización de la Vanidad, de la mutua Incomprensión.
7.- Conclusiones:
No hay hombre sin conciencia de sí, porque de otra manera sería una bestia o un autómata: y no es imaginable la Cultura sin que la Humanidad, al mismo tiempo que la constituye, tome conciencia de ella, la piense sin descanso (la Filosofía como conciencia de la Cultura).
Toda la Cultura: religión, saber, lenguaje, costumbre, mito, derecho, instituciones, técnicas, artes, deben ser examinados por el hombre, dilucidadas sus raíces, pues sino el hombre viviría ingenuamente la cultura, como el animal vive su gen, su mundo o medio ambiente natural, al que está sometido, del que recibe pasivamente sus incitaciones y las devuelve en actos condicionados.
Lo que caracteriza al hombre y lo singulariza es el Espíritu, el buscar sin reposo lo que Debe Ser y lo que Vale.
La Historia es, pues, una marcha desde la Naturaleza hasta el Espíritu.
Y como la Naturaleza es necesidad, fatalidad y el Espíritu es, en su esencia, Libertad, podemos decir que la Historia es la conquista progresiva de la Libertad, la lucha contra la Opresión de la naturaleza que nos rodea, y la naturaleza interna: ignorancia, la violencia y el egoísmo (Kant, Fichte, Hegel, Scheler, Alejandro Korn)...